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Momentos clave
Frogames empezó siendo una rana de papel doblada con post-its en una reunión de emprendedores en 2013. Este capítulo recorre el camino desde ahí hasta una empresa con veinticuatro instructores, y explica por qué el paso decisivo no fue aprender más tecnologías, sino dejar de intentar abarcarlas todas uno solo.
Una rana de papel entre post-its
En 2013, durante un fin de semana de emprendimiento de 48 horas, mientras se debatían ideas de formación en videojuegos y gamificación, él iba doblando los post-its de colores de la mesa para hacer ranitas saltarinas. De esa manía con la papiroflexia salió el nombre.
«A mí me gustaba muchísimo la papiro flexia»
El nombre llegó antes que la empresa
La idea arraigó esa misma tarde. Compró el dominio la misma noche del evento, con la decisión ya tomada aunque no hubiera todavía ninguna empresa que registrar ni ningún producto que vender.
«El día que tenga una empresa, la voy a llamar frogames»
2015: dejar el videojuego y enseñar en castellano
Tras tres años en una empresa de videojuegos como analista de datos, no como programador, se marchó y convirtió Frogames en nombre comercial para sus apps de Android e iPhone. En paralelo empezó a grabar cursos en español, cuando la formación en línea de moda se hacía casi toda en inglés.
«creo que la gente es más fácil que te entienda en tu idioma nativo»
Las nuevas tecnologías se vuelven viejas
Cada año traía versión nueva de sistema operativo, SDK nuevo o lenguaje nuevo, y los cursos quedaban obsoletos casi de la noche a la mañana. Kotlin y los sustitutos de los lenguajes originales dejaron desfasado buena parte del catálogo inicial.
«hacer cursos de formación en nuevas tecnologías, está muy bien, pero las nuevas tecnologías rápidamente se vuelven viejas»
Saltar de lenguaje es fácil; la identidad no
Adaptarse a otro lenguaje cuando dominas las bases cuesta tres o cuatro semanas de documentación y ejemplos: el mismo Space Invaders o el mismo buscaminas se rehacía de una tecnología a otra. El coste real es otro, y es sentarse a grabar sin saber qué eres cuando manejas cinco o seis lenguajes a la vez.
«esa falta de identidad muchas veces te provoca también algo de frustración»
Delegar temáticas, no tareas
La salida a esa dispersión fue incorporar gente y darle a cada persona una tecnología o una rama entera, no encargos sueltos. María Santos abrió el camino con las matemáticas programadas, y después llegaron perfiles para IoT, matemáticas universitarias, visualización de datos, videojuegos, cloud y marketing.
«poco a poco te da cuenta de que necesitas crecer con alguien»
La comunidad que acabó siendo equipo
Parte del equipo salió de la propia audiencia: antiguos estudiantes que se pasaron al lado de enseñar con cursos de blockchain o ciberseguridad, y más de cuarenta moderadores de los canales de Discord que llegaron de forma altruista, simplemente porque les gustaba lo que se hacía.
«creando comunidad, creando piña como lo llamo yo»
Emprender también es hacer facturas
El aviso final para quien quiera montar algo propio: cuando la estructura crece, acabas dedicando más tiempo a gestionar que a lo que te gusta. Facturas, impuestos trimestrales y agenda no desaparecen, y conviene reservarles horas fijas cada semana en lugar de dejarlos para el último día.
«a veces haces más de gestor que no lo que te gusta»
El episodio, en profundidad
Casi todo el mundo que sigue a Frogames conoce los cursos, los vídeos de YouTube o este mismo podcast, pero muy poca gente sabe de dónde sale el nombre. El quinto capítulo de Frogmación es una excepción dentro del programa: no explica una tecnología, cuenta una historia. La de cómo una rana de papel doblada en una reunión de emprendedores acabó convertida en una empresa con decenas de personas dentro.
Juan Gabriel Gomila lo plantea en la primera frase, y conviene tomárselo en serio porque es la tesis del episodio entero: «hablar de frogames no es hablar de Juan Gabriel, somos todo un equipo». Todo lo que viene después es la explicación de cómo se llega hasta ahí partiendo de una persona sola.
2013: post-its, papiroflexia y una rana saltarina
El origen está en 2013, en un fin de semana de emprendimiento: 48 horas hablando de proyectos, de emprender y de cómo lanzar un negocio propio, una especie de maratón de ideas. De aquella mesa salió un concepto de formación en videojuegos, engagement y gamificación. Y salió también el nombre, por una vía completamente accidental.
Sobre la mesa había un taco de post-its de colores. Mientras los demás lanzaban ideas, él los iba doblando. «A mí me gustaba muchísimo la papiro flexia», cuenta, hasta el punto de recordar que hay una rama de las matemáticas dedicada precisamente a qué se puede construir y qué no doblando un papel. Lo que le salía eran ranitas saltarinas: aprietas la parte de atrás y pegan un salto. Entre bromas, frog y games se juntaron en una sola palabra.
La idea no se quedó en la anécdota. Esa misma noche compró el dominio, y la decisión estaba tomada mucho antes de que hubiera nada que registrar: «El día que tenga una empresa, la voy a llamar frogames».
2015: de nombre comercial a cursos en castellano
Hasta 2015 no pasó nada más. Ese año dejó la empresa de videojuegos en la que llevaba tres años trabajando, y conviene subrayar el detalle porque explica bastante de lo que vino después: no estaba allí como programador, sino como analista de datos. Frogames pasó entonces a ser un nombre comercial, todavía sin sociedad detrás, bajo el que publicaba aplicaciones móviles y videojuegos para Android y iPhone. La primera web no era más que un escaparate del portafolio de aplicaciones y proyectos.
Ese mismo año llegó el giro que lo cambió todo. La formación masiva en línea estaba de moda, pero se hacía en inglés y en castellano no había prácticamente nada. Su razonamiento fue simple: «creo que la gente es más fácil que te entienda en tu idioma nativo». Y como lo que sabía hacer eran apps para iPhone y para Android, se puso a enseñar exactamente eso.
El problema de vivir de las novedades
Aquí aparece el primer aprendizaje aprovechable del episodio, y vale para cualquiera que produzca contenido técnico. Cada año traía una versión nueva del sistema operativo, un SDK nuevo, un lenguaje nuevo. Sus primeros cursos para iPhone y para Android envejecieron casi de golpe en cuanto llegaron Kotlin y el sustituto del lenguaje con el que había grabado el de iPhone. La conclusión la resume en una frase: «hacer cursos de formación en nuevas tecnologías, está muy bien, pero las nuevas tecnologías rápidamente se vuelven viejas».
Lo revelador es que el problema no era técnico. Cambiar de lenguaje, una vez que dominas las bases, es cuestión de leer documentación y ver ejemplos durante tres o cuatro semanas: él mismo rehacía en Android el mismo Space Invaders o el mismo buscaminas que acababa de construir para iPhone. Después llegaron Unity, Unreal y el análisis de datos, primero en R y más tarde en Python. El problema era otro, y es un problema de identidad: cuatro, cinco o seis lenguajes después, te sientas a grabar y no sabes qué eres. «esa falta de identidad muchas veces te provoca también algo de frustración», dice, y lo extiende a cualquier oficio en el que un día toca Excel, otro día responder correos y otro hacer inventario.
La decisión que construye la empresa
De ahí sale el punto de inflexión: «poco a poco te da cuenta de que necesitas crecer con alguien». Y la manera de hacerlo no fue contratar manos, sino delegar temáticas enteras en gente que las dominara mejor que él.
La primera persona en llegar fue María Santos, entonces todavía estudiante de matemáticas, que quería enseñar matemáticas programando: álgebra lineal, estadística descriptiva y, más adelante, Python. La regla que aplicó con ella la repitió con todos los que vinieron después: que cada uno tuviera su propio paraguas temático con un centro común.
A partir de ahí el mapa se fue llenando por huecos. Un especialista en internet de las cosas para el área de IoT. Profesores y catedráticos de su antigua universidad para llevar el cálculo, la probabilidad, la estadística y el análisis numérico a un nivel más formal, con más demostraciones que los cursos de María, centrados en la programación. Pedro Daniel Alcalá, con años de experiencia en análisis de datos, para Power BI, Tableau y Excel. Carlos Coronado y otros profesionales en activo del sector para Unity, realidad aumentada y shaders. Un perfil de arquitectura y cloud para AWS. Y fuera de la tecnología pura, Mateo Mercado y Ana Seijo en marketing, SEO y emprendimiento.
El detalle que no conviene pasar por alto es de dónde salieron algunos: de la propia audiencia. Antiguos estudiantes de los cursos que dieron el salto al mundo online y volvieron como instructores de blockchain o de ciberseguridad, y más de cuarenta moderadores de los canales de Discord que se sumaron de forma totalmente altruista, sin más motivo que gustarles lo que hacían: «creando comunidad, creando piña como lo llamo yo». La estructura acabó siendo una sociedad limitada con veinticuatro instructores y más de cuarenta colaboradores y moderadores.
Lo que nadie te cuenta: acabas de gestor
El cierre del capítulo es la parte más honesta. Cuando la estructura crece aparece un trabajo que no eligió nadie: «a veces haces más de gestor que no lo que te gusta». Facturas, gastos, ingresos, pagos, suscripciones, impuestos trimestrales. Desde 2019 cuenta con una asistente personal que le lleva la agenda y toda esa gestión administrativa, y el consejo que deja es muy concreto: si te lanzas a emprender, reserva cada semana alguna hora fija para eso y no lo dejes para el último día, porque las obligaciones fiscales, legales y administrativas no se esquivan.
Por debajo de toda la historia hay una idea que va más allá de montar una empresa: «el núcleo común es siempre el mismo, nunca parar de aprender, nunca parar de adaptarse». Y viene con una forma de empezar hoy que no necesita ni plataforma ni curso: «mirad a vuestra izquierda, mirad a vuestra derecha, quien tenéis al lado, ¿qué sabe y qué os puede enseñar?». Sirve igual en la oficina, en la universidad o en un bar, «con un buen café o una buena cerveza encima de la mesa, con una conversación de peso».
Lo que te llevas
- El nombre Frogames nació en 2013 en un fin de semana de emprendimiento, de unir frog y games mientras doblaba post-its para hacer ranas de papiroflexia.
- Entre la idea y la empresa pasaron dos años: hasta 2015 fue solo un dominio comprado y una intención, y después un nombre comercial para apps de Android e iPhone.
- Apostar por enseñar en castellano cuando la formación online se hacía en inglés fue una decisión deliberada, no una casualidad.
- Vivir de enseñar tecnología obliga a rehacer el catálogo constantemente: cada sistema operativo, SDK o lenguaje nuevo deja cursos obsoletos casi de inmediato.
- Aprender un lenguaje más es barato; el coste real de abarcarlo todo es la pérdida de identidad y la frustración de no saber en qué centrarte.
- La empresa se construyó delegando temáticas completas en expertos de cada campo, muchos de ellos llegados de la propia comunidad de estudiantes y moderadores.
- Emprender por tu cuenta significa aceptar el papel de gestor: facturación, impuestos y administración piden horas fijas en la agenda.