Volumen 073 · Frogmación Podcast

Ser CEO de una empresa no es nada fácil

Por Juan Gabriel Gomila • • 14 min de audio

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Episodio 073: Ser CEO de una empresa no es nada fácil

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Momentos clave

Un estudiante le escribió acusándole de haber dejado de trabajar para dedicarse a viajar, y Juan Gabriel Gomila dedica el episodio a contestarle con datos y con su propia historia. Te llevas el método concreto con el que calculó cuánto necesitaba ganar para dejar un sueldo de más de 3.000 euros, y un inventario honesto de lo que ocupa el día de quien dirige una empresa de formación.

La queja que enciende el episodio

Un estudiante le escribe frustrado para decirle que, desde que existe la plataforma, ha dejado de grabar y de atender a su gente. Ese mensaje es el punto de partida de todo el episodio.

«ya no grabas vídeos, ya no subes nuevos cursos, no creas material, no te preocupas de tus estudiantes y solo te preocupas de viajar y de disfrutar y de vivir la vida»

Los números que desmienten el reproche

Responde con producción: vídeos grabados en lo que va de 2023, quince episodios más de podcast que la temporada anterior y una ruta entera de trading algorítmico con otros instructores.

«Desde el principio del año 2023 he grabado cerca de 1200 vídeos»

El sueldo fijo que dejó atrás

Antes de emprender era directivo en una empresa de videojuegos, con equipo a cargo, horario de oficina y un sueldo que superaba con holgura los 3.000 euros. Podía haberse quedado.

«podría haberme quedado, pero vivía el sueño de otro»

La balanza entre tiempo y dinero

Su marco de decisión es una balanza de dos platos: el tiempo que dedicas a la vida y el dinero que ingresas. Subir uno suele bajar el otro, y hay que elegir a cuál renuncias.

«es una balanza que normalmente a la que uno sube el otro tiende a bajar»

Las cuentas antes de saltar

No se lanzó al vacío: sumó luz, móvil, wifi y comida hasta saber su mínimo mensual. En sus condiciones de 2015, viviendo aún en casa de sus padres, el número era muy bajo.

«con ganar entre 600 y 700 euros al mes, podía vivir perfectamente, no necesitaba más»

Soltar la liana da miedo

Reconoce que emprender asusta porque nadie te garantiza nada. Aun así soltó, y el cambio de perspectiva es lo que le permitió dejar de vivir frustrado.

«tú no sabes si va a ir bien, yo no sabía si iba a ir bien, yo no sabía si la gente iba a comprar mis cursos»

El trabajo invisible de dirigir

Enumera lo que de verdad ocupa su semana: facturas, informes, reparto de ganancias, reuniones con instructores y equipo de marketing, calendario de lanzamientos y consultoría para el sector.

«llevar una empresa significa hacer muchas cosas, significa hacer facturas cada mes, significa hacer informes trimestrales»

Ni arrepentimiento ni glamour

No se arrepiente de haberse ido: en la empresa se sentía un mercenario haciendo una labor que no le encajaba. Y aclara que casi todos sus viajes son de trabajo.

«marcharme de la empresa es lo mejor que pude haber hecho, porque allí me sentía un mercenario»

El episodio, en profundidad

El episodio 73 de Frogmación no tiene invitado: tiene una queja. Juan Gabriel Gomila cuenta que unas semanas antes de grabar le escribió un estudiante, frustrado y casi indignado, para reprocharle que desde que lanzó la plataforma se había desentendido de todo: «ya no grabas vídeos, ya no subes nuevos cursos, no creas material, no te preocupas de tus estudiantes y solo te preocupas de viajar y de disfrutar y de vivir la vida». La respuesta ocupa el resto del episodio, y no va de justificarse: va de contar, con números y con la historia de cómo se fundó Frogames, qué hace en realidad quien dirige una empresa cuando ya no está delante de la cámara.

Primero, el desmentido con cifras

Antes de la reflexión, los datos. «Desde el principio del año 2023 he grabado cerca de 1200 vídeos», dice. El podcast no ha parado de crecer y suma quince episodios más que la temporada anterior. Se ha publicado una ruta completa de Trading Algorítmico, diez u once cursos hechos con otros instructores: cita a Carlos Bastida, a Pedro Daniel Alcalá y a Alain Nicolás. A eso suma rutas que se actualizan, dudas que se responden cada día y directos mensuales. Su conclusión es la contraria a la del mensaje: ha sido el año que más han trabajado, con diferencia.

El sueldo que dejó sobre la mesa

De ahí arranca el tema de verdad, el que da título al episodio: «es muy diferente el tener un trabajo fijo con un sueldo más o menos fijo que el dirigir tu propia empresa». Cuando trabajaba en la empresa de videojuegos era directivo, llevaba un equipo de desarrollo, tenía horario de nueve a cinco y se lo pasaba bien con su gente. Y cobraba: «tenía un muy buen sueldo, superaba a los 3.000 euros mensuales con creces».

Podía haberse quedado ahí, desconectar al salir de la oficina. Lo resume en la frase que es el eje del episodio: «podría haberme quedado, pero vivía el sueño de otro». En 2015 dejó el trabajo y el mundo de los videojuegos para grabar cursos online, primero en la plataforma de Udemy y después grabando cursos con Platzi, hasta lanzar Frogames Formación poco más de un año antes de esta grabación.

La balanza: tiempo contra dinero

El marco con el que explica la decisión es sencillo y sirve para cualquiera. Hay dos factores enfrentados: el tiempo que inviertes —en el trabajo, en la familia, en la pareja, en los amigos, en socializar— y el dinero que ingresas. «es una balanza que normalmente a la que uno sube el otro tiende a bajar». Si ganas mucho, lo normal es que el puesto te exija más horas y más esfuerzo, y que llegues a casa sin ganas de salir a cenar con nadie. Y al revés.

Las cuentas que hizo antes de saltar

La parte más útil del episodio es la más prosaica. Su plan no fue lanzarse al vacío, sino calcular el suelo: «me puse a pensar exactamente eso, cuánto tengo que gastar al mes». Fue sumando la factura de la luz, el teléfono móvil, el wifi, la comida, y restando lo que podía ahorrarse viviendo todavía en casa de sus padres o llegando a un acuerdo con ellos para pagarles una parte. El resultado, en sus condiciones de 2015: «con ganar entre 600 y 700 euros al mes, podía vivir perfectamente, no necesitaba más». Lo que pasara de ahí ya era para otros lujos: cambiar de móvil, salir a cenar con su pareja.

Además tenía un colchón de ahorros con el que habría aguantado año y medio o dos años sin trabajar, aunque estaba destinado a reformar una casa. Y tampoco cortó de golpe: cogió unas horas como profesor asociado en la universidad —seis horas a la semana por unos cuatrocientos y pico euros— y trabajos de consultoría y asesoría durante varios meses en la propia empresa que dejaba. «por tanto no me fui a cero cero cero cero».

Soltar la liana

La imagen que usa es la de quien suelta una liana bien atada al dinero para agarrar otra que le da tiempo. Y reconoce el miedo sin adornarlo: «tú no sabes si va a ir bien, yo no sabía si iba a ir bien, yo no sabía si la gente iba a comprar mis cursos». Lo hizo igual, y el balance es claro: «pero solté la liana, y al soltar la liana, esto me dio opción a ver el mundo de otra perspectiva». La frustración de salir a las cinco de la oficina porque algo de la cadena de producción no había salido a tiempo dio paso a poder dedicarse a lo que le gustaba.

Del hombre orquesta a la gestión

El principio fue artesanal: «empecé siendo el hombre orquesta literalmente». Grababa los cursos, los editaba, los publicaba y los promocionaba; incluso repartía flyers en persona para anunciar sus cursos online. Con el tiempo se le fueron uniendo instructores —nombra a María, a Alain y a Pedro—, aquello dejó de ser el proyecto de una sola persona para convertirse en un ecosistema, nació el nombre, se fundó la empresa y él pasó a ser director ejecutivo.

Y ahí cambia el trabajo. Grabar cursos era grabar y publicar, una y otra vez. Ahora «cuando trabajas con otros instructores, te tienes que reunir con ellos, tienes que coordinar»: decidir qué curso sale y cuándo, revisar cuál ha funcionado y cuál no, montar un equipo de marketing y redes sociales, decidir cuánto dinero se invierte en publicidad, abrir colaboraciones con universidades, dar charlas. La lista es larga y poco fotogénica: «llevar una empresa significa hacer muchas cosas, significa hacer facturas cada mes, significa hacer informes trimestrales», más el reparto de ganancias con los colaboradores, los correos, los directos mensuales y cuadrar el calendario para que no salgan dos cursos la misma semana ni pasen cinco semanas sin ninguno. Del tiempo que antes dedicaba a grabar, solo una parte sigue yendo a grabar; la mayoría se va en gestión y en marca. Hasta probar los lanzamientos de videojuegos de la semana es trabajo: sigue haciendo consultoría para empresas del sector.

Ni glamour ni arrepentimiento

Sobre los viajes es tajante: «el 95, 98% de las veces es por trabajo», aunque por fuera parezca todo ocio y disfrute. Sigue dando conferencias, organizando y presentando la empresa al resto del mundo. Y sobre la decisión de 2015 no le queda ninguna duda: «marcharme de la empresa es lo mejor que pude haber hecho, porque allí me sentía un mercenario». Lo explica sin acritud: «mercenario en el sentido de que se me pagaba para hacer una labor, pero era una labor que no compaginaba al 100%». Le gustaban los videojuegos, pero no ese tipo concreto de videojuegos. De aquel proyecto en solitario a hoy: más de 600.000 estudiantes en todo el mundo y más de 160 cursos.

El cierre es una doble petición de perspectiva. Una, que «el tiempo y el dinero siempre van a estar enfrentado» y que a uno de los dos habrá que renunciar. Y dos, que cuando alguien se presente como director ejecutivo está muy bien darle la mano, pero conviene recordar que «es un gestor que hace muchas más tareas que a veces pasan desapercibidas».

Lo que te llevas

  • Antes de emprender hay que calcular el suelo: cuánto necesitas gastar al mes para no perder dinero. En 2015 su número fueron 600-700 euros.
  • No hace falta cortar de golpe: combinó horas de profesor asociado en la universidad y consultoría para la empresa que dejaba mientras arrancaba el proyecto.
  • El tiempo y el dinero funcionan como una balanza: subir uno tiende a bajar el otro, y emprender es elegir conscientemente qué plato prefieres.
  • Dejó un sueldo de más de 3.000 euros y un puesto de directivo porque estaba viviendo el sueño de otro, no el suyo.
  • Al crecer la empresa, la mayor parte del tiempo deja de ser grabar cursos y pasa a ser gestión, coordinación de instructores, marketing y marca.
  • Ser director ejecutivo no es viajar: son facturas mensuales, informes trimestrales, reparto de ganancias y un calendario de lanzamientos que cuadrar.
  • El balance en cifras del proyecto: más de 600.000 estudiantes y más de 160 cursos, partiendo de un hombre orquesta que repartía flyers.

Enlaces del episodio

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