Volumen 119 · Frogmación Podcast

Entrevista a Alicia Marqués Dejar de ser ingeniera para aprender a dormir mejor

Por Juan Gabriel Gomila • • 53 min de audio

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Episodio 119: Entrevista a Alicia Marqués Dejar de ser ingeniera para aprender a dormir mejor

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Momentos clave

Alicia Marqués era ingeniera industrial hasta que su segundo hijo llegó a quince despertares nocturnos. Hoy es experta en sueño infantil y explica en este episodio qué es de verdad el sueño autónomo, por qué lo conductual solo ataca las consecuencias y cuál es la causa que más ve en consulta. También, qué puede hacer una madre agotada por su propio descanso.

De la multinacional a los quince despertares

Con su primer hijo el sueño fue llevadero. Con Nico, nacido justo antes de la pandemia, llegaron a quince despertares nocturnos a los siete meses. Una asesora de sueño los bajó a cinco en pocas semanas y ella decidió dejar catorce años de ingeniería.

«ahora de repente me dice que lo deja todo y que se quiere dedicar al sueño de los niños»

Una profesión nueva y sin regular

Se formó en una escuela estadounidense y con un postgrado en trastornos del sueño-vigilia en la edad pediátrica. Deja claro que no es médica ni pediatra, y que tampoco se llama coach porque no tiene esa titulación. Pide que se comprueben credenciales antes de contratar a nadie.

«es una profesión muy nueva que no está ni regulada»

Cómo elegir a un profesional del sueño

Su consejo para las familias es mirar dónde ha estudiado quien te va a atender y qué formación tiene, porque en redes sociales cualquiera puede decir que es cualquier cosa y aquí se habla de bebés.

«coge un poquito de referencias donde ha estudiado, cuál es su formación»

Lo conductual son consecuencias, no causas

Retirar asociaciones no sirve si detrás hay algo fisiológico o médico. Por eso hizo el postgrado: para evaluar primero y derivar al especialista cuando toca. Cuenta casos de niños de casi tres años con un síndrome de piernas inquietas sin detectar.

«como vas a saber lo que despierta ese peque si no hacemos una evaluación como Dios manda»

Sueño autónomo no es dejar llorar

Está en contra del método de dejar al bebé llorando hasta que aprenda. Su versión pasa siempre por acompañamiento parental y apego seguro, y por esperar a que el niño tenga la madurez necesaria: le llegan familias con peques de cuatro meses que aún no están preparados.

«el sueño autónomo es la capacidad que tienen los peques de conciliar de forma autónoma de autogestionar sus despertares»

El sobrecansancio, la causa más repetida

Tras las asociaciones y los horarios que delatan dolor, la causa que más ve es la deuda de sueño acumulada. Se reconoce por cuatro señales: cuesta conciliar, hay más despertares, aparece un desvelo con ganas de jugar y el niño se despierta antes de tiempo.

«la deuda de sueño acumulada genera muchos más despertares»

Guarderías, rutinas y efecto manada

El contra de la escuela infantil son los contagios; el pro, unas rutinas marcadas y el hecho de que todos duerman a la vez. Muchos niños que duermen mal en casa duermen bien allí. La adaptación puede trastocar el sueño, pero no más de dos semanas.

«no hay nada que les funciona mejor que una rutina»

El autocuidado de la madre va primero

Propone tres vértices que se sostienen entre sí: autoconocimiento, alimentación y autocuidado. Recuerda que las neuronas espejo hacen que el niño copie la inestabilidad emocional de su referente, y que las madres se colocan siempre las últimas.

«no tengo tiempo para mí, tenemos que ir al revés»

El episodio, en profundidad

Hay entrevistas que nacen de un tema que el entrevistador no se había planteado nunca. Juan Gabriel Gomila no es padre y no sabía que existiera una profesión dedicada al sueño de los bebés, hasta que conoció a Alicia Marqués: ingeniera industrial, catorce años en multinacionales de gran consumo, y hoy experta en sueño infantil. El puente entre los dos lo pusieron las chicas de Crece Tu Coco.

De la multinacional a quince despertares por noche

Con su primer hijo, Marcos, Alicia vivió un mal dormir llevadero. Dos años y medio después, pocos días antes de la pandemia, llegó Nico: intenso desde el principio y a peor, hasta batir con siete meses el récord de quince despertares nocturnos. Pérdida de paciencia, bajada de rendimiento laboral, irritabilidad. Cambiaron colchones, movieron la cuna, buscaron por Google y preguntaron a todo el que se dejó, hasta que una amiga le mencionó que estaba haciendo las prácticas de asesora de sueño infantil. En pocas semanas pasaron de quince despertares a cinco, y siguieron mejorando hasta que la familia entera descansó.

Ahí decidió que no era justo que otras familias pasaran por lo mismo, y lo dejó todo. La reacción en casa fue la previsible; ella imita a sus padres: «ahora de repente me dice que lo deja todo y que se quiere dedicar al sueño de los niños».

Una profesión nueva, y sin regular

Se formó como asesora de sueño infantil en una escuela estadounidense y después hizo un postgrado en trastornos y problemas del sueño-vigilia en la edad pediátrica. Lo primero que aclara es lo que no es: no es médica ni pediatra, y tampoco se llama coach, porque «para mí un coach tiene que tener una formación de coach, reglada, que esté certificada», y ella no la tiene. El aviso que lanza es el más honesto que puede dar alguien que vive de esto: «es una profesión muy nueva que no está ni regulada». De ahí su consejo a las familias: «coge un poquito de referencias donde ha estudiado, cuál es su formación», porque en redes sociales cualquiera puede decir que es cualquier cosa y aquí se habla de bebés.

Lo conductual son consecuencias, no causas

El motivo del postgrado es el hallazgo central del episodio. La formación clásica se centra en la parte conductual: el peque se acostumbró al pecho, al biberón o al movimiento, se retiran esas asociaciones y deja de despertarse. Alicia se dio cuenta de que eso son las consecuencias. Si detrás hay algo fisiológico o médico, da igual cuántas asociaciones retires: el niño va a seguir despertándose. Por eso pide grabaciones nocturnas y deriva al especialista que toque cuando algo no cuadra.

De ahí su insistencia con el paso previo: «como vas a saber lo que despierta ese peque si no hacemos una evaluación como Dios manda». Cuenta casos de niños de casi tres años con tres y cuatro despertares por noche a los que nadie había detectado un síndrome de piernas inquietas, porque la respuesta que recibían los padres era siempre la misma: tranquila, hasta los dos años no duermen.

Sueño autónomo no es dejar llorar

Aquí es tajante. El método antiguo de dejar al bebé llorando hasta que aprenda le parece mal, y menciona un estudio universitario sobre adultos que lo vivieron y desarrollaron una relación de apego ansioso con sus referentes. Su definición es otra: «el sueño autónomo es la capacidad que tienen los peques de conciliar de forma autónoma de autogestionar sus despertares». Y siempre con acompañamiento parental: «un referente progenitor tiene que estar contigo para enseñarte a ti tú no vas a aprender solo porque eres un bebé». La comparación que usa es la del enchufe: le pones el límite y se lo enseñas, no lo dejas solo llorando para que aprenda.

Matiz importante: los bebés saben dormir. «nosotros nacemos con el saber dormir aprendido», dice; lo que no saben es hacerlo de forma autónoma, y eso requiere una madurez que no llega cuando el calendario laboral de los padres querría. Le llegan familias con peques de cuatro meses pidiendo sueño autónomo ya, y su respuesta es que el mal dormir es durísimo, pero que ese niño todavía no está preparado.

Por qué se despiertan

Los adultos también nos despertamos varias veces cada noche sin enterarnos, porque sabemos volver a dormirnos solos. El adulto que necesita los auriculares y la radio para conciliar es exactamente un adulto con una asociación de sueño. Con los bebés pasa igual, y las causas que más ve son tres: las asociaciones muy arraigadas, los horarios concretos de los despertares (que delatan molestia o dolor) y, por encima de todas, el sobrecansancio.

Es la que señalaría si tuviera que elegir una: «la deuda de sueño acumulada genera muchos más despertares». Se reconoce por cuatro señales: cuesta cuarenta y cinco minutos o una hora acostarlo, hay más despertares, uno de ellos es un desvelo en el que el niño quiere jugar, y encima se despierta antes de tiempo. La cultura española de hacerlo todo tarde no ayuda, y en Mallorca en julio, con tantas horas de luz, menos: el peque no se duerme a la hora que le convenga a los padres, sino a la que le pide su reloj interno.

Guarderías, rutinas y efecto manada

La escuela infantil tiene un contra evidente, que el niño se contagia de todo y con mocos duerme peor. Pero tiene un pro grande: «no hay nada que les funciona mejor que una rutina». Los peques no llevan reloj, y saber lo que viene después les da calma. Además allí todos duermen a la vez, y muchos niños que duermen fatal en casa duermen bien en la guardería. La adaptación emocional del principio puede trastocar el sueño, pero no suele durar más de dos semanas. El aviso va para las familias que se creen muy flexibles: «somos seres de rutinas, nos funcionan muy bien».

Y las madres, qué

Para los adultos propone tres vértices que se sostienen entre sí: autoconocimiento, alimentación y autocuidado. Autoconocimiento es saber cuál es tu ritmo real en vez de taparlo con cafés por la mañana y melatonina por la noche; no está en contra de suplementar, pero después de una evaluación, no porque te lo hayan recomendado en la farmacia. En mujeres añade el ciclo menstrual y el momento hormonal. La alimentación va en las dos direcciones: «si yo no duermo bien, al día siguiente voy a tomar peores decisiones en cuanto a alimentación».

El tercer vértice es el autocuidado: actividad física, mejor por la mañana que en un partido de pádel a las nueve de la noche con el cortisol disparado, y también el rato para una misma. Lo justifica con las neuronas espejo: si la madre está inestable, el niño lo copia. Y señala el orden en que solemos colocarnos: «no tengo tiempo para mí, tenemos que ir al revés».

Descanso 360, o el poso de la ingeniera

El nombre de su método viene de ahí: «el ver 360 grados a tu peque y a los valores familiares». La ingeniería no se le ha ido nunca, porque la carrera te enseña a «resolver problemas, en el menor tiempo posible de la mejor manera posible». Con su reverso, que Juan Gabriel, matemático, reconoce al vuelo: «como quiero buscar el mejor camino, a veces estoy analizando tanto para encontrar el mejor que me paro». Ejemplo real: la hoja de cálculo para comprar un sofá de terraza.

Cierran con recomendaciones. Ella propone un libro sobre cómo funciona el cerebro de los niños, de Álvaro Bilbao, y confiesa que solo lee para aprender. Juan Gabriel devuelve la pelota con su rutina: una novela en la mesilla para salir de las pantallas. Alicia lo suscribe y pone cifra: al menos dos horas sin scroll antes de acostarse. Trabaja online con familias de toda España y pasa consulta presencial en un equipo de pediatría en Palma de Mallorca, aunque la mayor parte de su trabajo es a distancia. Su método y sus contenidos están en aliciamarques.com.

Lo que te llevas

  • El sueño autónomo es que el bebé sepa autogestionar sus despertares, no que se le deje llorar solo: siempre con acompañamiento parental y apego seguro.
  • Trabajar solo la parte conductual ataca las consecuencias; si hay una causa fisiológica o médica sin detectar, el niño se seguirá despertando.
  • La causa más frecuente que ve en consulta es el sobrecansancio, y se manifiesta en que cuesta más dormirse, no menos.
  • Cuatro señales de deuda de sueño acumulada: tardar 45-60 minutos en conciliar, más despertares, un desvelo con ganas de jugar y despertar antes de tiempo.
  • Las rutinas estables son lo que mejor funciona: el efecto de la guardería es en buena parte eso, más el de dormir todos a la vez.
  • Es una profesión nueva y sin regular: hay que comprobar formación y titulación de quien te atiende, y no confundirla con la de médico o pediatra.
  • Para el descanso del adulto, tres vértices unidos: autoconocimiento del propio ritmo, alimentación y autocuidado, incluida actividad física lejos de la hora de dormir.

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