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Momentos clave
Un episodio de reflexión: antes de las posturas, el yoga tiene dos peldaños que no son físicos. Juan Gabriel Gomila repasa los cinco principios éticos que forman el primero de ellos, con ejemplos tan pequeños como un café mal servido, y explica por qué Gandhi solo necesitó aplicar dos.
El yoga no empieza en la esterilla
El proceso tiene ocho peldaños y los dos primeros no son físicos: la ética hacia fuera y la disciplina hacia uno mismo. Las posturas llegan después, y solo al final del todo aparece el estado que da nombre a todo.
«yoga significa conexión, conexión cuerpo y mente»
Patanjali y los Yoga Sutras
La fuente que usa es el tratado en el que un sabio de la antigüedad reunió y sistematizó conocimientos que hasta entonces se transmitían de forma oral. Está escrito en sánscrito, igual que los nombres de las posturas.
Gandhi aplicó solo dos principios
Adoptó al pie de la letra la no violencia y la coherencia, primero consigo mismo y luego con la sociedad que quería independizar. Con eso guio su lucha por la libertad y la justicia hasta la independencia de la India.
No violencia: el café mal servido
Abstenerse de hacer daño físico o mental, empezando por uno mismo, incluye la palabra. El ejemplo es responder mal al camarero que te trae el café equivocado frente a explicarle con calma qué habías pedido.
«la inofensividad requiere siempre estar observante de cada situación que se nos presenta»
Él tampoco los cumple siempre
Reconoce que hay días en que se cabrea con el camarero y que la dificultad no está en los días buenos, sino en los malos. Insiste en que esto no se adopta de golpe, igual que las posturas difíciles tardan años.
«ojo, no lo vais a adoptar en un día, es una práctica constante»
Coherencia entre pensar, decir y hacer
El segundo principio no es solo decir la verdad, sino que las tres cosas coincidan. Propone repasar cinco minutos al final del día lo pensado, lo dicho y lo hecho, y avisa de que tener razón no autoriza a hacer daño.
«que una cosa sea verdad o que nosotros pensemos que es verdad, no nos debería dar cartablanca como para poder hacer daño a otras personas»
Desapego: aligerar la vida
Ni los problemas son tan gordos ni los placeres tan placenteros. Tener cosas no es el problema; lo es que la preocupación por conservarlas impida disfrutarlas, como el coche que no sale del garaje por miedo a rayarlo.
«el desapeo se podría definir como el arte de aligerar la vida»
Moderación y honestidad
El cuarto principio es evitar los extremos en comida, bebida, trabajo y descanso. El quinto, no apropiarse de bienes ni de ideas ajenas, con el jefe que se cuelga las medallas del equipo como contraejemplo.
«modelación y auto control, para evitar vivir en los extremos»
El episodio, en profundidad
Frogmación 94 se sale del guion habitual del podcast. No hay código, ni herramientas, ni negocio: Juan Gabriel Gomila avisa de que este es «un episodio un poco más personal, tal vez, un poco más de reflexión», y lo dedica a la parte del yoga de la que casi nadie habla, la ética, precisamente porque cree que hay mucho mito alrededor de la palabra.
El yoga son ocho peldaños, y las posturas no son el primero
La idea de partida es que el yoga no empieza en la esterilla. Es un proceso de ocho peldaños ordenados, tal como los sistematizó Patanjali, un sabio de la antigüedad que reunió conocimientos dispersos que se transmitían de forma oral y los dejó por escrito en sánscrito en los Yoga Sutras de Patanjali.
Los dos primeros peldaños no son físicos. El primero es la ética, la regulación de uno hacia fuera; el segundo, la disciplina, la regulación de uno hacia sí mismo. Solo después llegan las posturas, las asanas, cuyo nombre remite a postura y estabilidad, acompañadas de la regulación de la energía vital, que es aprender a respirar y a manejar la respiración. Por encima quedan la interiorización, la concentración, la meditación y, al final del todo, la iluminación: un estado de conciencia máxima en el que, según los maestros que cita, uno llega a sentir cada célula por separado. Ese último escalón es lo que se llama de verdad yoga, porque «yoga significa conexión, conexión cuerpo y mente».
De ahí el aviso que recorre el episodio: hacer posturas sin haber trabajado los dos primeros peldaños no sirve de nada. Los demás pasos quedan aislados y caen en saco roto.
Gandhi aplicó solo dos de los cinco
El ejemplo con el que abre es Gandhi. Cuenta que adoptó al pie de la letra solamente dos de los cinco principios éticos, la no violencia y la coherencia, que se aplicó primero a sí mismo y luego a la sociedad que quería independizar, y que con eso guio su lucha por la libertad y por la justicia hasta conseguir la independencia de la India. El razonamiento es de proporción: si con dos se consigue eso, qué puede conseguir cualquiera en el trabajo, en la familia o con los amigos.
Los cinco principios tienen nombre en sánscrito, pero él los traduce para que se puedan usar: no violencia, coherencia, desapego, autocontrol y honestidad. Los dos primeros son, dice, los fundamentales; los otros tres suman.
No violencia: el café que te traen mal
La no violencia consiste en abstenerse de hacer daño, físico o mental, empezando siempre por uno mismo. No es solo no golpear: el terreno importante es el pensamiento y la palabra, que es la herramienta más común con la que nos hacemos daño. Y exige atención permanente, porque «la inofensividad requiere siempre estar observante de cada situación que se nos presenta» para elegir la respuesta constructiva por encima de la destructiva.
El ejemplo es deliberadamente pequeño. Vas por la calle, pides un café, te lo traen con otra leche o frío. Si vas con prisa, la respuesta fácil es soltarle al camarero que eso no es lo que has pedido; la alternativa es pedir disculpas y explicar qué querías. Elige al camarero a propósito: es alguien a quien no conoces de nada, y ahí el principio cuesta más. La misma lógica se extiende a lo que comes hasta empacharte, al plástico que compras y, sobre todo, a los pensamientos que aceptas sobre ti mismo: pone como ejemplo suyo el suponer que la gente le juzgará por haberse hecho un trasplante capilar.
No lo vende como algo resuelto. Admite que «no os digo que yo los respete al tiempo», que hay días en que se cabrea con el camarero, y que el mérito no está en los días buenos sino en los malos, cuando toca presentar impuestos o llega una mala noticia. «ojo, no lo vais a adoptar en un día, es una práctica constante», igual que las posturas difíciles tardan años.
Coherencia: pensar, decir y hacer lo mismo
El segundo principio se suele traducir como veracidad, pero él prefiere entenderlo como «ser coherente, entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos». No basta con no mentir: muchas veces pensamos una cosa, por no hacer daño decimos otra y acabamos haciendo una tercera. El ejemplo es el chocolate que sabes que te sienta mal y que recomiendas a otro mientras te comes cinco tabletas; o predicar que hay que aprender Python porque es el lenguaje del futuro y por debajo decir que mejor PHP.
La práctica que propone es de contabilidad diaria: conoce a gente que lleva una libreta con dos columnas y dedica cinco minutos al final del día a repasar qué ha pensado, qué ha dicho y qué ha hecho, para ver dónde hubo discrepancia. Y pone un límite importante: «que una cosa sea verdad o que nosotros pensemos que es verdad, no nos debería dar cartablanca como para poder hacer daño a otras personas». Si tu verdad se convierte en un insulto, ya has roto el primer principio. La coherencia, dice, debería ser dulce y apacible.
Desapego, moderación y honestidad
El tercero es el desapego, que «el desapeo se podría definir como el arte de aligerar la vida»: ni los problemas son tan gordos ni los placeres tan placenteros. Tener cosas no es el problema; el problema es que la preocupación por conservarlas te impida disfrutarlas, como quien deja el coche en el garaje por miedo a rayarlo, o quien sufre por el móvil que sabe que un día dejará de funcionar. Lo mismo vale para lo inmaterial. El beneficio es concreto: «si no acumulamos ganamos tiempo y nos libramos siempre de preocupaciones», y ese tiempo que ibas a gastar en lamentarte lo dedicas a otra cosa.
El cuarto se traduce como autocontrol, aunque él lo entiende mejor como moderación: en la comida, en la bebida, en la sexualidad, en el trabajo y también en el descanso, porque dormir catorce horas el fin de semana para recuperar la semana es el otro extremo. Cuenta su método: sin horario fijo, apunta por la mañana en un papel lo que quiere hacer y esa lista es su jornada, dos horas algunos días y diez otros. La regla es «modelación y auto control, para evitar vivir en los extremos», con una idea clásica de fondo: «la virtud se encuentra justo a mitad de los 2 extremos, entre la carencia y el exceso».
El quinto es la honestidad, que además de no robar significa «evitar apropiarnos de ideas que no nos corresponde». Señala dos ámbitos donde «es muy común apropiarnos de cosas»: la universidad, con el responsable que carga el trabajo sucio en un becario y luego firma los papers, y la empresa, con el jefe que se cuelga las medallas del equipo. Él se aplica la regla en el episodio: las ideas son de Patanjali y lo dice.
La pregunta con la que cierra
Termina con una pregunta abierta para los comentarios: «consideras que estos cinco principios éticos que te he mostrado son universales». Para él lo son y los intenta aplicar a diario: lleva más de tres años de práctica y dice notar mucha diferencia entre tener estos conocimientos y no tenerlos.
Lo que te llevas
- El yoga es un proceso de ocho peldaños; las posturas no son el primero y la ética sí.
- Los cinco principios éticos son no violencia, coherencia, desapego, autocontrol y honestidad.
- La no violencia empieza por uno mismo e incluye la palabra y los pensamientos, no solo los actos.
- Coherencia es que lo que piensas, lo que dices y lo que haces coincidan; repasarlo cinco minutos al final del día es una práctica concreta.
- Tener razón no da carta blanca para hacer daño: si tu verdad hiere, ya has roto el primer principio.
- El desapego no es renunciar a tener cosas, sino no dejar que la preocupación por conservarlas te impida disfrutarlas.
- La moderación consiste en evitar los extremos también en el trabajo y en el descanso, no solo en la comida o la bebida.