Volumen 192 · Frogmación Podcast

Nadie esperaba esto... De Stripper a vender Bodas de Lujo

Por Juan Gabriel Gomila • • 81 min de audio

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Episodio 192: Nadie esperaba esto... De Stripper a vender Bodas de Lujo

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Momentos clave

José Levy pasó del mundo de la noche y las despedidas de soltera a organizar bodas de destino de hasta 50.000 euros. En este episodio cuenta cómo se vende algo intangible sin competir por precio, qué pasa en la cabeza de alguien bajo presión y cómo se reconstruye una identidad cuando se rompe a los 15 años.

El día que se rompió el hardware

José pierde a su madre a los 15 años y con ella la estructura que sostenía su educación. Lo describe como un sistema que se rompe sin nada guardado. A partir de ahí, años de fiesta, una carrera abandonada tres veces y salir de casa a los 19.

«no tenía copia de seguridad, era lo que había»

Puerta a puerta en los polígonos

Mensajero, camarero, administrativo y vendedor a puerta fría con fichas escritas a mano. Sudando dentro del traje en verano y pasando frío en invierno. Para él, la mejor escuela de ventas que ha tenido.

«muy buena formación aprendes a hostias, pero muy buena formación»

De la caja del hotel al escenario

Empieza cuadrando la caja nocturna de un resort para el director financiero y se da cuenta de que aquello es una oficina con palmeras. Se paga una formación de un mes en París para pasar un examen de coreografía y acaba montando espectáculos en más de doce países.

«he hecho camarero, he hecho administrativo, he hecho de todo lo que me encontraba por delante»

Tres meses en Los Ángeles sin papeles

A los 38 se da un plazo corto para conseguir agente en Hollywood con un visado de turista. En vez de esconder que no tiene papeles, lo pone por delante y propone firmar primero y regularizar después. Firma, vuelve a España y se queda por la que hoy es su mujer.

Funerales de 28 minutos

Además de bodas ofició entierros, preparando cada ceremonia con la familia el día antes. Rompió con la funeraria y la iglesia porque el cura despachaba en 12 minutos y él necesitaba 28 para hacerlo personalizado.

«prefería ganar una bronca luego que no hacer algo que yo no sintiera que tenía que hacer»

Nadie compra características

Lo que compra el cliente de high ticket no es una lista de prestaciones, ni siquiera una solución: es la mínima probabilidad de que algo salga mal. Por eso un precio bajo puede asustar a quien tiene que justificar la compra ante su jefe.

«la tranquilidad y la confianza, la seguridad de que no va a pasar nada malo»

El tono de amarillo de Sitges

Una novia en albornoz baja gritando por el tono de amarillo de un centro floral que casi nadie distinguiría. Se resolvió en un minuto porque la florista llevaba flores de más. Trabajar con proveedores baratos habría convertido eso en una crisis.

El neocórtex se apaga bajo presión

Bajo estrés la parte lógica del cerebro se desconecta y la energía se va a la reacción, así que gente muy capaz pierde los papeles por una tontería. Vale igual para una discusión de pareja que para una negociación con un socio, y explica por qué la compra es emocional y la lógica llega después.

«pero fue la emoción que lo hizo comprar»

El episodio, en profundidad

Hay un momento en el que José Levy explica qué le pasó cuando murió su madre y lo hace en el idioma de quien nos escucha: se le rompió el hardware, no había control zeta y no había copia de seguridad. Tenía 15 años, y a partir de ahí tocaba reconstruirlo todo sin nada guardado.

El episodio 192 es una entrevista larga con alguien que lleva 23 años vendiendo algo que no se puede tocar, medir ni repetir: bodas de lujo para parejas extranjeras, con tickets de 10.000 a 50.000 euros. Por el camino ha sido vendedor puerta a puerta, animador de resort, organizador de despedidas de soltera, maestro de ceremonias y oficiante de funerales. Y lo que saca de todo eso se parece muchísimo a vender software caro.

Lo que se rompió a los quince

José estudió en el Liceo Francés de Barcelona con una madre obsesionada con la educación: llegar a casa y estudiar, sin negociación. Cuando ella murió, esa estructura desapareció de golpe. «no tenía copia de seguridad, era lo que había», resume. Lo que siguió fue fiesta de jueves a domingo, una carrera abandonada tras repetir tres veces y salir de casa a los 19.

Lo que vino después fue la formación que él reivindica: «he hecho camarero, he hecho administrativo, he hecho de todo lo que me encontraba por delante». Sobre todo, venta puerta a puerta en polígonos, con un fajo de folletos y fichas escritas a mano, sudando dentro del traje en verano y pasando frío en invierno. Su veredicto: «muy buena formación aprendes a hostias, pero muy buena formación».

Tardó 37 años en enfrentarse a la muerte de su madre. Lo hizo escribiendo un libro que empezó como homenaje y acabó siendo otra cosa: «me he dado cuenta que lo he escrito, por honrar mi pérdida». Cuenta también, sin adornarlo, que hubo una época sin dinero y en un país extranjero en la que «habido días en que yo no quería seguir viviendo». Y la salida: «de todo se sale, de todo se sale».

Del resort al escenario, y de Los Ángeles a una boda en el Hotel Arts

Su primer trabajo en una cadena hotelera fue cuadrar la caja cada noche para que el director financiero tuviera el informe en la mesa a las siete de la mañana. Duró lo que tardó en ver que la fiesta estaba en la otra punta del hotel. Se pagó una formación en París —un mes en el hotel más barato que encontró, junto al Moulin Rouge— para aprobar un examen de coreografía, y acabó montando espectáculos en más de doce países.

A los 38 se dio tres meses en Los Ángeles, con visado de turista, para conseguir agente. Su jugada fue contraintuitiva: entraba diciendo de entrada que no tenía papeles y proponía firmar primero y regularizar después. Firmó. Al volver se reencontró con su ex, hoy su mujer, y decidió quedarse.

De ahí a las bodas hubo un paso: si ya hacía despedidas de soltera, lo siguiente en el calendario era la boda. Su primera ceremonia fue en el Hotel Arts de Barcelona, para una pareja de estadounidenses, con un guion formal prestado por un teniente de alcalde al que le fue metiendo su gracia. El rodaje le enseñó lo que no está en ningún guion: el tono, los silencios, la historia de cada pareja.

Los funerales y la bronca de los 28 minutos

Una temporada ofició también entierros, y es el pasaje más incómodo del episodio. Se reunía con la familia el día antes, con los niños blancos y todo el mundo llorando, para personalizar la ceremonia: «me encontré que yo lloraba», y tenía que ensayar para no romperse delante. La ruptura llegó por el reloj: el cura despachaba en 12 minutos y él hacía 28. «prefería ganar una bronca luego que no hacer algo que yo no sintiera que tenía que hacer». La funeraria prefirió al cura. Él lo entiende, pero no lo negocia: «es importante ese último legado».

Nadie compra características

La parte de negocio arranca con un aviso para perfiles técnicos: tú también vendes, aunque estés solo delante del ordenador. Y lo que se vende no es una característica ni exactamente una solución, sino la mínima probabilidad de que algo falle: «la tranquilidad y la confianza, la seguridad de que no va a pasar nada malo». Por eso bajar el precio puede salir al revés: quien firma un software de decenas de miles de euros necesita poder decirle a su jefe que compró lo mejor del mercado.

La misma lógica explica las bodas de destino. España es de los tres destinos top del mundo para casarse, junto a Estados Unidos y Francia, y el más barato de los tres. Y la seguridad se compra con margen: proveedores que no son los más baratos, un florista que lleva flores de más, un catering que asume un 20% extra de cubiertos porque el día de la boda los 92 confirmados aparecen siendo 116.

La anécdota que lo resume pasó hace dos veranos en Sitges: la novia, en albornoz y a medio maquillar, bajó a gritarle por el tono de amarillo de un centro floral. José tuvo que acercarse a la mesa para ver siquiera la diferencia. Lo arregló en un minuto porque la florista llevaba flores de sobra en la furgoneta. Con un proveedor barato, esa llamada habría sido una crisis.

Cuando el neocórtex se apaga

El puente entre la boda y la empresa es fisiológico. Bajo estrés, explica, la parte lógica del cerebro se desconecta —la energía se va a la reacción, como cuando había que huir de un tigre— y por eso gente muy capaz pierde los papeles por el color de una servilleta o delante de un socio. Su ejemplo: un empresario con tres empresas que estalló en su cuarta boda porque no quería gastar más. No era racional: se sintió atacado.

De ahí sale su regla de venta: la emoción caduca. «pero fue la emoción que lo hizo comprar»; la lógica llega después, a justificar. Si dejas que el cliente se enfríe, el deseo se transforma y no vuelve. «lo peor que te puede decir es que no».

Tres consejos y un error muy repetido

Cierra con su top 3 para emprendedores. Primero: «Nunca es lo que se dice, si no lo que se hace» —mira cómo vive tu cliente, no lo que te cuenta, porque una cosa es lo aspiracional y otra su realidad—. Segundo: «la insistencia, nunca molestas», porque competimos con cientos de impactos diarios y tu mensaje de hace tres días ya está olvidado. Tercero: sé tú, con tus valores, y si alguien no necesita lo que vendes, díselo: «vale más mantener tu buen nombre y tu reputación y un buen contacto, que no alguien que lo has quemado».

Y el error que más ve en sus mentorías: «creer que somos tan importantes que una decisión nuestra puede cambiar la política económica mundial, no somos tan importantes». Cambiar el precio, rehacer la web o publicar tres posts en un día no le arruina el día a nadie. Nadie te va a llamar para quejarse. Insiste.

Su despedida no va de negocio: «lo más importante es el amor que os tenéis». Tienes su guía anticursi TE CASAS y su perfil de LinkedIn en las notas del episodio, y si lo tuyo es seguir formándote con foco y criterio, las rutas de aprendizaje de Frogames.

Lo que te llevas

  • En high ticket no vendes características ni beneficios: vendes la mínima probabilidad de que algo falle, y esa tranquilidad es lo que se paga.
  • Bajar el precio para ganar a la competencia puede espantar al cliente, porque quien firma necesita poder decir que compró lo mejor del mercado.
  • La emoción caduca: si no cierras mientras el cliente está caliente, se enfría, se transforma y ya no vuelve.
  • Bajo estrés la parte lógica del cerebro se desconecta; por eso la gente inteligente pierde los papeles por el tono de una servilleta o delante de un socio.
  • Los proveedores caros compran margen: flores de más, comida de más y un 20% extra de cubiertos para cuando los 92 confirmados aparecen siendo 116.
  • Insistir no molesta, y ninguna decisión tuya (precio, web, colores del logo) es tan importante como te parece.

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