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Momentos clave
Un estudiante le escribe por LinkedIn: llega agotado del trabajo y no consigue terminar los cursos que ha comprado. Juan Gabriel Gomila contesta desde un aeropuerto alemán, camino de Italia, con su propio método: dejar de perseguir la fuerza de voluntad y empezar a tratar el aprendizaje como un videojuego en el que vas desbloqueando habilidades. Por el camino cuenta cómo dejó un trabajo bien pagado ganando 124 dólares con cursos online.
La pregunta que origina el episodio
Un estudiante que lleva años aprendiendo con él le escribe por LinkedIn pidiendo un episodio sobre constancia. El problema no es la falta de interés, sino el agotamiento al llegar del trabajo.
«llego reventado del trabajo y no me apetece hacer nada»
La motivación innata no aguanta la vida adulta
Rebate la idea que oía en la universidad de que la motivación tiene que salir de dentro. Al crecer, el tiempo se divide entre casa, trabajo y familia, y esa exigencia se vuelve imposible de sostener.
«uno pasa de estar 100% enfocado en aprender, en estudiar, en ir al colegio y nada más, más o menos hasta los 18 años, a tener que tomar otra serie de responsabilidades»
Aprender es desbloquear habilidades
Su método es pensar primero en qué podrá hacer al terminar. Programar para iPhone significaba poder construir la contabilidad de Frogames o el bot que contesta a los estudiantes al instante.
«al final, desbloquear habilidades, recuerda mucho a cómo nos comportamos dentro de un videojuego»
Gamificar el trabajo y el aprendizaje
Explica la gamificación como lo que ya llevan quince años haciendo las empresas con puntos, bonus y días libres. Aplicado a la formación, convierte cada curso terminado en una subida de nivel.
«Gamificar un trabajo no es más que eso, convertir el trabajo en una experiencia lúdica, ganando puntos, ganando experiencia, desbloqueando habilidades»
Los 124 dólares de los cursos online
Desmiente el relato de que dejó su trabajo porque ya ganaba mucho. Ganaba más que su jefe en la empresa de videojuegos y solo 124 dólares con cursos, pero hizo la cuenta a cien cursos y se fue.
«Cuando yo dejé mi trabajo en Play Space, estaba ganando 124 dólares solamente con cursos online»
El camino se ramifica solo
La meta es el detonante, pero el trayecto se abre en abanico: un curso de iPhone le obliga a aprender bases de datos. De esas ramas salen más cursos, libros y hasta el viaje a Italia para aplicar IA a datos de competición.
«el camino que parecía ser lineal y que me iba a llevar a ese objetivo resulta que aquí empieza a diversificarse»
Dos vídeos en lugar de un capítulo
El consejo concreto es reemplazar un rato de serie por dos clases del curso que tienes a medias. El entretenimiento es equivalente, y el resultado no.
«en lugar de ver un capítulo de Netflix, si te pones en el PC, puedes ver dos vídeos de ese curso de Android»
La constancia se entrena como el yoga
Usa su propia práctica como prueba: empezó una vez por semana y hoy practica casi a diario, incluso sentado en el aeropuerto mientras graba. La constancia no precede al hábito, sale de él.
«empecé a hacer yoga una vez por semana, una vez fueron dos, al siguiente fueron tres veces por semana»
El episodio, en profundidad
Este episodio se graba en medio de un aeropuerto. Juan Gabriel Gomila tiene un par de horas muertas antes de embarcar, está de camino a Italia, y aprovecha el hueco para contestar a una pregunta que le llegó esa misma mañana. Antes de salir de casa abrió LinkedIn, lleno como siempre de invitaciones y saludos, y se encontró el mensaje de un estudiante que lleva años aprendiendo con él. El estudiante le felicitaba por el podcast de la semana y le pedía un tema concreto para el siguiente: «puedes hacer uno de cómo tener constancia y acabar cursos». El motivo lo resume en una frase que reconocerá cualquiera que compre formación online y la deje a medias: «llego reventado del trabajo y no me apetece hacer nada».
La motivación innata es una frase bonita que no sirve de mucho
Gomila arranca desmontando lo que oía a varios profesores de universidad: que la motivación debería ser innata, venir de dentro, y que si no estás motivado para algo, para qué lo haces. Le parece una frase célebre y poco práctica. Es difícil hoy, era difícil hace diez años y lo era hace cincuenta. Y sobre todo, ignora lo que pasa cuando uno crece.
Su explicación es de aritmética del tiempo, no de carácter. Hasta los dieciocho años, más o menos, uno está al cien por cien dedicado a estudiar: «uno pasa de estar 100% enfocado en aprender, en estudiar, en ir al colegio y nada más, más o menos hasta los 18 años, a tener que tomar otra serie de responsabilidades». Después llegan la casa, el trabajo, la familia, en muchos casos los padres o los hermanos. La primera señal de esa división aparece pronto: la bajada de rendimiento a los quince o dieciséis, cuando aparece la primera pareja, o los chavales que empiezan a ganar sus primeros dineros y ven una salida a algo que no les gustaba tanto. A partir de ahí, exigir que la motivación salga sola es pedir un imposible.
Aprender como quien desbloquea habilidades
Lo que él hace es otra cosa. Primero piensa en la meta, aunque reconoce que la meta no debería ser el foco principal: si completo este curso, si leo este libro, si termino esto, voy a ser capaz de hacer aquello. Y ahí aparece la palabra que vertebra el episodio: desbloquear una habilidad. Sus ejemplos son suyos. Salió de la facultad sabiendo matemáticas, porque para eso hizo la carrera, y todo lo demás lo aprendió por su cuenta: programar para iPhone, luego para Android, crear videojuegos durante los tres años que pasó en PlaySpace. Aprender a programar para iPhone significaba poder construir la aplicación que le llevara la contabilidad de Frogames, o el bot con el que un estudiante recibe respuesta en tiempo real en lugar de esperar veinticuatro horas a que conteste él.
Y de ahí sale la conexión que le da nombre a todo: «al final, desbloquear habilidades, recuerda mucho a cómo nos comportamos dentro de un videojuego».
Gamificar no es poner insignias: es cambiar la unidad de medida
Gamificar, dice, es construirlo todo como si fuera un juego. Lleva quince años viéndolo, desde que la palabra nació a finales de la primera década de los 2000, sobre todo en la empresa: puntos o bonus que se dan a los empleados por ciertas acciones y que sirven para promocionar, para conseguir días libres, para un extra económico a fin de mes o de año, o un cupón de descuento. «Gamificar un trabajo no es más que eso, convertir el trabajo en una experiencia lúdica, ganando puntos, ganando experiencia, desbloqueando habilidades». Lo mismo aplicado a lo que aprendes es lo que a él le ha permitido seguir aprendiendo. Si se hubiera parado en el primer curso, dice, se habría conformado con las habilidades que tenía.
La prueba está en la decisión más dura que ha contado varias veces. Cuando creó su primer curso de iOS 9 con Objective-C ya trabajaba en una empresa, ganaba un pastizal y «me pagaban más que al jefe». Aun así lo dejó. Y matiza el mito antes de que nadie lo repita: «Cuando yo dejé mi trabajo en Play Space, estaba ganando 124 dólares solamente con cursos online». Hizo la cuenta: si con un curso gano 124, el día que tenga cien ganaré más de diez mil. No se fue porque ya ganase mucho, se fue porque vio que podía seguir desbloqueando habilidades y dedicar su tiempo a aprender para sí mismo en vez de solo para otros. De experto no se considera ni en lo que lleva veinte años haciendo: «yo no me considero experto en nada».
El camino se ramifica, y ahí está lo bueno
El detonante es querer llegar a un sitio: si eres Frodo saliendo de la Comarca, quieres llegar a Mordor y destruir el anillo. Pero en cuanto empiezas a andar, el camino se llena de retos y de posibilidades. Creando un curso de aplicaciones para iPhone descubre que necesita un lenguaje de bases de datos para poder crear esas bases de datos dentro de la aplicación. «el camino que parecía ser lineal y que me iba a llevar a ese objetivo resulta que aquí empieza a diversificarse». De ahí salen más ideas: en su pizarra tiene más de cincuenta cursos todavía por lanzar, además de los libros publicados en Amazon.
Incluye ahí el aprender de otros sin complejos: al principio tomaba cursos de otras personas, cogía los ejemplos que le gustaban y los transformaba en algo propio. Lo llama sin rodeos una copia, y lo relativiza recordando que cuando él enuncia el teorema de Pitágoras también está plagiando a Pitágoras, porque no se está inventando nada.
El propio viaje del episodio es un ejemplo. Va de Alemania a Italia porque unas empresas vieron sus contenidos y quieren trabajar con inteligencia artificial y LLMs sobre datos de alta frecuencia de equipos de competición de coches: cuándo entra el coche a boxes, cuánta gasolina ponerle, si cambiar neumáticos. Es una habilidad que todavía no tiene desbloqueada y que va a desbloquear por el hecho de ir.
Qué hacer cuando llegas a casa a las once de la noche
Él también llega tarde y cansado: bandas de música, orquestas, viajes, clases de percusión, grabar cursos y clases de yoga. Y aun así sigue creando. Le sería muy fácil montar otra cosa —«para mí sería muy fácil decir, oye me dedico a la consultoría», con una tarifa de trescientos euros la hora y un calendario abierto— y ganar mucho más. No lo hace porque le motiva «seguir creciendo como personaje de videojuegos».
Su consejo práctico es minúsculo a propósito: «en lugar de ver un capítulo de Netflix, si te pones en el PC, puedes ver dos vídeos de ese curso de Android». Te vas a entretener igual, solo que de otra forma. Da igual dónde estés apuntado, sea Udemy, sea Platzi, sea Frogames Formación. Y añade el incentivo que sí depende de él: al completar un curso en la plataforma se entrega un diploma en blockchain que puedes añadir a tu perfil de LinkedIn con un clic.
El cierre lo saca de su propia rutina: empezó a hacer yoga una vez por semana, luego dos, luego tres, y hoy practica casi a diario —de hecho, lo está haciendo en el aeropuerto mientras graba, sentado con las piernas cruzadas—. «con la práctica sale la constancia». La motivación tiene que venir de casa, insiste, pero el granito que falta se puede empujar desde fuera. Ese es el trabajo del podcast, y por eso pide que las preguntas sigan llegando por los comentarios de YouTube o por LinkedIn.
Lo que te llevas
- La motivación no falla por falta de carácter: falla porque a partir de cierta edad el tiempo se reparte entre trabajo, casa y familia, y ya no hay un 100% dedicado a aprender.
- Cambia la meta abstracta por una habilidad concreta que vas a desbloquear: no es acabar el curso, es poder construir la aplicación o el bot que necesitas.
- Gamificar el aprendizaje es aplicarle lo que las empresas llevan quince años haciendo con puntos y bonus: experiencia, niveles y habilidades desbloqueadas.
- Dejó su trabajo en la empresa de videojuegos ganando solo 124 dólares con cursos online, no por dinero, sino por la proyección de seguir desbloqueando habilidades.
- El camino se diversifica y ahí está el valor: un curso de iPhone lleva a aprender bases de datos, y los contenidos publicados acaban abriendo colaboraciones inesperadas.
- La táctica del día a día es minúscula: dos vídeos en lugar de un capítulo de serie, y repetir hasta que la práctica genere constancia.