Volumen 053 · Frogmación Podcast

Lo dejo, me estoy amargando la vida

Por Juan Gabriel Gomila • • 15 min de audio

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Episodio 053: Lo dejo, me estoy amargando la vida

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Momentos clave

Un profesor de instituto de Barcelona anuncia en Twitter que deja la enseñanza después de que un alumno de segundo de la ESO le dijera que le pagan para aguantarlos. Juan Gabriel analiza la noticia y va más allá del titular: el tres que se convierte en cinco, los sueldos de 1.500 euros y una ley que quita las notas.

La alerta de Facebook que abre el episodio

Una noticia de un periódico catalán le salta esa mañana en Facebook y se convierte en el tema del día: un profesor de instituto de Barcelona anuncia que lo deja. El podcast lleva episodios tocando esta tecla, así que la historia encaja sola.

«Lo dejo. Me estoy amargando la vida.»

De la Volkswagen al instituto por vocación

Marc no es un profesor cualquiera: es ingeniero, trabajó en la Volkswagen y dejó la industria para dar clase de matemáticas. Tiene 33 años y cumplió ese sueño hace cinco. Juan Gabriel ve su propio espejo, porque él también dejó la empresa de videojuegos por la docencia.

«un ingeniero que cumplió el sueño de ser docente hace cinco años, aunque la conducta de los estudiantes ha acabado con su ilusión»

El tuit: dos profesores y una clase fuera de control

La gota que colma el vaso es una clase de segundo de la ESO con chavales de 12 y 13 años, gritando pese a haber dos profesores en el aula. El profesor avisa de que aquello no se puede tolerar y un alumno le contesta con la frase que dio la vuelta a las redes.

«calla, que te pagan para que nos aguantes»

La culpa no es del alumnado

Marc deja claro que no está enfadado con los chavales: él también fue adolescente sin ganas de estudiar, pero al profesor no se le faltaba al respeto. Señala al Departamento de Educación, a las familias y a los docentes que callan.

«la culpa es desde el Departamento de Educación, de las familias y de los propios docentes que en general estamos agachando la cabeza»

Las familias y la ESO como guardería

Cuando el profesor llama a casa con una queja, la familia le devuelve la culpa por no saber gestionar al hijo o cuestiona lo que dice. Comparado con la bronca que te esperaba en casa cuando él estudiaba, es el mundo al revés.

«ahora las familias pasan, les molesta que les llames, están al lado de sus hijos, es una locura alucino»

El tres que se convierte en cinco

El aprobado como convención: se sube la nota para no suspender a media clase y mantener los porcentajes ante las comisiones de garantía de calidad. La prueba del algodón es incómoda a propósito y siempre acaba en la consulta del médico.

«si un médico mío me dice que se sacó la carrera porque quería probar y acceder a una posición donde ganaba mucha pasta, como médico, y no por vocación, realmente no me dejaría operar por ese médico»

Nadie da clase por 1.500 euros al mes

Faltan profesores de matemáticas en España y pocos graduados ponen la docencia como primera opción. Él lo entiende y lo ilustra con su propio sueldo en la universidad, dando más horas que ningún catedrático del departamento.

«quien narices se va a ir a dar clases por 1.500, 1.000 euros al mes»

Sin notas, sin suspensos y con youtubers de referente

La nueva ley educativa deja cursos sin calificación para no desmotivar, y él ve el resultado en la entrevista de trabajo que viene después. Cierra con los referentes: influencer y youtuber aquí, doctores y catedráticos en Alemania.

«no has suspendido nunca porque no has tenido notas nunca»

El episodio, en profundidad

El episodio 53 de Frogmación empieza con una alerta de Facebook. Juan Gabriel Gomila se topa esa mañana con la noticia de un periódico catalán y decide que ese es el tema del día: un profesor de instituto de Barcelona, Marc, anuncia que deja la enseñanza. El titular es una frase suya.

Lo dejo. Me estoy amargando la vida.

De la Volkswagen al aula, por vocación

Lo que engancha aquí no es el titular, es el perfil de quien lo firma. Marc es ingeniero, y no uno cualquiera: trabajó en la Volkswagen y, tras años allí, lo dejó para dedicarse a la educación. Pensaba que podía compartir lo que sabía, preparar a sus alumnos y motivarlos. El paralelismo con quien presenta el podcast es evidente y él mismo lo señala: también dejó una empresa de videojuegos por la docencia, online y en la universidad. El periódico lo resume así: «un ingeniero que cumplió el sueño de ser docente hace cinco años, aunque la conducta de los estudiantes ha acabado con su ilusión». Es un ingeniero catalán de 33 años y da clase de matemáticas.

El tuit que lo desencadena todo

La gota que colma el vaso es una clase de segundo de la ESO con chavales de 12 y 13 años. El profesor lo cuenta en un mensaje de Twitter que el periódico reproduce en catalán y castellano: «hoy en una clase de segundo de la eso totalmente fuera de control», gritando, y con dos profesores dentro del aula. Le dice a un alumno que aquello no se puede tolerar, y la respuesta del chaval es la frase que dio la vuelta a las redes.

calla, que te pagan para que nos aguantes

El mensaje termina sin adornos: «tengo claro que quiero dejar este trabajo hasta aquí hemos llegado, dignidad, cero». Juan Gabriel apenas lo comenta, porque cree que el tuit se explica solo.

La culpa no es del alumnado

Lo más interesante de la noticia es dónde pone Marc la responsabilidad, y no la pone en los chavales: «yo también fui adolescente y no tenía ganas de estudiar correcto, pero al profesor no se le faltaba al respeto y había que hacer los trabajos que mandaban». El dedo apunta a otro sitio.

la culpa es desde el Departamento de Educación, de las familias y de los propios docentes que en general estamos agachando la cabeza

Ese agachar la cabeza es lo que Juan Gabriel subraya, porque conecta con algo que ya ha tratado en otros episodios: la falta de cohesión entre los propios profesores, el que aprueba y el que se dedica a hacer la vida imposible. Y el retrato de las familias remata el cuadro. La ESO se ha convertido en una guardería y, cuando el profesor llama a casa con una queja, le devuelven la culpa por no saber gestionar al hijo. Comparado con lo que él recuerda de cuando estudiaba, llegar a casa y encontrarse la bronca ya preparada, esto es el mundo al revés: «ahora las familias pasan, les molesta que les llames, están al lado de sus hijos, es una locura alucino».

El tres que se convierte en cinco

A partir de ahí el episodio se sale de la noticia y entra en terreno conocido: ni los institutos ni las universidades preparan, y el aprobado se ha vuelto una convención. «muchas veces ese cinco significa que era un tres», y el tres sube para no suspender a media clase y no estropear los porcentajes que luego se enseñan en las comisiones de garantía de calidad. El propio Marc lo dice a su manera cuando explica que, de seguir, acabaría dando clase de un modo en el que «no estoy preparando el alumnado para el futuro».

La prueba del algodón que propone es incómoda a propósito: quién contrata dentro de diez años a alguien al que le fueron subiendo los treses hasta el título. O peor, quién se deja operar por él.

si un médico mío me dice que se sacó la carrera porque quería probar y acceder a una posición donde ganaba mucha pasta, como médico, y no por vocación, realmente no me dejaría operar por ese médico

Y extiende el diagnóstico más allá del instituto: «La secundaria y lo extiendo, eh, ciertas carreras de ciertas universidades, las estamos regalando a todos». Si el alumno sabe de antemano que va a aprobar, la pregunta se cae sola: «como puedo esperar yo, que un alumno venga aprender». No es la primera vez que el podcast pisa este charco: ya hubo un episodio a partir de un artículo de Daniel Arias Aranda y otro en el que le preguntó a Chat GPT por las razones para no ir a la universidad.

Quién se mete a dar clase por 1.500 euros

El artículo apunta que faltan profesores de matemáticas en España y que pocos graduados ponen la docencia como primera opción. No le sorprende.

quien narices se va a ir a dar clases por 1.500, 1.000 euros al mes

Y pone su propio caso encima de la mesa: cuando daba clase en la universidad, su sueldo bruto «no llegaba los 600 euros al mes, y daba más horas que cualquier otro categorático que hubiera en esa universidad». Quien creyera que estaba allí por el dinero, dice, se equivocaba. Súmale lo que hay que aguantar en el aula y los detractores de cualquier intento de hacer las cosas distinto, y la ecuación no sale.

Motivar no es el trabajo del profesor

Aquí recupera la frase de un profesor universitario al que le pidieron que motivara más a sus alumnos: «yo no vengo aquí a motivar a nadie, vengo aquí a enseñar», porque «la motivación la tienen que traer insertada de casa». La suscribe con un matiz: un docente puede inculcar más o menos gusto por una materia, pero si vas a estudiar solo para arañar el cinco y no porque quieras formarte, eso no lo arregla nadie desde la pizarra.

Sin notas y sin suspensos

El cierre va contra la nueva ley educativa española, que según cuenta deja sin notas varios cursos de la ESO y de bachillerato para no desmotivar ni fomentar el fracaso escolar. Su respuesta es directa: «estás fomentando que en el futuro no tengas empleados que sepan trabajar». Y la entrevista de trabajo que imagina resume el episodio entero: «no has suspendido nunca porque no has tenido notas nunca».

La última pieza son los referentes. Cuenta que vio circular una comparación de a qué quiere dedicarse la gente joven: en España y Latinoamérica, influencer y youtuber; en Alemania, doctores y catedráticos. No le parece mal ser youtuber, le parece mal que sea el objetivo, y entiende que un chaval de segundo de la ESO se comporte como se comporta «porque sus referentes igual son youtubers», gente que en la vida real es muy distinta del papel que interpreta en pantalla. Frente a eso pone lo que hacen en Frogames Formación: no ponen notas, pero sí tareas, comunidad y alumnos que vienen a aprender. No dice que lo hagan mejor, dice que lo hacen diferente. Y termina pidiendo opiniones, en los comentarios de YouTube o en redes, sobre la noticia del periódico que leyó esa mañana.

Lo que te llevas

  • Un profesor que dejó la ingeniería en la Volkswagen por vocación docente tira la toalla a los cinco años: el problema no es la falta de ganas, es lo que se aguanta en el aula.
  • Quien lo deja no culpa a los alumnos, sino al Departamento de Educación, a las familias y a los propios docentes que agachan la cabeza.
  • Un aprobado dejó de ser información fiable el día que el tres empezó a subirse a cinco para no suspender a media clase ni estropear los porcentajes de calidad.
  • Si el alumno sabe de antemano que va a aprobar, no hay forma de esperar que venga a clase a aprender.
  • Faltan profesores de matemáticas porque nadie con formación técnica se mete a dar clase por 1.500 euros al mes y encima aguantando esto.
  • Motivar no es tarea del profesor: se puede inculcar gusto por una materia, pero las ganas de aprender se traen de casa.

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