Volumen 105 · Frogmación Podcast

Entrevista a Ana Jiménez - Desarrollando tu marca personal a través de Suprautoridad

Por Juan Gabriel Gomila • • 50 min de audio

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Episodio 105: Entrevista a Ana Jiménez - Desarrollando tu marca personal a través de Suprautoridad

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Momentos clave

Ana Jiménez se hizo autónoma a la fuerza en la redacción de una revista, montó un negocio físico al que no iba nadie y acabó descubriendo que la gente la buscaba por su nombre, no por el de su agencia. De ahí salió la Suprautoridad: un método de tres patas para que te perciban como referente sin fingir serlo. En este episodio lo desmonta pieza a pieza y deja tareas concretas.

Autónoma a la fuerza en una redacción

De prácticas a contrato y de contrato a alta de autónoma, con la conversación endulzada de por medio y la letra pequeña de que así no hay finiquito. Ana no sabía ni qué papeles tocaban ni cómo se hacía una declaración.

«yo fui emprendedora un poco a la fuerza, no empujones»

El título que ni llegó a recoger

Defiende estudiar a diario y dice que el cerebro es el activo que un cliente alquila, pero considera obsoleto el plan antiguo de licenciatura. Nunca recogió su título; el de Juan Gabriel cuelga en la pared para coger polvo.

«no necesita 5 años de tu vida, sentada en una silla para aprender»

La agencia vacía y la web con su nombre

Montó un negocio físico al que no iba nadie mientras la gente la buscaba por su nombre, porque era bloguera de moda. Dejó de esconderse tras la agencia, se hizo una web personal y triplicó la facturación en seis meses.

«la gente no llegaba, la gente lo que decía es que me buscaba por mi nombre»

La pandemia y las copias de copias

Cuando todo el mundo se digitalizó, el mercado se llenó de gente contando lo mismo, buena parte formada por ella. Lo vivió como una crisis de identidad, aunque defiende que hace falta más gente hablando del tema para que se entienda.

«Esto es la anti-marca personal, completamente. El que todos seamos, lo mismo, copia, recopias de copia de copia.»

Serlo, parecerlo y comunicarlo

Preguntó a su audiencia hasta llegar a la palabra autoridad y descubrió que significaba algo distinto para cada uno. De ahí las tres patas: autoridad por dominio, por percepción y por omnipresencia.

«si tu no trabajas cualquiera de estas patas se cae»

El kit de autoridad y estar hasta la sopa

Método propio con nombre para el serlo; nota de prensa, vídeo en escenario, libro y prueba social para el parecerlo; visibilidad orgánica y de pago para el comunicarlo. Todo con coherencia, no abriendo perfiles a lo loco.

«es como el estar hasta la sopa»

Tiempo, maternidad y compañerismo

Emprender solo por dinero no sostiene el proyecto; hace falta misión. Compagina hija y negocio a base de planificación, y avanza su visión del empoderamiento femenino como cooperación, no como trinchera, para una segunda parte del podcast.

«es una cuestión de más de productividad, de planificación, de organización»

El episodio, en profundidad

Ana Jiménez es mentora de marca personal premium y lleva desde 2015 acompañando a emprendedoras a construir lo que ella llama su imperio digital: más de 1.500, según la presentación del episodio. Ha pasado por Vogue y por Televisión Española, es ponente de TEDx, autora de un libro superventas en Amazon y está al frente de Icónica, el evento más grande para mujeres emprendedoras de España. El episodio tiene además una rareza de calendario: se grabó bastante antes que otra conversación con ella que ya se había publicado, así que Juan Gabriel Gomila lo presenta como un salto por «nuestro multiverso de tiempo particular».

Autónoma a la fuerza, con técnica de sándwich

Su historia no empieza con un plan de negocio. Empieza con unas prácticas en la redacción de una revista que se convierten en contrato, y con una conversación en la que le explican que sí, que la contratan, que le suben el sueldo, que puede trabajar desde casa… pero que tiene que darse de alta como autónoma. Ella lo cuenta tal cual, incluida la parte de por qué le interesaba a la empresa: así no hay finiquito que pagar. Ana lo resume como un jarro de agua fría: no tenía ni idea de qué papeles había que hacer ni de cómo se presenta una declaración. Vender sabía; el aparato burocrático de emprender, no.

Una vez dentro, la lógica se le impuso sola: si ya era autónoma, podía tener más clientes fuera. Pasó de becaria a lo que ella describe como pluriempleada y becaria de todos sus clientes a la vez, sin atreverse a cobrar ciertos precios. Y por el camino cometió los errores del manual, incluido montar un negocio físico al que no iba nadie. Lo dice sin adornarlo: «yo he cometido todos los errores, seguramente lo seguiré cometiendo». Sobre la suerte tiene una teoría poco romántica: «cuanto a más piedra picas más probabilidades hay de que tengas suerte».

Un título para quitarle el polvo

Estudió Traducción e Interpretación porque le gustaban los idiomas y viajar, descubrió que lo suyo era la comunicación y se pasó a Publicidad y Relaciones Públicas. Sobre el valor del título es tajante: cree en la formación —dice que sigue estudiando a diario, que el cerebro es el mayor activo que tenemos y que lo que un cliente alquila cuando te contrata es justo eso—, pero el plan antiguo de licenciatura le pareció obsoleto. «no necesita 5 años de tu vida, sentada en una silla para aprender», resume, comparándolo con lo que se aprende hoy en un curso online. Ni siquiera llegó a recoger su título: había que pagar por él y nunca lo necesitó. El de Juan Gabriel sí está colgado, firmado por el rey, y su función confesada es coger polvo.

De ahí salta la conversación a los dos, sin filtros. Ella suelta que hay licenciados con doctorado que son unos completos inútiles; él responde que probablemente el 99% de los funcionarios de universidad, y añade su cantinela habitual: «ojalá todos los profesores universitarios pasaran seis meses de su vida, solo seis meses de su vida, en una empresa privada». Ana estudió en la Complutense —de su clase salió, entre otros, David Broncano— y reconoce que los profesores que venían del sector privado son justo los que recuerda y los que le enseñaron cosas que aplica. Cuenta también la escena de un profesor de creatividad que preguntó cuántos querían ser creativos: se levantó media clase. Cuántos, ejecutivo de cuentas: nadie. La respuesta del profesor fue que se iban a morir de hambre todos.

El descubrimiento: la gente la buscaba a ella

El clic llega alrededor de 2009. Tenía una agencia con local, y el local no traía a nadie: «la gente no llegaba, la gente lo que decía es que me buscaba por mi nombre». La buscaban porque era bloguera de moda; de hecho, la revista la fichó por el blog. Así que dejó de esconderse, según sus palabras, en la cueva de su agencia, se hizo una web con su nombre y triplicó la facturación en seis meses.

Entonces se puso a buscar cómo se llamaba eso y encontró el personal branding en inglés. En español apenas había nadie: un único autor, con un enfoque más académico y denso, y poco más. Ana empezó a contarlo en vídeo, más fresco y más joven, y dice que si buscas «marca personal» en YouTube ordenando por fecha en español, el primer vídeo es suyo. Es su mayor prueba social. También le tocó la parte ingrata de ser punta de lanza: «yo tuve que hacer el esfuerzo de educar a la gente en la importancia» de la marca personal cuando nadie sabía qué era.

La pandemia, la crisis de identidad y la Suprautoridad

Con la pandemia todo el mundo se digitalizó y de golpe había muchísima gente hablando de marca personal, mucha formada por ella misma. Ana lo vivió como una crisis de identidad y como una paradoja: «Esto es la anti-marca personal, completamente. El que todos seamos, lo mismo, copia, recopias de copia de copia.» Su lectura, sin embargo, no es victimista: si nadie más habla de tu tema, tú sola no puedes educar a todo un mercado; hace falta una inteligencia colectiva para que la gente entienda de qué va, y entonces posicionarte por encima es más fácil.

Para salir del atasco hizo lo que recomienda hacer siempre: preguntar a la audiencia. ¿Por qué quieren marca personal? Para diferenciarse. ¿Para qué? Para posicionarse. ¿Para qué? Para ser una autoridad. Y ahí descubrió que autoridad significaba una cosa distinta para cada cliente: carisma, conocimiento, experiencia, fama. Se fue a la definición formal —el experto en su área— y encontró la grieta: todo el que trabaja su marca personal ya es experto, pero no todo el mundo es percibido como autoridad.

De ahí salen las tres patas de la Suprautoridad: autoridad por dominio, que es serlo; autoridad por percepción, que es parecerlo; y autoridad por omnipresencia, que es comunicarlo. Y el aviso: «si tu no trabajas cualquiera de estas patas se cae». Si dominas pero no te perciben, no te dan ni la oportunidad de demostrarlo. Si te perciben y luego contratan y no hay nada detrás, la autoridad tiene los días contados.

Cómo se trabaja cada pata

El serlo va ligado al manifiesto y al legado, y se hace tangible creando un método propio: del punto A al punto B, con sus pasos y con nombre —igual que ella bautizó el suyo—. Eso solo ya te posiciona, porque el cliente ve algo que no ha probado antes. El parecerlo es lo que los demás perciben: lenguaje corporal, carisma, imagen y prueba social, apoyada en un libro, en conferencias y en lo que ella llama un kit de autoridad —nota de prensa, vídeo tuyo manejándote en un escenario, kit de autor si has publicado— para que quien te quiera contratar o entrevistar tenga el material delante. El comunicarlo es visibilidad total, orgánica y de pago, online y offline: «es como el estar hasta la sopa». Te ven en un pódcast, luego en televisión, luego les salta un reel y luego te encuentran en un escenario.

Con una condición: coherencia. Abrir perfiles en todas las redes porque alguien te ha dicho que hay que estar en todas partes puede jugar en contra. Lo que cuenta no es tu intención, sino cómo aterriza: «no es lo que quiere decir, sino como la gente lo ve».

Maternidad, tiempo y compañerismo

Juan Gabriel le pregunta cómo se junta emprender, dirigir una empresa y ser madre sin morir en el intento. La respuesta tiene dos capas. Una, el motor: si solo emprendes por dinero, el proyecto se cae cuando hay poco y también cuando hay mucho; hace falta misión y legado. La otra, la práctica: «es una cuestión de más de productividad, de planificación, de organización». Trabajaba mientras su hija dormía; ahora aprovecha la guardería. Y matiza algo importante sobre el reparto en casa: no es que el padre ayude, es que las tareas son de los dos y ella también tiene que estar ahí para que él haga lo suyo.

El episodio deja abierto a propósito el tema del empoderamiento femenino para una segunda parte. Ana sí adelanta su posición: no se siente representada por el feminismo de trinchera, «esto no se trata de luchas y trata de compañerismo», y sostiene que las mujeres solas no pueden implementar la igualdad porque hay espacios a los que no llegan —el vestuario, el partido de fútbol— y ahí hace falta que los hombres feministas hagan su parte. Su argumento es doméstico y directo: «todos tenemos hermana, madre, hija».

De recomendaciones se lleva dos: el libro La sanación de las cinco heridas, de Lise Bourbeau, que le está sirviendo tanto para vender como para entender a su marido y a sus alumnas, y la película El sacrificio de un ciervo sagrado, que confiesa que la tiene perturbada. Y cierra con la frase con la que se despide: «Todo lo que tú ya quieres ser, ya fue dentro de ti».

Lo que te llevas

  • Esconderte detrás del nombre de tu empresa puede costarte clientes: al pasar a una web con su nombre, Ana triplicó la facturación en seis meses.
  • La Suprautoridad son tres patas —serlo, parecerlo y comunicarlo— y si falla una, se cae entera: dominio sin percepción no te da ni la oportunidad de demostrarlo.
  • El serlo se hace tangible creando un método propio con nombre y con pasos del punto A al punto B.
  • El parecerlo se trabaja con un kit de autoridad: nota de prensa, vídeo en un escenario, libro y prueba social.
  • El comunicarlo es omnipresencia coherente; abrir perfiles en todas las redes porque toca puede jugar en tu contra.
  • Que otros hablen de tu tema no es que te copien: sin más voces, el mercado no entiende de qué hablas y posicionarte cuesta más.

Enlaces del episodio

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