Volumen 106 · Frogmación Podcast

Entrevista a Roberto Pacheco - El laboratorio musical de la vida

Por Juan Gabriel Gomila • • 93 min de audio

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Episodio 106: Entrevista a Roberto Pacheco - El laboratorio musical de la vida

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Momentos clave

Roberto Pacheco ha tocado con Shakira, Ara Malikian o Montserrat Caballé, y en mitad de esas giras se encontró con un vacío que ningún conservatorio le había enseñado a mirar. En este episodio cuenta cómo salió de ahí montando un laboratorio propio y qué herramientas concretas usa para trabajar las emociones desde la música.

Dos canales de aprendizaje a la vez

Roberto estudiaba en el conservatorio mientras tocaba en charangas y grupos de local. Esa doble vía, la escolástica y la de calle, es la que defiende como modelo: ninguna sustituye a la otra.

«yo con 14 años sabía lo que era levantar a la gente con mi música»

La densidad de la institución musical

Reconoce haber aprendido con grandes profesores, pero critica la carga burocrática y el efecto de Bolonia sobre el título superior de conservatorio. Su reproche de fondo es que el sistema no trabaja la conciencia de la persona.

«no fomentan la conciencia del individuo»

La optativa emocional que nadie cursó

Peleó dos años para meter una asignatura de inteligencia emocional para músicos en un centro superior de Madrid. La aprobaron y estuvo ofertada dos años, pero jamás se matricularon los ocho alumnos mínimos.

«nunca se presentaron un mínimo de ocho alumnos para que esa optativa saliera»

La plaza de trombón que no existe

Aprobó la oposición y quedó único en la lista, pero no se convocan plazas de profesor de trombón porque no hay alumnos, y no hay alumnos porque no hay plazas. El mismo bucle se repitió en una masterclass en Baleares de la que nadie se enteró.

«tengo la experiencia que me ha hecho enfrentarme a hacer todo tipo de incongruencias»

El vacío en mitad de la gira

Azerbaiyán, Angola, Caracas. En plena gira internacional se dio cuenta de que el éxito profesional no tapaba lo que le faltaba por dentro. De ahí nace MusíLabUs hace más de una década.

«había conseguido muchas cosas al nivel profesional, pero me faltaba una conexión conmigo mismo»

Sacar al músico del bar

El proyecto le cambió los hábitos, no solo el método. Dejó los rituales de gira asociados al bar y convirtió su casa en un espacio de creación permanente al que llama conspiración positiva.

«yo saqué al músico del bar y dejé de ir a bares»

Herramientas caseras para cambiar de estado

Cinco elementos musicales para improvisar sin estilo, la melódica como piano de bolsillo y el bolígrafo entre los dientes que fuerza la sonrisa. Herramientas baratas, repetibles y sin misterio.

«cambia la química de tu cerebro»

Ser tu propio guía

El cierre del episodio: crear tu espacio de expresión, observar lo que te pasa dentro mientras creas y fabricarte tus propias prácticas. Ellos acompañan, no dan doctrina.

«somos grandes invitadores a que tú seas tu propio guía»

El episodio, en profundidad

Roberto Pacheco lleva más de treinta años dedicado a la música. Titulación superior de trombón por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, trombón de jazz por Musikene, un máster de investigación y otro de inteligencia emocional, y una lista de compañeros de escenario que incluye a Miguel Poveda, Joaquín Cortés, Chayanne, Shakira, Ara Malikian, Montserrat Caballé, Miguel Ríos, Coque Malla o el Dúo Dinámico. Con ese currículo lo esperable sería una entrevista sobre técnica y giras. El episodio 106 va de otra cosa: de por qué, en mitad de todo eso, decidió montar un laboratorio.

Dos aprendizajes en paralelo desde los catorce años

La primera pregunta es la de siempre en este podcast: formación reglada o autoformación. Roberto no elige, porque nunca tuvo que hacerlo. Mientras recibía en el conservatorio «la parte escolástica de un proceso de aprendizaje institucional», era músico de local y de charanga. «yo con 14 años sabía lo que era levantar a la gente con mi música», cuenta, «tocando para 500 personas en un pueblo» de su Salamanca natal. De ahí sale su idea fuerza: «tengo dos canales de aprendizaje», y ninguno sustituye al otro.

De la institución habla con agradecimiento y con bisturí a la vez. Dice haber aprendido con grandísimos profesores, pero también que en «esa parte institucional hay mucha densidad». Menciona cómo, con Bolonia, el título superior de conservatorio dejó de estar equiparado a lo que estaba equiparado antes por cuestiones de ratio de doctores y catedráticos. Y remata con la crítica de fondo: los planes «no fomentan la conciencia del individuo».

La optativa que consiguió aprobar y que nadie cursó

El ejemplo que mejor resume su relación con el sistema es este. Estuvo dos años peleando para que un centro superior de Madrid aceptara una asignatura de inteligencia emocional para el músico, con una programación de cuatro años detrás. La aprobaron y estuvo dos años ofertada como optativa. Y entonces: «nunca se presentaron un mínimo de ocho alumnos para que esa optativa saliera». Su diagnóstico no es contra la institución, es contra el miedo: «las propias personas tienen miedo a hablar de los miedos».

El otro ejemplo es la pescadilla de la plaza de trombón. Aprobó la oposición y quedó único en la lista en Andalucía; cuenta que la inspección de educación de la Junta de Andalucía no saca plazas de profesor de trombón porque no hay alumnos, y que no hay alumnos porque no hay plazas. «tengo la experiencia que me ha hecho enfrentarme a hacer todo tipo de incongruencias», resume. Lo mismo le pasó dando una masterclass en el conservatorio superior de Baleares: había decenas de trombonistas en la isla y «no se habían enterado que yo iba allí». Su reacción no fue quejarse, sino montar por su cuenta una sesión en un local al lado del conservatorio, donde «la gente se deja llevar y se deja llevar sin prejuicios».

El vacío en mitad de la gira

El giro de su vida llega alrededor de 2010 con las giras internacionales. Cuenta que un día estaba comiendo con el ministro de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán, en un país que estaba en guerra; a las semanas, en Angola, tocando para una de las mayores empresas de diamantes del mundo, «donde más pobreza he visto en mi vida»; poco después, en una plaza de Caracas, «tocando para miles de personas». Y en medio de todo eso, «el vacío existencial que tenía»: «había conseguido muchas cosas al nivel profesional, pero me faltaba una conexión conmigo mismo».

Ahí decide «escuchar esa voz interna» que le preguntaba «pero que estás tocando, pero para que sirve esto». Hizo un máster de creación de metodología, se encerró un verano en casa de sus padres en Salamanca con un cartel en la chimenea que invitaba a entrar a quien quisiera «pero no me pidas que salga», y acabó viendo lo que ya tenía delante: «estaba viviendo mi propio laboratorio y no me daba cuenta».

Qué es MusíLabUs

MusíLabUs es el proyecto que lleva con Raquel, su pareja, desde hace más de una década: música, laboratorio y el us inglés, «una formación integral del ser humano a través de las artes». No es solo un método: le reordenó la vida entera. Dejó de asociar la música al bar de después del concierto, y lo dice sin adornos: «yo saqué al músico del bar y dejé de ir a bares». Convirtió su casa en un espacio de creación —la nave espacial desde la que graba— y a sus encuentros los llama conspiración positiva. «hemos hecho un montón de locuras», dice, como llegar a juntar a cien personas improvisando en un teatro con todas las disciplinas que cada cual quisiera aportar.

Herramientas, no dogma

Lo interesante para quien escucha es que su trabajo es material, no místico. Para improvisar sin apoyarse en ningún estilo usa cinco elementos básicos —silencio, notas, ritmo, articulación y matices— con los que, dice, «podemos crear maravillas en la improvisación». Reivindica la melódica como piano de bolsillo por unos treinta euros: «puedes llevar a tu piano a cualquier lado». Cuenta la herramienta de Raquel de sostener un bolígrafo entre los dientes durante unos segundos para forzar la sonrisa y ver cómo «cambia la química de tu cerebro», y se adelanta a la objeción: «es una chorrada si no la quieres hacer». Y ha acabado creando su propia vibracionteca para archivar sus viajes vibracionales, que describe como «una biblioteca de vibración».

Sus referencias son declaradamente heterodoxas y él las presenta como propias: el mapa de la conciencia de David Hawkins, el experimento casero de los tarros de arroz de Masaru Emoto, los chakras, el trabajo de Jacobo Grinberg con curanderos mexicanos. Cuando le preguntan qué se lleva quien pasa por su casa, no vende trascendencia: «aquí no hay estampitas, esto es lo que hay».

Lo que te llevas del episodio

Hay dos improvisaciones al trombón grabadas en directo durante la entrevista, y una confesión que vale por toda la teoría: en la primera estaba pensando en si la señal estaba llegando bien en lugar de en enviar amor, y lo cuenta como prueba de que la intención se oye. Juan Gabriel aporta su propia versión del mismo asunto: cuando el director le pidió que se moviera menos al tocar, «no lo disfruté, lo pasé mal».

Las recomendaciones de Roberto van en la misma línea: Trascender los niveles de conciencia, de David Hawkins, y Respira, de James Nestor, que después de treinta y cinco años soplando por un tubo le cambió la manera de respirar. Y una película francesa, La belle verte. El cierre es la frase que mejor define el proyecto: «somos grandes invitadores a que tú seas tu propio guía».

Lo que te llevas

  • La formación reglada y la autoformación no compiten: Roberto lleva desde los catorce años usando las dos a la vez, el conservatorio y la charanga.
  • Consiguió que un centro superior aprobara una optativa de inteligencia emocional para músicos y nunca salió por falta de alumnos matriculados.
  • El éxito profesional no cura el vacío: fue en plena gira internacional cuando se dio cuenta de que le faltaba conexión consigo mismo.
  • MusíLabUs junta música, laboratorio y desarrollo personal como formación integral del ser humano a través de las artes.
  • Para improvisar sin apoyarse en un estilo bastan cinco elementos: silencio, notas, ritmo, articulación y matices.
  • Las herramientas útiles son baratas y repetibles: una melódica de treinta euros, un bolígrafo entre los dientes, un espacio propio donde crear y observarte.

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