Volumen 104 · Frogmación Podcast

Entrevista a Raúl García - Habilidades clave que nunca aprenderás en la universidad

Por Juan Gabriel Gomila • • 66 min de audio

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Episodio 104: Entrevista a Raúl García - Habilidades clave que nunca aprenderás en la universidad

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Momentos clave

Raúl García dirigió equipos de tecnología durante años sin saber programar, y ahí vio el problema: perfiles técnicos brillantes atascados por lo que nadie les había enseñado. En esta charla explica qué son las power skills, por qué se resiste a llamarlas blandas y por dónde se empieza a trabajarlas.

Un año programando y a dirigir equipos

Raúl García estudió un ciclo formativo de informática, no la carrera, y apenas duró un año escribiendo código. Enseguida le pusieron al frente de equipos de tecnología y ahí se quedó, montando comercio electrónico durante media vida.

«rápidamente me pusieron a dirigir equipos de tecnología»

Por qué power skills y no blandas

Le parece horrible traducir soft skills por habilidades blandas: resiliencia, empatía o resolución de conflictos no tienen nada de blandas. Y las trabaja desde quién eres tú, no desde lo que el mercado dice que hay que ser.

«son habilidades que te empoderan de alguna forma»

El brócoli de las habilidades

Su comparación para explicar por qué nadie las trabaja: todo el mundo sabe que son sanas y nadie las toma. No se ven hasta que llega un dolor importante, aunque en las entrevistas de trabajo ya se estén midiendo sin nombrarlas.

Con el título ya no basta

Dos personas estudian lo mismo y a una le va bien y a otra mal. Con el conocimiento accesible en internet, lo que marca la diferencia es qué haces con él: compartirlo, pasar a la acción, generar conexiones.

«ya no es suficiente con sacar el título de arquitecto»

Una escuela pensada para el centro

El sistema está montado para la mayoría de la campana de Gauss y expulsa a los extremos, con métodos de la época industrial. Los dos coinciden en que hay alternativas mejores, pero que están fuera del alcance de casi todos.

«hay que tener pasta para tener una buena educación»

La tablet como postureo tecnológico

Raúl, que se declara pro tecnología, carga contra meter tablets en clase sin contenido ni criterio. Llegó a comprar una impresora para imprimir el material de sus hijos. Meter libros en PDF no es digitalizar.

«se mete la tablet por el simple hecho de decir soy tecnológico y estoy a la moda»

La factura de no trabajarlas

Las empresas las abordan casi por obligación porque no dan retorno inmediato. Pero perder talento cuesta mucho dinero y muchas salidas vienen de una falta de estas habilidades, sea de la persona o de sus jefes.

«no te vas por la empresa, si no te vas por el jefe»

Carrera de fondo, no receta mágica

No se aprenden con un manual ni con un tutorial. Se entrenan observando y reflexionando sobre lo que ya haces cada día, y con directivos de mucho ego y mucha edad el proceso es todavía más lento.

«esto no es una receta mágica, es curro de día a día de día a día a día»

El episodio, en profundidad

Raúl García se presenta desmontando su propio currículum. Estudió informática, pero nunca hizo la carrera: cursó un ciclo formativo de grado superior, el primer año que el Estado los lanzó, y se puso a trabajar muy joven. De programador duró un año escaso y lo dice sin adornos: no sabe programar. Y aun así, «rápidamente me pusieron a dirigir equipos de tecnología». Ahí ha estado toda su vida laboral, media de ella montando comercio electrónico. Dirigiendo esos equipos vio siempre lo mismo: perfiles técnicos potentísimos atascados, sin mejor puesto ni mejor sueldo. Eso le llevó a formarse en coaching y a dedicarse a lo que llama power skills.

Por qué power skills y no habilidades blandas

La traducción al español le parece horrible: resiliencia, resolución de conflictos, empatía, inteligencia emocional, nada de eso es blando. Para él «son habilidades que te empoderan de alguna forma». El matiz está en el enfoque: no las trabaja desde lo que el mercado dice que hay que ser, sino desde quién eres. Su comparación para explicar por qué casi nadie las trabaja es el brócoli: todos saben que son buenas y nadie las toma, y no se ven hasta que llega un dolor importante, aunque en las entrevistas de trabajo ya se midan sin nombrarlas.

Su argumento contra la obsesión por lo técnico es sencillo: dos personas estudian arquitectura en el mismo sitio y a una le va bien y a otra mal, porque «ya no es suficiente con sacar el título de arquitecto». Y remata desde su experiencia dirigiendo equipos: de poco sirve un programador de la leche si no sabe trabajar con los demás. Con el conocimiento tirado por todos lados, «ya hoy lo que importa es qué haces con ese conocimiento».

Una escuela montada para la cadena de montaje

La conversación se va luego a la educación, y ninguno se muerde la lengua. Raúl lo explica con la campana de Gauss: el sistema está pensado para la mayoría del centro, así que los de los extremos sobran, y él era uno de esos. Juan Gabriel lo ata a su crítica habitual: seguimos preparando gente como si fuera a la fábrica, doscientos años después. Hacen falta otros métodos, con juego, música y emociones, pero eso se paga: si quieres un colegio del tipo Montessori, «hay que tener pasta para tener una buena educación».

Sobre por qué el sistema no se mueve, Juan Gabriel apunta que a ciertos poderes les conviene una sociedad poco formada, y Raúl añade que ningún líder que vea a los suyos como competencia querrá empoderarlos: eso es feudal. Su conclusión práctica es que cada cual sea su propio ministro de educación: no esperes a que la empresa te pague un curso, reserva un rato al día, quince minutos si hace falta. Juan Gabriel lo cierra con lo que atribuye a Steve Jobs: si no luchas por tus sueños, alguien te pagará por luchar por los suyos. O, en sus palabras, «hay que mover el culo».

Digitalizar no es meter un PDF en una tablet

Raúl tiene aquí una espina clavada: es pro tecnología, pero le indigna la tablet metida en clase por postureo: «se mete la tablet por el simple hecho de decir soy tecnológico y estoy a la moda». El contenido que ve en el caso de sus hijos le parece terrible, y las distracciones del aparato también; tuvo que comprar una impresora para imprimirles el material. Meter libros en PDF y llamarlo digitalización es vender la moto.

Juan Gabriel pone el contraejemplo de sus prácticas del máster de profesorado en 2012: en el instituto había carritos de portátiles pagados por el Estado criando polvo desde hacía tres años. Pidió permiso y montó su unidad de estadística con Excel: calcular la media, la mediana, la moda y la dispersión de su propio boletín de notas. Se les iluminaron los ojos: la diferencia no era el aparato, era invertir tiempo en crear motivación, igual que con los idiomas entre un libro de huecos y Duolingo.

Lo que le cuesta a una empresa no trabajarlas

Las empresas, cuenta Raúl, las abordan casi por obligación: son difíciles de evaluar y el retorno es cuestión de meses o de años. «esto no es una receta mágica, es curro de día a día de día a día a día». Pero la factura se ve en lo que cuesta perder talento, y muchas de esas salidas vienen de una falta de power skills, sea de la persona o de sus jefes. De ahí la frase que recuerda: «no te vas por la empresa, si no te vas por el jefe».

Ahí Juan Gabriel saca la anécdota más cruda de la charla, de su último año en el estudio de videojuegos donde trabajaba. Semanas antes de sacar el juego, el equipo de marketing enseñó las primeras creatividades, las imágenes de cómo se iba a ver, y la única respuesta del director de marketing fue despachar los diseños y rematar con una frase que Juan Gabriel repite tal cual para criticarla, no porque la comparta: «estamos haciendo juegos para maricones». Él mismo lo subraya al contarlo, «literalmente, ese fue el comentario», y aclara que iba por la estética, los dibujos, las tonalidades y los colores. Su lectura enlaza con todo lo anterior: eso denota una falta de trabajo en las power skills, y venía de la parte de marketing.

Raúl le devuelve que eso pasa un montón: hemos promocionado al mejor comercial a director comercial sin preguntar si sabe llevar personas, y cuanto más arriba y más edad, más ego y más resistencia. Juan Gabriel reconoce el mismo muro enseñando Unity a ingenieros de una marca de coches europea: el reto no era lo técnico, sino cambiar mentalidades en dos mañanas.

Avisa de que esto va despacio: «no por ver hermano mayor, te vas a convertir en un buen padre». Se entrena observando lo que ya haces: Juan Gabriel propone fijarse en cómo pides el café y cómo reaccionas si llega frío, y Raúl añade la primera regla del clásico de Dale Carnegie, usar el nombre de quien tienes delante y ver cómo le cambia la cara.

Por dónde empezar

Sus tres consejos: primero, conocerse con un test de personalidad o de conductas serio; él parte de ahí en todos sus programas y analiza las veinticinco power skills que considera transversales a cualquier sector. Segundo, ver cuáles marcan diferencia en tu día a día, porque no todas valen para todos: pone el ejemplo del pastor en el campo, que quizá necesita otras cosas antes que la empatía. Tercero, enfocarse en una o dos, no abrir quince frentes.

Cierra con dos recomendaciones: película, Matrix, la primera, que dice haber visto veinte o treinta veces y de la que usa un minuto en sus charlas a empresas, justo antes de la pastilla roja y la azul: «tiene mucho más mensaje del que parece». Libro, uno de autoconocimiento sobre las cinco heridas de la infancia que te impiden ser tú mismo. Quien quiera ese test o hablar con él lo tiene en su perfil de LinkedIn, y quien prefiera empezar por su cuenta tiene en Frogames un curso de habilidades blandas con cinco elementos para comenzar.

Lo que te llevas

  • Las power skills son las habilidades no técnicas —comunicación, tolerancia a la frustración, empatía, pensamiento crítico— y Raúl García evita llamarlas blandas porque son justo lo contrario: te empoderan.
  • Se trabajan desde el autoconocimiento, no desde lo que el mercado dice que hay que ser: un test de personalidad o de conductas es el punto de partida de todos sus programas.
  • No todas valen para todos. Mejor elegir una o dos que cambien de verdad tu día a día que abrir quince frentes a la vez.
  • Son más difíciles de adquirir que las técnicas: no hay tutorial que las resuelva, se entrenan observando y reflexionando sobre lo que ya haces.
  • En las empresas cuesta venderlas porque no dan retorno inmediato, pero la fuga de talento sale carísima y buena parte se explica por la falta de estas habilidades en la capa directiva.
  • La escuela sigue montada para la media y para la época industrial; el consejo de Raúl es no esperar a nadie y reservarse un rato al día para formarse por tu cuenta.

Enlaces del episodio

¿Quieres aprender esto en serio?

El curso del que se habla en este episodio: Habilidades Blandas, cinco elementos para comenzar.