Volumen 182 · Frogmación Podcast

Entrevista a Rodrigo Martínez — Hay historias que merecen ser contadas 🍷🌱

Por Juan Gabriel Gomila • • 55 min de audio

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Episodio 182: Entrevista a Rodrigo Martínez — Hay historias que merecen ser contadas 🍷🌱

Momentos clave

Con 19 años recién cumplidos, Rodrigo Martínez Mingarra heredó de golpe un legado de cuatro generaciones de viñedos que hasta entonces le daba igual. Este episodio es el mapa de lo que hizo con él: Italia, Burdeos sin hablar francés, vendimias en Chile y un libro francés de 1921 que tradujo y publicó en castellano. También se habla de vivir del campo en un pueblo, de facturación estacional y de tres vinos para la mesa de Navidad.

La muerte del padre a los 19

Rodrigo era un universitario al que la viticultura familiar le daba bastante igual. La muerte de su padre le hizo entender de golpe todo lo que le habían contado sobre los viñedos y le empujó a salir de casa. Su madre llevaba tiempo insistiendo en que se fuera.

Erasmus en el sur de Italia

Eligió Italia porque era la opción más lógica de las que tenía. Habla del Erasmus como un universo paralelo que avanza a otro ritmo, y su balance del curso es tan honesto como incómodo para la universidad.

«fue el año que más aprendí de mis cuatro años de carrera»

El despido más bonito posible

Su primer jefe, Rafa, no le renovó el contrato precisamente porque era joven y quería aprender. Lo mandó a Francia. De ahí salieron el grado superior en Burdeos y los años siguientes de formación.

«tú eres joven y tienes muchas ganas de aprender, yo quiero que tú te vayas a Francia»

Estudiar en Burdeos sin hablar francés

No pudo hacer el máster que quería por el idioma, así que entró en un grado superior de viticultura y enología que no lo exigía. El vocabulario técnico le salvó y la formación dual alternaba dos semanas de escuela con dos semanas de bodega. Hubo quien le llamaba Ricardo porque su nombre real todavía no se lo había ganado.

«una persona me llamaba siempre, Ricardo»

Vendimias en los dos hemisferios

Encadenó campañas en el norte y en el sur, con más de un año en el valle de Itata, en Chile. Lo que más le costó no fue el trabajo, sino adaptarse a otro ritmo de vida, y acabó siendo el aprendizaje más grande del viaje.

«el ritmo latinoamericano era lo que más nos cansaba era su ritmo»

El libro de 1921 y la poda de respeto

Descubrió en Francia un libro libre de derechos sobre la poda de respeto, la técnica que su padre no llegó a enseñarle. Leerlo fue una revelación. Lo tradujo durante la pandemia en tres o cuatro meses y lo publicó en castellano por autoedición.

«si es que estaba todo escrito ya, es que no hay nada que inventar, estaba todo escrito»

Viñas que ya estaban antes de sus abuelos

No hay papeles de la familia: la única referencia histórica es que nadie plantó esas cepas. En alguna planta muy vieja se ven los cortes de las generaciones anteriores.

«mis abuelos no plantaron nada, que todo lo que yo cuido estaba ya antes»

Vivir del campo y facturar a saltos

De lunes a viernes el día en el pueblo se parece al de la ciudad; lo que cambia es el pulso. Y la caja va a saltos: en vendimia se factura de golpe y el resto del año hay trabajo pero poco facturable, porque podar no da dinero.

«mientras la gente de la ciudad está jodida en el metro agobiada, en un pueblo no es tan duro»

El episodio, en profundidad

Rodrigo Martínez Mingarra acababa de cumplir 19 años cuando murió su padre. Hasta ese día era un universitario más: fútbol sala, lectura y veranos en el pueblo de su abuela, al sur de la provincia de Burgos, en plena Ribera del Duero. La viticultura familiar le daba igual, y de golpe dejó de dárselo. De esa sacudida sale todo lo demás: casi diez años fuera pisando viñedos, la vuelta al pueblo y un libro francés de 1921 que tradujo al castellano, sobre una forma de podar que su padre nunca llegó a enseñarle.

De querer ser banquero a la ingeniería agrícola

De crío quería ser banquero, como su padre, que era empleado de banca. Con 16, 17 o 18 años no tenía nada claro, y le parece normal. Acabó en ingeniería agrícola, una carrera que desde fuera se confunde con hacerse granjero: detrás de un cultivo hay mucha química, física y matemáticas. Y en el vino, además, hay «la misma cantidad proporcional de pasión, sensibilidad y patrimonio», así que «todo el conocimiento que tiene es siempre poco».

Italia: el año que más aprendió y menos fue a clase

Su madre llevaba tiempo insistiendo en que saliera; él contestaba que tenía que jugar al fútbol sala. Cuando murió su padre, irse dejó de ser un debate. Se fue de Erasmus al sur de Italia, y habla de aquello como de un universo paralelo: el mundo avanza por una carretera y tú por otra, a otro ritmo. Su balance es tan honesto como incómodo: «fue el año que más aprendí de mis cuatro años de carrera». Nació en España en 1996 y de Italia dice que volvió a nacer.

El despido más bonito que te pueden hacer

De vuelta empezó a trabajar en una empresa que produce plantas de vid, a gusto y con idea de quedarse. Su jefe, al que llama Rafa y saluda en el episodio, le dijo que no le renovaba: «tú eres joven y tienes muchas ganas de aprender, yo quiero que tú te vayas a Francia». Lo llama el despido más bonito que te pueden hacer. Quería un máster en Burdeos, «una universidad a nivel del vino de las más, de las más prestigias», pero no hablaba francés, así que entró en un grado superior de viticultura y enología que no exigía idioma.

Lo salvó, paradójicamente, que el vocabulario fuera técnico: el ácido tartárico se dice casi igual en los dos idiomas y por ahí te enganchas. La formación era dual, dos semanas de escuela y dos de bodega, con el miedo de pasar el vino al depósito equivocado por no entender una orden. Hubo quien se negó a llamarle Rodrigo: «una persona me llamaba siempre, Ricardo», porque su nombre todavía no se lo había ganado. Si te reconoces en la escena, tienes el curso de francés de nivel A1.

Vendimias en los dos hemisferios

Después vinieron años de vendimia itinerante: en el norte se vendimia en otoño y en el sur en febrero, marzo y abril, así que se encadenan campañas. Pasó poco más de un año en Chile, en el valle de Itata, «un sitio donde el tiempo se había parados». Lo duro no fue el trabajo: «el ritmo latinoamericano era lo que más nos cansaba era su ritmo». Lo más interesante de esas experiencias, remata, es que al contarlas no hablas de vino.

El libro de 1921 y la poda de respeto

En Francia le descubrieron un libro antiguo. Allí las obras libres de derechos se consultan gratis: «todos los libros que están descat que están libres de derechos» se conservan en una web. Lo imprimió, lo leyó y fue una revelación: «si es que estaba todo escrito ya, es que no hay nada que inventar, estaba todo escrito». El libro explica la poda de respeto, la técnica que a él nadie le enseñó y que hoy se tiene por la mejor forma de tratar la planta. Lo firma un ingeniero agrónomo que recogió la experiencia de un viticultor de la zona del coñac, al norte de Burdeos.

Durante la pandemia se levantó un día y empezó a traducirlo sin ningún objetivo, porque no sabía ni cómo se publica un libro. Tardó tres o cuatro meses y se quedó en un cajón, hasta que, trabajando por su cuenta y necesitando darse a conocer, buscó editorial. Una editorial grande se queda tus derechos unos años y te da un porcentaje; en autoedición pagas la edición, la obra queda a tu nombre y «estás adiciendo, estás vendiendo tu libro, ni más ni menos».

Cuatro generaciones sobre la misma cepa

Trabajar un viñedo viejo significa estar en contacto con tus antepasados. A su padre lo conoció 19 años; a su abuelo y a sus bisabuelos, no, y aun así «trabajamos en el mismo sitio, trabajamos las mismas plantas». No hay papeles: la única referencia es que «mis abuelos no plantaron nada, que todo lo que yo cuido estaba ya antes». En alguna cepa muy vieja se ven todavía los cortes de las generaciones anteriores a la suya.

En el pueblo, de lunes a viernes, el día se parece al de la ciudad: lo que cambia son las pulsaciones. El peor momento es el viernes por la tarde; el mejor, el lunes por la mañana, «mientras la gente de la ciudad está jodida en el metro agobiada, en un pueblo no es tan duro». Tampoco quiere polarizar el debate: «no todos tenemos ahora que vivir en un pueblo, y no todos tenemos que abandonar la ciudad».

Las cuentas van al ritmo de las estaciones: la vendimia concentra la facturación, el resto del año hay mucho que hacer pero poco facturable y podar no da dinero: «hasta que no vendas esa uva, y eso va a te la pagan que luego llevan unos meses, no recibes dinero». Vende casi toda la uva a otros productores y solo elabora vino para la familia. Sobre sensores e inteligencia artificial es tajante: ayudan, pero no cambian el día a día, y «si no tienes tu sensibilidad tu pasión y tu conocimiento, esa herramienta no ayuda, no hace nada».

Tres vinos para la mesa y un mote convertido en marca

Sus recomendaciones de Navidad, sin marcas: un vino de Jerez, la zona con más cultura vitícola y enológica del mundo, cuya crianza biológica lo hace el vino más seco que existe; un champán, recordando que «el champán es una región, no es un vino»; y un tinto de Galicia, que no se parece a un Rioja ni a un Ribera. De serie recomienda Fargo; de libro, En el camino, por eso de estar siempre en camino sin llegar a ningún sitio.

Queda el nombre. Mingarra no significa nada: es el mote con el que llamaban a su abuelo y a su padre. Como la gente se va del pueblo, los apodos se pierden, así que hizo del suyo su marca personal: con una palabra ya estás hablando de generaciones y de una cultura familiar. De ahí el título que él mismo eligió para el episodio: «hay historias que merecen ser contadas».

Lo que te llevas

  • Un viñedo viejo no se replanta cada temporada: se hereda, y trabajarlo es seguir el trabajo de generaciones anteriores sobre la misma planta.
  • La poda de respeto es una técnica antigua que se había olvidado y que hoy se considera la mejor forma de tratar la vid; el libro que la explica se publicó en Francia en 1921.
  • Estudiar fuera sin dominar el idioma es viable si el vocabulario es técnico: los términos científicos se parecen entre lenguas y sostienen las primeras clases.
  • En autoedición pagas la edición, conservas los derechos de tu obra y asumes la venta y la comunicación; con una editorial grande cedes derechos unos años a cambio de que lo hagan ellos.
  • El negocio agrícola factura a saltos: la vendimia concentra los ingresos, la uva se cobra meses después y el vino puede tardar de dos a cuatro años en salir al mercado.
  • Los sensores y la inteligencia artificial ayudan en el campo, pero no sustituyen la sensibilidad, la pasión ni el conocimiento de quien trabaja la planta.
  • Tres vinos para la mesa sin citar marcas: un jerez, un champán (que es una región, no un vino) y un tinto gallego.

Enlaces del episodio

¿Quieres aprender esto en serio?

El curso del que se habla en este episodio: Francés - Nivel A1: De Cero a Tus Primeras Conversaciones Reales.