Ver el episodio
Momentos clave
Episodio sin invitado: Juan Gabriel Gomila acaba de dedicar cinco días a montar un vídeo promocional que podía haber encargado, y de ahí saca la reflexión del capítulo. Te llevas una regla concreta para presupuestar marketing, la lista de lo primero que conviene externalizar cuando crece el equipo y el criterio para saber cuándo merece la pena hacerlo tú.
Los dos platos de la balanza
Quien emprende descubre pronto que solo tiene dos recursos, tiempo y dinero, y que son intercambiables pero nunca a partes iguales. Con presupuesto compras horas; sin él, las horas las pones tú.
«Cuando tienes más dinero, lo puedes invertir en cosas que te quiten a ti tiempo y te permitan hacer otras cosas.»
Empezar con el 100% del tiempo
Cuenta cómo arrancó Frogames solo y desde cero: todo el tiempo era suyo y los ahorros se fueron en ordenador, cámara, micrófono e insonorizar la habitación. La conclusión es que equilibrar esa balanza es muy difícil.
«Esta balanza entre tiempo y dinero es muy, muy, muy difícil de equilibrar.»
Mil horas piden mil euros de marketing
El consejo más concreto del episodio: valora en un euro cada hora invertida en el producto y destina esa misma cantidad a darlo a conocer. No es que tu producto sea malo, es que compite con millones.
«Si nosotros tenemos invertido 50, 100, 200, 1000 horas de nuestra vida, tenemos que estar dispuestos a gastar una cantidad semejante en dólares o en euros en marketing.»
Lo primero que se quitó de encima
Al crecer el equipo delegó el correo diario, la agenda y sobre todo gastos y facturas, la parte de gestión que más detesta. Encontró a una asistente que sigue llevándolo años después.
«Yo de hecho lo primero que hice cuando el equipo empezó a crecer, es quitarme de las cosas que me robaban tiempo»
Por qué externalizó los vídeos promo
Delante de la cámara se defiende sin guion, pero el promo es otro oficio y le llevaba dos o tres días de posproducción por cada cuatro minutos. Con un curso nuevo por semana, la cuenta no salía.
«no me daba la vida para grabar un vídeo promocional»
La excepción: el promo de la plataforma
Quiso resumir en cuatro minutos los tres primeros meses de la plataforma, sin salir él en pantalla, sincronizando imagen y música. Le costó cinco días y la canción metida en la cabeza.
«donde no saliera yo, donde yo no diera la chapa, donde no estuviera cuatro minutos hablando»
El elogio que sí vale algo
La recompensa no fue el vídeo sino enseñárselo al equipo. Explica que su enhorabuena cuenta porque son los mismos que le critican cuando toca, no gente que asiente por ser él el jefe.
«no lo hacen porque sea su jefe, ni lo hacen porque te quieran hacer la pelota, porque te quieran mantener contento, lo hacen porque evalúan tu trabajo, te critican, cuando es el momento de criticar»
Podría cerrar el chiringuito y no lo hace
Reconoce que le sería fácil vivir de consultoría o de formación para grandes empresas por Zoom, pero prefiere el lío de sostener una plataforma con más de veinte instructores y sus equipos.
«para mí sería muy fácil cerrar chiringuito y dedicarme a cualquier otra cosa»
El episodio, en profundidad
El capítulo 27 de Frogmación no tiene invitado y tiene una excusa muy concreta: Juan Gabriel Gomila acaba de terminar, minutos antes de darle al grabar, un vídeo promocional de cuatro minutos que le ha costado cinco días de trabajo. Podía haberlo encargado. No lo hizo. Y de ahí sale el tema del episodio, que es el dilema que se come a cualquiera que emprenda: cuándo pones tu tiempo y cuándo pones tu dinero.
La balanza tiene dos platos y nunca están al mismo nivel
La idea con la que abre es sencilla de enunciar y desesperante de aplicar. Cuando alguien emprende —«un emprendedor, un autónomo, un freelance, un empresario»— descubre que «hay dos cosas que caen a los extremos de la balanza y que debes aprender a equilibrar»: el tiempo del que dispones y el dinero del que dispones. Son intercambiables, pero nunca a partes iguales: «Cuando tienes más dinero, lo puedes invertir en cosas que te quiten a ti tiempo y te permitan hacer otras cosas.» Y al revés: «Cuando el presupuesto es pequeño, eres tú quien debe cargar con más tiempo de tu vida dedicado a tu proyecto.»
Su propio arranque fue el extremo del plato del tiempo. Cuando empezó Frogames estaba solo, desde cero, y «el 100% del tiempo lo invertía yo»; el dinero ahorrado se fue en equipo: ordenador, cámara, micrófono, insonorizar la habitación. Todo para que la experiencia de quien viera los cursos fuera decente. La conclusión no la disfraza: «Esta balanza entre tiempo y dinero es muy, muy, muy difícil de equilibrar.»
El error clásico: mil horas de vida y cero euros de marketing
El primer muro llega cuando ya tienes el producto. Has lanzado un curso, dos, tres, y entonces aparece la pregunta de cómo lo conoce alguien. Aquí el episodio deja el consejo más aprovechable, y conviene leerlo como lo dice: «Si nosotros tenemos invertido 50, 100, 200, 1000 horas de nuestra vida, tenemos que estar dispuestos a gastar una cantidad semejante en dólares o en euros en marketing.»
La regla es deliberadamente burda —valora tu hora en un euro como mínimo y destina esa misma cifra a publicidad, influencers, posicionamiento, optimizaciones, SEO— pero el diagnóstico que la sostiene es lo importante: «Nadie conoce tu producto, no porque tu producto sea malo, sino porque hay miles de millones de productos.» Otros similares, otros distintos, todos con campañas, financiación e inversión detrás. Ese banner, ese anuncio, esa noticia que recuerdas la pagó alguien.
Y ahí señala la incoherencia que casi todos arrastramos: regalar mil horas de vida a un proyecto nos parece natural, pero «cuando se trata de aportar dinero a nuestra idea, a nuestro proyecto» nos ponemos reticentes. Es el mismo recurso, contabilizado en dos monedas distintas.
Lo primero que se quitó de encima al crecer el equipo
La segunda parte del episodio es la práctica: qué compró con dinero para recuperar tiempo. «Yo de hecho lo primero que hice cuando el equipo empezó a crecer, es quitarme de las cosas que me robaban tiempo»: revisar el correo a diario, llevar la agenda, y sobre todo los gastos y las facturas, esa parte de gestión y logística que detesta —buscar comprobantes, cuadrar cincuenta dólares que no sabes de dónde salen—. En cuanto pudo, lo externalizó: «encontré una asistenta que me ha acompañado durante todos estos años» y que «es mi mano derecha en las sombras». El tiempo liberado es el que se convierte en un episodio de podcast o en un curso nuevo.
Los vídeos promocionales entraban en esa misma lista. No por pereza, sino por reparto de talentos: «a mí me ponéis delante de la cámara y os puedo dar una conversación de 10 minutos, 20 minutos, media hora» sin despeinarse, pero el vídeo promocional es otro oficio —croma, varias tomas, vocalizar, evitar el carraspeo— y ahí «otros lo hacían mejor que yo». Cuando el ritmo de publicación se disparó hasta que «era un curso cada semana», simplemente «no me daba la vida para grabar un vídeo promocional». Los números explican por qué: un promo de cuatro minutos se le iba a «dos, tres días de edición de pos producción».
La excepción: cinco días montando el vídeo de la plataforma
Con ese historial, lo que cuenta a continuación es una vuelta atrás voluntaria. Desde que lanzaron el nuevo concepto de la plataforma de cursos online quería resumir en cuatro minutos todo lo hecho en sus tres primeros meses de vida. Y lo quería de una forma muy determinada: «donde no saliera yo, donde yo no diera la chapa, donde no estuviera cuatro minutos hablando». Solo el producto, los claroscuros, los textos, las animaciones, las sombras y el contenido de la plataforma, sincronizado con la música fotograma a fotograma.
El precio de esa decisión fue una semana de su vida y una canción incrustada en el cerebro: «llevo 5 días con la música ya metida en el cerebro». Hubo un momento, admite, en que se dijo a sí mismo que estaría mejor grabando matemáticas y videojuegos y dejando el promo a quien tuviera más idea. Aun así lo terminó, y el episodio existe porque lo terminó.
Por qué le compensó, según él
La recompensa no fue el vídeo: fue enseñárselo al equipo. Comparte que dos compañeros del área de marketing, el equipo de soporte y el de comunidad le dieron la enhorabuena, y aclara por qué eso vale algo: «no lo hacen porque sea su jefe, ni lo hacen porque te quieran hacer la pelota, porque te quieran mantener contento, lo hacen porque evalúan tu trabajo, te critican, cuando es el momento de criticar». Un elogio de alguien que también te corrige es información; uno de alguien que solo asiente, no.
El cierre pone la balanza en su sitio. Insiste en que detrás de la marca no está él solo: «para que veáis que somos todo un equipo, más de 20 instructores», más marketing, comunidad y soporte. Y reconoce que tiene la salida fácil a mano —«para mí sería muy fácil cerrar chiringuito y dedicarme a cualquier otra cosa», consultoría puntual o formación bien pagada por Zoom para grandes empresas— pero que «nos gustan estos fregados». La frase con la que remata explica la elección entera: «todo esto que hacemos, no es por nosotros, es por vosotros». Ahí está el tercer plato que no aparece en la balanza y que, en su caso, decide: la satisfacción personal también se paga con horas.
Puedes juzgar el resultado tú mismo: el vídeo promocional está en el canal de YouTube y el episodio pide expresamente comentarios, likes y dislikes. Y si quieres ver qué es lo que se resume en esos cuatro minutos, ahí tienes la plataforma de cursos de Frogames Formación.
Lo que te llevas
- Emprender es administrar dos recursos convertibles entre sí: tu tiempo y tu dinero. Cuanto menor es el presupuesto, más horas de tu vida pones tú.
- Regla de presupuesto: cuenta las horas invertidas en el producto, valóralas a un euro como mínimo y destina esa misma cifra a marketing, posicionamiento y publicidad.
- Que nadie conozca tu producto no significa que sea malo; significa que compite con millones de productos que sí tienen campaña detrás.
- Al crecer el equipo, lo primero que conviene delegar es lo que roba tiempo sin aportar criterio: correo, agenda, gastos y facturas.
- Un vídeo promocional de cuatro minutos puede costar dos o tres días de posproducción; con un curso nuevo por semana, hacerlo uno mismo deja de ser viable.
- Hay excepciones que compensan por satisfacción personal, no por rentabilidad: hacerlo tú tiene sentido cuando el resultado solo lo consigues tú.
- El elogio útil viene de quien también te critica cuando toca; el que solo asiente no te da información.