Momentos clave
Un pueblo de 355 habitantes, un evento sin ánimo de lucro que vuelve casi veinte años después y un organizador que lleva dos décadas en la misma empresa. José Manuel Soriano Orozco cuenta cómo se levanta la Alcolea Party sin presupuesto, por qué la concienciación en ciberseguridad tiene techo y cómo unos cursos de Unreal Engine acabaron convertidos en un juego sobre su propio pueblo.
Veinte años en la misma empresa
José Manuel entró de becario y hoy dirige el departamento de sistemas con un equipo repartido por todo el mundo. Explica que se quedó porque le dieron formación, viajes y recursos, incluso para montar el evento.
«Yo siempre digo que mi segunda familia»
La Alcolea Party nace de una frustración
La idea es de 2006: en su pueblo no había alternativas de ocio ni formación. En vez de irse a la ciudad, decidió traerse lo que le interesaba a casa y organizó tres ediciones entre 2007 y 2009.
«nace por la frustración de un adolescente, mi frustración»
Un evento sin presupuesto ni dinero
Entre 25 y 30 voluntarios lo levantan con su tiempo libre. El ayuntamiento pone sitio, seguro e instalación eléctrica, el resto llega en especie y lo recaudado va a una buena causa. Él acaba poniendo de su bolsillo.
«no tenemos presupuesto y que lo hacemos pues con el tiempo libre de cada uno»
Cuatro zonas para que nadie moleste
Antes todo pasaba en la misma sala y una charla técnica competía con quien quería jugar. Este año el evento se parte en conferencias, gaming, arcade y talleres, con las zonas ruidosas lejos de las ponencias.
«tenemos una zona exclusiva de conferencia de formación»
Cuatro kilómetros con un monitor CRT
Un asistente sin coche llegaba andando desde el pueblo vecino cargado con torre y monitor. Años después montó una empresa de máquinas recreativas y hoy es él quien construye la zona arcade del evento.
«imagínate cuatro kilómetros»
El phishing que siempre cuela
Cada año lanza un correo falso en su empresa antes del curso de concienciación. Los cebos genéricos ya no funcionan, pero la curiosidad sobre un compañero sí. Su conclusión: reforzar la protección, porque la concienciación tiene techo.
«la gente es super curiosa y siempre siempre termina cayendo»
Qué significa de verdad ser hacker
Defiende el término frente a su fama oscura: encontrar un fallo es señal de conocimiento, no de mala intención. Y avisa de que en España la caza de bugs está mal reconocida, lo que empuja los hallazgos al mercado negro.
«no es alguien malo, es alguien que sabe muchísimo»
De un mapa en Unreal a un juego del pueblo
Empezó en 2005 con un mapa para las fiestas de la empresa y retomó el motor en la pandemia gracias a unos cursos. Su tercer juego es una gincana por el pueblo para que los vecinos no se queden fuera del evento.
«me relaja mucho cuando te empieza a diseñar un nivel»
El episodio, en profundidad
El fin de semana del 21 al 23 de marzo de 2025, un pueblo de 355 habitantes se convierte en sede de una fiesta informática con conferencias de ciberseguridad, torneos, máquinas recreativas y hasta telescopios conectados. Se llama Alcolea Party, se organiza sin ánimo de lucro y vuelve casi veinte años después de su primera edición. En el episodio 148 de Frogmación, Juan Gabriel Gomila entrevista a su organizador, José Manuel Soriano Orozco.
Veinte años en la misma empresa (y eso, en informática, es raro)
Lo primero que llama la atención de José Manuel no es la ciberseguridad: lleva más de veinte años en la misma compañía, donde entró de becario y hoy dirige el departamento de sistemas con «tengo un equipo de unas 13 personas por todo el mundo». Él mismo admite que en el sector suena a rareza, porque la gente salta de empresa pensando en el salario. Su explicación es que allí le dieron formación, viajes y, cuando propuso montar el evento, todos los recursos que necesitó: «Yo siempre digo que mi segunda familia».
Un evento que nace de una frustración adolescente
La idea es de 2006. En su pueblo no había alternativas de ocio ni de formación más allá de darle patadas a un balón, y en lugar de marcharse a la ciudad a aprender decidió traerse a casa lo que le interesaba: «nace por la frustración de un adolescente, mi frustración». Entre 2007 y 2009 organizó tres ediciones, resolviendo sobre la marcha cosas que no había hecho nunca.
Cómo se paga un evento que no quiere dinero
La respuesta corta: no se paga, se consigue. «no tenemos presupuesto y que lo hacemos pues con el tiempo libre de cada uno», resume. Entre 25 y 30 personas forman la organización, casi todas del equipo original, y el aforo es de unas 300 plazas. El ayuntamiento es el patrocinador institucional: sitio, seguro de responsabilidad civil y adaptación de la instalación eléctrica. El resto llega en especie, porque él no pide dinero sino material, y lo que se recauda con las entradas va a una buena causa. Admite, eso sí, que siempre acaba poniendo de su bolsillo.
Lo que sí ha cambiado en veinte años es el patrocinio. Antes tenía contacto directo con fabricantes que enviaban material; ahora los presupuestos de las empresas de gaming se van a creadores con muchos seguidores, y un evento de 300 personas no compite con esas cifras de visitas. Le duele porque, dice, hay quien aporta contenido serio y con criterio, y hay mucho que deja bastante que desear.
Cuatro zonas y una lección aprendida a base de golpes
Antes todo ocurría en la misma sala: llegabas con tu torre, te daban un metro cuadrado para el ordenador y otro para ti, media mesa y una silla. El problema se ve enseguida: un ponente muy reconocido explicando una técnica de ataque mientras alguien, a unos metros, pedía a gritos silencio para poder jugar. Este año el evento se divide en cuatro partes: «tenemos una zona exclusiva de conferencia de formación», una zona de gaming con torneos y equipos conectados, una zona de arcade y otra de talleres, más movida, colocada lejos de las charlas.
El grueso de las conferencias es de ciberseguridad, con algunas de creación de videojuegos y de marketing. Su argumento es doméstico: su padre le enseñaba de pequeño seguridad física, de quién no fiarse por la calle, y esa misma educación no se está dando en el mundo digital, ni a los niños ni a los adultos con móvil y tableta.
Cuatro kilómetros con un monitor CRT a cuestas
La mejor historia del episodio es la de un asistente sin coche que fue a todas las ediciones. Se bajaba del tren en el pueblo más cercano y hacía el resto por una carretera sin arcén cargado con la torre y «un monitor CRT a cuesta»: «imagínate cuatro kilómetros». Le dieron un premio por ello. Aquel chico acabó estudiando ingeniería, lo combinó con la carpintería que sabía por su padre y montó una empresa de máquinas recreativas. Hoy vuelve como colaborador y es quien monta la zona arcade.
La ciberseguridad no se arregla con un curso al año
En su empresa lanza cada año un correo de phishing falso antes del curso de concienciación, y cada año vuelve a caer gente. Lo interesante es qué funciona y qué no: los correos genéricos imitando a LinkedIn o a Amazon ya casi no cuelan, pero basta con prometer la foto de un compañero en una situación embarazosa. «la gente es super curiosa y siempre siempre termina cayendo». Su conclusión, tras años peleándose con esto, es que la concienciación tiene techo y hay que reforzar la protección para que esos correos lleguen lo menos posible.
La inteligencia artificial ha empeorado el panorama por una vía muy concreta: durante años se enseñaba a detectar un fraude por las faltas de ortografía y la redacción torpe, y hoy cualquiera genera un correo impecable. Para él, la herramienta no es buena ni mala, igual que un cuchillo: depende de para qué se use. Juan Gabriel aporta su propio caso, un intento de extorsión con un vídeo suyo completamente falso generado con IA y una petición de pago en Bitcoin.
Qué es de verdad un hacker
José Manuel defiende el término sin matices: quien encuentra un fallo para entrar en un sistema «no es alguien malo, es alguien que sabe muchísimo». El hacking ético consiste en usar ese conocimiento bien y reportar lo que encuentras. Ahí señala un problema del que se hablará en una de las charlas: la caza de fallos está bien pagada fuera y aquí apenas se reconoce, así que «todas las personas que terminan encontrando fallo, terminan vendiendo en el mercado negro».
De un mapa en Unreal a un pueblo jugable
Su relación con los videojuegos empezó en 2005 con un mapa hecho con el editor de Unreal. Lo propuso para las fiestas de Navidad de la empresa, donde solo había campeonatos de fútbol, baloncesto o ping pong, y funcionó: jugó gente que no había tocado un videojuego en su vida. Después el motor completo le impuso respeto durante años, hasta que la pandemia y unos cursos de Frogames le desbloquearon. Ha hecho tres juegos sencillos, dos ambientados en el edificio de su empresa y el tercero para la Alcolea Party: una especie de gincana que obliga a recorrer el pueblo. Es su forma de corregir el error de la primera edición, cuando tuvo repercusión en todas partes menos en casa y «mucha de la gente del pueblo, no asistió». De diseñar niveles dice algo que suena a terapia: «me relaja mucho cuando te empieza a diseñar un nivel». Si quieres seguir su camino, el curso de Unreal Engine 5 es el punto de partida, y toda la información del evento está en la web de la Alcolea Party.
Consejos, libro y película
Su consejo para quien empieza es paciencia y elegir bien las referencias, porque «hay mucho de todo, pero poco bueno, todo lo hablan, pero nadie sabe». Recomienda Black Mirror, Matrix (la primera, insiste) y la obra de Julio Verne, que de niño le enseñó a soñar con retos imposibles. Juan Gabriel no podrá asistir porque coincide con la GDC de San Francisco, pero los asistentes tendrán regalos de Frogames.
Lo que te llevas
- Un evento tecnológico serio se puede levantar sin presupuesto: pidiendo recursos y material en vez de dinero, con voluntarios y un ayuntamiento que cubra sitio, seguro e instalación eléctrica.
- Separar por zonas (conferencias, gaming, arcade, talleres) evita el choque clásico entre quien viene a aprender y quien viene a jugar.
- La concienciación en ciberseguridad tiene techo: por muchos cursos que se den, la curiosidad hace caer a las mismas personas año tras año, así que hay que reforzar la protección técnica.
- La IA ha invalidado el truco de detectar fraudes por las faltas de ortografía: hoy cualquier correo malicioso se escribe impecable.
- Hacker no es sinónimo de delincuente; el problema es que la caza de fallos está mal pagada aquí y eso empuja los hallazgos al mercado negro.
- Al organizar algo para tu comunidad, la difusión hacia fuera no sirve de nada si la gente de casa no se entera.
- Para empezar en informática o ciberseguridad: paciencia, objetivo claro y elegir bien de quién aprendes, porque hay mucho ruido y poco criterio.