Volumen 049 · Frogmación Podcast

10 razones para no ir a la Universidad

Por Juan Gabriel Gomila • • 16 min de audio

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Episodio 049: 10 razones para no ir a la Universidad

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Momentos clave

Primera parte del top 10 de razones para no ir a la universidad. Arranca con el artículo del profesor Arias-Aranda que encendió la mecha, sigue con lo que Juan Gabriel ve al contratar recién licenciados, y termina leyendo las cinco primeras razones que le dio ChatGPT: el coste, el tiempo, la falta de dirección, la falta de especialización y la red de contactos que no existe.

El artículo que enciende la mecha

Un catedrático de economía publica un artículo de opinión con un eslogan diseñado para el clic. Juan Gabriel lo lee, responde en el blog de Frogames y le empiezan a escribir profesores de universidad y estudiantes dándole la razón.

«no me dedico a enseñar sino que me dedico a engañar a mis estudiantes»

Aprobar para que cuadren los números

El estudiante paga, viene a clase y no atiende. Y la universidad, para conservar los sellos de calidad de las agencias de evaluación, necesita mantener un porcentaje mínimo de aprobados. La consecuencia sale por la puerta cuatro años después.

«El resultado es que estamos sacando a la calle, gente que no tiene el nivel suficiente como para entrar a trabajar en una empresa.»

María y el curso que se montó ella

En Frogames solo Juan Gabriel y María tienen título universitario. Ella empezó a trabajar con él siendo estudiante porque le dijo que le enseñaban mal programación y que podía hacerlo mejor. Él le dijo que se montara un curso, y hoy son de los más queridos de la plataforma.

«la forma en la que me enseñan programación o me enseñan estos temas, es una basura»

La respuesta la da ChatGPT, no él

Para que nadie diga que es una campaña de marketing, no contesta él a la pregunta de si vale la pena ir a la universidad. Le pide un top 10 a la inteligencia artificial y se limita a leerlo y comentarlo en directo.

«no me lo escrito un humano, no me lo escrito alguien de marketing»

Razón 1: el coste de un año de carrera

La primera razón es la más obvia y la menos discutible: la universidad es cara y no todo el mundo tiene los recursos para pagarla, aquí y en cualquier parte del mundo. Su contraste es directo y con cifras de su propia plataforma.

«con lo que cuesta un año de universidad uno podría aprender cinco o seis años»

Razón 2: cuatro horas seguidas de clase

Más allá de los años, lo que critica es el encorsetamiento: horario rígido y dos clases de dos horas encadenadas. Un formato heredado de la idea de que se rinde al cien por cien de nueve a cinco, que él ya ha desmontado en otros episodios.

«nadie puede mantener la concentración cuatro horas seguidas, nadie es imposible»

Razón 3: leer el BOE en voz alta

Asignaturas anexas, complementarias y transversales que no llevan a ningún sitio. Sus dos ejemplos: economía de empresa que no le enseñó a presentar impuestos, y legislación educativa donde el profesor leía literalmente el boletín oficial del Estado.

«mira para que me leas un PDF yo aprendí a leer hace muchos años»

Razón 4 y 5: portfolio y contactos

De la FP salen colocados el cien por cien, mientras que a su empresa le llegaban treinta egresados con el mismo papel. Su pregunta en la entrevista era siempre qué habían hecho de más. Y la red de contactos, dice, se construye en LinkedIn y con certificados que demuestren lo aprendido.

«qué ha hecho de más, qué dirección ha decidido tomar durante la carrera»

El episodio, en profundidad

El episodio 49 de Frogmación nace de una lectura. Esa semana circuló un artículo de opinión del profesor Arias-Aranda, catedrático de economía en una universidad española, titulado Me dedico a engañar, no a enseñar. Juan Gabriel Gomila lo leyó, respondió en el blog de Frogames Formación y se encontró con algo que no esperaba: profesores de universidad en activo y estudiantes escribiéndole para darle la razón.

El eslogan que parece clickbait y no lo es

La frase con la que arranca es deliberadamente incendiaria: «no me dedico a enseñar sino que me dedico a engañar a mis estudiantes». Juan Gabriel reconoce el truco —está diseñada para que pinches— pero también que detrás no hay ningún escándalo de exámenes vendidos. Lo que hay es algo más aburrido y más grave: una descripción del aula tal y como es hoy.

Un aula donde el estudiante se sienta detrás de la pantalla de un portátil normalmente caro, y en esa pantalla no hay apuntes ni ejercicios: hay Instagram abierto, un tiktoker, o la retransmisión del videoclip de Shakira el día que sale. Encima viene la parte que el estudiante no ve: para conservar los sellos de calidad que otorgan las agencias de evaluación, la universidad necesita sostener un porcentaje mínimo de aprobados. A esa persona que no atiende hay que aprobarla igualmente para que cuadren los números.

El resultado es que estamos sacando a la calle, gente que no tiene el nivel suficiente como para entrar a trabajar en una empresa.

Lo que se ve desde el otro lado de la mesa

La parte más interesante no es la crítica al sistema, sino lo que Juan Gabriel cuenta como empresario. Su experiencia contratando es que quien llega recién salido de la carrera necesita entre tres y seis meses hasta ser productivo, y durante esos meses la empresa paga un sueldo por enseñarle lo que la carrera no le enseñó. Ese coste es real y nadie lo contabiliza.

Frente a eso pone a su propio equipo. En Frogames solo él y María tienen titulación universitaria, y la anécdota de ella es reveladora: empezó a trabajar con él siendo todavía estudiante porque le dijo que la forma en que le enseñaban programación era mala y que podría hacerlo mejor. Juan Gabriel le respondió que se creara un primer curso, de R, de Python o de estadística, y que lo hiciera mejor de como se lo habían enseñado a ella. Aquellos cursos son hoy de los más queridos de la plataforma. El resto del equipo, marketing incluido, o no ha pisado la universidad o son lo que él llama fracasos universitarios: gente para la que ese sitio no era el adecuado y que acabó trabajando allí a base de leer, investigar, algún módulo de FP y sobre todo cursos online.

Por qué responde ChatGPT y no él

Aquí llega el giro del episodio. Si contesta él a la pregunta de si vale la pena ir a la universidad, cualquiera puede decir que está sesgado y que lo suyo es una campaña de marketing para llevar gente a Frogames. Así que no contesta: le pasa la pregunta a ChatGPT, la inteligencia artificial que ya había presentado en un episodio anterior, y le pide diez razones. Su argumento es que no lo ha escrito un humano ni alguien de marketing, y que una máquina no se posiciona. En este episodio lee y comenta las cinco primeras.

Razón 1: el coste

La universidad es cara y no todo el mundo tiene acceso a los recursos para pagarla, aquí y en cualquier parte del mundo. Su contraste es directo: con lo que cuesta un año de carrera se podrían tener cinco o seis años de formación en Frogames con la suscripción anual.

Razón 2: el tiempo

La carrera consume mucho tiempo y no todo el mundo quiere dedicárselo. Aquí no habla solo de años, sino de encorsetamiento: horario rígido, clases a horas concretas y la regla de que por cada dos horas de clase tocan dos horas y media o tres de trabajo en casa. Y añade algo que la estructura ignora: lo habitual es encadenar dos clases de dos horas, y cuatro horas seguidas de atención no las aguanta nadie. Es un formato heredado de un mundo en el que se suponía que uno rendía al cien por cien de nueve a cinco, algo que con una pantalla delante es aún menos cierto.

Razón 3: no hay una dirección clara

Muchas personas encuentran que la universidad no les ofrece una dirección clara hacia donde quieren llegar. Juan Gabriel lo traduce a asignaturas anexas, periféricas, transversales, que no acaban de servir para nada. Y pone dos ejemplos suyos: asignaturas de empresa y economía en las que pensó que al menos aprendería a presentar sus impuestos, y ni eso; y una de legislación educativa donde esperaba aprender dónde están las leyes y cómo entenderlas, y lo que ocurría era que se abría el libro y se leía literalmente el boletín oficial del Estado.

mira para que me leas un PDF yo aprendí a leer hace muchos años

Razón 4: no se recibe una educación especializada

La cuarta razón dice que la universidad no ofrece la misma educación especializada que un curso online o una escuela técnica. Él lo respalda con una comparación que ha vivido: ha dado clase en universidad y en ciclos formativos de FP, y de los ciclos, dice, salen colocados en empresa el cien por cien y no como becarios. En cambio, cuando dirigía una empresa le llegaban treinta egresados con exactamente el mismo papel: informática, matemáticas, ciencias de la computación. Su pregunta en la entrevista era siempre la misma.

Qué has hecho de más. Qué dirección has tomado durante la carrera. Has aprendido a hacer aplicaciones móviles, videojuegos 3D, páginas web. Tienes un portfolio, un GitHub, algo que te avale más allá de lo que te han contado en clase. Porque si no trabajas tú en ese portfolio, dice, cómo esperas que un empresario invierta dinero en formarte durante meses.

Razón 5: no hay una red de contactos

La quinta es que la universidad no es un buen lugar para hacer contactos profesionales. Matiza que hay universidades que traen empresas a dar charlas o simposios, pero que como red de contactos, no. Y cuenta cómo funciona en su caso: quien se apunta a uno de sus cursos acaba siguiéndole en redes, sobre todo en LinkedIn, y desde ahí ve sus contactos. Cuando esa persona busca trabajo, puede escribirle para pedirle una carta de recomendación o para que hable con recursos humanos. Eso era en la época de Udemy; ahora, al completar un curso se emite un certificado en blockchain con la insignia, las horas y las habilidades aprendidas.

Y aquí lo deja, a mitad

El primer top 5 lo resume él mismo al final: es más caro, toma más tiempo, no hay una dirección clara, ni especializada, ni se puede construir una red de contactos. Y corta ahí porque el episodio se le alarga, dejando las cinco razones restantes para la semana siguiente y pidiendo que se lo digan en los comentarios de YouTube, en la encuesta de Spotify o por redes. El tema, recuerda, ya lo tocó en el capítulo 34 del podcast; lo que ha cambiado es que ahora no lo dice solo Juan Gabriel, que puede estar loco y no haber que hacerle caso, sino que lo firma una inteligencia artificial.

Lo que te llevas

  • El problema que denuncia el artículo no es un escándalo puntual sino la rutina: estudiantes que no atienden y un porcentaje mínimo de aprobados que hay que sostener para conservar los sellos de calidad.
  • El coste real de contratar a un recién licenciado incluye entre tres y seis meses de sueldo mientras la empresa le enseña lo que la carrera no le enseñó.
  • Cuatro horas seguidas de clase no las aguanta nadie: el horario universitario está calcado de un modelo laboral que tampoco funcionaba.
  • Que un profesor lea el BOE o unas transparencias en voz alta es el síntoma de que la información ya no es lo escaso; la dirección sí lo es.
  • Ante treinta candidatos con el mismo título, lo único que diferencia es lo que has hecho de más: un portfolio, un repositorio público, un proyecto propio.
  • La red de contactos profesional se construye fuera del aula, y un certificado verificable de lo que has aprendido pesa más que el papel de la carrera.

Enlaces del episodio

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