Momentos clave
Un ayuno de cinco días a base de sirope de savia, limón y cayena que empezó por la espalda y acabó con el café fuera de casa. Juan Gabriel cuenta la receta, los dos días malos y lo que notó en su movilidad. Y termina lanzándote un reto de 21 días.
El café como cultura, no como cafeína
Antes de contar su experiencia, repasa hasta qué punto el café es un ritual social: el encargo de café de Colombia, los anuncios de George Clooney para Nespresso, la tienda de El Corte Inglés de Mallorca. Ahí no se vende café, se venden experiencias.
«ellos venden café, pero más que café, venden experiencias tomando café»
Un ayuno recomendado para su enfermedad
Tiene espondilitis anquilosante desde hace siete u ocho años y compensa con yoga el cierre de las articulaciones. Leyendo artículos de práctica encontró que el exceso de comida agrava la inflamación y que ayunar podía ayudar.
«lo que ayuda a inflamar todavía más las articulaciones es el exceso de comida»
La receta: sirope, limón y cayena
Cinco días con un único preparado en una botella de dos litros: doce cucharadas de sirope de savia, tres limones y una pizca de cayena. El sirope fluidifica y la cayena evita que baje la temperatura corporal durante el ayuno.
«el zumo de 3 limones ácido para poder mezclar con ese sirope, una pizca de cayena y finalmente rellenaba el resto de la botella con agua»
El segundo día es el que se pasa mal
Los dos primeros días son los duros y el segundo es peor que el primero. Contra los bajones y los ataques de hambre, un vaso entero del preparado, hasta el punto de acabar bebiendo cerca de tres litros ese día.
«el segundo día se pasa muy mal, el segundo día piensas mandarlo toda la mierda, básicamente, porque se hace complicado»
Agua tibia en lugar del café de las seis
Graba cursos de seis a nueve de la mañana porque no hay correos, ni llamadas, ni ruido de fondo. Quitar el café de esa franja era el reto de verdad, y lo cambió por agua caliente a unos 60 grados.
«el café de la mañana lo empecé a sustituir por agua calentita, agua tibia»
Diez cafés al día en los videojuegos
En su etapa en estudios de videojuegos llegó a encadenar hasta diez cafés diarios. Antes de la cura ya iba por tres. Después del ayuno decidió no volver, y lleva 21 días sin echarlo de menos.
«el café se había convertido en una droga, en una adicción, porque llegaba a tomar fácilmente 6, 7, 8, 10 cafés en un día»
Hombros, suelo y menos dolor
Lo que reporta es más rango de movimiento en los hombros, que es su zona peor por la espondilitis, y menos dolor articular. En yoga llega al suelo con más facilidad. Admite que parte puede ser psicológico y que él no es científico.
«hago posturas de yoga, que antes me costaban un pelín más llegar al suelo, pues ahora llego con un poco más de facilidad»
Tu reto de 21 días
Cierra pidiendo que elijas un mal hábito que quitarte o algo que aprender durante 21 días y lo dejes escrito en los comentarios. Sus ejemplos son pequeños a propósito: cinco minutos de inglés, media caja de tabaco en lugar de una.
«te quiero plantear a ti un reto de verano»
El episodio, en profundidad
Eres de los que, como yo, por la mañana necesito tomarse un café, lo primero nada más levantarse para poder arrancar. Con esa pregunta arranca el episodio 164 de Frogmación, y la respuesta que trae Juan Gabriel es que él ya no. El café se le cayó de la vida de rebote, como daño colateral de un ayuno de cinco días que hizo por la espalda. Cuando graba el episodio lleva 21 días sin probarlo.
El título, admite, suena un poco a «21 días con Samantha», aquel programa de televisión. Y antes de entrar en materia se para en algo que casi nunca miramos: el café no es solo cafeína, es cultura. El «traeme café de Colombia» cuando alguien viaja a Latinoamérica. Los anuncios de George Clooney para Nespresso. La tienda de El Corte Inglés de Mallorca, que más que una tienda de café es una experiencia de sabores y olores. No venden café, dice: venden experiencias tomando café.
El ayuno no iba del café, iba de la espalda
Juan Gabriel tiene espondilitis anquilosante. Se la diagnosticaron hace siete u ocho años —ya lo contó en un episodio anterior— y desde entonces practica mucho yoga para compensar el cierre natural de las articulaciones, sobre todo de la espalda. Su rango de movilidad, dice, sigue siendo bueno. Buscando material de práctica se encontró con artículos que recomendaban el ayuno precisamente para gente con esta enfermedad, con un argumento que le llamó la atención: «lo que ayuda a inflamar todavía más las articulaciones es el exceso de comida». La salida que proponían era ayunar, y le pareció «una que, por lo menos, yo creía que valía la pena probar».
Doce cucharadas de sirope, tres limones y una pizca de cayena
La cura, que él llama la del sirope de savia y el zumo de limón, duró cinco días sin nada sólido. La detalla entera: una botella de dos litros, doce cucharadas de sirope de savia —viene en latas grandes de un litro—, «el zumo de 3 limones ácido para poder mezclar con ese sirope, una pizca de cayena y finalmente rellenaba el resto de la botella con agua». Esa botella lo acompañó mientras grababa cursos, mientras trabajaba y al volver de yoga. Fue su único alimento durante cinco días.
Cada ingrediente tiene su papel dentro de la lógica del método, que viene de los remedios y curas ancestrales del Ayurveda, la medicina hindú y tibetana: el sirope fluidifica el cuerpo y la cayena mantiene la temperatura corporal constante, para evitar que baje demasiado al ayunar. En verano, apunta, habría que echarle menos cayena.
Lo duro son los dos primeros días, y el peor es el segundo: «el segundo día se pasa muy mal, el segundo día piensas mandarlo toda la mierda, básicamente, porque se hace complicado». Cuando llegaban los ataques de hambre o los bajones —de esos de que ahora me comería un chuletón— la respuesta era zamparse un vaso entero del preparado. Por eso algunos días se pasó de los dos litros estipulados: el segundo cree que fueron más bien tres, porque hizo la botella dos veces. Para la hidratación se guiaba por una regla práctica suya: beber cada vez que iba al baño, para reponer líquidos y no deshidratarse.
Quitar el café de las seis de la mañana
Ayunar de verdad significaba quitar también la bebida: nada de refrescos, nada de Coca-Cola, nada de café. Ahí apareció la dicotomía. Si quería probar el remedio ancestral, el café de la mañana se iba con todo lo demás. Y su mañana no es una mañana cualquiera: se levanta prontito porque de seis a nueve graba cursos, y eligió esa franja precisamente porque no llegan correos, no llegan llamadas, no le molestan y ni siquiera hay ruido alrededor, lo cual ayuda a que la calidad del sonido sea bastante mejor. Empezó un miércoles. El sustituto fue agua tibia, calentada a unos 60 grados en un calentador de agua normal y corriente, sin nada más.
De diez cafés al día a ninguno
El dato que pone en contexto el reto es su historial. En la época en la que trabajó en estudios de videojuegos, cuenta, «el café se había convertido en una droga, en una adicción, porque llegaba a tomar fácilmente 6, 7, 8, 10 cafés en un día». Él mismo lo remata: no muy sano. Antes de la cura ya había bajado a unos tres diarios: el de la mañana, el de media mañana si coincidía con alguien y el de después de comer si comía fuera o con sus padres. Después del ayuno, ninguno. «llevo 21 días sin tomar café y os diré que no me ha hecho falta».
Lo que notó en el cuerpo
La vuelta a la comida fue progresiva: cremitas, purés y caldos el primer día, para ir habituando el cuerpo a alimento, y al segundo vida normal y corriente. Con una excepción, el café.
Los efectos que reporta son de movilidad. Menos dolor articular, más rango en los hombros —que es donde peor anda por la espondilitis— y, en la esterilla, «hago posturas de yoga, que antes me costaban un pelín más llegar al suelo, pues ahora llego con un poco más de facilidad». Los músculos que solía tener más agarrotados le fluyen mucho más. Y aquí es honesto con lo que sabe y lo que no: «Igual es psicológico y mental, puede ser», dice, y añade: «Yo no soy científico, ya lo sabéis». Lo que sí afirma es que a él le ha ido muy bien y que lo volvería a hacer.
El reto que te lanza a ti
La excusa del episodio era el café, pero termina en otro sitio: «te quiero plantear a ti un reto de verano», o de invierno si escuchas desde el hemisferio sur. Elige un mal hábito y quítatelo veintiún días, o elige algo que quieras aprender y dedícale ese tiempo. Los ejemplos que da son deliberadamente pequeños: si quieres aprender inglés, cinco minutos diarios con Duolingo; si quieres aprender a programar, tienes el catálogo de cursos de programación y ahí hay más que de sobra; si fumas una caja al día, no te dice que lo dejes, te dice que intentes que sea media. Y pide que lo escribas en la cajita de comentarios, para que no se quede en una reflexión suya.
El porqué de los 21 días lo explica con su propia experiencia con el deporte, que nunca había hecho hasta que aparecieron el yoga y el ciclismo:
una vez que has pasado un mes y que se te ha quitado la pereza de arrancar con aquello, la verdad es que pasa de ser la montaña que tienes que escalar, a el hobby que tienes ganas de hacer para desconectar de todo lo demás
Ojo con el matiz, que él lo pone: tomar café no es un mal hábito, ha sido una consecuencia de hacer este tipo de ayuno. El episodio cierra casi temporada: queda un último capítulo antes de unos meses de vacaciones para desconectar, recargar pilas y lanzar una serie de cursos que tiene en el tintero. Vuelven en septiembre con otra temporada de entrevistas, truquitos, videojuegos y reflexiones personales como esta.
Lo que te llevas
- El ayuno no empezó por dejar el café: empezó por la espondilitis anquilosante y por artículos de yoga que relacionan el exceso de comida con la inflamación articular.
- La cura de la savia y el zumo de limón son cinco días sin sólidos: dos litros diarios de agua con doce cucharadas de sirope de savia, tres limones y una pizca de cayena.
- La cayena no es sabor: sirve para que la temperatura del cuerpo no baje demasiado durante el ayuno. En verano, menos cantidad.
- El segundo día es el peor con diferencia; su truco fue beber un vaso entero cada vez que llegaba un bajón y reponer líquidos cada visita al baño.
- El café de las seis de la mañana lo sustituyó por agua tibia a unos 60 grados, y de tres cafés diarios (diez en su etapa de videojuegos) pasó a ninguno.
- Lo que dice haber notado es rango de movilidad en hombros y menos dolor articular, con la advertencia explícita de que no es científico y puede haber componente psicológico.
- El reto que te propone: 21 días quitándote un mal hábito o construyendo uno nuevo, escrito en los comentarios para que sea público.