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Momentos clave
Juan Gabriel cuenta en primera persona la enfermedad autoinmune que le diagnosticaron hace años: nueve meses de dolores nocturnos y pruebas negativas hasta dar con el nombre. Te llevas qué es la espondilitis anquilosante, por qué es tan difícil de detectar y por qué su tratamiento no es una pastilla, sino moverse. No es consejo médico: es su caso, contado por alguien que avisa de que no es médico.
Nueve meses de pruebas negativas
Vuelve de un viaje a Bolivia en 2017 con pinchazos nocturnos entre las dos y las tres de la madrugada. Empieza una ronda interminable de análisis, ecografías y descartes que no lleva a ninguna parte. Cada resultado negativo alarga el cansancio y la incertidumbre.
«fue una época dura, dura en el sentido que cada vez estaba peor y cada prueba que me hacían todo daba negativo»
Qué es la espondilitis anquilosante
La define como una enfermedad autoinmune, reumática y crónica, de causa desconocida, que endurece las articulaciones de forma paulatina. Su imagen para explicarla: el cuerpo se cierra sobre sí mismo como una tortuga, sobre todo en la columna.
«es una enfermedad que es autoinmune, reumática y crónica»
Seronegativa: por qué no la ven
El factor reumatoide sale negativo, al contrario que en la artritis reumatoide, y en las radiografías no aparecía nada. El digestivo tampoco encontró nada porque la inflamación intestinal asociada no da síntomas. El desbloqueo llega con la prueba del antígeno HLA-B27.
«no aparecía nada en las radiografías»
Un gen dormido y una gastroenteritis
Se cree que la enfermedad es hereditaria y necesita un detonante. En su caso, una gastroenteritis severa durante el viaje alteró su flora intestinal, y la misma noche en que volvió a la normalidad empezaron los dolores.
«un gen dormido dentro de Juan Gabriel que se despierta por un cambio en el pH, un cambio en su flora intestinal»
Columna, hombros y talón de Aquiles
Afecta sobre todo a la columna y sus ligamentos, con una inflamación llamada entesitis en zona cervical, lumbar y sacroilíaca. De forma indirecta alcanza otras articulaciones, y también puede haber inflamación ocular. Él nota más la pérdida de movilidad en los hombros que en la pelvis.
«de forma indirecta puede afectar a otras articulaciones del cuerpo, sobre todo la cadera, las rodillas, los hombros o el talón de áquiles»
El dolor tiene horario: la madrugada
Los pinchazos aparecen cuando el cuerpo entra en reposo, y por la mañana llega una rigidez que dura cerca de una hora. De ahí su rutina de trabajar con el ordenador de seis a nueve y hacer deporte después, cuando el movimiento ya ha aflojado los síntomas.
«de madrugada, vuelvo a hacer énfasis, de madrugada cuando el cuerpo está relajado»
No hay cura: el tratamiento es moverse
No existe medicamento que la cure, así que el tratamiento pasa por deporte, gimnasia y fisioterapia para conservar movilidad y frenar la cifosis, aunque el ejercicio duela. Ejercicios de extensión y flexión como el yoga o el pilates: tres sesiones por semana en su caso.
«hacer deporte, hacer gimnasia, hacer fisioterapia para conservar la movilidad de las articulaciones»
Gluten y almidón, con matices
Menciona la sensibilidad al gluten no celíaca y un estudio en el que retirar el gluten mejoró a los pacientes y reintroducirlo los empeoró. Insiste en que los estudios disponibles son ligeros y que no puede dar datos sólidos.
«dietas bajas en gluten o completamente sin gluten suelen ser favorables»
El episodio, en profundidad
Hay episodios de Frogmación que van de código, de negocio o de cursos. El 112 no. Este es Juan Gabriel Gomila hablando de una enfermedad que arrastra desde hace años y que casi nadie conoce: la espondilitis anquilosante. Lo dice sin rodeos en los primeros segundos: "yo hace años que la padezco". Y deja también, a mitad del episodio, la advertencia que conviene tener presente de principio a fin: "sabes que yo no soy médico". Lo que cuenta es su caso y lo que ha ido leyendo, no una consulta.
Nueve meses de pruebas y ningún resultado
La historia arranca en 2017, al volver de uno de sus viajes a Bolivia. Cada noche, entre las dos y las tres de la madrugada, unos pinchazos lo despertaban: en la zona del corazón, de los pulmones, del hígado. Su primera hipótesis fue la más lógica y la más tranquilizadora: se habría pasado con el alcohol y el hígado le estaba pasando factura.
Empezó la ronda de análisis. Una médica de su entorno familiar se puso a investigar "cual doctor House": tubos de sangre, espirometrías, ecografías, TACs. Descartaron enfermedades contagiosas, virus y parásitos que hubiera podido traer del viaje, fiebres tifoideas, fiebres amarillas, síndromes cardíacos raros. "todo daba negativo". Hubo una semana en la que le sacaron ocho tubos de sangre y, al día siguiente, le pidieron más. Hubo también un susto: llegó a plantearse el mal de Chagas por haber estado en zona de selva. "por suerte no fue el mal de chagas".
Nueve meses así, durmiendo roto todas las noches, cansado, con ojeras y sin respuesta. Él lo resume en una frase que explica por qué este episodio existe: "no sabes lo que tienes y te estás muriendo". Ese es, dice, el momento en el que la desesperación entra a quien padece una enfermedad rara y poco clasificada.
Qué es la espondilitis anquilosante
Es, en sus palabras, una enfermedad autoinmune, reumática y crónica, de causa desconocida, que se caracteriza por dolores y endurecimiento paulatino de las articulaciones. También se la conoce como mal de Béjterev, espondilitis reumática o espondilitis anquilopoyética, y pertenece al grupo de las espondiloartropatías seronegativas.
La forma en que él la explica es visual: seguro que alguna vez has visto por la calle a una persona muy encorvada, a la que le cuesta caminar, girar la cabeza, mover las articulaciones. Eso es el estado final de una espondilitis no tratada. Las articulaciones se van cerrando y "el cuerpo como que se vuelve como una especie de tortuga, se cierra sobre sí mismo", sobre todo en la zona de la columna.
Por qué cuesta tanto ponerle nombre
Lo de seronegativa no es un tecnicismo gratuito: significa que el análisis de sangre del factor reumatoide sale negativo, al revés que en la artritis reumatoide. Eso la hace difícil de detectar. A eso se suma que "no aparecía nada en las radiografías" y que el digestivo tampoco encontró nada, porque la inflamación intestinal crónica que suele acompañarla no da síntomas digestivos.
El desbloqueo llegó cuando un especialista pidió otra prueba: la del HLA-B27, un antígeno relacionado con la enfermedad. Curiosamente, en el propio audio Juan Gabriel se corrige a sí mismo sobre las siglas y admite que son muchos conceptos médicos para alguien que no es médico. Con esa prueba encima de la mesa, las piezas encajaron.
Un gen dormido y una gastroenteritis
La teoría que le explicaron es que estas enfermedades se creen genéticas y que necesitan algo que las active. En su caso, el viaje le provocó una gastroenteritis severa: días de baño, rehidratación y dieta hasta recuperar su flora habitual. Y la misma noche en que volvió a ir al baño con normalidad empezaron los pinchazos. Ahí se relacionó una cosa con la otra: "un gen dormido dentro de Juan Gabriel que se despierta por un cambio en el pH, un cambio en su flora intestinal".
Dónde duele y a qué hora
La espondilitis afecta principalmente a la columna vertebral y a sus ligamentos, con una inflamación llamada entesitis, sobre todo en la zona cervical, la lumbar y la articulación sacroilíaca. Pero, dice, "de forma indirecta puede afectar a otras articulaciones del cuerpo, sobre todo la cadera, las rodillas, los hombros o el talón de áquiles". Ahí es donde encajó su dolor: no era el corazón ni el pulmón, era la columna cerca de ellos.
El detalle más característico es el horario. El dolor es "de madrugada, vuelvo a hacer énfasis, de madrugada cuando el cuerpo está relajado", cuando el cuerpo entra en reposo. Después viene la rigidez matutina, que le dura alrededor de una hora. De ahí sale una rutina que quienes escuchan el podcast ya le habían oído contar sin saber el motivo: se levanta sobre las seis y de seis a nueve trabaja con el ordenador y graba, porque "esa rigidez no me impide por ejemplo usar el ordenador". Luego llega el movimiento y "los síntomas disminuyen con el movimiento". En su caso ha notado más la pérdida de movilidad en los hombros que en la pelvis: hay gestos que de pequeño hacía enteros y ahora se le quedan a media altura.
No hay cura, y el tratamiento es moverse
Aquí es tajante: no existe la pastilla. "La mayoría de nosotros podemos vivir con ello, sí, sobre todo porque no hay cura". Lo que hay es "hacer deporte, hacer gimnasia, hacer fisioterapia para conservar la movilidad de las articulaciones" y frenar la deformación de la columna, la cifosis, aunque el ejercicio duela. La imagen con la que lo explica es difícil de olvidar: "si mi columna de normal se va cerrando, cerrando, cerrando, cerrando, yo tengo que hacer deporte que la abra, la abra, la abra, la abra en sentido contrario".
Por eso los ejercicios de extensión y flexión, el yoga y el pilates. Y por eso, dice, ya sabes de dónde viene su insistencia con el yoga: "es mi única cura, es mi única medicina", con la matización que repite dos veces, paliar, no curar. Hace yoga tres veces por semana y cuando viaja y no puede mantener el ritmo lo nota por las mañanas: la columna más cerrada, los hombros más caídos, más difícil abrir el pecho.
Gluten, almidón y estudios que no cierran
En dieta, cuenta que la espondilitis se relaciona con una sensibilidad al gluten no celíaca. No es celiaquía: puede comer pan sin el problema que tendría un celíaco. Pero menciona un estudio en el que a los pacientes se les retiró el gluten de forma estricta, mejoraron, y al reintroducirlo todos empeoraron. Su conclusión, en sus términos: "dietas bajas en gluten o completamente sin gluten suelen ser favorables". Algo parecido apunta con las dietas bajas en almidón. Y al mismo tiempo insiste en el límite de todo esto: son estudios ligeros, la enfermedad se ha investigado poco y no puede dar datos tan sólidos como los que existen para otras enfermedades autoinmunes.
Por qué lo cuenta
El episodio no es un lamento. Su tesis es que conocer enfermedades también es expandir el conocimiento y que, si sabes de alguien que la sufre, quizá puedas ayudarle. Él conoce gente que la tiene y no sabe cómo tratarla, gente a la que se la confunden con fibromialgia, con enfermedades inflamatorias intestinales, con la enfermedad de Crohn o con síndrome de fatiga crónica. La espondilitis tiene incluso su propio día mundial. Y él cierra el episodio con la razón más simple de todas: "me apetecía compartirlo con vosotros primero para que me conocierais un poquito mejor".
Lo que te llevas
- La espondilitis anquilosante es una enfermedad autoinmune, reumática y crónica de causa desconocida que va endureciendo las articulaciones, sobre todo las de la columna.
- Es seronegativa: el factor reumatoide sale negativo y en las radiografías no aparece nada, así que puede tardar meses en detectarse.
- La pista que la destapó en su caso fue una prueba concreta, la del antígeno HLA-B27, después de descartar decenas de enfermedades.
- El dolor aparece de madrugada, cuando el cuerpo está en reposo, y va acompañado de una rigidez matutina de alrededor de una hora que cede con el movimiento.
- No tiene cura: el tratamiento consiste en moverse (deporte, fisioterapia, ejercicios de extensión y flexión como yoga o pilates) para frenar el cierre de la columna aunque duela.
- Se confunde a menudo con fibromialgia, enfermedades inflamatorias intestinales o fatiga crónica, y por eso él cuenta su caso: para que quien la sufra la reconozca.