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Momentos clave
Una semana con dos escalas: talleres de Unity y realidad virtual en Ciudad Real y dos charlas en la Universidad de Manizales. De ahí salió una conversación con el rector sobre convalidar cursos online por asignaturas, y hasta convertir una ruta entera en un título universitario. Y, de paso, el contraste con lo que pasa en España.
Dos días de Unity en Ciudad Real
Invitado por el máster de informática de la Universidad de Castilla-La Mancha, dio un curso rápido de Unity. El primer día, las bases del motor para quienes nunca lo habían tocado.
«vimos las bases de Unity el primer día para que los que nunca habían tocado Unity fueran capaces de colocar elementos en un escenario»
Realidad virtual con las Oculus Quest
El segundo día, los alumnos se repartieron en grupos pequeños con unas gafas y montaron una simulación de realidad virtual: coger objetos, moverse por la habitación y desplazarse.
Charlas de IA y videojuegos en Manizales
En el simposio de la Universidad de Manizales habló por la mañana de inteligencia artificial aplicada a imágenes geoespaciales, para un público del mundo de los sistemas de información geográfica. Por la tarde, sentado en un sofá, programó un videojuego en directo.
«en una hora se podía hacer un videojuego, y que al final arrancar con Unity no es nada complicado»
El equipo real detrás de la plataforma
Desde fuera la plataforma parece una empresa grande. El core lo llevan tres personas, y el resto son coinstructores que publican cursos. La universidad, en cambio, tiene 17 personas dedicadas solo al núcleo de la suya.
«somos nosotros tres, no hay más»
Asignaturas que ya se solapan con los cursos
Álgebra lineal, estadística, probabilidad, programación o cálculo son materias del grado con un temario casi idéntico al de los cursos online. La diferencia está en el enfoque práctico.
«con un temario pues 95% parecido con la gran diferencia que nosotros lo hacemos en código»
De ruta de 25 cursos a título universitario
La propuesta más ambiciosa: que una ruta completa se convierta en un pregrado o un postgrado avalado por el ministerio. Se empieza por un mínimo producto viable en Manizales antes de pensar en Colombia o Latinoamérica.
«empezamos pensando en pequeño, a ver que el mínimo producto viable que le llamamos nosotros funciona»
El recelo de las universidades españolas
El contraste con España le deja mal cuerpo: aquí este tipo de alianzas se leen como canibalización en lugar de como un win-win. De ahí la frase más dura del episodio sobre reinventarse o quedarse fuera.
«piensan que voy a canibalizarles, que les voy a robar el protagonismo, que les voy a robar los estudiantes»
El episodio, en profundidad
Este episodio se graba recién aterrizado, con jet lag y con dos escalas todavía calientes: la Universidad de Castilla-La Mancha en Ciudad Real y la Universidad de Manizales, en Colombia. El viaje da para anécdotas, pero lo que de verdad se cuenta aquí es una conversación con un rector que puede cambiar lo que significa estudiar en una plataforma online.
Lunes y martes: Unity en Ciudad Real
La semana empezó en el campus de Ciudad Real, invitado por un profesor del máster de informática de la Universidad de Castilla-La Mancha, donde hay una asignatura dura de visión por computador y realidad virtual. Fueron dos días de curso rápido. El primero, los cimientos: «vimos las bases de Unity el primer día para que los que nunca habían tocado Unity fueran capaces de colocar elementos en un escenario», visualizarlos, añadir física y poco más. El segundo día subieron un escalón: con unas Oculus Quest repartidas en grupos pequeños, montaron una pequeña aplicación de realidad virtual con la que coger objetos, moverse por la habitación y desplazarse. Una forma de dar clase distinta a la habitual, y por eso mismo interesante.
Al otro lado del charco
En lugar de volver a Mallorca, el vuelo siguiente cruzó el charco hasta Colombia, invitado por la Universidad de Manizales. Coincidía con un congreso —un simposio, lo llaman ellos— donde los estudiantes presentan en público sus proyectos finales y las tesis que van a elegir antes de arrancarlas, delante de los profesores de la universidad y de otras universidades y empresas que vienen a colaborar en esas investigaciones.
Allí dio dos charlas. Por la mañana, inteligencia artificial: como la mayoría del público venía del mundo de los sistemas de información geográfica, el enfoque fue cómo las imágenes geoespaciales pueden beneficiarse de esa rama de la informática. Por la tarde, videojuegos, en un formato mucho más informal: le pusieron un sofá, se sentó a programar encima con la pantalla proyectada y enseñó en directo que «en una hora se podía hacer un videojuego, y que al final arrancar con Unity no es nada complicado». Lo único que hace falta es echarle alguna que otra hora.
Tres personas, no cien
La parte más interesante no estaba en el programa. Como parte del evento le presentaron al rector, y ahí salió todo: las certificaciones blockchain, cómo está gamificada la experiencia de usuario y a qué se dedica esto en realidad. Porque cuando alguien mira Frogames desde fuera, «igual piensa que aquí somos 100 empleados o 200». El core de la plataforma lo llevan María, Mateu y él. El resto son coinstructores que van sacando materiales, corrigiendo tareas y haciendo lanzamientos a su ritmo: Alain Nicolás, Pedro Daniel Alcalá o Carlos Bastida están entre los más activos publicando cursos. Pero el trabajo de sostener la plataforma, contestar dudas, mover las comunidades y revisar que los cursos funcionen recae en tres personas: «somos nosotros tres, no hay más».
Al rector le llamó la atención precisamente por el contraste. La propia Universidad de Manizales tiene su plataforma de formación online, y ahí trabajan 17 personas solo en el núcleo, más todos los profesores que graban cursos para ella.
La propuesta: cursos online que valen como asignatura
De esa conversación salió una idea de alianza que va en dos direcciones. Por un lado, la universidad ya tiene pregrados, maestrías y asignaturas que se solapan con el catálogo: álgebra lineal, estadística, probabilidad, programación, cálculo. Materias que aquí ya existen «con un temario pues 95% parecido con la gran diferencia que nosotros lo hacemos en código», mientras que en la universidad se siguen dando con lápiz y papel. La propuesta: que sus estudiantes se formen con estos materiales en las asignaturas del grado y que, a la inversa, quien ya haya completado el curso online pueda convalidarlo al matricularse.
Por otro lado están las rutas, que es como se llaman aquí a lo que en una universidad sería un grado, y que cubren temáticas que normalmente no se ofertan: videojuegos, inteligencia artificial, análisis de datos, blockchain, desarrollo de apps para Android e iOS. Una ruta de 25 cursos «podría convertirse en un pregrado, en un postgrado de la universidad» avalado por el ministerio. Es decir: completar la ruta de videojuegos, la de blockchain o la de Android y salir de la universidad con el papelito. El plan no es conquistar el continente de golpe —primero Manizales, después quizá el resto de Colombia y Latinoamérica—, pero «empezamos pensando en pequeño, a ver que el mínimo producto viable que le llamamos nosotros funciona».
Lo que escuece: el contraste con España
«esto para mí me demuestra una gran proactividad», dice de la universidad colombiana. Y a continuación viene la parte incómoda, porque en España la reacción habitual es la contraria: ver la colaboración como competencia y pensar que «viene a robarme los estudiantes, viene a robarme el prestigio de la universidad», en lugar de leerlo como un win-win. El juicio es duro y va sin anestesia: «la universidad está condenada si no se reinventa, si no se renueva». Reinventarse aquí significa cosas concretas y medibles: que una optativa pueda sustituirse por un curso online de un determinado número de horas, que una ruta larga pueda convalidarse por un título. Si lo propone Manizales, podría proponerlo cualquiera de las universidades españolas con las que ya hay contacto, pero «piensan que voy a canibalizarles, que les voy a robar el protagonismo, que les voy a robar los estudiantes».
Qué significa esto si estudias aquí
Con solo seis meses de vida de la plataforma, ya hay universidades que valoran los materiales, que ven las certificaciones blockchain como algo que enriquece el currículum de sus estudiantes —una insignia verificable contra la cadena de bloques que se puede colgar en LinkedIn y que demuestra competencias reales ante una empresa— y que consideran que este material puede convertirse en un grado. La conclusión que se lleva en el avión de vuelta, que desde Colombia a Mallorca no es corto, es mitad orgullo y mitad frustración. Y queda sobre la mesa, como tema de debate en los comentarios, porque también dio de sí el taller de realidad virtual con Unity que abrió la semana: la formación online ya no compite con la universidad, se está metiendo dentro.
Lo que te llevas
- Una semana con dos docencias muy distintas: bases de Unity y una app de realidad virtual con Oculus Quest en Ciudad Real, y charlas de IA y videojuegos en la Universidad de Manizales.
- El core de la plataforma lo sostienen tres personas; la universidad colombiana dedica 17 solo al núcleo de la suya, y eso fue lo que más llamó la atención al rector.
- Asignaturas como álgebra lineal, estadística, probabilidad, programación o cálculo tienen un temario casi idéntico al de los cursos online, pero se siguen dando con lápiz y papel en vez de con código.
- La alianza propuesta va en dos direcciones: que sus estudiantes se formen con estos materiales y que quien ya completó el curso online pueda convalidarlo en la universidad.
- Una ruta de 25 cursos podría llegar a convertirse en un pregrado o postgrado avalado por el ministerio, empezando por un mínimo producto viable en Manizales.
- En España la misma propuesta se percibe como competencia y robo de estudiantes; ese recelo es, para él, la señal de que la universidad necesita reinventarse.