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Momentos clave
Daniel Sanchidrián iba para portero de fútbol, acabó en rodajes de Netflix y HBO y terminó montando su propia productora. En este episodio explica por qué dejó el cine tradicional, cómo su equipo graba treinta vídeos en una mañana y qué cuesta ese servicio. También cuánto factura, cuánto se paga de sueldo y qué haría hoy si empezara de cero.
Una lesión de tobillo cambia el plan
Daniel se veía futbolista profesional hasta que se partió el tobillo y perdió dos años. Cuando volvió, el bachillerato estaba terminado y la carrera deportiva, cerrada. Lo único que le sonaba era editar los vídeos de sus propios partidos.
«casi la mitad de mi vida ha sido fútbol, realmente»
La FP que solo sirvió a medias
El primer año de su FP privada de realización le enseñó lo básico; el segundo, según él, no aportó nada. Lo demás lo aprendió en cortos y películas sin cobrar. De ahí sale su crítica a la formación reglada española.
«la formación reglada, la formación tradicional está obsoletísima»
Doscientas personas para tres segundos
En una serie de Netflix rodada en España vio a cinco o seis técnicos dedicados a un solo movimiento de cámara que llevaba hora y media. Le pareció perfeccionismo sin sentido práctico y decidió que ese no era su sitio.
«no nos tiremos una hora y media para rodarlo y que hagan falta esas 5 o 6 personas»
Dejar de ser mejor filmmaker
Tras contratar a un mentor de negocios entendió que su techo no era técnico sino empresarial. Ese giro le llevó a cambiar de nicho y a diseñar un servicio para negocios digitales en vez de perseguir grandes cuentas corporativas.
«no tengo que ser mejor filmmaker, tengo que ser mejor empresario»
Treinta vídeos al mes, precio cerrado
Antes cobraba unos cuatro mil euros por un vídeo corporativo de un minuto. Ahora vende un pack mensual con estrategia, guiones y grabación en estudio o en casa del cliente, más gestión de anuncios con un media buyer del equipo.
«por 30 vídeos al mes cobramos 1.500 euros»
La metodología detrás de la mañana
Guion o escaleta previa, teleprompter y alguien del equipo dirigiendo al cliente en entonación y repeticiones. Con eso salen treinta piezas de unos cuarenta segundos en cuatro o cinco horas de trabajo.
«Es fácil, con metodología es fácil»
El diagnóstico sobre el marketing español
Sanchidrián sostiene que aquí no se entiende el valor de la marca, y propone comprobarlo paseando por Google Maps en Estados Unidos. La marca no da retorno inmediato, pero decide a quién compra el cliente.
«En España somos catetos a nivel de marketing, a nivel de branding»
Delegar, documentar y no temer la copia
Su objetivo declarado es volverse prescindible en su propia empresa: procesos documentados para reemplazar a cualquiera en uno o dos meses y equipo elegido por su estilo de vida. Lo único que considera incopiable es la marca.
«mi trabajo es conseguir quedarme sin trabajo»
El episodio, en profundidad
Este episodio de Frogmación cabe en una pregunta: ¿cuánto se tarda de verdad en grabar treinta vídeos para redes? Daniel Sanchidrián, fundador de la productora Starlight, responde que una mañana, y explica por qué no es un truco de vendedor.
De portero de fútbol a la sala de montaje
Sanchidrián entró en el audiovisual «casi que de rebote». Media vida de portero, un equipo con el que se veía llegando a segunda división y una rotura de tobillo que le costó dos años. Cuando volvió, con el bachillerato terminado, lo de ser futbolista se había acabado. Lo único que tenía a mano era que en los partidos le grababan y que él montaba vídeos caseros, «de cuñado». De ahí salió una FP de realización en Málaga.
Juan Gabriel Gomila le hace la pregunta obligada en Frogames Formación: ¿estuvo esa formación a la altura? El primer año le sirvió, el segundo no, y lo que aprendió de verdad fue cargando hierro en rodajes gratuitos. De ahí sale la crítica gruesa: «la formación reglada, la formación tradicional está obsoletísima». El ejemplo que ponen los dos es la IA generativa, prohibida en clase mientras se usa a diario para trabajar.
Netflix, HBO y el plano de tres segundos
La parte del currículum que suena bien esconde una desilusión. Trabajó unas semanas en Warrior Nun, serie de Netflix rodada en España, con las cámaras de atrezo. Doscientas personas en el equipo y cinco o seis técnicos para un movimiento de cámara de dos segundos que llevaba hora y media. Jornadas de dieciséis horas, trescientos euros al día y cero margen creativo: «Lo creativo es el director, el director de fotografía y muy poquito más».
De paso deja la mejor explicación del episodio: el director de fotografía diseña la luz, decide cámaras y movimientos y supervisa el color, y por eso hay directores que no se separan del suyo, como Juan Antonio Bayona.
El cambio de chip que lo cambió todo
Con la tele descartada se muda a Madrid en 2019 y pasa años en tierra de nadie: mucho trabajo de técnico para otros y cero facturación propia. Entre finales de 2021 y principios de 2022 contrata a un mentor de negocios y llega la frase que ordena el episodio: «no tengo que ser mejor filmmaker, tengo que ser mejor empresario». Cambia de nicho y se mete en el mundo digital, donde detecta el problema real: a la gente le cuesta producir su propio contenido.
De ahí nace Starlight: los recursos del cine aplicados a grabar el contenido de un mes en un día, en estudio o en casa del cliente. Hoy son siete personas más él y han pasado de doscientas cincuenta empresas.
Los números, sin rodeos
Un vídeo corporativo de un minuto se cobraba, en su etapa anterior, cuatro mil euros. Lo que vende ahora es otra cosa: «por 30 vídeos al mes cobramos 1.500 euros», con estrategia y ayuda con los guiones, más gestión de anuncios con un media buyer del equipo. Y aplica a su empresa lo que vende, algo que, señala, no hacen las agencias que venden SEO sin hacer SEO.
También cuenta lo que no suele contarse: el año pasado cerraron con ciento treinta y dos mil euros de facturación y él tenía cuatro mil en la cuenta, porque lo reinvierte todo. Antes hubo años de nevera vacía y de vender telefonía en la calle: «yo llevo 10 años emprendiendo» y no le funcionó hasta hace dos o tres.
La digresión: empresarios, reciclaje y pronombres
Tras esas cifras la conversación se va por otro lado un buen rato, y lo que sigue son opiniones personales de cada uno. Arranca Daniel, molesto con el trato que recibe quien monta una empresa: «me da mucha rabia cuando se critica tanto al empresario y cuando se le da tanto falso apoyo al emprendedor», y da por hecho que habrá quien le odie por decir que quiere llegar a dos millones. Juan Gabriel entra a favor: los grandes empresarios españoles a los que se insulta por costumbre, o los creadores que se mudan a Andorra, le parecen casos de éxito, y si la ley abre una puerta el que la usa no es el culpable. Daniel lo lleva a la deslocalización: la responsabilidad, sostiene, es de los estados que legislan así, porque una empresa produce donde le sale rentable. Juan Gabriel lo resume: «si la legislación lo permite y yo no lo hago, algún otro vendrá y lo hará».
De ahí saltan al ecologismo. A Daniel le indigna que la culpa recaiga en el usuario final: está harto de oír que «tenemos que ser más responsables los usuarios de a pie de calle, con el ecologismo, con el reciclaje» mientras quien podría cambiar algo de fondo no lo hace. Juan Gabriel lo enlaza con sus viajes por Latinoamérica, donde ve casas sin fachada ni ventanas y con la calefacción como lujo, y sostiene que aquí «nos peleamos por el ecologismo, nos peleamos por el pronombre» teniendo eso delante. Añade que viajar «me ha otorgado una dosis de humildad» y cuenta su choque en Arabia Saudí con las entradas separadas para hombres y para familias. Daniel pone la suya, una semana en Egipto: salir a países en desarrollo te ordena la cabeza. Lo cierra él: «buscamos problemas donde no los hay».
Cómo se graban treinta vídeos en una mañana
El método no tiene misterio, tiene preparación: guion o escaleta de antemano, teleprompter y alguien que dirige al cliente y le corrige la entonación en vez de limitarse a pulsar el botón de grabar. Con eso salen treinta piezas de cuarenta segundos en una jornada. «Es fácil, con metodología es fácil»; lo que no funciona es coger el móvil un día suelto. Juan Gabriel lo confirma: con guion cerrado llegó a grabar cuarenta y dos vídeos en una mañana.
Marca, precio y clientes que regatean
Para Sanchidrián, «tu local son tus redes sociales» y «quien no está en redes prácticamente no existe», vendas lo que vendas. El problema es cultural: «En España somos catetos a nivel de marketing, a nivel de branding», y propone pasearse por Google Maps en Estados Unidos para ver que allí un negocio se entiende de un golpe de vista. La marca no da retorno inmediato, pero es lo que hace que te elijan frente a competidores más baratos.
Juan Gabriel cuenta su salto de las plataformas de cursos baratos a su propia escuela: el curso es el mismo, el trato no. Daniel lo remata con un dato de su cartera: «los mejores clientes son los que tenemos en Andorra», porque saben lo que pagan.
Delegar sin miedo a que te copien
Sobre el miedo a que un empleado aprenda y se marche, su posición es clara: «mi trabajo es conseguir quedarme sin trabajo». El equipo es casi todo freelance y los procesos están documentados para cubrir una baja clave en un mes o dos. ¿Y si le copian? «No puedo copiar a Nike porque no soy Nike, punto».
Cierra con tres consejos: elegir un nicho, empezar ya con la marca personal aunque no sepas qué vas a vender, y pagar formación en lugar de aprender a golpes. Recomienda el libro Añádele otro cero y la trilogía original de Star Wars.
Lo que te llevas
- Producir treinta vídeos en una mañana depende del trabajo previo: guion o escaleta cerrada, teleprompter y alguien que dirija al que habla, no de grabar más rápido.
- El salto de freelance a empresario llega cuando dejas de invertir solo en habilidad técnica y empiezas a invertir en cómo se monta y se gestiona una empresa.
- Un pack mensual de treinta piezas por 1.500 euros compite contra los 4.000 euros que costaba un único vídeo corporativo de un minuto: el cambio de modelo es el producto.
- Aplicar a tu propia empresa lo que le vendes al cliente es el argumento comercial más difícil de rebatir; muchas agencias venden servicios que no usan.
- La inversión en marca no tiene retorno medible a corto plazo, pero es lo que hace que te elijan frente a competidores más baratos.
- Delegar bien es documentar procesos para que la marcha de una persona clave se cubra en uno o dos meses, y contratar sabiendo qué vida quiere cada colaborador.