Volumen 062 · Frogmación Podcast

Tu cerebro al desnudo

Por Juan Gabriel Gomila • • 40 min de audio

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Episodio 062: Tu cerebro al desnudo

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Momentos clave

Un neurocirujano y un emprendedor montan un proyecto para que entrenar el cerebro sea tan normal como ir al gimnasio. En este episodio explican por qué casi todo lo que lleva el prefijo neuro es mentira, qué hay detrás del yoga o de la luz azul de las pantallas, y por qué los diagnósticos de salud mental se disparan.

Un neurocirujano y un diseñador

Osman Salazar estudió Medicina en Guatemala, hizo el MIR y se especializó en neurocirugía en el Clínico San Carlos; hoy opera en Palma de Mallorca. Ignacio Berges es diseñador industrial por su cuenta desde hace ocho años y vivía en Nimega cuando se grabó el episodio. Se conocieron en el podcast personal de Ignacio.

«mi pasión es el cerebro desde que tuve la oportunidad de muy pequeño verlo por la violencia de mi país»

Por qué nace Tu Cerebro al Desnudo

Osman divulga porque buena parte de lo que se dice del cerebro es falso y basta con el prefijo neuro para venderlo. Ignacio aporta la mirada de negocio: del cuerpo nos enseñan en el colegio, del cerebro nada.

«nos enseñan la educación física, siempre sabemos mucho cómo cuidar nuestro cuerpo»

La píldora diaria de neurociencia

Su formato central es una newsletter con una idea al día, pensada para leerse en un minuto y quedarse rondando. La del día de la grabación hablaba de avanzar rápido sin cimientos; otra, del jet lag según la dirección del vuelo.

«son cosas del día a día, que al final puedes accionar ya»

El mundo lo construye tu cerebro

Ver es traducir ondas electromagnéticas en imagen, así que la realidad que conocemos es la que el cerebro puede percibir. Osman lo ilustra con las tonalidades de blanco que distinguen los esquimales y con la teoría de que el idioma condiciona el cableado cerebral, cuya versión fuerte está descartada.

«el mundo no es exactamente como es, lo vemos literalmente como nuestro cerebro es capaz de percibirlo»

Por qué se disparan los diagnósticos

No ha explotado la incidencia: diagnosticamos más, hemos creado etiquetas y métodos nuevos y redefinimos la normalidad. A eso se suman entornos para los que el cerebro no evolucionó y el coste social que eso genera.

«en primer lugar, ha aumentado las enfermedades de salud mental porque diagnosticamos más»

Depredación cognitiva y economía de la atención

Quien conoce el cerebro sabe que es emocional, moral y social, y lo explota distorsionando la realidad para captar atención. Osman lo llama explotación de la información asimétrica; en el proyecto, chupado de cerebros.

«es la explotación del que sabe más, del que sabe menos»

Yoga: cambió la explicación, no el efecto

Con cinco mil años de antigüedad, el yoga se describía con el lenguaje disponible entonces: energía, cosmos, dualidad. Hoy se mide con resonancia funcional y electroencefalograma, y los estados contemplativos se separan en prefrontales e hipofrontales.

«La capacidad de explicar este fenómeno es la que ha cambiado.»

El cerebro injodible: nada de rutinas copiadas

El ideal que persiguen es un cerebro óptimamente gestionado, apoyado en cinco necesidades biológicas: querer, saber, poder, tener y pertenecer. Su método no es dar la rutina de nadie, sino información para que cada uno construya la suya.

«te vamos a dar información para que tú conozcas tu cerebro que es tuyo que es único y que es diferente al mío»

El episodio, en profundidad

El episodio 62 de Frogmación se sale del formato: en vez de una entrevista, Juan Gabriel Gomila se sienta con dos invitados a la vez. Osman Salazar es neurocirujano; Ignacio Berges, diseñador industrial y emprendedor. Juntos han montado Tu Cerebro al Desnudo, un proyecto de divulgación neurocientífica con una idea detrás: que entrenar el cerebro llegue a ser tan normal como ir al gimnasio.

Un neurocirujano en Palma y un diseñador en Nimega

Osman nació en Guatemala, estudió Medicina allí y se vino a España buscando la vía más rápida para especializarse: el MIR y la neurocirugía en el Clínico San Carlos de Madrid. Hoy trabaja en un hospital público de Palma de Mallorca, donde el turismo alimenta un goteo constante de traumatismos craneoencefálicos y cervicales. Su vocación viene de un sitio duro: «mi pasión es el cerebro desde que tuve la oportunidad de muy pequeño verlo por la violencia de mi país», con heridas por arma de fuego y las secuelas de las lesiones cerebrales delante.

Ignacio es de Fuentes de Ebro, lleva ocho años dedicándose al diseño por su cuenta y al grabar el episodio vivía en Nimega, en los Países Bajos. Se conocieron cuando él invitó a Osman a su podcast personal: la gente se quedó enganchada con lo que contaba del cerebro y de ahí nació el proyecto común.

Un gimnasio para el cerebro

Osman se metió a divulgar harto de ver que basta añadir el prefijo neuro a cualquier cosa para que parezca más novedosa y más lucrativa, cuando buena parte de lo que se cuenta del cerebro es falso. Ignacio llega desde el otro lado: «nos enseñan la educación física, siempre sabemos mucho cómo cuidar nuestro cuerpo», pero del cerebro salimos del colegio sin saber nada. Su conclusión es doble: «si vas aprendiendo cómo funciona tu cerebro, realmente puedes conseguir grandes cosas en tu vida», y, como empresario, «aquí hay negocio», porque «no se está enseñando a la gente estas cosas y creo que son muy necesarias».

El formato central es una newsletter diaria, la cerebrina, con una píldora de neurociencia para leerse en un minuto y quedarse rondando el resto del día. La de la grabación se titulaba «velocidad sin cimientos»: cómo la digitalización nos ha hecho avanzar deprisa levantando sistemas vulnerables, y por qué al cerebro le pasa lo mismo. Otra explicaba por qué el jet lag no sienta igual según la dirección del vuelo. La regla no cambia: «son cosas del día a día, que al final puedes accionar ya».

Lo que ves no es el mundo

El eslogan del proyecto es «si no controlas tu cerebro, este te controla a ti», y Osman lo defiende desde lo elemental: «todo lo que las personas damos cuenta del mundo, lo hemos hecho a través de nuestro cerebro». Ver son ondas electromagnéticas que la retina recibe y el cerebro convierte en imagen, así que «el mundo no es exactamente como es, lo vemos literalmente como nuestro cerebro es capaz de percibirlo». Pone dos ejemplos: los esquimales, que según cuenta distinguen 22 tonalidades de blanco, y una vieja teoría lingüística según la cual el idioma que hablas condiciona el cableado del cerebro, cuya versión fuerte, matiza, está descartada.

De ahí su reparo al entusiasmo tecnológico: si el cerebro fuera solo procesamiento de información, bastaría con reproducirlo en otro soporte. «El inconveniente es que el cerebro procesa la información, gracias a que es un órgano biológico», una masa húmeda y cambiante que no funciona como un ordenador.

Por qué parece que la salud mental se ha roto

Preguntado por el aumento de los problemas de salud mental tras la pandemia, Osman da tres razones. La primera es de medición: «en primer lugar, ha aumentado las enfermedades de salud mental porque diagnosticamos más»; no se ha disparado la incidencia, es que «hemos creado nuevas entidades, nuevas etiquetas» y métodos para detectarlas, y la idea misma de normalidad se redefine sin parar. La segunda, entornos y tecnologías para los que el cerebro no evolucionó. La tercera, el coste sanitario, psicológico y social que eso arrastra.

Su aviso es contra las posturas fáciles: «los errores que cometemos es anclarnos en los extremos», ni el apocalipsis ni la vuelta a una vida primitiva. Y recuerda lo básico que damos por desconectado del cerebro: dormir, comer, movernos, tomar algo de sol, socializar, hidratarnos. El argumento de fondo es colectivo: lo que nos hace especie dominante no es el individuo, sino «el capital cognitivo global lo que todos hacemos como sociedad, eso es lo que realmente produce los cambios». De ahí el cierre: «los problemas los hemos construido juntos y los tenemos que resolver juntos».

Depredación cognitiva

Vivimos en una economía de la atención en la que cuanto más se distorsiona la realidad, más beneficio se saca. En el proyecto lo llaman depredación cognitiva, o chupado de cerebros: quien mejor sabe que el cerebro es emocional, moral y social es quien mejor puede explotarlo. Osman lo reduce a economía pura: «es la explotación del que sabe más, del que sabe menos». Juan Gabriel añade el ejemplo de los coches rojos: cuando te sacas el carné no hay de pronto más, es que estás más expuesto a esa información.

Yoga, melatonina y el nivel correcto de explicación

El mejor tramo llega con el yoga. «Hay que recordar que el yoga tiene cinco mil años de antigüedad», dice Osman: con el lenguaje de entonces, hablar de energía, cosmos y dualidad era lo razonable. Hoy se puede medir a alguien meditando con una resonancia magnética funcional o un electroencefalograma: «hoy ya no hablamos de flujo de energía», sino de frecuencias, consumo de oxígeno y flujo sanguíneo regional. Los estados contemplativos se separan en prefrontales, que encienden el área de la atención y la acción deliberada, e hipofrontales, en los que la sensación del yo se apaga porque se apaga la zona que sostiene esa identidad. «La capacidad de explicar este fenómeno es la que ha cambiado.» Otra cosa es cuánta gente quiere la versión compleja: «es más fácil seguir hablando de energía».

Misma receta con la luz azul. El ojo humano evolucionó para que la luz visible nos mantenga despiertos; al caer la luz se segrega melatonina y «a mayor concentración de melatonina más sueño, a menos concentración de melatonina estamos más despiertos». La luz azul frena esa producción, y ya está. «Y así se puede reducir el nivel de explicación sin perder el rigor científico».

El cerebro injodible

Al ideal de cerebro bien gestionado lo llaman, sin eufemismos, el cerebro injodible. Osman lo ordena en cinco necesidades biológicas: querer, saber, poder, tener y pertenecer a algo más grande. Entender de dónde salen es lo que da margen: «tenemos mayor margen de maniobra para poder elegir un estilo de vida, conductas, y hábitos». Trucos, sí, aunque «la palabra hacking, la detesto». Lo que no venden son rutinas, ni la mañana de Bill Gates que cuenta un canal de YouTube: «te vamos a dar información para que tú conozcas tu cerebro que es tuyo que es único y que es diferente al mío». Sobre esa idea montan lo demás: guías cortas, un curso, formación para empresas y un servicio individual de tres meses en el que hacen de entrenadores personales de cerebro.

Para llevarse a casa

Ignacio recomienda dos libros: Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, clásico de habilidades sociales, y La marca de Dios, sobre cómo la Iglesia levantó su marca siendo probablemente la empresa más antigua del mundo. Osman tira de cine: El origen (2010), de Christopher Nolan; el capítulo La mente explicada de la serie divulgativa de Netflix; y Black Mirror.

De los enlaces que dejaron en su día, el único que sigue en pie es su cuenta de TikTok: la web del proyecto y el canal de YouTube ya no responden.

Lo que te llevas

  • El cerebro no es software: procesa información porque es un órgano biológico, y las analogías informáticas se quedan cortas.
  • El aumento de los problemas de salud mental se explica en buena parte porque diagnosticamos más y hemos creado etiquetas nuevas, no solo porque haya más casos.
  • Dormir, comer, moverse, tomar algo de sol, socializar e hidratarse son variables neurológicas, no consejos de revista.
  • Quien sabe cómo funciona tu cerebro puede explotarlo: la economía de la atención vive de distorsionar la realidad para que hagas clic.
  • El yoga y la meditación producen efectos reales y medibles; lo que ha cambiado con el tiempo es el lenguaje con el que se explican.
  • La luz azul de las pantallas retrasa el sueño porque frena la melatonina, y eso se explica sin misticismo y sin perder rigor.
  • Copiar la rutina de un famoso no sirve: lo que funciona es entender tu propio cerebro y diseñar la tuya.

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