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Momentos clave
Mateu Mercer, responsable de marketing y newsletters en Frogames, no viene a hablar de marketing. Cuenta cómo el aula tradicional le convirtió en fracaso escolar, cómo llegó al diagnóstico de TDAH ya de adulto y qué pautas, rutinas y formatos de estudio le permiten hoy trabajar y aprender a su ritmo.
Del marketing a los videojuegos
Mateu se presenta como emprendedor con dos patas: marketing y desarrollo de videojuegos. Terminó un curso superior de videojuegos, trabajó en un estudio y hoy tiene el desarrollo como afición, aunque le sigue apasionando el diseño narrativo y el lore.
El niño que molestaba en clase
Sin diagnóstico, en el colegio era el pesado al que mandaban a dar una vuelta por el pasillo. Sacaba notazas en Historia, que le gustaba, y suspendía lo que no le interesaba, pero a nadie le cuadró el patrón.
«yo lo digo: una mierda, con la mala palabra, porque por errores de gente que tendría que haber estado pendiente, yo fui fracaso escolar»
Qué es el TDAH y qué no es
Mateu distingue hiperactividad física de la mental y explica el déficit de atención con un ejemplo de aula. No es una enfermedad que se cure: es un trastorno con el que hay que aprender a convivir.
«simplemente tienes que aprender a vivir con ello»
El déficit de atención, explicado
El alumno que dibuja mientras la profesora explica y aun así sabe lo que se ha dicho. Podía estar a dos cosas, y dejaba de fondo lo aburrido mientras trabajaba en algo más estimulante.
«el déficit de atención, básicamente es el típico que a lo mejor estaba dibujando, mientras la profesora explicaba»
Por qué la formación online le salvó
El aula presencial le expulsaba; el curso online lo terminó con trabajo final incluido. Poder repetir clases, saltar lo aburrido y estudiar sin ruido convirtió el estudio en algo posible. Una clase larga, en cambio, puede ser una tortura literal.
«a tu gusto, a tu medida, a tu ritmo, poder ver las clases dos veces, saltarte los trozos aburridos»
Las pastillas no te hacen más listo
Diagnóstico por psiquiatra y neurología, y luego psicólogo para las pautas. La medicación actúa sobre la función ejecutiva y te pone en tu nivel, no por encima. Mateu desmonta el mito universitario de la pastilla que sube la nota.
«dicen que estas pastillas son pastillas que te hacen más inteligente, y no es verdad»
Pautas, rutinas y refuerzo diario
Deconstruirse primero, y después trucos sencillos: una retahíla al salir de casa para no olvidar nada y un tic diario en la tarea que siempre se escapa. El refuerzo visible multiplica la constancia.
«es un regalito delante, funciona 10 veces mejor que si no lo tiene»
El libro que le cambió la vida
Un libro sobre TDAH en adultos, de un investigador que siguió a niños durante veinte años y demostró que el trastorno no se pasa al crecer. Le dio argumentos científicos para dejar de sentirse culpable.
«si solo tienes que leer una página al día, una página al día, pero intenta terminarlo»
El episodio, en profundidad
Frogmación dedica su episodio 29 a algo que no suele salir en un podcast de tecnología y formación: qué pasa cuando la cabeza no se deja concentrar. El invitado es Mateu Mercer, la persona que está detrás de las promociones en redes y de las newsletters de Frogames. Juan Gabriel Gomila lo sienta delante del micro, pero no para hablar de marketing, sino del obstáculo que hay antes de cualquier aprendizaje: la concentración. Mateu tiene TDAH y se lo diagnosticaron de adulto, después de la pandemia.
Un perfil que llegó por los videojuegos
Mateu se define como alguien metido en el emprendimiento, y el marketing es solo una rama. La otra es el desarrollo de videojuegos: terminó un curso superior y se puso a hacer proyectos con más gente para montar portfolio, y por ahí acabó cruzándose con Juan Gabriel. Llegó a trabajar en un estudio, aunque lo que de verdad le tira es el diseño narrativo: el lore, ese trasfondo que a menudo no está en los diálogos sino en cómo está colocado un árbol o en una casa derruida.
De esa doble vida salen sus dos cursos en Frogames: uno de marketing digital y otro de ASO, que él resume como marketing para la tienda de aplicaciones.
El niño que molestaba
La parte dura llega enseguida. En el colegio era el que se levantaba, el pesado al que la profesora mandaba a dar una vuelta por el pasillo para poder seguir con la clase. «yo me saco la ESO por los pelos», dice. No tiene carrera y dejó empezadas varias formaciones tradicionales; nadie le diagnosticó nada y se dio por hecho que no llegaría a ningún sitio.
Lo llamativo es que las notas no eran siempre malas: en Historia, que le apasionaba, sacaba notazas, y en lo que no le interesaba, suspensos. Ni siquiera daba problemas de conducta, así que a nadie le cuadró el patrón ni fue a buscar la causa. Cuando llega a esa parte no lo dice con eufemismos: «yo lo digo: una mierda, con la mala palabra, porque por errores de gente que tendría que haber estado pendiente, yo fui fracaso escolar».
Qué es el TDAH, según quien lo tiene
Mateu insiste en una distinción que el tópico se come: no todo el que tiene TDAH es el niño que no para quieto. Él dice tener poca hiperactividad física y mucha mental, más déficit de atención, y lo describe con un ejemplo de aula: «el déficit de atención, básicamente es el típico que a lo mejor estaba dibujando, mientras la profesora explicaba», pero que si le preguntaban sabía lo que se había dicho, porque podía estar en dos cosas a la vez. La otra pata es la necesidad de estímulo: sin él, se aburre y lo deja.
Tampoco es una enfermedad que se cure. Es un trastorno, y en sus palabras «simplemente tienes que aprender a vivir con ello». Habla también de la parte genética: dice que es hereditario, con un 50 por ciento de probabilidad de transmitirlo, y sitúa la prevalencia «entre un 5 y un 10% de la población lo tiene». Añade que su pareja, que estudia psicología, le cuenta que autismo, dislexia y TDAH afectan a zonas cercanas del cerebro, algo que encaja con sus faltas de ortografía recurrentes.
Por qué el aula tradicional le expulsó y la online no
El contraste es el corazón del episodio. La presencial le mataba: una hora sentado, un solo estímulo y encima aburrido. La online le fue estupendamente, curso superior terminado y trabajo final incluido. La razón está resumida en el audio: «a tu gusto, a tu medida, a tu ritmo, poder ver las clases dos veces, saltarte los trozos aburridos». Y añade un matiz que suele contarse al revés: cuando algo le engancha, quiere terminarlo entero, como una temporada de Netflix. Si le cortan cada cincuenta minutos tiene que volver a arrancar, y arrancar le cuesta más que a los demás. Por eso una clase larga, dice, «incluso una persona que ha sido tratada, puede ser una tortura, literalmente una tortura».
Juan Gabriel aporta el otro lado del mostrador: en su máster en formación del profesorado, la respuesta que se enseñaba ante un alumno con TDAH era dejarle levantarse, pintar o mirar por la ventana. En una empresa, con diagnóstico formal en recursos humanos, ese minuto para desconectar cada media hora es lo que le deja volver a la mesa.
Diagnóstico, medicación y el mito de la pastilla
El proceso que describe es concreto: psiquiatra, diagnóstico neurológico y, a partir de ahí, un psicólogo que trabaje las pautas. La medicación actúa sobre la función ejecutiva, pero él es tajante con lo que circula por ahí. «dicen que estas pastillas son pastillas que te hacen más inteligente, y no es verdad»: te ponen en el nivel que te tocaría tener, igual que el café que otro necesita para arrancar. Cita Take Your Pills, el documental estadounidense sobre el abuso de esas pastillas y el caso de una chica que ya no sabe si rinde ella o la pastilla, porque toda la vida le dijeron que no daba la talla.
Las pautas pesan más que la pastilla
Aquí está lo accionable. Lo primero, avisa, es que duele: «es un proceso muy duro, te tienes que deconstruir totalmente». Hay que revisar años de cosas que hacías mal y aceptar que no eran culpa tuya. Después vienen los trucos, de una sencillez desarmante: cantarse una retahíla al salir de casa con lo que hay que llevar, para que el ritmo falle si falta algo, y ponerse un tic diario a la tarea que siempre se olvida, por el refuerzo. Un premio a la vista «es un regalito delante, funciona 10 veces mejor que si no lo tiene». Su psicóloga le considera un caso raro por su autodisciplina, y él lo atribuye a la desesperación de sacar adelante su trabajo como autónomo. Durante la pandemia, con vecinos ruidosos que le rompían la concentración, la solución fue extrema: «yo me levantaba las 5 de mañana».
El libro que le dio permiso para dejar de culparse
Lo que más le cambió, cuenta, fue un libro sobre TDAH en adultos escrito por un investigador que siguió a niños durante veinte años y demostró que el trastorno no desaparece al crecer. Mateu lo describe como un abrazo con método científico detrás. Hasta el propio libro le da margen: «si solo tienes que leer una página al día, una página al día, pero intenta terminarlo». Y el mensaje que nadie le había dicho antes: «muchas cosas de tu vida no han sido culpa tuya, no te sientas culpable por esas cosas».
Ese libro reaparece en la despedida. Juan Gabriel anima a quien se haya sentido identificado con la historia de Mateu a planteárselo, y sobre el libro se suelta una cifra al aire: si te reconoces en lo que cuenta, «el 95% de probabilidades que tenga TDA». Va tal cual quedó dicho, en una charla entre dos personas que no son especialistas. No es un diagnóstico ni un dato con fuente: el propio episodio ya había explicado que el diagnóstico lo firman un psiquiatra y una prueba neurológica.
Lo que se lleva de vacaciones
Cierra con las recomendaciones de rigor. Para leer, El nombre del viento de Patrick Rothfuss y El imperio final. Para ver, la trilogía original de El señor de los anillos, que acababa de revisitar en cine, y la serie que preparaba Amazon. En clave de trabajo, Silicon Valley y Mythic Quest, por sus retratos de la fauna de una empresa y de un estudio de videojuegos.
Lo que te llevas
- El TDAH no es solo el niño que no para quieto: hay hiperactividad mental y déficit de atención sin apenas movimiento, y ese perfil pasa desapercibido en clase.
- No se cura. Se diagnostica con psiquiatra y prueba neurológica, y a partir de ahí se trabaja con pautas de psicólogo; la medicación ayuda, pero no sustituye al proceso.
- La medicación no te hace más inteligente: te pone en el nivel que te tocaría tener, como el café que otro necesita para arrancar.
- La formación online encaja mejor con el TDAH: repetir clases, saltar lo aburrido, elegir el momento de concentración y estudiar sin interrupciones ajenas.
- Las pautas cotidianas funcionan: retahílas para no olvidar cosas al salir de casa y marcas diarias en las tareas que siempre se escapan, por el refuerzo que dan.
- Etiquetar de fracaso escolar a un alumno sin buscar la causa deja secuelas: dejar de culparse es la primera parte del tratamiento, y es la más dura.