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Momentos clave
El capítulo 38 sienta por fin al instructor de la ruta de Android de Frogames. Alain Nicolás Tello cuenta cómo se formó de noche con cursos gratis, por qué grabó su primer curso en cuatro meses para sacar dos horas y media, y de dónde le viene la obsesión por las buenas prácticas. De regalo, el curso de mapas que acababa de terminar ese mismo día.
De Action Script a Android por gusto propio
Alain entró al mercado laboral como programador de front-end con Action Script y Flex, tecnologías que le puso delante la empresa. Android lo eligió él, tras comprar su primer teléfono en 2011 y engancharse a las ROMs personalizadas. En 2014 empezó a programar la plataforma con Java.
«encontré mi camino en contra lo que más a mí me aspacionaba»
Un lenguaje no te ata durante 40 años
Juan Gabriel aprovecha el caso de Alain para desmontar la idea de que elegir lenguaje en la universidad es elegir destino. Alain lo confirma: tocó unos ocho lenguajes en la carrera y en el trabajo le pusieron delante otro que no conocía.
«aprender un lenguaje no significa que vaya a dominar y a usar ese lenguaje durante 20, 30, 40 años»
La universidad mexicana y la puerta a Estados Unidos
Alain valora los concursos de programación entre universidades como trampolín real: quedó en torno al puesto 140 de más de trescientas universidades latinoamericanas y eso le abrió contactos en Estados Unidos. También reconoce el relleno de las carreras, pero defiende la universidad como espacio de prueba y error.
«si sabes inglés y sabes programación, es muy fácil que te contacten ellos»
Se formó de noche y con cursos gratis
Estudiaba Android una o dos horas cada noche después de trabajar. Empezó por material gratuito porque no sabía dónde invertir, y luego pasó a cursos de pago en edX y a los laboratorios de código de Google. El muro del idioma fue lo que le empujó a crear contenido en español.
«empecé con cursos gratis, porque pues no, no sabía realmente dónde, dónde invertir»
El curso de 2016 que le hizo dar el salto
La sociedad en la que estaba compró un curso de iOS de Juan Gabriel y lo hicieron dos programadores. Lo que le convenció no fue el temario, sino descubrir que se podía enseñar desde cero sin dar por supuesto nada. Su primer curso propio le llevó cuatro meses para dos horas y media de contenido.
«mi primer curso salió con dos horas y media»
El contenido pesa más que la producción
Los dos coinciden en que el equipo y las animaciones son edulcorante. Juan Gabriel cuenta que su segundo curso, hecho en dos semanas y sin animaciones, funcionó igual que el primero, que le llevó meses. Los mínimos son resolución legible, audio entendible y utilidad real en el mercado laboral.
«empiezas con tu simple ordenador, una sola pantalla, el micrófono más económico que encuentras»
Las buenas prácticas vienen de su primer equipo
Alain atribuye su insistencia en patrones y buenas prácticas a un compañero de su primer trabajo, Francisco, que argumentaba con autores en vez de imponer criterio. Su defensa es práctica: reduce el coste de retomar un proyecto años después y hace que cualquier desarrollador del mundo entienda tu código.
«todo tiene una razón y es porque evita problemas a futuro»
Mapas en tiempo real, su curso nuevo
Terminó el curso el mismo día de la grabación. Cubre desde dar de alta la cuenta necesaria hasta marcadores, rutas reales calculadas según las vialidades y seguimiento en tiempo real, el patrón de las apps de reparto y transporte que él ve creciendo en los próximos años.
«ya justo hoy terminé todo, todo, todo»
El episodio, en profundidad
El capítulo 38 de Frogmación llevaba esperando casi tanto como el propio podcast. Cuando Juan Gabriel Gomila le daba vueltas a la idea del programa, le escribió a Alain Nicolás Tello para decirle «y me gustaría que seas de los primeros». Han tenido que pasar casi cuarenta episodios. Alain es el instructor de la ruta de Android de Frogames, con cursos en Java y en Kotlin, y lo que trae no es una charla técnica: es la historia de cómo se pasa de empleado a estudiante, de ahí a freelance y de ahí a formador.
Del front-end a Android porque le dio la gana
Alain estudió ingeniería en sistemas computacionales y entró rápido al mercado laboral como programador de front-end, con Action Script y Flex. Nada de eso lo eligió: se lo puso delante la empresa. Lo que sí eligió fue Android. Compró su primer teléfono con ese sistema en 2011 y le enganchó poder trastear con las ROMs personalizadas, la misma razón por la que se había ido a Linux en la vieja discusión de sistemas operativos. En 2014 empezó a programar la plataforma con Java, y hoy se define como desarrollador Android totalmente nativo, ya con Kotlin.
Juan Gabriel le hace la pregunta incómoda: si empezó en front-end, ¿por qué no tiene ni un curso de front-end? ¿Le cogió rabia? La respuesta descarta el rencor. No le agarró nada en contra a la programación web, es que «encontré mi camino en contra lo que más a mí me aspacionaba», y eso era Android.
Un lenguaje no es un caballo de batalla para 40 años
De ahí sale el primer mensaje fuerte del episodio, dirigido a quien está estudiando informática y cree que elegir lenguaje es elegir destino: «aprender un lenguaje no significa que vaya a dominar y a usar ese lenguaje durante 20, 30, 40 años». Alain lo confirma con su hoja de ruta: en la carrera tocó unos ocho lenguajes y, al llegar al mundo laboral, le pusieron delante otro que no conocía de nada. Lo aprendió, le encantó, y después vino Android. Lo que se transfiere son los cimientos, no la sintaxis.
Estudiar informática en México
Como mexicano, Alain responde a una duda que a Juan Gabriel le llega a diario por correo desde Latinoamérica: si la universidad merece la pena. Su experiencia es buena, sobre todo por los concursos de programación entre universidades. Quedó en torno al puesto 140 de más de trescientas universidades latinoamericanas —él mismo relativiza la cifra— y aquello bastó para que le contactaran desde Estados Unidos. Su lectura es directa: «si sabes inglés y sabes programación, es muy fácil que te contacten ellos». Sobre el relleno de las carreras no se esconde, «te enseñan muchas cosas que jamás vas a utilizar», pero defiende la universidad como el espacio de prueba y error donde equivocarse todavía no cuesta nada.
Se formó de noche y con lo que había
Seguía trabajando, así que estudiaba por las noches, una o dos horas después de la jornada. Empezó por lo gratis: «empecé con cursos gratis, porque pues no, no sabía realmente dónde, dónde invertir». Vídeos, tutoriales sueltos y, cuando se lo tomó en serio, cursos de pago en edX y los laboratorios de código oficiales de Google. Ahí topó con el muro que acabaría empujándole a enseñar: casi todo el material bueno estaba en inglés.
El curso que le hizo cruzar la línea
En 2016, la sociedad en la que estaba compró un curso de iOS de Juan Gabriel y lo hicieron dos programadores, él entre ellos. Ya sabía Android e híbrido, pero quería nativo. Lo que le convenció no fue el temario: fue el método. Esperaba que la primera clase le hablara de conectar bases de datos y de evitar redundancias, y se encontró un camino que empezaba desde cero. Eso, más el número de estudiantes del instructor, le metió la duda de «por qué no intentarlos». Su primer curso le costó cuatro meses de trabajo: «mi primer curso salió con dos horas y media». No fue fácil, insiste, y no era ningún supercurso.
El contenido pesa más que la producción
Ahí es donde más coinciden. Juan Gabriel lo resume así: «para mí un curso online, no es el continente, sino que es el contenido». Cuenta que su primer curso llevó meses, con faldones y animaciones en todas las clases, y que el segundo salió en dos semanas sin nada de eso y funcionó igual de bien, porque «la gente no viene a ver esto», viene a aprender. Alain lo pone en términos de arranque: «empiezas con tu simple ordenador, una sola pantalla, el micrófono más económico que encuentras». Eso sí, marca mínimos: resolución legible, audio entendible y contenido que sirva de verdad hoy en las empresas.
De ahí sale también una defensa de los cursos viejos. Juan Gabriel dejó fuera de la migración a Frogames material que consideraba obsoleto, se lo reclamaron por correo y acabó rescatándolo del disco duro. Los estudiantes lo siguen viendo, porque la sintaxis caduca pero la lógica y la arquitectura de la aplicación aguantan.
Las buenas prácticas vienen de su primer trabajo
Juan Gabriel le pregunta por qué en todos sus cursos, hasta en el más básico de Kotlin, mete buenas prácticas y patrones de diseño. Alain hace un homenaje explícito: se lo inculcó su primer equipo, y en concreto un compañero llamado Francisco, que no imponía criterio sino que se apoyaba en otros autores para explicar «en qué situación no se debe de aplicar a quién le corresponde tal responsabilidad». Al principio parecía tedioso, pero «todo tiene una razón y es porque evita problemas a futuro»: si retomas un proyecto de hace cinco años bien hecho, «tienes menos costo al momento de recordar como funcionan». Y hay un argumento que va más allá de uno mismo: si programas con los estándares de quien creó el lenguaje, un desarrollador al otro lado del mundo entenderá tu código sin compartir tu idioma. «es algo que nos hace mejores a todos».
Libertad, dinero y un curso de mapas
¿Volvería a una empresa de nueve a cinco? No se cierra, y menciona Google como el sitio donde le gustaría estar contribuyendo a un SDK de Android. Pero pesa más lo otro: «yo no dependo de nadie, yo creo mi propia carrera, mi propia vida» y «tú decides hasta donde trabajas, tú decides cuánto quieres ganar». Juan Gabriel pone su caso: era director de producto en una empresa de videojuegos, la persona que más ganaba, y dejó más de 60.000 dólares anuales porque un curso online le había generado 124 dólares.
El cierre es el curso que Alain terminó el mismo día de la grabación —«ya justo hoy terminé todo, todo, todo»—, sobre mapas en Android y disponible en Udemy y en Frogames: Google Maps SDK para Android y Kotlin. Va desde crear la cuenta necesaria para usar el servicio, que ahora exige asociar una forma de pago para frenar el fraude, hasta colocar marcadores, calcular la ruta real según las vialidades con su tiempo y su distancia, y dar seguimiento en tiempo real. El caso de uso es evidente: las apps de reparto de comida y de transporte. Sus recomendaciones finales: Breaking Bad, Spartacus y Band of Brothers, y dos clásicos de educación financiera cuyos títulos el audio no permite transcribir con seguridad, porque de nada sirve ganar una millonada si también la gastas.
Lo que te llevas
- El lenguaje con el que empiezas no marca tu carrera: los cimientos se trasladan de una tecnología a otra, y en el trabajo casi siempre acabas aprendiendo lo que use la empresa.
- Formarse por tu cuenta después de la jornada laboral es viable: una o dos horas por la noche, empezando por material gratuito antes de decidir dónde invertir.
- El contenido manda sobre la producción. Un curso grabado con un ordenador y un micrófono barato puede funcionar igual que otro con animaciones, si la historia está bien guiada.
- Los cursos técnicos envejecen en sintaxis, no en estructura: la arquitectura de la aplicación y las buenas prácticas siguen valiendo años después.
- Las buenas prácticas no son manía de purista: abaratan retomar un proyecto viejo y hacen tu código legible para cualquier desarrollador del mundo.
- Ser independiente no siempre paga más que una gran empresa, pero elimina el techo: decides cuánto trabajas y cuánto quieres ganar.