Volumen 113 · Frogmación Podcast

Lo que oigo, lo olvido; lo que veo, lo recuerdo; lo que hago, lo aprendo

Por Juan Gabriel Gomila • • 31 min de audio

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Episodio 113: Lo que oigo, lo olvido; lo que veo, lo recuerdo; lo que hago, lo aprendo

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Momentos clave

Juan Gabriel parte de un proverbio chino para explicar por qué oír, ver y hacer no dejan la misma huella. Por el camino desmonta las tres patas que sostienen la educación (escuela, familia y sociedad) y recorre los seis niveles de la taxonomía de Bloom, el estándar con el que Frogames diseña sus certificaciones. Te llevas una pregunta útil: ¿en qué nivel de profundidad estás aprendiendo lo que aprendes?

El proverbio chino que ordena el episodio

Oír, ver y hacer no dejan la misma huella. Lo que se escucha de pasada se olvida, lo que se ve con apoyo visual se recuerda y lo que se practica se aprende. Es la base de cómo están montados los cursos: explicación, pantalla compartida y actividad corregida.

«oír y escuchar son dos cosas muy diferentes»

Las tres patas del taburete educativo

La educación se sostiene sobre escuela, familia y sociedad. Son tres, no cuatro, y ninguna es prescindible. Muchos padres delegan la formación entera en el colegio y ahí es donde el taburete se cae.

«un trípode o un taburete de tres patas necesita las tres patas para aguantarse, con dos patas no se va a aguantar»

Cuando la clase y la casa se contradicen

El ejemplo de alimentación: en clase se enseñan los grupos de alimentos y la dieta equilibrada, y en casa todo es precocinado y sofá. El alumno joven no resuelve ese choque, lo sufre, y decide en función de lo que ha vivido.

«Lo que yo estoy contando al alumno por un lado en clase y lo que está viendo en casa es totalmente diferente.»

Aprendizaje activo y los tres especialistas

Lo deseable es un alumno protagonista que construya conocimiento trabajando en equipo y resolviendo problemas. Pero eso no se puede montar si escuela, familia y sociedad dicen cosas distintas: es como tres médicos que coinciden en amputar y discrepan en qué.

«Los tres dicen que hay que amputar, pero el qué?»

Recordar no es comprender

El primer nivel de Bloom es reproducir: enumerar, listar, definir, etiquetar. Listar los ríos de España es el ejemplo canónico de quedarse ahí. Comprender ya exige clasificar, comparar, parafrasear y explicar con palabras propias.

«No significa que lo entendamos, significa que quiero reproducir, que quiero copiar, que quiero repetir.»

Aplicar: el ejemplo del bolígrafo

Aplicar es llevar lo entendido a una situación nueva. Con el bolígrafo se ve en tres tiempos: saber qué es, saber cómo funciona y ser capaz de usarlo. En matemáticas se aplica; en historia y literatura muchas veces no se pasa de comprender.

«Tú puedes recordar que esto es un boli. Puedes comprender cómo funciona un boli, pero aplicar sería que eres capaz de usar el boli.»

Analizar y evaluar, los niveles que se saltan

Analizar es descomponer, buscar causas, efectos y evidencias, no solo entender. Evaluar es justificar y emitir juicios con criterios, lo que hace un profesor cada vez que pone una nota. La secundaria suele prescindir de ambos.

«analizar la gente lo confunde con entender, pero analizar no es entender, no es comprender, es mucho más»

Crear, el nivel donde acaban los cursos

El último nivel va de dentro para afuera: combinar lo aprendido en algo nuevo. Los cursos de Frogames terminan ahí, con un proyecto final construido desde cero, en lugar de entregar algo hecho para analizarlo o evaluarlo.

«casi todos nuestros cursos terminan en la última etapa, crear»

El episodio, en profundidad

El episodio 113 de Frogmación arranca con un proverbio chino que Juan Gabriel Gomila recita de memoria antes de explicar nada: «Lo que oigo, lo olvido. Lo que veo, lo recuerdo. Y lo que hago, lo aprendo.» No es una frase de calendario: es la excusa para hablar de algo muy concreto, los niveles de profundidad con los que las personas aprendemos, y del estándar que Frogames Formación usa para diseñar sus certificaciones, la taxonomía de Bloom.

Oír, ver y hacer no son lo mismo

La primera distinción es casi trivial y por eso se pasa por alto: «oír y escuchar son dos cosas muy diferentes». Si te cuenta algo mientras haces otra cosa, la semana que viene no vas a saber de qué iba el podcast. Si lo ve acompañado de transparencias, de gráficos o de una pantalla compartida señalando una línea de código concreta, lo recordarás mejor. Y si a mitad de la explicación se pausa el vídeo y te ponen una actividad para que la hagas, la entregues y te la corrijan, ahí es donde el aprendizaje empieza a agarrar de verdad. Los tres verbos del proverbio son, en el fondo, tres niveles.

Las tres patas del taburete

Antes de entrar en la taxonomía, Juan Gabriel dedica media hora a algo que le importa más: por qué la sensación generalizada es que la educación va a peor. Su respuesta no señala a nadie. No es culpa de los docentes ni de un único responsable: es la suma de todo. Y para explicarlo usa una imagen doméstica.

La educación se sostiene sobre tres pilares. El primero es el colegio, el instituto o la universidad, que deben aportar conocimientos y también habilidades sociales, de trabajo en equipo, de convivencia. El segundo es la familia: lo que uno ve en casa, con los padres, los abuelos, los hermanos. El tercero es la sociedad, entendida como el ecosistema en el que vive el estudiante: la tele, las redes sociales, las películas, el grupo de amigos. Y son tres, insiste, no cuatro, «porque un trípode o un taburete de tres patas necesita las tres patas para aguantarse, con dos patas no se va a aguantar».

El ejemplo que pone es de alimentación. En clase se enseñan los grupos de alimentos, la importancia de los hidratos y las proteínas, los peligros de las grasas, la dieta equilibrada y el clásico de que hay que hacer deporte para mantener el cuerpo sano. Luego, en casa, todo es comida precocinada y pedir a domicilio, y los adultos de la casa no se cuidan ni se mueven del sofá. «Lo que yo estoy contando al alumno por un lado en clase y lo que está viendo en casa es totalmente diferente.» El alumno joven no resuelve esa contradicción: la sufre.

La tercera pata aprieta igual. Si el chaval percibe que los casos de éxito del mundo son los youtubers, los concursantes de programas de citas de televisión o gente sin estudios que se ha hecho un hueco mediático por su vida privada, la pregunta en clase es inevitable: para qué estudiar. El diagnóstico que saca de ahí es duro y lo dice sin rodeos: «la educación está por los suelos». Nos quejamos de que no se forma en valores y de que llegas a adulto sin saber leer una nómina, una factura de la luz o hacer la declaración de la renta.

Cuando cada pata dice una cosa distinta

Lo deseable, sostiene, es otra cosa: un alumno protagonista de su propio aprendizaje, que construya conocimiento a partir de experiencias, que trabaje en equipo, que elabore proyectos para resolver problemas y entender posturas contrarias. «Lo que se denomina una metodología de aprendizaje activo es, tal vez, lo más deseable.» Pero eso no se puede montar si las tres patas se contradicen, y ahí llega la comparación más gráfica del episodio: es como ir a tres especialistas y que uno te diga que hay que amputar una mano, otro un pie y el tercero un lóbulo del cerebro. «Los tres dicen que hay que amputar, pero el qué?»

Los seis niveles de la taxonomía de Bloom

La reflexión no es nueva, y por eso existe la taxonomía de Bloom, que ordena en seis niveles la profundidad con la que aprendemos. Sirve para colegios, institutos, universidades, plataformas de cursos online e incluso para un divulgador con canal de YouTube.

Recordar, comprender, aplicar

Recordar es reproducir: enumerar, listar, definir, etiquetar, seleccionar entre opciones válidas. «No significa que lo entendamos, significa que quiero reproducir, que quiero copiar, que quiero repetir.» Comprender es ir un paso más allá: clasificar, comparar, parafrasear, resumir, explicar. «Explicar con tus propias palabras significa que comprendes que has llegado un paso más allá.» Aplicar es llevar lo entendido a una situación nueva. El ejemplo, un bolígrafo: «Tú puedes recordar que esto es un boli. Puedes comprender cómo funciona un boli, pero aplicar sería que eres capaz de usar el boli.»

Estos tres son los procesos cognitivos de orden inferior, y aquí está el problema: «muchas veces el aprendizaje en los colegios, en los institutos, en las universidades, llega hasta aquí». Listar los ríos de España, teniendo Google, es el ejemplo perfecto de quedarse en el primer escalón. En historia y literatura muchas veces no se pasa de recordar y comprender; en matemáticas sí se aplica, y por eso cuestan más.

Analizar, evaluar, crear

Analizar es descomponer: identificar causas y efectos, hacer inferencias, buscar evidencias. «analizar la gente lo confunde con entender, pero analizar no es entender, no es comprender, es mucho más». Con el mismo bolígrafo: no basta con saber para qué sirve, hay que abrirlo, ver de qué materiales está hecho, si es de pulsar o de girar, si es de tinta o de gel. «analizar implica una comprensión más profunda».

Evaluar es justificar, defender opiniones, emitir juicios sobre la validez de una idea o la calidad de un trabajo. «Evaluar es algo complicadísimo.» Es lo que hace un profesor cada vez que califica: «Poner una nota significa que podemos distinguir críticamente defender por qué esta persona se merece un 7 y por qué esta otra se merece un 5». Y deja la pregunta incómoda al aire: si un cirujano saca un 5 en anatomía, ¿te dejarías operar por él?

Crear es el último nivel y funciona al revés que los anteriores: «el último de los procesos cognitivos es de dentro para afuera». Combinar elementos en un modelo nuevo, proponer una solución alternativa, diseñar, innovar, teorizar, programar. Sus ejemplos son locales y concretos: cómo mejorarías el tráfico en Mallorca, o cómo crearías un plan de crecimiento escalable para un sitio que vive del turismo.

Por qué los cursos terminan en crear

Aquí conecta con el trabajo de casa: «casi todos nuestros cursos terminan en la última etapa, crear». Un proyecto, una aplicación, un videojuego, el arte de un videojuego, una cadena de bloques, un dashboard de análisis de datos. No es lo mismo pedirte que construyas la aplicación que darte una ya hecha para que la analices o la evalúes: eso te dejaría uno o dos estadios por debajo del final. Ese es el criterio que hay detrás de las certificaciones de Frogames.

El cierre vuelve al proverbio y enlaza con un capítulo anterior del podcast, el de mejorar un 1% cada día: por interés compuesto, al cabo de un año no eres un 365% mejor, sino unas 37 veces mejor. La conclusión es una instrucción: «no os quedéis solo en recordar, no os quedéis solo en comprender, aplicad, analizar, evaluad y sobre todo, cread».

Lo que te llevas

  • Oír, ver y hacer son tres niveles de profundidad distintos: el proverbio chino describe lo mismo que la taxonomía de Bloom con otras palabras.
  • La educación se sostiene sobre tres patas (escuela, familia y sociedad) y basta con que una contradiga a las otras para que el alumno se bloquee.
  • La taxonomía de Bloom tiene seis niveles: recordar, comprender, aplicar, analizar, evaluar y crear.
  • Los tres primeros son procesos cognitivos de orden inferior, y buena parte de la enseñanza reglada no pasa de ahí.
  • Analizar no es comprender y evaluar no es opinar: descomponer y emitir juicios con criterios son escalones muy por encima de recordar.
  • Los cursos de Frogames se diseñan para terminar en el nivel de crear, con un proyecto final construido desde cero.
  • La pregunta útil que deja el episodio: ¿en qué nivel de profundidad estás cuando aprendes algo?

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