Volumen 034 · Frogmación Podcast

El sistema educativo actual está obsoleto

Por Juan Gabriel Gomila • • 11 min de audio

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Episodio 034: El sistema educativo actual está obsoleto

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Momentos clave

El capítulo 34 nace de una conferencia en Mallorca ante profesores, estudiantes y padres, y sostiene una idea incómoda: la pandemia nos cambió el soporte, no la clase. Aquí está el recorrido de por qué nacieron las escuelas, por qué la universidad ya no es el centro del conocimiento y qué se puede hacer distinto sin tirarlo todo abajo.

La charla que originó el episodio

El capítulo sale de una conferencia dada la semana anterior en Mallorca ante profesores de colegio, estudiantes de últimos cursos de bachillerato, padres y autoridades. El tema fue qué pasó de verdad con la educación después de la pandemia.

«hablando precisamente de la educación tras la pandemia»

Cambió el soporte, no el contenido

Aprendimos a dar clase por Zoom, a escribir sobre PDFs y a entregar tareas en digital, pero enseñamos lo mismo que antes de 2020. La transformación fue de herramienta, no de método.

«hemos aprendido a utilizar zoom para dar clases»

Por qué nacieron las escuelas

Repasa el origen: la escritura cuneiforme sobre tablillas de barro había que enseñarla para que otros pudieran leerla. Antes, siendo nómadas, bastaba con preguntar a quien sabía cazar o recolectar.

«desde el momento en que necesitamos transmitir conocimiento, nace las escuelas»

La universidad ya no es el centro

Hacia 1500 el conocimiento estaba en los libros, los tratados y las eminencias de la universidad. Con internet, Wikipedia y los foros, ese monopolio se acabó: quien tiene una duda de programación no va a la biblioteca.

«el centro neurálgico del conocimiento y de la educación ya no está donde estaba hace 20 años, está por todos lados»

El helicóptero de Matrix

Compara el acceso actual a la información con la escena de Trinity aprendiendo a pilotar un helicóptero por el cable de la nuca. La diferencia es que aquí no hay descarga instantánea.

«todavía lo tenemos que leer, comprender a interiorizar»

Tu conocimiento vale al enseñarlo

Si el saber está repartido, cualquier experto tiene algo que vale. Se pone de ejemplo: lo que sabía ocho años antes, sin cursos grabados, lo sabía él y poco más.

«tenéis un tipo de conocimiento que tiene valor desde el momento en que lo enseñáis»

Adaptar, no derribar: la clase invertida

No pide eliminar colegios ni universidades, pide cambiar el método. Zoom para debatir después de ver el vídeo en casa, y un teorema de Pitágoras enseñado con alguna de sus mil demostraciones visuales.

«no estoy diciendo que lo que conocemos hasta el momento tenga que desaparecer, pero sí que igual se tiene que adaptar»

Enseñar programando y certificar en blockchain

En Frogames se comprueba el aprendizaje haciendo: un videojuego se acredita creándolo. Reconoce que medicina, enfermería, psicología o derecho siguen necesitando un título universitario, y presenta los certificados en blockchain sin venderlos como panacea.

«enseñamos a programar programando, no proyectando un PowerPoint»

El episodio, en profundidad

El capítulo 34 de Frogmación no lleva invitado: es Juan Gabriel Gomila solo ante el micrófono y con un tema que, reconoce, le preocupa. El detonante es concreto. La semana anterior había dado una conferencia en Mallorca sobre la educación después de la pandemia, delante de profesores de colegio, estudiantes de los últimos años de bachillerato, padres y autoridades. Lo que dijo allí es lo que reconstruye aquí en once minutos, y no es precisamente cómodo para nadie.

La pandemia cambió el soporte, no la clase

El punto de partida es una enmienda a la idea de que la educación se transformó en 2020. Aprendimos a usar Zoom para dar clase, aprendimos a escribir sobre PDFs, a entregar tareas en digital. Y seguimos enseñando exactamente lo mismo que enseñábamos antes. Su resumen es de una frase: «ha cambiado el medio, el soporte, pero no ha cambiado el contenido». Ese es el diagnóstico del que cuelga todo lo demás.

Para qué nacieron las escuelas

Antes de criticar el invento, lo reconstruye. Las escuelas nacen hace miles de años con un objetivo muy claro: la escritura cuneiforme que se grababa en tablillas de barro, en huesos o en piedra había que enseñarla para que el resto pudiera leerla y entenderla. Antes de eso, dice, éramos nómadas y no hacía falta una escuela como tal: si tenías que aprender algo, hablabas con quien lo sabía, como en las tribus ancestrales que te enseñaban a cazar, a recolectar o a distinguir lo que era peligroso. «desde el momento en que necesitamos transmitir conocimiento, nace las escuelas».

De ahí, el recorrido conocido: el esplendor del sistema griego de enseñanza, la fundación de las universidades en la Edad Media y la expansión europea que lleva ese modelo a Latinoamérica y a América del Norte hasta convertirlo en el estándar. El objetivo no cambia en todo el trayecto: perpetuar por escrito lo que dijeron filósofos, políticos, matemáticos o teólogos, copiarlo primero a mano y luego con la imprenta, y difundirlo.

Cuando la universidad sí era el centro

Hacia 1500, sostiene, el conocimiento estaba físicamente en un sitio: allí estaban los libros, los tratados, las conferencias y las eminencias. La universidad era el centro y punto. Y ese esquema aguanta hasta la era industrial con una función añadida: aprender para conseguir un trabajo. Si quieres ser abogado necesitas saber de derecho; si quieres ser informático necesitas saber programar. El ejemplo que se le ocurre para lo serio es el del médico que tiene que saber por dónde pasa la arteria aorta antes de abrir a nadie en canal.

Google, Wikipedia y el foro de turno

La explosión de internet, las redes sociales y la enciclopedia libre rompen ese monopolio, y lo demuestra con un caso que su audiencia reconoce al instante: cuando alguien que está haciendo un curso de programación se atasca, no va a buscar el libro de informática de la biblioteca de una universidad. Lo busca en internet, en Wikipedia o en el foro donde a alguien le ha dado por escribir la respuesta, con la contrapartida de que hay que asegurarse de si está bien o mal. Pero la respuesta está ahí.

La imagen que usa es de Matrix: Trinity necesitando pilotar un helicóptero y aprendiendo a hacerlo en segundos por el cable de la nuca. Eso es lo que tenemos hoy, con una diferencia importante: «todavía lo tenemos que leer, comprender a interiorizar». No hay descarga instantánea, pero el conocimiento ya no vive en un edificio. «el centro neurálgico del conocimiento y de la educación ya no está donde estaba hace 20 años, está por todos lados».

Tu conocimiento vale desde que lo enseñas

De ahí sale el giro más personal del episodio. Si el conocimiento está repartido, cualquiera que sea experto en algo tiene material de valor: «tenéis un tipo de conocimiento que tiene valor desde el momento en que lo enseñáis». Y se pone a sí mismo de ejemplo: lo que sabía hace ocho años, antes de grabar su primer curso online, lo sabía él y poco más. Empezó a valer para otros cuando lo grabó, cuando grabó el segundo y cuando montó una plataforma para distribuirlo.

No es derribarlo, es adaptarlo

Aquí llega el matiz que evita que el episodio sea un panfleto: «no estoy diciendo que lo que conocemos hasta el momento tenga que desaparecer, pero sí que igual se tiene que adaptar». Y baja la idea a ejemplos. Una clase por Zoom no debería servir para proyectar un PowerPoint ni una pizarra igual que harías en el aula; «igual tienen que servir para que los estudiantes se vean un vídeo de YouTube en casa, se forme y luego se discuta en un foro a través de Zoom», que es el concepto de clase invertida.

El otro ejemplo es el teorema de Pitágoras, que se sigue enseñando con la misma frase de siempre sobre los cuadrados de los catetos y el de la hipotenusa. Existen más de mil demostraciones, y algunas son «muy bonitas visuales en vídeos de YouTube, en artículos con juegos incluso con agua, vertidas sobre diferentes cubos». Su conclusión: «es el momento de experimentar e innovar», porque el conocimiento se ha movido de sitio y las metodologías no.

Lo que hace Frogames, y lo que no promete

El cierre es la aplicación práctica de todo lo anterior a su propia escuela: «enseñamos a programar programando, no proyectando un PowerPoint». Se comprueba que alguien sabe crear un videojuego creando un videojuego, y que sabe de marketing preparando y ejecutando una estrategia de marketing. Con una excepción que admite sin pelear: hay carreras que necesitan a alguien que avale y certifique, y ahí «sí que hay que pasar por una universidad para obtener ese título de doctor», de médico, enfermero, psicólogo o de derecho. Si no, avisa medio en broma, acabaríamos operados por el médico de Los Sims.

Y termina donde más le duele a su público objetivo, los padres, que son quienes más miran por la seguridad de sus hijos: formación en línea, no presencial, diversificada, con certificados en blockchain como los que emiten en Frogames. Sin vender humo: «no voy a decir que sea la panacea y que sea la decisión correcta, pero sí que por lo menos apuesta por el futuro», por la integridad y por hacia dónde va la educación.

Lo que te llevas

  • La pandemia digitalizó el soporte de la enseñanza (Zoom, PDFs, entregas online) pero dejó intacto el contenido y el método.
  • Las escuelas nacen para transmitir un conocimiento escrito que si no se enseña se pierde; ese fue su objetivo durante milenios.
  • Hacia 1500 la universidad era literalmente el centro del conocimiento; internet, Wikipedia y los foros han repartido ese papel.
  • Que la información esté en todas partes no la convierte en aprendizaje: sigue habiendo que leerla, comprenderla e interiorizarla.
  • Cualquiera que domine una materia tiene un conocimiento con valor, y ese valor aparece en el momento en que lo enseña.
  • La propuesta no es eliminar colegios ni títulos, sino cambiar la metodología: clase invertida, aprender haciendo y certificación verificable.

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