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Momentos clave
Luciano d'Agostino dejó los estudios dos veces y hoy vive de programar en Argentina. En esta entrevista cuenta la escuela que le estafó, el curso de Unity que le dio miedo y el día que su primer juego vendió cero copias. De paso, los números reales de la brecha entre desarrollo web y videojuegos al otro lado del charco.
Un estudio de videojuegos a los ocho años
Luciano dice que programa desde los siete años. Con ocho montó con gente de otros países algo que él llamaba un estudio de desarrollo, sabiendo que no iba a salir nada. Lo que le enganchó fue abrir Unity y ver moverse a un personaje.
La escuela que enseñaba Word y Excel
Tras dejar el bachillerato a los 17 se apuntó a una escuela que prometía cursos de programación. El contenido real era ofimática básica. Se salió en cuanto lo vio y se quedó sin plan.
«era en realidad era una estafa, era una, era esa secuelita que han cursos de computación básica que, si han vas a aprender a programar, pero el curso era world excel»
El curso de Unity que le dio miedo
El primer curso largo que hizo fue el de Unity de Frogames. Le abrió la cabeza y a la vez le desbordó: pensaba que no podría retener tanta cosa nueva. Siguió porque el curso explicaba el motor en lugar de dictar una receta.
«me ayudó a entender un montón de cosas, pero a la vez me generó miedo, no me le olvidar nunca»
Receta contra entender el motor
Su criterio para juzgar formación es simple: si te dan los pasos y los copias, eso no es aprender a programar. Lo valioso es que te expliquen la herramienta por dentro.
«Claro, que te dan la receta, y voy a decirlo igual que yo, y estás programando, creo que eso no es programar»
Cero ventas en su primer juego
Publicó su primer juego a cinco dólares tras un mes de trabajo, convencido de que se haría millonario. No vendió ni una copia. La lección fue entender el volumen de lanzamientos diarios contra el que competía.
«ese día aprendí que por día salen 10 mil juegos, que salen por día, con suerte uno sala a la luz»
Web contra videojuegos: la brecha
Al asomarse al desarrollo web no entendía la diferencia de sueldos que veía en Argentina. Juan Gabriel lo explica por oferta y demanda: la digitalización disparó la demanda de web, mientras en indie triunfa un juego entre muchísimos.
«un desarrollador frontera estaba ganando 300 mil pesos, 400 mil pesos por mes y un desarrollador de juegos juegos ganaba 60 mil, 80 mil, no lo comprendía, mi cerebro no podía asimilar»
El techo de estudiar solo en español
Llegado cierto nivel, el material en español se le acabó. Tuvo que pasarse a cursos en inglés sin hablar inglés para aprender juegos de rol, inventarios o guardado de datos.
«lo curioso de esto es que los cursos en inglés abarcan temas que los cursos en español no abarcan»
Portfolio contra título
Luciano lo ve desde el lado del candidato y Juan Gabriel desde el de quien contrataba: cincuenta proyectos pesan más que un expediente sin nada detrás. Un portfolio se evalúa y se enseña; un papel, no.
«si yo voy a buscar trabajo, yo tengo 50 proyectos y al lado mío tengo un titulado, pero no tiene un proyecto»
El episodio, en profundidad
Luciano d'Agostino tiene 20 años, vive en Argentina y no ha terminado ninguna carrera. Dejó el bachillerato a los 17 y, años después, también dejó la universidad. Hoy programa, cobra por programar y cuenta lo que ha aprendido en su propio canal de YouTube. Su historia es el mejor argumento posible de una idea que en Frogmación repetimos a menudo: el título no es lo que te da el trabajo.
Un estudio de videojuegos a los ocho años
Luciano cuenta que, técnicamente, empezó a programar a los 17, pero que lleva trasteando desde los siete. Con ocho años ya había montado una especie de estudio de desarrollo de videojuegos con gente de otros países. No salió nada de allí, y él lo sabía: eran proyectos incompletos. Lo que le enganchó fue otra cosa, mucho más pequeña: abrir Unity, poner un personaje en escena y ver que se movía.
Esa afición, además, tenía coste social. En su barrio los otros chicos venían a buscarle para jugar a la pelota y él se quedaba con los videojuegos. Juan Gabriel le devuelve la anécdota: él tampoco confesó abiertamente que le gustaban los videojuegos hasta los 23 o 24 años, con la carrera ya acabada.
La escuela que prometía programación y enseñaba Word y Excel
Al dejar el bachillerato, con la presión familiar encima, Luciano se apuntó a una escuela que, sobre el papel, daba cursos de programación. La realidad fue otra: «era en realidad era una estafa, era una, era esa secuelita que han cursos de computación básica que, si han vas a aprender a programar, pero el curso era world excel». Se dio cuenta, se salió, y se quedó sin plan.
El plan llegó una noche, viendo un vídeo sobre cómo se desarrolla un videojuego. A partir de ahí se formó entero con cursos de internet.
El curso de Unity que le dio miedo
Uno de esos cursos fue el curso de Unity 2020 de Frogames: las seis primeras horas están publicadas en YouTube y corresponden al primer proyecto, mientras que el curso completo son seis o siete proyectos con inteligencia artificial, 2D y 3D e iluminación. Luciano lo recuerda con una mezcla rara de gratitud y pánico: «me ayudó a entender un montón de cosas, pero a la vez me generó miedo, no me le olvidar nunca». Lo que le rescató fue el enfoque: no era un curso-receta. Su frase es contundente: «Claro, que te dan la receta, y voy a decirlo igual que yo, y estás programando, creo que eso no es programar».
Cero ventas
Publicó su primer juego a cinco dólares después de un mes de desarrollo, convencido de que se iba a hacer millonario. Vendió cero copias. Al día siguiente se levantó con la lección aprendida: «ese día aprendí que por día salen 10 mil juegos, que salen por día, con suerte uno sala a la luz».
Juan Gabriel le responde con su propia etapa indie: alrededor de cuarenta apps y juegos publicados bajo el nombre Frogames para iOS y Android. La que mejor le fue, en 2014, era una aplicación de formulación y nomenclatura química para el aula, la única que puso a 10 euros y que superó las mil ventas. Le escribían colegios de México pidiendo funcionalidades nuevas. Un exitazo a esa escala, y aun así la excepción: es mucho más fácil regalar la app y monetizar por otra vía que cobrar un euro de entrada.
Una página web contra dos años y medio de videojuegos
Aquí llega el golpe de realidad que da título al episodio. Después de que le despidieran del estudio, Luciano se puso a investigar el desarrollo web, que hasta entonces le repelía, y no daba crédito a los números: «un desarrollador frontera estaba ganando 300 mil pesos, 400 mil pesos por mes y un desarrollador de juegos juegos ganaba 60 mil, 80 mil, no lo comprendía, mi cerebro no podía asimilar». Hoy cobra 50 dólares por una página y le sigue pareciendo desproporcionado frente a los meses que cuesta sacar un juego.
La explicación que le da Juan Gabriel es oferta y demanda: tras la pandemia todo el mundo se ha tenido que digitalizar, y eso dispara la demanda de web. En videojuegos pasa lo contrario. Hasta hace poco publicar exigía licencias millonarias con los fabricantes de consolas; el móvil abarató la entrada, llegaron los estudios indie a miles y triunfa uno entre muchísimos.
El techo de aprender solo en español
Hay un detalle que cualquiera que estudie por su cuenta desde Latinoamérica o España reconocerá: llega un momento en que el material en español se acaba. «lo curioso de esto es que los cursos en inglés abarcan temas que los cursos en español no abarcan». Luciano acabó estudiando en inglés sin hablar inglés para llegar a juegos de rol, inventarios o guardado de datos. Juan Gabriel cuenta el reverso de la moneda: cuando publicó su primer curso en Udemy, con la plataforma entera en inglés, los responsables le preguntaron qué hacía subiendo contenido en castellano.
Portfolio contra título
Las dos partes coinciden en el cierre. Luciano lo resume desde el lado del candidato: «si yo voy a buscar trabajo, yo tengo 50 proyectos y al lado mío tengo un titulado, pero no tiene un proyecto». Juan Gabriel lo confirma desde el lado del que contrataba en una empresa de videojuegos: quien entraba con el expediente y nada más, a la pregunta de qué has hecho, respondía que estudiar la carrera. Y salía por donde había entrado. Un portfolio se puede evaluar, se puede enseñar al equipo, da un feedback fino; un papel colgado en la pared, no.
Sobre el formato, Luciano prefiere lo online por razones prácticas: «hoy en día prefiero lo que se demanera online, por el hecho que bueno, uno puede pausar el video», repetir y volver atrás las veces que haga falta, en lugar de esperar una semana a que alguien te conteste.
Lo que te llevas si estás empezando
- Construye antes de titularte. Cincuenta proyectos se enseñan; un expediente, no.
- Huye del curso-receta. Si copias pasos sin entender la herramienta, no estás programando.
- Cuenta con el techo del idioma. Pasado cierto nivel, lo complejo solo está en inglés.
- Elige el mercado con los ojos abiertos. Hacer videojuegos y vivir de hacer videojuegos no son lo mismo.
Y el consejo
Su recomendación final no es dejar de estudiar. Es dejar de estudiar en piloto automático: «Que estudien pero que estudien a conciencia, que no estudien el que no sigan en el camino de hechito», el camino de ir todos en fila hacia el mismo sitio. La película que recomienda va en la misma dirección: la de Steve Jobs, porque le enseñó el trasfondo de la industria y la habilidad de vender un producto.
Lo que te llevas
- Se puede llegar a programar profesionalmente sin título: Luciano dejó el bachillerato a los 17 y después la universidad, y se formó entero con cursos de internet.
- Desconfía de la formación que solo te da la receta: si copias los pasos sin entender la herramienta, no estás aprendiendo a programar.
- Publicar un juego es fácil; que lo compre alguien, no. Su primer lanzamiento a cinco dólares vendió cero copias y le enseñó contra cuántos títulos diarios competía.
- La brecha entre web y videojuegos es de oferta y demanda: la digitalización tras la pandemia disparó la demanda de web, mientras en indie triunfa uno entre muchísimos.
- Estudiar por tu cuenta en español tiene techo: a partir de cierto nivel, los temas complejos solo están en inglés.
- En una entrevista de trabajo el portfolio gana al expediente: cincuenta proyectos se pueden evaluar y enseñar al equipo; un título colgado en la pared, no.
- El consejo no es dejar de estudiar, sino no estudiar en piloto automático por seguir el camino que siguen todos.