Volumen 087 · Frogmación Podcast

Entrevista a Ricardo Celis; El programador y empresario que ¡Nunca Para de Aprender!

Por Juan Gabriel Gomila • • 47 min de audio

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Episodio 087: Entrevista a Ricardo Celis; El programador y empresario que ¡Nunca Para de Aprender!

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Momentos clave

Ricardo Celis fue el course director de Platzi que llevó a Juan Gabriel a grabar en Barcelona, México y Colombia. En este episodio cuenta cómo entró en la plataforma contestando un post en Facebook, por qué se fue estando arriba y qué mira antes de repetir con un profesor. Te llevas criterio para enseñar, para cambiar de trabajo y para no idealizar la universidad.

Cuando nadie sabía que esto daba de comer

Ricardo descubre la programación a través de un podcast pionero en español sobre desarrollo web y emprendimiento. El obstáculo no era el talento, sino no saber que los bancos y las grandes empresas contrataban desarrolladores. Juan Gabriel lo confirma con su charla de 2017 en una universidad de Bolivia.

«a mí siempre me llamó la atención programar desde que lo descubrí»

Del subtitulado al equipo de educación de Platzi

Consiguió su primer trabajo en Platzi contestando un post en Facebook y entró como subtitulador de cursos técnicos. A los pocos meses pivotó al equipo de educación, donde estuvo unos seis años y medio, y acabó grabando cursos porque levantó la mano cuando hizo falta.

«antes eran menos piezas en el rompe cabezas»

Realidad virtual en un solo día en Barcelona

En 2018 el equipo de Platzi grabó tres o cuatro cursos en una semana en un Airbnb de Barcelona. El de realidad virtual se preparó en una mañana y se grabó de una tajada hasta medianoche, con unas gafas que ninguno de los dos había usado nunca y que llenaban la habitación de cables.

«fue en un solo día y fue un curso muy pionero»

Qué mira antes de repetir con un profesor

El feedback de los estudiantes pesa, pero no lo es todo. Ricardo busca a quien sabe descomponer lo complejo y mantener enganchada a la gente, algo que no siempre acompaña a la inteligencia técnica. Juan Gabriel explica su propio filtro y el reparto económico de Frogames.

«hay gente muy buena, muy talentosa, que de pronto, no lo logran frente a cámara»

Irse estando arriba: taquería y fintech

Dejó Platzi sin ningún conflicto, por ganas de crear cosas propias. Primero abrió una taquería en Bogotá y, con el negocio en marcha, entró como líder técnico en una fintech que quiere que las remesas y las finanzas de Centroamérica quepan en el móvil.

«agarrar todo esta experiencia a tener un lienzo en blanco y empezar de nuevo»

Enseñar observabilidad y luego vivirla

Había grabado en Platzi un curso de observabilidad con New Relic y hoy la vive en producción con Datadog, entre despliegues continuos y bugs que frenan cada salida. La teoría que explicaba en cámara se le ha vuelto el día a día del trabajo.

«manejar todas sus finanzas desde una sola aplicación»

Tres años y a otra cosa

Su consejo es no estancarse más de tres o cuatro años en el mismo sitio: aprendes, pruebas, destacas y toca buscar otro terreno. Lo matiza en seguida, porque a quien le gusta la tranquilidad también le vale su camino.

«cada empresa nueva es una hoja en blanco»

La universidad, sin idealizarla

Ricardo recuerda al profesor que se tomó a mal una corrección educada y le contestó con un reproche personal. Aun así no reniega: lo técnico caduca rápido, pero la forma de pensar de algunos profesores y la parte social le siguen sirviendo.

«hay que sacarle el jugo a las cosas buenas»

El episodio, en profundidad

El invitado del episodio 87 de Frogmación es, en palabras del propio Juan Gabriel Gomila, el culpable de que acabara dando clase en Platzi. Ricardo Celis fue durante años su course director allí: quien decide qué cursos se graban, con quién y cómo. Se conocieron trabajando, coincidieron en Barcelona, México y Colombia y acabaron siendo amigos. La conversación recorre sus tres vidas profesionales: educador, emprendedor y líder técnico.

Empezar cuando nadie sabía que esto era un trabajo

Ricardo nació en una ciudad pequeña de México y desde muy joven tuvo claro por dónde quería tirar: quiero hacer videojuegos. La vida lo llevó por otros caminos, siempre dentro de la tecnología. Su puerta de entrada fue un podcast pionero en español, hecho por gente muy metida en el emprendimiento y el desarrollo web mexicano, que le descubrió el mundo que había alrededor de las páginas web y las aplicaciones móviles. Su resumen es corto: "a mí siempre me llamó la atención programar desde que lo descubrí".

El problema de la época no era el talento, sino la información: nadie sabía que los bancos y las grandes empresas necesitaban desarrolladores. Juan Gabriel lo vivió en su primer viaje a Latinoamérica, en 2017: dio una charla en una universidad de Bolivia y nadie del público imaginaba que se pudiera vivir de hacer videojuegos.

No es nostálgico con aquello: admite que hoy los puestos están más competidos y que hay mucha más tecnología que tocar para hacer lo mismo ("antes eran menos piezas en el rompe cabezas"), pero su conclusión no deja dudas: "es un muy buen momento para empezar".

De subtitular cursos a montar el equipo de educación de Platzi

Su entrada en Platzi fue tan poco protocolaria como su época: contestó un post en Facebook y alguien le puso en contacto con quien llevaba el reclutamiento. Entró de subtitulador de cursos técnicos, porque entendía de programación, y a los pocos meses le propusieron pasar al equipo de educación. Allí estuvo unos seis años y medio, desde los veinticuatro. Llegó a grabar sus propios cursos casi por accidente: falló una grabación, hacía falta un curso de algoritmos y él levantó la mano. Platzi era entonces una startup en pañales, y eso tuvo una ventaja que subraya varias veces: nunca lo encerraron en un rol.

Barcelona, 2018: realidad virtual grabada de una tajada

La anécdota que mejor resume aquella etapa es la semana que el equipo de grabación de Platzi pasó en un Airbnb de Barcelona: tres o cuatro cursos en siete días. El de realidad virtual se preparó en una sola mañana y se grabó al día siguiente, festivo en la ciudad, hasta las doce de la noche. Ninguno de los dos había usado nunca aquellas gafas: caras, aparatosas y con tanto cable que aquello parecía "sacado de la película de Matrix". Aun así, el curso terminaba enseñándote a pelear con un dragón. Ricardo lo recuerda como lo que era: "fue en un solo día y fue un curso muy pionero". Esa línea de trabajo sigue viva en el Máster en Realidad Virtual con Unity.

De aquellos cursos todavía le llega el eco: alumnos que le escriben cinco o seis años después preguntándole por dónde seguir. Como dice Ricardo, en realidad virtual poco ha cambiado desde entonces, así que aquel material sigue vigente.

Qué mira un course director antes de repetir con un profesor

Juan Gabriel le hace la pregunta incómoda, porque Ricardo ha sido el único course director que ha tenido: ¿por qué grabaste conmigo y, sobre todo, por qué repetiste dos y tres veces? La respuesta mezcla el feedback de los estudiantes con algo menos medible. "hay gente muy buena, muy talentosa, que de pronto, no lo logran frente a cámara", dice. Lo que busca es la capacidad de partir "un tema complejo en temas que sean mucho más simples de entender" y de lograr "que las personas se mantengan como enganchadas".

La pregunta viaja de vuelta. Juan Gabriel no le cierra la puerta a nadie con ganas de enseñar en Frogames Formación, pero antes hace de coach (grábate una clase, escúchate) y va dando feedback: hay quien saca su primer curso enseguida y quien no lo termina en un año. En lo económico, la plataforma se queda un 30% para cubrir costes y el resto es del profesor, más un reparto por consumo en la suscripción.

La taquería, la fintech y el lienzo en blanco

Estando en lo más alto de esa carrera, Ricardo se fue de Platzi. No por mal ambiente (sigue en buena relación con todo el mundo), sino por dos ganas simultáneas: volver a la tecnología y montar algo suyo. Lo suyo fue una taquería en Bogotá, la ciudad donde vive, y abrir un restaurante resultó dar para cinco episodios más, bromean. Su forma de contar el salto vale para cualquiera que esté dudando: fue "agarrar todo esta experiencia a tener un lienzo en blanco y empezar de nuevo".

Con la taquería en marcha, entró como líder técnico en una fintech centrada en Centroamérica, una región que recibe muchas remesas. El objetivo es que la gente pueda cobrarlas y "manejar todas sus finanzas desde una sola aplicación", sin pisar un banco. Ahí se cierra un círculo: había grabado en Platzi un curso de observabilidad con New Relic y ahora la vive en producción con Datadog, entre despliegues continuos y bugs que bloquean cada salida. Lo dice sin adornos: "todo lo que yo enseñaba teóricamente ahora lo estoy viviendo prácticamente".

De ahí sale su consejo más práctico: no quedarse más de tres o cuatro años en el mismo sitio, porque "cada empresa nueva es una hoja en blanco". Con un matiz honesto: si lo tuyo es la tranquilidad, también vale.

Lo que de verdad se lleva uno de la universidad

El episodio dedica un buen rato a la formación reglada, y los dos tienen cicatrices. Ricardo cuenta que una vez le señaló a un profesor, con toda la educación del mundo, un error en una ecuación, y la respuesta fue un reproche personal por estar en el club de robótica. Aquello acabó con el jefe de área dando la asignatura por terminada. Su diagnóstico es tibio a propósito: "el profesor como que no recibía el feedback".

Aun así no reniega de ella. Avisa de que lo técnico "es más probable que quede deprecado o quede atrasado rápidamente y es triste, pero es real", y de que lo que perdura es otra cosa: la parte social y la forma de pensar de dos o tres profesores concretos, como la profesora de cálculo que le retó a demostrar por qué algo era como era. Por eso remata: "hay que sacarle el jugo a las cosas buenas". Y reivindica el networking genuino, sin cálculo: "si tienes la oportunidad de estar en un trabajo donde vas a conocer gente donde vas a hacer el famoso networking que lo hagas".

Un trueque en directo, un libro y una serie

El final del episodio se convierte en un acuerdo. Ricardo trabaja hoy con React Native y necesita aprender Swift: cuando aparece un problema nativo en la app tienen que buscar ayuda fuera. Juan Gabriel, que estaba terminando de grabar su curso de iOS 17 (34 horas de vídeo y 264 clases cuando lo hablan), le ofrece la ruta de Swift de Frogames a cambio de un curso de React Native para la plataforma. "eso es un win", zanjan.

Y las recomendaciones de cierre: la saga Dune, que acababa de leerse; el libro Pattern on the Stone, sobre las ideas simples que hacen funcionar un ordenador; y One Piece, que Ricardo decidió por fin ver entera y sin relleno.

Lo que te llevas

  • Entrar en el sector no siempre depende del currículum: su primer trabajo salió de contestar un post en una red social y hablar con la persona adecuada.
  • Trabajar en una startup pequeña (Platzi lo era cuando entró) permite cambiar de rol; ser proactivo cuando algo falla es lo que le abrió la puerta a grabar sus propios cursos.
  • Un buen profesor online no es el que más sabe, sino el que descompone lo complejo en piezas simples y mantiene enganchado al alumno frente a cámara.
  • Enseñar una tecnología y luego usarla en producción son cosas distintas, y la segunda le da sentido a la primera.
  • Tres o cuatro años en el mismo sitio suelen bastar para agotar el aprendizaje, aunque quien valore la tranquilidad tiene derecho a quedarse.
  • De la universidad lo técnico caduca; lo que dura es la gente, la red de contactos y la forma de pensar que te contagian dos o tres profesores.

Enlaces del episodio

¿Quieres aprender esto en serio?

El curso del que se habla en este episodio: Máster en Realidad Virtual con Unity.