Ver el episodio
Momentos clave
María José Hidalgo lleva cinco años dedicada en exclusiva a la accesibilidad web y explica por qué casi nadie la aplica: no la pide nadie porque no conocemos a quien la necesita. En 21 minutos repasa qué se toca de verdad en una web, qué multas hay sobre la mesa y cuánto se tarda en aprenderlo.
Del diseño web a la accesibilidad
María José hizo un título en desarrollo de aplicaciones y abrió su primer negocio de diseño web hace unos diez años. Cinco años después se especializó con un curso de la Universidad de Alicante y montó el negocio de accesibilidad que lleva hoy.
«yo soy una gran apasionada de las nuevas tecnologías, y también siento curiosidad por cómo ayudar a la gente que lo necesitan en especial las personas con discapacidad»
El tema le tocaba de cerca
Una prima de su madre tiene síndrome de Down y un tío paterno se quedó ciego por la diabetes. Juan Gabriel le señala que sin ese vínculo personal la accesibilidad rara vez es el primer foco de nadie.
Formación reglada frente a formación propia
Lo suyo no fue un título oficial, sino un curso para tener base y poder seguir avanzando. Hoy el catálogo de especialidades formativas en España ya incluye accesibilidad, y ella actualiza a mano el material que imparte en varios centros.
«Quiero que mis alumnos se vean lo más actualizado.»
Qué hay dentro del curso
Beneficios, tipos de usuario y tecnologías de apoyo, diseño siguiendo las pautas y accesibilidad en documentos electrónicos. Cada tema cierra con práctica y el último es el examen: evaluar la accesibilidad de un sitio web.
«el alumno dispone de una actividad práctica»
La ley, la multa y el empleo
La ley española penaliza a las empresas sin web accesible, sobre todo a la administración pública y a las grandes empresas de servicios esenciales. Recuerda una multa de 90.000 euros y sostiene que formarse abre más puertas laborales.
Una minoría de 1.300 millones
Achaca la falta de concienciación al estigma sobre el colectivo. Cita un informe de la OMS con unos 1.300 millones de personas con algún tipo de discapacidad, en torno al 16% de la población mundial.
«Sí, es una minoría.»
Qué se toca en una web accesible
Tipografía sin serifas, tamaño y espaciado generosos, compatibilidad con lectores de pantalla, navegación por teclado y control de las animaciones. El nivel de referencia del W3C es el AA, y el triple A el más exigente.
«puede perjudicar a las personas con epilepsia o que sufren migrañas»
Un mes para añadirlo al portfolio
Calcula un mes de trabajo, menos si ya vienes del diseño web, porque en gran parte es retocar código existente. Juan Gabriel lo compara con saber algo de marketing cuando programas: un complemento que diferencia el currículum.
«Yo calculo que un mes, por lo menos.»
El episodio, en profundidad
La accesibilidad web lleva años en el orden del día y sigue siendo lo primero que se cae de la lista de tareas. Juan Gabriel Gomila lo plantea sin rodeos al abrir el episodio 96 de Frogmación: «los desarrolladores somos unos puto vagos, que nos da pereza adaptar las webs». Enfrente tiene a María José Hidalgo, instructora de Frogames Formación y especialista en accesibilidad, que responde con el argumento que se oye en todos los equipos: no se hace porque no lo pide nadie, y no lo pide nadie porque no conocemos a quien lo necesita.
De un negocio de diseño web a un negocio de accesibilidad
María José se define así: «yo soy una gran apasionada de las nuevas tecnologías, y también siento curiosidad por cómo ayudar a la gente que lo necesitan en especial las personas con discapacidad». Hizo un título en desarrollo de aplicaciones y hace unos diez años abrió su primer negocio, dedicado al diseño web convencional. Cinco años después sintió una corazonada, se apuntó a un curso de especialización de la Universidad de Alicante y, un septiembre, montó el negocio de accesibilidad con el que trabaja hoy.
El interés no salió de la nada. Una prima de su madre tiene síndrome de Down y un tío paterno, ya fallecido, se quedó ciego por la diabetes. Juan Gabriel se lo señala: si el tema no te toca de cerca, no suele ser tu primer foco.
Reglada o no reglada: la pregunta de siempre
Cuando se le pregunta por el valor de la formación oficial, María José desactiva el debate. Lo suyo no era un título oficial, sino un curso pensado para tener la base suficiente y poder seguir avanzando después, porque en accesibilidad siempre hay cosas nuevas. Añade un dato que muchos no conocen: el catálogo de especialidades formativas en España ya está incorporando cursos relacionados con la accesibilidad. Ella imparte formación en varios centros y actualiza el material a mano: «Quiero que mis alumnos se vean lo más actualizado.»
Qué hay dentro del curso
El temario de su curso de Accesibilidad web, dentro de la ruta de programación web, arranca por los beneficios y por cómo afecta la falta de accesibilidad a los distintos tipos de usuarios y a las tecnologías de apoyo que usan. Sigue con el diseño web siguiendo las pautas de accesibilidad y termina con un bloque sobre documentos electrónicos, que ella subraya como igual de importante que las páginas.
La parte práctica está repartida: al final de cada tema «el alumno dispone de una actividad práctica» relacionada con lo que acaba de ver. El último tema es el examen de certificación y consiste precisamente en evaluar la accesibilidad de un sitio web real, que es la habilidad que luego se cobra.
La ley, las multas y el currículum
Hay una razón poco romántica para aprender esto: la ley española de accesibilidad web penaliza a las empresas que no tienen la web accesible, sobre todo a la administración pública y a las grandes empresas de servicios esenciales. María José recuerda que hace unos años una compañía se llevó una multa de 90.000 euros por no tenerla adaptada del todo.
De ahí que crea que quien se forma en accesibilidad tiene más opciones de trabajo que quien no. Cada vez se da más importancia a la inclusión, y no solo en el plano físico, también en el digital. El problema, dice, es de concienciación: «No nos damos cuenta de los obstáculos que pueden tener para ese tipo de personas.» Juan Gabriel le pregunta si es un problema español o global. «Yo creo que es global.»
Una minoría que no es tan pequeña
¿Por qué no hay concienciación? Porque es un colectivo estigmatizado, responde. Y porque es una minoría: «Sí, es una minoría.» Aunque los números invitan a matizar la palabra. Ella cita un informe de la Organización Mundial de la Salud según el cual unos 1.300 millones de personas en el mundo tienen algún tipo de discapacidad; en el audio los dos hacen la cuenta en voz alta y la dejan en torno al 16% de la población.
Además, la accesibilidad no beneficia solo a quien tiene una discapacidad reconocida. También a los mayores que van perdiendo visión y a cualquiera con una limitación temporal o de contexto: el ejemplo que pone es estar al sol con el portátil y no ver la pantalla porque el contraste de colores no da para tanto.
Qué se toca en la práctica
La lista de cambios concretos es más corta de lo que parece. Contenido fácil de leer. Tipografía sin serifas, porque ayuda a las personas con dislexia. Tamaño de letra generoso y espaciado suficiente. Compatibilidad con lectores de pantalla para personas invidentes. Navegación por teclado para quien tiene movilidad reducida y no puede usar el ratón. Y opciones que el propio usuario active: cambiar la paleta de colores, recorrer la web sin ratón, controlar las animaciones, porque una animación muy rápida «puede perjudicar a las personas con epilepsia o que sufren migrañas».
El estándar de referencia son las pautas de accesibilidad para el contenido web del W3C. El nivel mínimo que se persigue es el AA; el triple A es el más exigente y el que abre la web a más gente.
Tampoco es solo cosa de programadores. Los diseñadores gráficos y multimedia entran de lleno por el contraste de colores, el subtitulado de vídeo y la audiodescripción, y con ellos cualquiera que produzca contenido.
Un mes, calcula ella
¿Cuánto se tarda en dominarlo lo bastante para ponerlo en el portfolio? «Yo calculo que un mes, por lo menos.» Cuanto más camino tengas hecho en diseño web, más fácil te resultará: en buena parte es tocar código que ya existe, añadir etiquetas, cambiar la fuente, arreglar contrastes y tamaños.
Juan Gabriel lo compara con saber algo de marketing cuando programas: no es tu especialidad, pero enriquece el currículum y te diferencia. Y admite que a él la accesibilidad le pilló de nuevas, aunque tenga el ejemplo en casa: su padre tiene un porcentaje de visión muy bajo y «a veces coge el móvil y coge una lupa» en lugar de agrandar la fuente, porque no sabe que se puede. «Pero es un tema que no me había preocupado.»
El episodio se cierra con las recomendaciones de rigor. Ella propone el libro La piedra de toque, basado en hechos reales, sobre una persona con discapacidad que se sobrepone, y una serie turca sobre un médico autista que va sorteando los desafíos hasta convertirse en un médico reputado. Y con un empujón: «Yo les animo a todos a contribuir a este maravilloso mundo digital».
Lo que te llevas
- La accesibilidad no se aplica porque nadie la reclama, y nadie la reclama porque el equipo no conoce a quien la necesita.
- La ley española penaliza a las empresas sin web accesible, con foco en la administración pública y los servicios esenciales: hay una multa de 90.000 euros como precedente.
- Las pautas del W3C marcan el nivel AA como mínimo razonable y el triple A como el más exigente.
- Los cambios concretos son acotados: tipografía sin serifas, tamaño y espaciado, contraste, lectores de pantalla, navegación por teclado y control de animaciones.
- No es solo cosa de programadores: diseñadores gráficos y multimedia entran por contraste, subtitulado y audiodescripción.
- Con base de diseño web, un mes basta para manejarlo y sumarlo al portfolio como diferencial laboral.