Momentos clave
En el 114 el entrevistador pasa a ser el entrevistado: Paloma del Castillo, de Crece Tu Coco, le pregunta a Juan Gabriel Gomila de dónde saca la energía. Salen su semana real hora a hora, las cuentas que hizo antes de dejar un sueldo alto, por qué se marchó de Udemy y cómo empezó con el ayuno intermitente.
El núcleo de seis a nueve de la mañana
No planifica la semana porque su trabajo no se deja, pero el día sí tiene forma. Se levanta entre las seis y las siete sin posponer la alarma, arranca con café solo y trabaja tres horas sin correos ni llamadas. Esa mañana había producido siete u ocho vídeos antes de las nueve.
«yo estoy contando muchas veces, yo me levanto temprano»
Yoga, banda de música y bici
Lunes, miércoles y viernes hace dos horas y media de yoga en Palma; martes y jueves toca la percusión en una banda; los sábados sale ocho horas en bicicleta de montaña. Son sus tres formas de desconectar, y del yoga destaca que sobre la esterilla nadie es nada.
«es una dosis de humilda que todos necesitamos en un momento dado»
La regla de los tres días
Atribuye a Steve Jobs y a su discurso de Stanford de 2005 la costumbre de mirarse al espejo y preguntarse qué le espera ese día. Un día malo lo tiene cualquiera; si se repite tres veces seguidas, cambia algo. Lo contrario es dejar pasar la vida en vez de vivirla.
«vivimos nuestra vida o pasamos por nuestra vida»
Las cuentas antes de dejar el sueldo
Dejó una empresa de videojuegos donde cobraba más que su jefe para grabar su primer curso online. Antes calculó cuánto aguantaba con sus ahorros: nueve o diez meses a su nivel de vida, dos o tres años recortando. Al tercer mes ya ganaba más por su cuenta.
«yo ya sabía que 9 entre 9 meses y 2 años era un poco mi timeline para intentar emprender en solitario»
Por qué se fueron de Udemy
La decisión se tomó con María y el resto de instructores, y no fue por dinero: se quedaban un porcentaje cada vez menor y no compartían que la plataforma fijara cinco euros en Latinoamérica y veinte en España por el mismo curso. El veto a instructores rusos les enseñó lo frágil que era depender de otro.
«la única forma de no tener que comulgar con la filosofía de otra plataforma es crear la tuya propia»
El apego y las habilidades blandas
Lo que impide decidir no es la falta de datos sino el apego al trabajo, a la casa, a la pareja. Si tuviera que apostar por una sola cosa, apostaría por las habilidades blandas: equipo, mando, obediencia y encaje de críticas, incluso de las que no son constructivas.
«el ego al final no dirige nuestros proyectos, el ego no te da de comer»
Veinte kilos y el ayuno intermitente
El año antes de la pandemia hizo 42 viajes y pesaba unos veinte kilos más. Empezó a ayunar durante el confinamiento: doce horas no sirven, hay que estirar hasta la cetosis. Durante la entrevista llevaba veintiuna horas sin comer, y avisa de que sin constancia es peor que nada.
«hice 42 viajes en un año»
Cómo quiere que le recuerden
Su respuesta es el inconformismo: criticar abiertamente lo que no le parece ético y no morderse la lengua. Lo aplica a la universidad, de la que dice que no le felicitó nunca, y a Frogames, donde el compromiso es enseñar la tecnología recién salida y no una década después.
«como alguien que nunca se mordió la lengua, que si te tuvo que llamar gilipollas de la cara, le llamó gilipollas»
El episodio, en profundidad
El 114 le da la vuelta al micrófono. Paloma del Castillo, de Crece Tu Coco, ya había pasado por Frogmación como invitada y es quien acerca a muchos de los entrevistados. Un día le mandó a Juan Gabriel Gomila una lista de preguntas sobre de dónde saca la energía para el yoga, la música, la bici y la empresa; decidieron grabarlas, y él le pasa la batuta.
Una semana que no se planifica pero tiene esqueleto
Dice que no planifica la semana: siendo autónomo, de repente te llama una universidad o te sale un viaje. Lo que describe después, en cambio, es firme. Se levanta entre las seis y las siete —«yo estoy contando muchas veces, yo me levanto temprano»— sin posponer la alarma, arranca con un café solo porque sigue en ayunas y trabaja de seis a nueve, la franja en la que no entran ni correos ni llamadas: esa misma mañana había grabado, editado y subido siete u ocho vídeos del remaster de un curso de hace cuatro años.
A las nueve para en seco. Lunes, miércoles y viernes coge la moto al centro de Palma de Mallorca y hace dos horas y media largas de yoga, «es el momento perfecto para desconectar del mundo», y sobre la esterilla da igual lo que seas fuera: «es una dosis de humilda que todos necesitamos en un momento dado». Martes y jueves por la noche toca la percusión en una banda, y los sábados sale de seis a dos con la bici de montaña, donde un fallo de concentración de medio segundo acaba en el suelo.
La regla de los tres días
La técnica para no aplatanarse la atribuye a Steve Jobs y a su discurso de Stanford de 2005: mirarse al espejo cada mañana y preguntarse qué le espera hoy. Si la respuesta ilusiona, perfecto; si es desgana, un día lo tiene cualquiera, pero «si para mí el máximo son tres días» seguidos, cambia lo que sea. No es que todo tenga que gustar: para el día de las facturas se carga de energía la víspera. Todo se juega en dos verbos: «vivimos nuestra vida o pasamos por nuestra vida».
Las dos decisiones difíciles
La primera fue dejar la empresa de videojuegos, donde cobraba más que su jefe: «dejé una empresa que ganaba un pastizal para ir a regalar mis cursos, me fui a cero». No fue a ciegas, hizo cuentas: con su nivel de vida el colchón daba nueve o diez meses y, recortando, dos o tres años. Ese era su plazo para intentarlo en solitario, y el resultado fue que «al segundo no, pero al tercer mes ya ganaba más en solitario que lo que ganaba en la empresa».
La segunda, salir de Udemy, la habló con María, cofundadora de Frogames, y con el resto de instructores. El motivo no era el dinero sino la filosofía: un porcentaje cada vez menor por curso, y precios decididos desde fuera, cinco euros en Latinoamérica y veinte en España por el mismo contenido. Con el precedente del veto a los instructores rusos al empezar la guerra de Ucrania, se pregunta qué impediría que un día vetaran a alguien de Palma: «la única forma de no tener que comulgar con la filosofía de otra plataforma es crear la tuya propia». Si su indicador hubiera sido ganar más se habría quedado: prefiere un curso al mes en vez de cinco, «el lugar de ir a un bufe libre, quiero comerme un chuletón». Lo que compra es «esa libertad que no es financiera es simplemente una libertad personal y una libertad de tiempo».
Apego, ego y habilidades blandas
A quien está estancado no le habla de tecnología, sino de apego: «tenemos apego a todo y no hablo de cosas físicas, a todo, a nuestro trabajo, a nuestra pareja, a nuestra casa, a todo». Y si tuviera que apostarlo todo a una carta, apostaría por las habilidades blandas: equipo, mando, obediencia y «poder asumir críticas» que no siempre son constructivas. Una idea guardada por miedo a que te la roben, dice, no existe. Y remata: «el ego al final no dirige nuestros proyectos, el ego no te da de comer».
Veinte kilos, 42 viajes y el ayuno intermitente
El año prepandémico «hice 42 viajes en un año», y cuando viajas nadie te invita a verduras a la parrilla: «en aquella época pesaba unos 20 kilos más». La pandemia le dio la excusa para cuidarse y llegó al ayuno leyendo sobre nutrición. Sabe que «hay gente que te dirá que no sirve que no funciona, que no hay evidencia científica»; su criterio es otro: «tu pruebas algo, te funciona o no te funciona».
Doce horas comiendo y doce sin comer no produce mejoría, explica; hay que estirar a catorce, dieciséis, dieciocho. A partir de unas dieciséis entra la cetosis, el cuerpo tira de las reservas de grasa y ahí aparece la energía; menciona también la autofagia y usa una aplicación llamada Fastic para ver en qué fase va. El truco del principiante es beber, porque casi siempre lo que hay no es hambre sino sed: «el truco está en el agua». Durante la grabación llevaba veintiuna horas sin comer. Tampoco es receta universal: en San Francisco fue incapaz de ayunar, y avisa de que sin constancia es peor que no hacerlo.
La envidia y lo que quiere que recuerden
El tramo más áspero es el de la gente que resta. Dio clase siete años en la Universidad de las Islas Baleares y cuenta que no recibió ni una sola felicitación por ser el instructor con más estudiantes de habla hispana del mundo; lo que le llegaba era que se lucraba del nombre de la universidad para tener fama online. Su conclusión es que «tu círculo tiene que sumar»; los mismos que criticaban, añade, eran los primeros en abrir su estado de WhatsApp, «para que veas la hipocresía de la humanidad».
A la pregunta de qué le gustaría que recordaran de él responde que su inconformismo, «como alguien que nunca se mordió la lengua, que si te tuvo que llamar gilipollas de la cara, le llamó gilipollas». En Frogames eso se traduce en algo medible: «te enseño una tecnología al día después que salga, no, 5 o 10 años después». Y debajo de todo, una idea: «es el primer principio del yoga de hecho que para poder estar bien con la sociedad, tienes que estar bien contigo mismo».
Las recomendaciones del final
Serie en vez de película: Dr. House, vista cuatro o cinco veces, por su mentalidad crítica y porque medicina fue su profesión frustrada. Película: Matrix, «es lo que yo llamo una película cebolla». Libros: Harry Potter y 50 sombras de Grey, que defiende por su análisis psicológico. Y un curso propio: el curso completo de Python de la A a la Z, casi sesenta horas montadas como una aventura pirata, con una semana entera de voz rasgada para hacer de pirata borracho: «es el que más cariño les puesto». Si lo que te llevas es la parte de decidir y tratar con gente, ahí está el de habilidades blandas. Y el proyecto de la entrevistadora, en Crece Tu Coco.
Lo que te llevas
- Una agenda impredecible admite un núcleo fijo: tres horas de trabajo profundo antes de que empiecen a llegar correos y llamadas.
- Mirarse al espejo cada mañana y contar los días seguidos de desgana funciona como alarma; su umbral para cambiar algo son tres.
- Antes de dejar un sueldo, calcular cuántos meses aguanta el colchón convierte el salto en un plazo con fecha, no en un acto de fe.
- Cambiar de plataforma no fue una decisión de ingresos sino de control: los precios y el porcentaje los decidía otro, y los vetos también.
- Ganar menos y trabajar menos es una elección legítima si tu indicador es el tiempo libre y no la facturación.
- El apego al trabajo o a la casa pesa más que los números a la hora de decidir; los pros y los contras sirven para sacarlo del medio.
- En el ayuno intermitente la constancia importa más que la duración: hacerlo a ratos confunde al cuerpo y da peor resultado que no hacerlo.