Volumen 077 · Frogmación Podcast

Entrevista a Jack Viamonte: Derecho, emprendimiento e Inteligencia Artificial

Por Juan Gabriel Gomila • • 78 min de audio

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Episodio 077: Entrevista a Jack Viamonte: Derecho, emprendimiento e Inteligencia Artificial

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Momentos clave

Jack Viamonte se fue de Cuba a los diecisiete queriendo ser médico y acabó de abogado, en tecnología y montando empresas. En esta entrevista explica cómo usa la inteligencia artificial en el trabajo legal y con qué límites, por qué el derecho siempre va por detrás de la sociedad y cuál fue la pregunta que dejó helada a toda su clase de máster.

Quería ser médico y acabó en derecho

Viene de familia de médicos y daba por hecho que seguiría ese camino. Al llegar a España sacó nota para cualquier carrera menos medicina, que se le escapó por unas décimas, y no sabía que podía repetir el examen. El derecho se lo sugirió su familia por afinidad con sus habilidades.

«yo venía para médico, eso creía yo»

Innovar no es comprar tecnología

Desde su incubadora repite que innovar también es implementar un proceso. Cuenta el caso de un emprendedor rentable pero prisionero de su negocio: el problema era la falta de protocolos y de una hoja de ruta, no de herramientas.

«no todo innovación tiene que estar ligada a la tecnología»

Un informe más rápido cuesta menos al cliente

El mundo legal es un sector vintage donde el blockchain no caló, pero la IA sí está teniendo acogida. Como los honorarios se calculan por tiempo dedicado, ganar velocidad sin perder calidad se traduce en una factura más baja.

«hacer un informe en menor tiempo y con la misma calidad, implica que el cliente va a tener luego que pagar un menor costo»

La IA, siempre con un humano delante

Ha resumido documentos con ChatGPT con buen resultado, pero pone una condición: en un asunto complejo hay que leerlo primero y usar la herramienta después. En una primera búsqueda la IA puede no detectar lo que necesitas.

«siempre con la supervisión de un humano, uno tiene que ser primero consciente de qué hay en ese texto»

El derecho es reactivo, no proactivo

La sociedad va más rápida de lo que la ley puede ajustarse. Por eso defiende una regulación que acompañe la innovación en lugar de frenarla, con las amenazas de limitar ChatGPT en Italia como ejemplo de lo que no quiere y el acta europea de IA como esperanza.

«no podemos quedarnos atrás en esta carrera»

Deepfakes: ya no es ciencia ficción

Con unas cuantas fotos descargadas de internet se puede entrenar una IA para poner a alguien a decir o hacer cualquier cosa. Es literalmente el primer capítulo de Black Mirror, y la ley todavía tiene que adaptarse a ello.

«Tú te crees que esa persona es quién es, pero no lo es»

La pregunta que dejó helada a la clase

Primer día de un máster de derecho digital. El profesor preguntó quién tenía la carrera, quién el máster y quién inglés: todos levantaron la mano las tres veces. La siguiente pregunta descolocó a la sala.

«por qué voy a contratar a uno y no a otro»

Dejó el despacho tras dos años en paralelo

Compaginó durante dos años un gran despacho con su propio proyecto, fines de semana incluidos, hasta dar el salto un mes antes de esta entrevista. No lo recomienda como método, pero cree que el esfuerzo compensa.

«dejé el mundo del derecho hace muy poco, hace apenas un mes»

El episodio, en profundidad

Jack Viamonte es abogado, emprendedor y podcaster. Nació en Cuba en febrero de 1993 y hoy se dedica a ayudar a otros a montar empresas, en España y en Cuba. En el episodio 77 de Frogmación, el que abre la tercera temporada, Juan Gabriel Gomila le pregunta lo que casi nunca se le pregunta a un abogado: qué pasa cuando la inteligencia artificial entra en el despacho y por qué un currículum impecable ya no diferencia a nadie.

Se fue a los diecisiete y quería ser médico

La primera pieza de su historia no es el derecho: es la migración. Se marchó de Cuba con diecisiete años y ese fue, dice, su primer gran emprendimiento, uno que no eligió él. De ahí sale Migramos, uno de sus tres podcasts, dedicado al talento migrante.

Y el derecho tampoco era el plan. Venía de una familia de médicos y daba por hecho que seguiría el mismo camino: «yo venía para médico, eso creía yo». Al llegar a España se buscó una profesora particular, se presentó a la selectividad y sacó nota para cualquier carrera menos para la única que quería: medicina se le escapó por unas décimas y nadie le dijo que podía repetir el examen. Una reunión familiar le sugirió el derecho por afinidad con sus skills, y el enamoramiento vino después, ya dentro, por el impacto que el derecho de los negocios tiene sobre la sociedad.

Innovar no es comprar tecnología

Hoy trabaja en un laboratorio creativo que funciona como incubadora. Desde ahí repite un mensaje que suena raro viniendo de alguien que defiende la tecnología: «no todo innovación tiene que estar ligada a la tecnología». Innovar también es implementar un proceso que no existía.

Lo ilustra con un caso real. Un emprendedor al que asesoran tenía una empresa con clientela y facturación y aun así era prisionero de su negocio: no podía despegarse de ninguna decisión. El análisis apuntó a la falta de protocolos y de una hoja de ruta. Al poco de implantarlos, les llamó para decirles que su vida era más ligera. Cero tecnología nueva. Solo procesos.

Un sector vintage que empieza a mirar a la IA

Del mundo legal habla sin adornos: es un sector vintage, con un «siempre se ha hecho así» que marca las pautas, y ni el blockchain ni lo anterior cambiaron cómo se trabaja un procedimiento. La inteligencia artificial está teniendo mejor acogida, y ahí él sí ve encaje: el trabajo de un abogado consiste en tragarse mucha información en poco tiempo, resumirla y entenderla para asesorar bien.

El beneficio va al cliente: «hacer un informe en menor tiempo y con la misma calidad, implica que el cliente va a tener luego que pagar un menor costo», porque los honorarios se calculan por tiempo dedicado. Ahora bien, pone una condición innegociable: «siempre con la supervisión de un humano, uno tiene que ser primero consciente de qué hay en ese texto». Ha resumido documentos con ChatGPT con buen resultado, pero avisa de que en un asunto complejo hay que leerlo antes y usar la herramienta después, no al revés.

Juan Gabriel aporta el contraejemplo histórico: en 2016 un despacho les pidió detectar jurisprudencia aplicable dentro de casos anteriores, un problema de análisis de texto que entonces se resolvía leyendo boletines y sentencias a mano. Los dos coinciden en el matiz incómodo: en derecho, dos más dos no siempre son cuatro, y un algoritmo mal entrenado hereda los sesgos de los datos. Donde sí le ven futuro inmediato es en conflictos de poca cuantía, como una reclamación de 1.500 euros con su factura y su contrato.

La ley llega tarde, y él prefiere que no frene

Su mantra profesional es que el derecho es reactivo, no proactivo: la sociedad va más rápida de lo que la ley puede ajustarse. De ahí su postura, poco habitual en el gremio: desde las leyes hay que acompañar la innovación y no poner palos en las ruedas, porque el miedo a la velocidad del cambio lleva a sobrerregular. Cita las amenazas de limitar ChatGPT en Italia por protección de datos y celebra que se reconduciera: «no podemos quedarnos atrás en esta carrera». Sabe que la Unión Europea trabaja en un acta para regular la IA y se declara optimista, siempre que se prime la protección de datos.

La urgencia se ve con el ejemplo que trae Juan Gabriel: con diez fotos tuyas descargadas de internet ya se puede entrenar una IA para ponerte a bailar o para meterte en una situación comprometida. «Tú te crees que esa persona es quién es, pero no lo es.» Es el primer capítulo de Black Mirror, solo que ya no es ficción.

La pregunta que dejó helada a la clase

Antes del despacho trabajó de chófer en un párking y en el soporte técnico de un banco, para lo que se aprendió en unos días los comandos de Linux que pedía la prueba de acceso. Ya de abogado vio el problema: todos tenían la misma carrera y el mismo máster. Se apuntó a un máster de derecho digital y el primer día el profesor preguntó a la clase quién había estudiado derecho, quién tenía máster y quién hablaba inglés. Todos levantaron la mano las tres veces. Y entonces llegó el remate: «por qué voy a contratar a uno y no a otro».

Hard skills, soft skills y el CTO que no baja a comer

Su respuesta es que las hard skills no se descuidan nunca, pero que la diferencia la marca la otra pata: «ese salto cualitativo, como fue en mi caso, te lo da en trabajar las soft skills». Oratoria, escritura persuasiva y empatía no sirven solo para un copy de Instagram: sirven para que un juez te vea como alguien que le ayuda a impartir justicia y no como un adversario.

Juan Gabriel pone el caso del CTO super senior que no baja ni a las comidas ni a las cervezas, un patrón que ha visto repetirse. Jack lo remata: incluso esos perfiles necesitan liderazgo y comunicación, porque «somos personas trabajando con persona». Y desmonta el clásico de que una cosa es lo profesional y otra lo personal: para él, todo es personal.

Dejar el despacho para emprender

Cuando graban la entrevista, Jack acaba de dar el salto: «dejé el mundo del derecho hace muy poco, hace apenas un mes». Antes estuvo dos años compaginando el despacho —uno de los grandes de España, donde entró en un departamento de intraemprendimiento— con su propio proyecto, fines de semana incluidos. No lo recomienda como método, pero lo defiende: «la mayoría de las veces ese esfuerzo merece la pena». Su receta para quien esté a disgusto: identificar qué falla, trabajar la mentalidad y preparar el terreno, colchón económico incluido, antes de saltar.

El propósito es el hilo que une al médico que no fue con el abogado que ha sido: la vocación de servicio. Hoy lo traduce en buscar impacto social en los proyectos que asesoran, como una marca de moda infantil que trabaja con niños con autismo como modelos y destina parte de los beneficios a formación para sus familias.

Lo que recomienda

Insiste en la serie Extrapolations, sobre un futuro marcado por el cambio climático, y en un libro de cincuenta lecciones dirigido a abogados que aplica en su negocio para preparar reuniones y atender a los clientes. Sobre formarse lo tiene claro: «tomen cursos online con nosotros o con quien sea, pero que esté adaptado a la realidad del siglo XXI». Puedes seguirle en Instagram y en su canal de YouTube; la entrevista llegó gracias a la gestión de invitados de Crece Tu Coco. Y si te has quedado con ganas, en Frogames tenemos un curso de habilidades blandas y otro de inteligencia artificial aplicada a negocios.

Lo que te llevas

  • Innovar en una empresa no exige tecnología nueva: implantar protocolos y una hoja de ruta puede liberar a un dueño que era prisionero de su propio negocio.
  • La IA encaja bien en el trabajo legal porque el oficio consiste en digerir mucha información deprisa, pero siempre con un humano que sepa antes qué dice el documento.
  • Si un informe sale en menos tiempo con la misma calidad, el cliente paga menos: los honorarios se calculan por horas dedicadas.
  • El derecho es reactivo y llega tarde a cada cambio; sobrerregular por miedo a la velocidad solo consigue quedarse fuera de la carrera.
  • Los deepfakes hechos con fotos públicas ya son una realidad, y el marco legal todavía tiene que ponerse al día.
  • Con la carrera, el máster y el inglés no te diferencias de nadie: la oratoria, la escritura persuasiva y la empatía son las que dan el salto cualitativo.

Enlaces del episodio

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