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Momentos clave
Un despido por embarazo la dejó sin plan B y con una web hecha a mano en 2012. Doce años después, Lorena Gutiérrez mentoriza a profesionales sanitarios que saben tratar pero no saben vender. Aquí está lo que aprendió por el camino: qué es mirar más allá de la camilla, cómo se desactiva la parálisis por análisis y por qué nunca hay un momento perfecto.
El despido que abrió la puerta
Lorena llevaba siete años en fisioterapia neurológica y soñaba con dedicarse a la salud materno-infantil. Estando embarazada de su primer hijo, la despidieron. No fue decisión suya, pero fue el empujón.
«llegó un despido laboral»
Empezar la casa por el tejado
A finales de 2012 se hizo la web ella misma, de forma autodidacta y sobre una plantilla de blog. El error no era técnico: estaba diseñando servicios que todavía no había testeado con nadie.
«empecé la casa por el tejado»
Parálisis por análisis, con matices
Defiende lanzar un servicio mínimo viable en vez de esperar meses a tenerlo todo perfecto, pero pone el freno de mano: en salud no se salta al vacío.
«trabajamos con personas, trabajamos con, con problemas de salud»
Mirar más allá de la camilla
La mayoría de fisioterapeutas ejercen por cuenta propia y la carrera no les habla de negocio, marca ni gestión. Ese hueco es el que Lorena intenta llenar con su escuela y su mentoría.
«yo le llamo mirar más allá de la camilla»
La formación como refugio
Un curso lleva a otros tres y la seguridad nunca llega. Para Lorena, la trampa está en confundir formarse con avanzar, y el síndrome del impostor hace el resto.
«no me puedo quedar formándome y que esos conocimientos se queden en mi cabeza o en mis apuntes»
El ejercicio de la agenda
En las sesiones grupales mensuales de su mentoría empiezan al revés: repasando lo conseguido el mes anterior, incluido el autocuidado, antes de planificar nada.
«vamos a reconocernos lo que sí hemos hecho el mes pasado, lo que sí hemos conseguido»
Cuidarse para poder cuidar
Los sanitarios posponen su propia salud hasta que tocan fondo. La salida no son dos horas libres, son diez o quince minutos y bajar el listón del ritual.
«si no me cuidó a mí, no puedo, ni crear lo que quiero a nivel profesional»
Éxito, negocio y momento perfecto
El éxito no son los ceros de la cuenta, sino a costa de qué se consiguen. Y el paso de emprendimiento a negocio no es un clic, es un proceso.
«creo que ese cambio, no es un clic que hagamos, sino que es un proceso»
El episodio, en profundidad
Hay episodios en los que el invitado cuenta cómo montó su negocio y otros en los que cuenta cómo lo montó porque no le quedó otra. El 122 de Frogmación es del segundo tipo. Lorena Gutiérrez es fisioterapeuta especializada en salud materno-infantil, mentora de emprendimiento y madre de tres hijos, y su salto al emprendimiento no fue un plan de negocio: fue un despido estando embarazada.
El empujón que no pidió
Lorena empezó Fisioterapia en Madrid en 1999 y terminó en 2002. Trabajó en varios ámbitos, incluida una etapa en Francia, y pasó siete años en fisioterapia neurológica con pacientes con lesión medular. Le apasionaba. Pero en paralelo daba clases de reeducación postural en el embarazo y descubría, en primera persona, algo que en la carrera nadie le había contado: que el embarazo se explica en clave de contraindicaciones y precauciones, como si el cuerpo de la mujer fuera de porcelana, en vez de en clave de fortalezas.
Soñaba con dedicarse algún día a la salud materno-infantil de lleno. Y entonces, dice, «llegó un despido laboral». No fue decisión suya, y la parte injusta la nombra sin rodeos: ser mujer y estar embarazada. Juan Gabriel habla de tirarse a la piscina del emprendimiento; Lorena le da la vuelta: la piscina fue quedarse sin la estabilidad que llevaba años construyendo, justo al dar el salto a la maternidad.
Empezar la casa por el tejado
Su primer movimiento, reconoce, fue el equivocado: «empecé la casa por el tejado». A finales de 2012 se hizo ella misma una página web, de forma autodidacta, sobre una plantilla de blog a la que consiguió ponerle pestañas para los servicios. Todavía la conserva y se asoma a ella de vez en cuando, en plan melancólico. El problema no era el diseño: era que estaba dando forma a servicios que aún no había testeado.
De ahí sale uno de sus mensajes recurrentes: la parálisis por análisis. Querer tenerlo todo tan claro antes de lanzar que pasan los meses y el servicio que podía ayudar a alguien —una mujer con problemas de suelo pélvico, una familia con un bebé con cólico del lactante— sigue sin existir. Y pone el matiz, porque sabe dónde chirría esto en su sector: «trabajamos con personas, trabajamos con, con problemas de salud». No está animando a nadie a saltar al vacío. Está diciendo que la decisión empieza por conocer al cliente ideal y su necesidad real, no por el precio de la sesión.
Mirar más allá de la camilla
Con los años nació una segunda marca dirigida a profesionales sanitarios: en 2016 impartió su primera formación de porteo con enfoque terapéutico y de ahí pasó a acompañarlos en el emprendimiento. Su podcast, Emprender (a) Contracorriente, supera los 70 episodios, y desde el Aula de Emprendimiento Sanitario mentoriza a emprendedoras de la salud.
La expresión que lo resume es suya: «yo le llamo mirar más allá de la camilla». Su diagnóstico del sector es directo. Según su estimación, alrededor del 80% de los fisioterapeutas ejercen por cuenta propia, y sin embargo en la carrera nadie habla de negocio, de marca, de marketing ni de gestión de equipos. Cuando le preguntan cuál es la mayor dificultad de quien quiere emprender en salud, no duda: «una de las fundamentales es la falta de mentalidad emprendedora». A eso se suman las creencias limitantes, empezando por la de que hacer negocio con la salud está mal visto.
Su otra crítica es a la formación como refugio: hago un curso, y otro, y otro, y la seguridad no llega. Formarse está bien, pero «no me puedo quedar formándome y que esos conocimientos se queden en mi cabeza o en mis apuntes».
El síndrome del impostor y el ejercicio de la agenda
Juan Gabriel lo formula así: «nos valoramos a nosotros mismos por lo malo que hemos hecho, que es lo que no sabemos, en lugar de por todas las cosas que hemos hecho, hemos aprendido y tenemos a nuestras espaldas». Lorena añade que el discurso duro suele venir de dentro: «muchas veces, que nosotros mismos, nos hablamos a nosotros mismos, como igual, no se lo diríamos a otras personas».
Contra eso tiene un ejercicio concreto. En las sesiones grupales mensuales de su mentoría no empiezan planificando el mes siguiente: «vamos a reconocernos lo que sí hemos hecho el mes pasado, lo que sí hemos conseguido». Agenda en mano, y no solo facturación: también qué han mejorado y cuánto autocuidado se han dado. El comentario que más se repite es que habían hecho más cosas de las que creían. Desde ahí, dice, ya se puede planificar, incluido decidir qué no se va a hacer.
Cuidarse para poder cuidar
El episodio no esquiva la paradoja de los sanitarios que se dejan para el final. Lorena admite que necesitó tocar fondo para ponerse en el centro y que la clave es bajar el listón: no hacen falta dos horas libres, valen diez o quince minutos en la esterilla. Juan Gabriel bloquea tres días a la semana para yoga y deja la esterilla a mano el resto del tiempo. Ambos hablan del efecto de la postura cerrada frente al ordenador y del cuello siempre hacia abajo con el móvil.
Ese cuidado también incluye las redes. Lorena hacía cada verano un detox de teléfono de una semana o diez días; el año que se lo saltó lo notó. En junio decidió no esperar a agosto y «decidir replantear mi estrategia de comunicación»: siete años publicando en Instagram le habían dado mucho, pero también un ruido mental y una comparación inconsciente que ya no le compensaban. Se refugió en el podcast, donde puede aportar algo más que en treinta segundos de atención.
Qué es el éxito y cuándo esto es un negocio
Para Lorena, el éxito puede medirse en los ceros de la cuenta bancaria, pero la pregunta que importa es a costa de qué. Su definición: haber estado presente en la crianza de sus hijos mientras se desarrollaba profesionalmente. Cita a una alumna que, en la llamada inicial, le dijo: «he trabajado mucho, de nueve de la mañana, de nueve de la noche, pero en este momento de mi vida, ni quiero, ni puedo».
Sobre esperar el momento adecuado para emprender, es tajante: entre embarazos y enfermedades en la familia, «nunca, nunca es el momento perfecto». Si se hubiera quedado esperándolo, no habría ayudado a nadie. Y sobre cuándo un emprendimiento pasa a ser un negocio, responde que no lo sabe: «creo que ese cambio, no es un clic que hagamos, sino que es un proceso». Tiene más que ver con atreverse a decir la palabra sin que te tiemble la voz que con una cifra.
Cierran con la trampa del currículum. Juan Gabriel llegó a cortar presentaciones de cuatro minutos llenas de títulos —«para qué necesito que me cuelguen las medallas»— y lo resume así: «no tener que poner delante un currículo para hablar quién soy o lo que he hecho». Lorena lo remata desde su lado: «muchas veces ponemos el foco en la validación externa» en vez de en a quién estamos ayudando y a qué transformación.
Puedes seguir el trabajo de Lorena en fisiobym.com y en su podcast. Gracias, como siempre, al equipo de Crecetucoco por traernos invitados de este nivel.
Lo que te llevas
- Empezar por la web y los servicios antes de conocer al cliente ideal y su problema real es construir la casa por el tejado.
- La parálisis por análisis retrasa meses un servicio que ya podría estar ayudando a alguien; testear pronto no significa improvisar con pacientes.
- En sanidad la mayoría ejerce por cuenta propia y la carrera no enseña negocio, marca ni gestión: ese hueco hay que taparlo aparte.
- Acumular cursos no da seguridad; el síndrome del impostor no se cura formándose más.
- Revisar cada mes lo que sí has conseguido, facturación aparte, cambia el punto de partida de la planificación.
- Cuidar tu propia salud es la base para sostener el proyecto: diez minutos cuentan más que dos horas que nunca aparecen.
- El éxito se define en primera persona, y a costa de qué se consigue es la pregunta que importa.