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Momentos clave
Roxana Falasco empezó vendiendo cursos en Udemy cuando casi no había nada en español, y acabó sacándolos de allí para montar su propia academia. En este episodio desgrana las cuentas reales de la plataforma, el papel de YouTube como motor de tráfico y por qué recomienda no dejar el trabajo todavía.
La carrera que no compensaba
Rox quería ser informática desde los seis años, pero en la carrera el primer año no tocó un ordenador. Al descubrir que un compañero con la ingeniería superior cobraba 500 euros de becario mientras ella ganaba 750 con su FP superior, la dejó y se puso a aprender por su cuenta.
«si el título no me hace que yo gané más dinero»
Llegar a jefa de equipo y no querer eso
Escaló hasta liderar un equipo de cinco o seis desarrolladores en Barcelona. Una baja de diez días por la espalda, con su jefa llamándola para que volviera antes, y unas vacaciones que preferían pagarle a dársela le dejaron claro que el dinero no compensaba.
«pero qué sentido tiene entonces tener tanto dinero, si luego no puedes usar»
Compaginar dos años antes de saltar
Montó con dos compañeras webs de contenidos monetizadas con publicidad mientras seguía en plantilla: ocho horas en la empresa y otras tantas en casa. No dejó el trabajo hasta diciembre de 2014, cuando el proyecto le daba más que la nómina.
«quería tener una fuente de ingresos que me diera tanto dinero al mes como mi trabajo actual»
Las cuentas reales de la plataforma
Reparto minúsculo por venta, reglas que cambian del 50-50 al 67-33, precios topados entre 10 y 200 euros y descuentos que nunca pueden superar a los de la casa. Juan Gabriel pone la cifra más cruda de su propia experiencia.
«Yo tengo ganancias de 20 centimos por un curso vendido por 10 euros en Latinoamérica»
Tu producto con el precio de otro
El detonante para Rox no fue solo el dinero, sino la falta de control: no podía fijar el precio de sus propios cursos ni conseguir que la plataforma escuchara sus quejas. A eso se sumaban los reembolsos a 30 días y la reventa pirata de sus vídeos.
«yo tengo mi propio producto, pero no puedo ponerle el precio de que quiera»
Nadie te compra si no te conoce
Al montar la academia se quedó sin el tráfico que antes le daba la plataforma. La solución fue un canal de YouTube construido con criterio SEO: vídeos que responden a lo que la gente busca, sobre un único tema y dando la cara.
«es muy difícil, realmente, que alguien te compre, si no te conoce»
La pandemia y los mil suscriptores al día
Cuando los profesores presenciales tuvieron que pasarse a lo online, su canal era casi el único que explicaba cómo hacerlo en español. Ella lo atribuye a estar preparada antes de que llegara la ola, no a la suerte.
«Fue suerte sí, pero porque yo ya estaba preparada de antes»
No dejes el trabajo todavía
Su consejo para quien quiere emprender en digital: compaginar, darse un año de plazo para que un canal genere ingresos y no saltar de proyecto en proyecto. Y priorizar las soft skills sobre el puro conocimiento técnico.
«primero que nada que no dejen el trabajo»
El episodio, en profundidad
Roxana Falasco tiene academia propia y un canal de YouTube que supera los 400.000 suscriptores. Pero el episodio 124 de Frogmación no va del resultado: va de por qué un día decidió sacar sus cursos de Udemy. Juan Gabriel Gomila, que pasó por lo mismo, pone los números encima de la mesa.
Estudiar informática para acabar cobrando menos que un FP
Rox lo tenía claro desde los seis años: quería ser informática. Hizo FP, FP superior de administración de sistemas y entró en la carrera. Ahí llegó el primer golpe: el primer año no tocó un ordenador. Todo era matemáticas, física y electrónica. De las cuarenta asignaturas del plan de estudios, cuenta, «igual 3 o 4, son de programación».
El empujón para dejarla fue una conversación con un compañero: él tenía la ingeniería superior, de cinco años, y ganaba 500 euros al mes como becario; ella, con su FP superior, ganaba 750. Dejó los estudios, aprendió por su cuenta, se fue a Barcelona y encontró trabajo de programadora web en dos días. Después vino Atrápalo, después Privalia y después el puesto de team lead en una empresa de cupones.
Era exactamente lo que había perseguido, y ahí descubrió que no era eso. Se lesionó la espalda, le dieron diez días de baja y su jefa la llamaba para que volviera antes. Volvió antes. Como responsable de equipo era además la última en elegir vacaciones, y a veces preferían pagárselas antes que dárselas: «pero qué sentido tiene entonces tener tanto dinero, si luego no puedes usar». Su conclusión fue que no podía cambiar el sistema desde dentro y que «no puedo vivir así toda mi vida».
El colchón antes del salto
Entró al emprendimiento por los libros: primero Padre Rico, Padre Pobre, después La semana laboral de cuatro horas. Su marido llevaba el posicionamiento en buscadores en Softonic y le enseñó cómo funcionaba el SEO. Corría 2011 y, según ella, casi nadie hacía SEO ni montaba webs de contenidos.
Montó una empresa con otras dos compañeras: webs temáticas de cualquier asunto que pagara bien en Google, monetizadas con publicidad y con los textos escritos a mano, sin inteligencia artificial de por medio. Lo relevante es cómo lo hizo: sin dejar el empleo. Ocho horas en la empresa y otras tantas en casa, fines de semana incluidos, durante un par de años. No quería tirar de ahorros, «quería tener una fuente de ingresos que me diera tanto dinero al mes como mi trabajo actual». Cuando el proyecto superó a la nómina, dejó el trabajo, en diciembre de 2014, hizo el Camino de Santiago —dos meses andando desde Barcelona— y se tomó un año y pico de viajes.
Udemy: 600 euros el primer mes
Udemy le encajó de inmediato: siempre había querido dar clase, y le dolía que ninguno de sus profesores pareciera disfrutar enseñando. Empezó a publicar cuando la interfaz seguía en inglés y no había casi nada en castellano. Uno de los primeros cursos ni siquiera lo grabó ella: se lo encargó a un amigo que dominaba el tema, y le dio 600 euros el primer mes. Llegó a tener «como unos 16 cursos publicados».
Por qué se bajó del carro
El problema no fue el tráfico: fue todo lo demás. Primero, el reparto: de una venta de 10 euros al instructor le llega alrededor de un euro, y en Latinoamérica menos. «Yo tengo ganancias de 20 centimos por un curso vendido por 10 euros en Latinoamérica», cuenta Juan Gabriel. Segundo, las reglas que cambian sobre la marcha: un reparto que pasa del 50-50 al 67-33 a favor de la plataforma. Tercero, el producto para empresas, que paga por minutos consumidos sin que el instructor pueda auditar nada; Juan Gabriel lo compara con un bufé libre, donde nadie se termina un plato entero.
A eso Rox le suma el control sobre su propio catálogo: «yo tengo mi propio producto, pero no puedo ponerle el precio de que quiera». Hubo un momento con precios limitados a un mínimo de 10 euros y un máximo de 200, y con la regla de que tu descuento nunca podía superar al de la plataforma. Y luego la devolución a 30 días: gente que compraba, se descargaba los vídeos con un plugin de Firefox, pedía el reembolso al día siguiente y acababa revendiendo esos cursos en páginas de Facebook y canales de Telegram. Ella se quejó y no pasó nada: «no hay nadie que me escuché». Juan Gabriel resume su parte con un dato: en tres años su facturación en la plataforma cayó un 80%.
La academia propia y el canal como motor
Rox montó su academia y se topó con lo obvio: allí no había nadie. «es muy difícil, realmente, que alguien te compre, si no te conoce». Así nació el canal de YouTube, hacia finales de 2018, con dos decisiones deliberadas. Una, aplicar a YouTube lo que ya sabía de buscadores: grabar lo que la gente busca —cómo hacer una web con WordPress, qué micrófono usar, qué programa de edición es más fácil— y desde ahí llevar a la academia. Dos, salir en cámara y no mezclar temáticas: «lo voy a enfocar únicamente a una cosa, pero además me voy a mostrar en los vídeos».
El primer año sumó treinta y pico mil suscriptores. Entonces llegó la pandemia, miles de profesores presenciales se pusieron a buscar cómo dar clase online y su canal era casi el único que lo explicaba en español: «el canal crecía un ritmo de unos mil suscriptores al día», con picos de 500 comentarios diarios. Ella no lo vende como un golpe de suerte: «Fue suerte sí, pero porque yo ya estaba preparada de antes». Juan Gabriel lo remata: «Estás aquí, pero nadie ha visto las noches sin dormir.»
También cuenta las sombras: un hombre obsesionado que llegó a escribir a su marido para preguntarle si tenía alguna posibilidad con ella, y comentarios que no critican el contenido sino su aspecto o su silla. Su respuesta es filtrarlos y, de vez en cuando, reírse de ellos. A Juan Gabriel le llegan por el mismo sitio, en su caso insultos homófobos.
Los consejos, que son los de siempre y por eso funcionan
Lo primero, sin matices: «primero que nada que no dejen el trabajo». Compagina, porque así descubres si de verdad te gusta; si no eres capaz, ya tienes la respuesta. Segundo, plazos realistas: un canal que dé dinero es cosa de un año, no de quince días, y probar un negocio un mes no prueba nada, «tienes que darte un tiempo». Tercero, no saltar de proyecto en proyecto detrás de la moda del mes. Y cuarto, las soft skills: «tú no llegas a jefe, si no sabes tratar con la gente». Todo se sostiene sobre una cosa: «lo importante, hacer algo que te guste, porque eso lo vas a tener que hacer durante muchos años».
Cierra recomendando los libros de Robert Cialdini sobre persuasión, El señor de los anillos y las series de terror de Mike Flanagan en Netflix, a las que Juan Gabriel le suma Dark. Puedes ver lo que publica en videocursosonline.com, y si lo que te interesa es promocionar tu propio proyecto sin depender de nadie, en Frogames tienes el curso de Marketing Digital para Negocios Online.
Lo que te llevas
- En las grandes plataformas de cursos el instructor cobra una fracción mínima de cada venta, y el reparto puede cambiar de un mes a otro sin que tú pintes nada.
- Perder el control del precio y de los descuentos de tu propio producto es tan grave como perder margen: no puedes construir una estrategia comercial encima.
- Los reembolsos automáticos a 30 días abren la puerta a que te descarguen el curso entero y luego lo revendan por su cuenta.
- Si te vas de la plataforma, te llevas el catálogo pero no el tráfico: hay que construir un canal propio antes o justo después de dar el salto.
- El SEO de buscadores se traslada a YouTube: graba lo que la gente busca, céntrate en una sola temática y da la cara para que te sigan a ti.
- Compaginar el empleo con el proyecto durante un par de años es la red de seguridad y, a la vez, la prueba de si el proyecto te gusta de verdad.
- Las soft skills pesan más que las hard skills cuando quieres liderar o vender: sin saber tratar con la gente no se llega lejos.