Momentos clave
Tras una temporada entera hablando de trabajo, Juan Gabriel Gomila dedica el último episodio a la familia y empieza reconociendo que él es el primero que la ve poco. Te llevas una cuenta muy sencilla de las 24 horas del día que explica por qué no queda tiempo para nadie, y una tarea concreta para cuando termines de escuchar: coger el teléfono.
La pregunta con la que abre
El episodio arranca preguntando cuándo fue la última vez que diste las gracias a alguien de tu familia. No es retórica: es el marco de los seis minutos que vienen después.
«Cuando fue la última vez que diste las gracias a tu padre, a tu madre, a tu tía, a tu abuela o a alguien de tu familia»
El WhatsApp de buenos días no cuenta
Se adelanta a la excusa fácil: un mensaje o una foto por la mañana no es contacto familiar. Lo que pide es sentarse, comer juntos y contarles en qué andas trabajando.
«sino realmente a sentarte, hablar con ellos, a explicarles tu trabajo como te ha ido y qué cosas estás haciendo»
Se pone a sí mismo de ejemplo
Reconoce que él lo hace poco: más allá del WhatsApp diario, alguna comida de fin de semana y las fechas clave, su interacción familiar es escasa. Lleva dándole vueltas desde su último viaje.
«Me tengo que aplicar más el cuento»
La cuenta de las 24 horas
Quita ocho horas de sueño, ocho de trabajo, una de prepararse por la mañana y una de ir y volver. Suma la compra, la comida y las redes sociales y comprueba lo que sobra.
«cuánto tiempo nos queda al final para nuestra familia, para nuestros amigos»
Emprender rompe la cuenta
Para quien trabaja por su cuenta la pregunta no son las ocho horas, sino cuántas está conectado y disponible. Los fines de semana se van en dudas, correcciones y fallos de la plataforma, con el compromiso de responder en menos de 24 horas.
«respondemos dudas y aclaramos, corregimos tareas, cuestionarios»
Los amigos del trabajo no valen de coartada
Aborda la objeción de quien dice que sus amigos son sus compañeros: por muchas cervezas que haya, la conversación vuelve al trabajo y la cabeza no llega a desconectar.
«suele ser difícil de separar el mundo laboral del mundo personal»
La tarea: coger el teléfono
El episodio termina en encargo. Llamar a tu padre o a tu madre y pasarte a comer o a tomar un vino; si vives lejos, una videollamada con una copa cada uno, como en pandemia.
«por tanto esto es una llamada de acción a todos vosotros»
Mente sana, cuerpo sano y relaciones sanas
Reformula el tópico latino añadiéndole una tercera pata: la comunicación y las relaciones también se entrenan. Estar peleado solo genera malos rollos y distancia.
«hay que trabajar la mente, hay que trabajar el cuerpo, pero también hay que trabajar la comunicación, las relaciones interpersonales con familia y con amigos»
El episodio, en profundidad
La segunda temporada de Frogmación se ha ido casi entera en hablar de trabajo, y Juan Gabriel Gomila decide cerrarla con lo contrario. El episodio 74 no tiene invitado ni tema técnico: son seis minutos sobre la familia, y arranca con una pregunta incómoda a bocajarro. «Cuando fue la última vez que diste las gracias a tu padre, a tu madre, a tu tía, a tu abuela o a alguien de tu familia». A partir de ahí, todo el episodio es un ejercicio de cuentas y una llamada a hacer algo concreto al terminar de escucharlo.
El WhatsApp de buenos días no cuenta
La pregunta de verdad no es si hablas con tu familia, sino cuándo fue la última vez que comiste y disfrutaste de una comida con ellos. Y se adelanta a la trampa: no vale mandar un mensaje ni una foto por la mañana, «sino realmente a sentarte, hablar con ellos, a explicarles tu trabajo como te ha ido y qué cosas estás haciendo».
Lo interesante es que no lo dice desde el púlpito. Se pone a sí mismo como primer ejemplo del problema: reconoce que lo hace poco y que «Me tengo que aplicar más el cuento». Es algo a lo que le da vueltas desde que volvió de su último viaje, enlazando con lo que contaba en el episodio anterior sobre lo mucho que trabaja un director ejecutivo y lo poco que se ve ese trabajo desde fuera. Su inventario de interacción familiar es honesto y probablemente familiar para quien escucha: el WhatsApp diario de hola qué tal, buenos días y buenas noches; alguna comida de fin de semana; alguna entre semana; fechas clave, cumpleaños, aniversarios. Y poco más.
El argumento de fondo lo resume en una frase que es casi una obviedad hasta que la dices en voz alta: «somos quienes somos gracias a nuestros ancestros, a nuestros padres». Sin ellos no estaríamos aquí, no tendríamos un curro ni una profesión ni seríamos quienes somos.
La cuenta de las 24 horas
La parte más útil del episodio es aritmética pura, y no necesita ninguna teoría de productividad. Empieza preguntando cuántas horas dedicas de verdad a trabajar: si son ocho o son más, y si esas ocho horas son de trabajo real o de estar sentado en una silla en el caso de que trabajes por cuenta ajena.
Después hace el reparto del día entero. De las 24 horas quita las ocho hipotéticas de dormir y quedan 16. De esas 16, otras ocho se van a trabajar y quedan ocho. Pero de esas ocho hay que descontar una para levantarse, asearse, prepararse y desayunar; media hora para ir al trabajo y otra media para volver, con lo que ya van dos horas fuera. Y todavía falta la compra, hacer la comida, las necesidades básicas y el rato de redes sociales. La pregunta que deja colgando es la que da sentido al episodio: «cuánto tiempo nos queda al final para nuestra familia, para nuestros amigos». Su diagnóstico previo ya lo avisa: «la división entre ocio, trabajo, familia y demás, suele ser complicada».
Y si trabajas por tu cuenta, peor
El cálculo anterior es el del empleado. Para quien es autónomo o emprendedor —cita como ejemplos a María y a sí mismo— la cuenta se rompe directamente: no son ocho horas, sino cuántas horas estás conectado y cuántas estás disponible, que suelen ser muchísimas más. Y el fin de semana también entra: describe la rutina del equipo de Frogames Formación, que se pasa los sábados y domingos «respondemos dudas y aclaramos, corregimos tareas, cuestionarios», además de cualquier fallo de la plataforma o de alguien que no sepa cómo avanzar. El compromiso que se han puesto es contestar más o menos el mismo día, en menos de 24 horas, para que siempre haya alguien al otro lado.
El coste de ese compromiso es exactamente el que está contando: el rato de cocina en familia, el buen plato compartido, la paella o la lechona que es tan típica en Mallorca.
Tus amigos del trabajo siguen siendo del trabajo
Hay una objeción evidente y la aborda de frente. «Hay mucha gente que dice que sus amigos son sus compañeros de trabajo», y si ese es el caso, la pregunta es cuándo es capaz tu cabeza de desconectar de verdad. Por mucho que salgáis a tomar unas copas o unas cervezas, «acabaréis hablando de cosas de trabajo» o de cosas relacionadas con él. Su conclusión: «suele ser difícil de separar el mundo laboral del mundo personal».
La llamada de acción, literal
Aquí el episodio deja de ser reflexión y se convierte en una tarea. «por tanto esto es una llamada de acción a todos vosotros»: al terminar el podcast, coger el teléfono y llamar a tu padre o a tu madre. Oye, qué haces, estás por casa. Si vives cerca —como él, que vive relativamente cerca de casa de sus padres—, pasarte a tomar un vino, a comer o a cenar, llevándolo tú.
Y si vives lejos, en otro país o donde ir a tomar una copa no es tan fácil, la alternativa es una videollamada como en los tiempos de pandemia, con una copita cada uno en la mano: compartir buenos momentos y «preguntarle qué tal les ha ido el día, como están, qué han estado haciendo». Sirve incluso el tema más tonto para arrancar, como qué serie de Netflix se está viendo o cuál te recomienda. Y da permiso para echarle la culpa a él: puedes contarles que les llamas porque te lo ha recomendado «algún engendro detrás de la cámara» de un podcast de formación.
Mente sana, cuerpo sano y relaciones sanas
El cierre reformula un tópico muy antiguo, el de la mente sana en el cuerpo sano, para meterle una tercera pata: «hay que trabajar la mente, hay que trabajar el cuerpo, pero también hay que trabajar la comunicación, las relaciones interpersonales con familia y con amigos». Las laborales también, claro, porque el pan hay que ganarlo cada día y hacen falta ingresos. Pero el aviso va sobre las familiares: estar peleado no produce nada más que malos rollos, distancias cada vez mayores y frustración acumulada.
De ahí engancha con el episodio siguiente, que anuncia para la semana siguiente y que va sobre que «todo el mundo merece una segunda oportunidad». Merece la pena señalar una rareza: presenta este 74 como el último episodio de la segunda temporada y, un minuto después, sitúa ese cierre en el episodio de la semana que viene.
Lo que te llevas
- El contacto familiar por WhatsApp no sustituye a sentarse a comer con ellos y contarles a qué te dedicas.
- La cuenta del día es implacable: 24 horas menos 8 de sueño y 8 de trabajo dejan 8, y entre prepararse, ir y volver, la compra y las redes casi no queda nada.
- Si eres autónomo o emprendedor la pregunta no es cuántas horas trabajas, sino cuántas estás conectado y disponible, fines de semana incluidos.
- Tener a tus compañeros de trabajo como amigos no resuelve la desconexión: la conversación acaba volviendo al trabajo.
- La acción concreta que propone es llamar hoy y quedar en persona; si hay distancia, una videollamada con una copa cada uno funciona igual.
- A la mente sana y el cuerpo sano hay que sumarles la comunicación y las relaciones interpersonales, que también se trabajan.
- Estar peleado con la familia solo produce malos rollos, más distancia y más frustración.