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Momentos clave
Javier Garzás lleva más de veinte años sacando empresas del lado oscuro de la gestión. En esta entrevista explica por qué seguimos gestionando productos tecnológicos con modelos heredados de la industria, qué pasa cuando el equipo deja de ser solo de personas y por qué juntar gente no es montar un equipo.
Carrera universitaria o formación online
Una amiga le preguntó si su hijo debía estudiar informática. Garzás responde que se puede ser un crack siendo autodidacta, pero que recomendar no estudiar es cargar a alguien de dieciocho años con esa responsabilidad de por vida. La carrera aporta método, ruta y guía; lo online, alcance para quien no puede llegar a una universidad.
«y luego continuar y, obviamente, siendo autodidata, el resto de tu vida»
Modelos de gestión heredados de la industria
Nunca se enseñó de forma reglada cómo gestionar un producto de base tecnológica, así que se copió lo que se sabía de fabricar cosas físicas: jerarquías, Gantt, puestos cerrados. De ahí, dice, la distancia entre lo que un gestor debería conocer y lo que conoce.
«se han ido tomando modelos de gestión que se conocían del mundo clásico, en la gestión industrial»
La receta metodológica no existe
El daño mayor, para Garzás, es creer que hay un libro de pasos válido para cualquier empresa. Debajo hay bases comunes, pero también un catálogo amplio de principios y prácticas en el que se ha profundizado poco.
«el problema es cuando creemos que hay una solución única que viene para todas las empresas»
Ingeniería del software, sí, pero actualizada
La disciplina nació a finales de los sesenta, cuando el software empezó a pesar más que el hardware en coste y tiempo. Garzás la defiende como cuerpo de conocimiento vivo, siempre que no se siga contando lo que decían los manuales de hace veinticinco años.
«yo creo que tiene que existir, pero no se puede contar lo que se contó en los libros»
Equipos de personas e inteligencias artificiales
Su previsión sobre la IA generativa es que cambia las prácticas de gestión que tanto costó consolidar: equipos más pequeños, comunicación distinta y mucha gente programando en lenguaje natural. También un escenario de empleo distinto en la programación.
«empezamos a ver como puede ser que haya empleo para menos gente muy muy cualificada»
La orientación a valor
La tercera pata de la agilidad, junto a las personas y el cambio. Consiste en dejar de entregar lo que uno cree que hay que entregar y preguntarse, de forma incómoda y constante, si eso beneficia a quien está fuera. Juan Gabriel lo ilustra con la incubadora donde solo sobrevivió su startup de videojuegos.
«una de las palabras mágicas, es el valor»
Gente junta no es un equipo
Su primer consejo para cualquier organización: un equipo es un grupo de tamaño moderado, con objetivo común y afinidad suficiente para hacerse responsable de mejorar su manera de trabajar. Y necesita tiempo y roce. El segundo consejo es dejarles descubrir cómo hacer las cosas.
«gente junta no es lo mismo que equipos»
El riesgo real de la IA no es Terminator
Garzás descarta el escenario de las películas y señala lo que ya está pasando: voces clonadas, imágenes y vídeos de cosas que no sucedieron, estafas y noticias falsas, con la regulación yendo mucho más lenta. Juan Gabriel cuenta el intento de chantaje que sufrió con un vídeo suyo generado con IA.
«vamos a tener un problema ahí estamos teniendo ya, es las estafas, las noticias fake»
El episodio, en profundidad
Javier Garzás lleva más de veinte años entrando en empresas para contarles algo incómodo: que la forma en la que gestionan sus productos tecnológicos viene prestada de fábricas que hacían coches y edificios. Doctor en informática, con un postdoctorado en Carnegie Mellon y el único español en la primera conferencia ágil de la historia, ha trabajado con compañías como Inditex, BBVA, Banco Santander o Telefónica. A eso que quiere que abandonen lo llama por su nombre: el lado oscuro del management.
Del BASIC de casa a la consultora, y del doctorado a la empresa
Garzás es manchego, estudió informática en Ciudad Real, en la UCLM, y su primer contacto con la programación fue el BASIC, de crío. Al terminar se fue a Madrid y entró en una consultora programando en Java, mientras en paralelo hacía un doctorado que le llevó unos cuatro años. Esa doble vida explica su carrera: método científico por un lado, empresa real por otro, cada lado realimentando al otro. Juan Gabriel le pone el dedo en la llaga de la universidad: hay docentes que viven entre cuatro paredes desde que se gradúan hasta que se jubilan y nunca tocan el mundo empresarial. Garzás lo comparte, y dice que por eso él nunca se desvinculó: ha montado unas cinco startups y ha trabajado para más de doscientas empresas.
¿Carrera universitaria o cursos online?
Es la pregunta que le hizo una amiga hace un par de meses sobre su hijo, y reconoce que es complicada. Sí, se puede ser un crack siendo autodidacta; hay ejemplos. Pero recomendarle a alguien de dieciocho años que no estudie es cargarle con esa responsabilidad para el resto de su vida profesional. La carrera tiene carencias, pero da método, profundidad, una ruta y una guía. Su respuesta es hacerla «y luego continuar y, obviamente, siendo autodidata, el resto de tu vida».
Eso no le resta un gramo de valor a la formación online: él mismo montó el primer MOOC de agilidad en español, en la plataforma de Telefónica y Banco Santander, con más de cuarenta mil estudiantes, para «democratizar al máximo conocimiento de manera online», sobre todo para quien está lejos de una universidad, física o económicamente.
El lado oscuro: gestionar software como quien monta coches
Su diagnóstico es que nunca se enseñó de manera formal cómo gestionar un producto de base tecnológica, así que «se han ido tomando modelos de gestión que se conocían del mundo clásico, en la gestión industrial»: jerarquías, diagramas de Gantt, puestos cerrados. De ahí sale una distancia enorme entre lo que un gestor debería saber sobre la naturaleza de estos productos y lo que sabe. La culpa, dice, está repartida entre empresas que no se han formado, la inercia de los modelos antiguos y una universidad a la que actualizarse le sale lento y caro.
La trampa más cara es creer que existe una receta. «el problema es cuando creemos que hay una solución única que viene para todas las empresas», dice, y va más lejos: «el modelo tradicional de gestión que ha hecho mucho daño es el modelo metodológico», el libro que se sigue paso uno, paso dos, paso tres como si un producto intelectual se cocinara. Con la ingeniería del software, nacida a finales de los sesenta cuando alguien vio que las líneas de código empezaban a costar más que el hardware, es igual de claro: tiene que seguir existiendo, pero no puede contar lo que contaban los manuales de hace veinticinco años.
Equipos que ya no son solo de personas
La parte que más le interesa del presente es la que está reventando esas prácticas recién consolidadas. Su previsión es directa: «vamos a empezar a ver equipos que ya no sólo están formados por personas sino que están formados por personas e inteligencias artificiales». Si el equipo cambia de composición, cambia todo lo demás: la comunicación, el tamaño (apunta a equipos más pequeños de lo que se recomendaba) y la propia idea de quién programa, porque «mucha gente va a empezar a programar en lenguaje natural».
De ahí sale la parte incómoda: una profesión que hace nada era de pleno empleo puede cambiar de escenario, y «empezamos a ver como puede ser que haya empleo para menos gente muy muy cualificada» junto a gente sin conocimientos puros de programación que trabaja en lenguaje natural. Su símil es la calculadora: no desaparece el saber matemático, pero quien no la usa va más lento. Su conclusión: «no es que te voy a quitar el puesto de trabajo, es una herramienta más que se pone encima de la mesa». A quien empieza le recomienda meterse con la generación de código y con los copilotos de GitHub, y mirar de cerca los agentes de IA, que es hacia donde ve que va el sector: agentes cada vez más autónomos y que conozcan el legacy y las particularidades de cada plataforma.
La pregunta incómoda: ¿esto le sirve a alguien?
Para Garzás la agilidad no es una metodología, sino una manera de pensar con tres patas: las personas por encima, el cambio constante y la orientación a valor. Esta última es la que más repite: en gestión «una de las palabras mágicas, es el valor», y sin embargo lo habitual sigue siendo entregar lo que uno piensa que hay que entregar sin preguntarse si a quien está fuera le cambia algo. La versión madura de esa pregunta es cuantificar cuánto de lo que haces beneficia de verdad a alguien. Juan Gabriel lo ilustra con su propia historia: su primera empresa fue una startup de videojuegos incubada junto a otros cuarenta y nueve proyectos, y fue la única que salió a flote; el resto cayó en uno o dos años, no porque las ideas fueran malas, sino porque no aportaban nada que no estuviera ya ahí fuera.
Gente junta no es un equipo
Cuando le preguntan por dónde empezar a montar un equipo, su respuesta suena a obviedad y no lo es: «gente junta no es lo mismo que equipos». Un equipo es un grupo de tamaño moderado, con un objetivo común claro y con suficiente afinidad como para interiorizar que son ellos los responsables de mejorar su forma de trabajar. Y eso no sale de una reunión: «el equipo no se crea en dos minutos», hace falta tiempo, roce y conversación. El segundo paso es dejarles descubrir, hasta cierto punto, cómo hacer las cosas dentro del contexto y los objetivos de la organización, con alguna métrica encima que diga si se está haciendo mejor o peor. Todo ello bajo una idea que atraviesa la entrevista: «el cambio es constante, y que lo que gestionamos y como lo gestionamos hoy, debe de cambiar mañana». De hecho, una buena señal de que tu modelo de gestión funciona es que dentro de poco ya no sea el mismo.
Lo que de verdad da miedo de la IA
Preguntado por el escenario apocalíptico, se lo quita de encima con una frase: «estamos contaminados por James Cameron». El problema real ya está aquí: clonar una voz, llamar a un familiar y hacerle creer algo que no ha pasado, o un vídeo de algo que no sucedió. «vamos a tener un problema ahí estamos teniendo ya, es las estafas, las noticias fake», dice, y añade que nadie sabe todavía cómo gestionarlo: las leyes van mucho más lentas que la tecnología y, con modelos libres que cualquiera se instala, la cosa es directamente ingestionable. Juan Gabriel cuenta que abrió una temporada del podcast con un caso propio: un intento de chantaje con un vídeo suyo de contenido sexual generado con inteligencia artificial.
Puedes seguir a Javier Garzás en su web, en LinkedIn y en su canal de YouTube. Y gracias, como siempre, al equipo de Crece tu Coco por traernos invitados de este nivel.
Lo que te llevas
- Gestionamos productos intelectuales con modelos de gestión heredados de la industria física, y ahí empieza el lado oscuro del management.
- No hay una metodología-receta válida para todas las empresas: hay principios y prácticas que cada equipo tiene que ajustar a su contexto.
- La agilidad, para Garzás, se apoya en tres patas: las personas, el cambio constante y la orientación a valor.
- La IA generativa va a cambiar la composición de los equipos y, con ella, las prácticas de gestión: equipos más pequeños y gente programando en lenguaje natural.
- La IA no te quita el puesto: es una herramienta más, como la calculadora, y quien no la usa trabaja más lento.
- Un equipo no es gente junta: hace falta objetivo común, tamaño moderado, afinidad y tiempo para que se forme.
- El riesgo urgente de la IA no es la ciencia ficción, sino las estafas y los contenidos falsos, con leyes y regulaciones muy por detrás.