Volumen 132 · Frogmación Podcast

Entrevista a Andrea Draper - Cómo sacar la mejor versión de ti mismo como líder

Por Juan Gabriel Gomila • • 86 min de audio

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Episodio 132: Entrevista a Andrea Draper - Cómo sacar la mejor versión de ti mismo como líder

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Momentos clave

Andrea Draper dejó diecisiete años de gran consumo para montar Octava y enseñar a líderes lo que a ella le faltó cuando mandaba desde el control. En este episodio desmonta los dos problemas que ve en casi todas las empresas, la gestión emocional y la comunicación, y explica cómo se pactan conductas en lugar de colgar valores en la pared.

La confesión: era una líder pésima

Draper cuenta que cuando le dieron sus primeros equipos lideraba desde el control porque le faltaba confianza en sí misma. El coaching llegó a su vida como respuesta a esa falta de herramientas, y de ahí nace su idea de que el liderazgo empieza por uno mismo.

«estaba basada en el control, porque me faltaba confianza a mí»

Octava nació casi por accidente

Un antiguo referente suyo le propuso montar una empresa juntos justo cuando acababa de tener a su primera hija. Él volvió al mundo corporativo y ella se quedó; con Renata Pagni definió el modelo actual, formaciones experienciales sobre los conflictos reales del cliente.

Comunicamos más y conectamos menos

Escritos, audios de dos minutos y videollamadas han multiplicado los mensajes y reducido el contacto directo. Para ella ahí se pierde la persona que hay detrás del rol, y por eso reaccionamos a un correo como si fuera un ataque.

«el uso de las pantallas y de los medios, muchas veces ha hecho que perdamos ver a la persona detrás del rol»

Identificar la emoción y la necesidad

Su método es nombrar la emoción y buscar debajo la necesidad no cubierta, sea respeto, confianza o cariño. Solo entonces se puede pedir algo concreto en vez de estallar más tarde.

«si yo no tengo una buena gestión emocional, yo voy a reaccionar en vez de accionar»

El respeto no significa lo mismo para todos

Con el ejemplo de una reunión a las nueve muestra que dos personas pueden entender el respeto de forma distinta sin que ninguna falte a nada. La salida es pactar conductas concretas y revisarlas cuando la empresa cambia de tamaño.

«las alianzas son vivas»

El efecto Rosenthal y las etiquetas

Relata el estudio en el que se etiquetó a un grupo de niños como superdotados al azar y un año después sus notas habían subido. La conclusión que extrae es que la etiqueta condiciona el trato, y que hasta las etiquetas buenas limitan.

«Cuando conocemos una persona automáticamente, le ponemos etiquetas»

La IA hereda los sesgos humanos

El episodio salta de los sesgos en selección de personal a los modelos de inteligencia artificial entrenados con datos curados por humanos. Al estimar sueldos reproducen la penalización por género, edad o raza, así que el problema sigue siendo humano.

«el cuchillo no es bueno o malo, sirve para pelar una manzana»

Resiliencia, emociones y comunicación

Su top 3 de habilidades blandas para estos tiempos, con la humildad y la curiosidad como condición previa. La resiliencia la define con la palmera en el huracán: se dobla entera pero no mueve la raíz.

«Serían tres para mí, tres superpoderes»

El episodio, en profundidad

Andrea Draper acompaña a directivos y equipos desde Octava, la consultoría que fundó hace cuatro años con Renata Pagni tras diecisiete años en gran consumo. Pero cuando le preguntan por sus inicios, lo primero que suelta es que, con sus primeras responsabilidades de mando, era una líder pésima: «estaba basada en el control, porque me faltaba confianza a mí». De ahí sale su máxima: el auténtico liderazgo empieza por el autoliderazgo.

De querer ser médico a abrir mercados de vino

De pequeña quería ser psicóloga o médico, y descartó medicina porque le impactaba la sangre. Acabó licenciada en Comercio Internacional y en Ciencias Empresariales, con un máster en gestión de proyectos y el programa ejecutivo Promociona de Esade. Su carrera fue en el gran consumo, en bebidas: cerveza y vino. Decidía cómo entrar en mercados nuevos y si tocaba elaborar allí o exportar. Preguntada si repetiría esa formación o si lo suyo fue aprender a base de hostias, responde que la vida es un híbrido y que lo primero son las ganas de aprender.

Octava nació casi por accidente. Acababa de tener a su primera hija cuando uno de sus referentes, ya fuera de la empresa, le propuso montar algo juntos: le decía que con cuatro gestos conseguía equipos muy motivados. Le entró el síndrome del impostor, pero probaron; él volvió al mundo corporativo y ella no. Con Renata Pagni llegó la forma definitiva: nada de teoría, trabajar los conflictos que la empresa tiene de verdad.

Los dos retos del líder de hoy

Para Draper, las empresas arrastran dos problemas ya latentes antes del COVID que la pandemia aceleró. El primero es la gestión emocional, que a ella nadie le enseñó en dos carreras.

Las emociones son el motor de la vida

Su método: identificar la emoción y, debajo, la necesidad que la provoca. Si estoy triste porque no me siento respetada, la necesidad es respeto, y puedo pedir algo concreto. Si no soy consciente, me convierto en una bomba de relojería: «si yo no tengo una buena gestión emocional, yo voy a reaccionar en vez de accionar».

El segundo reto es la comunicación. Escribimos mucho, mandamos audios de dos minutos por WhatsApp, vivimos en videollamada. Son potentes, pero «está faltando la comunicación genuina», la de piel con piel, la que baja un conflicto de nivel en cinco segundos. Su diagnóstico: «el uso de las pantallas y de los medios, muchas veces ha hecho que perdamos ver a la persona detrás del rol». La otra pata es adaptarse a quien tienes delante: el introvertido piensa antes de hablar y el extrovertido piensa hablando.

Las nueve o las nueve y cinco

El ejemplo con el que lo aterriza es una reunión a las nueve. Para una persona, respeto es entrar a las nueve en punto; para otra, a las nueve y cinco es igual de respetuoso. Nadie falta a nada, pero a la cuarta reunión saltan chispas. En sus formaciones pide a cada participante tres palabras con lo que necesita y luego trabajan qué significan: respeto sale casi siempre. Los valores no son un cartel en la pared, son conductas pactadas y revisables, porque lo que valía siendo cuatro no vale siendo trescientos: «las alianzas son vivas».

El otro mecanismo son los juicios: el cerebro es perezoso y ante algo parecido a lo ya vivido dispara la conclusión. Si te sientas cargado de juicio (llegas tarde, es una falta de respeto), el otro se defiende. Si te sientas con el hecho (te has conectado a las nueve y cinco, y la hora eran las nueve), le devuelves la posibilidad de responsabilizarse. Lo no dicho se acumula, y en las empresas grandes hay mucho sedimentado.

Un liderazgo distinto para cada persona

Preguntada por qué estilo hace falta hoy, lo tiene claro: «el liderazgo más importante es el liderazgo individual». Hay quien necesita guía y mentoring y hay quien necesita libertad. El líder mantiene su hoja de ruta, pero su trabajo es que cada uno construya la suya dentro de ella. Con un aviso: si te adaptas a todos y te olvidas de ti, te quedan dos días.

Etiquetas, sesgos y una IA que los hereda

Sobre las diferencias entre hombres y mujeres al liderar es tajante: ve diferencias culturales, no de sexo. No estamos genéticamente codificados sino socialmente adaptados, y el cerebro funciona por uso: lo que no se usa, se pierde. Lo ilustra con el efecto Rosenthal, que sitúa en 1981 en Estados Unidos, avisando de que puede equivocarse de años: se hizo un test de inteligencia a cien niños y, al margen del resultado, se dijo a los profesores que veinte eran superdotados y otros veinte estaban por debajo de la media. Un año después, los primeros habían subido entre cinco y siete puntos, solo por cómo los trató su profesor: al superdotado que no entiende algo se le insiste.

«Cuando conocemos una persona automáticamente, le ponemos etiquetas», y no solo las malas: si etiquetas a alguien de creativo dejas de darle los proyectos que piden análisis, limitando su crecimiento con la mejor intención. Los currículums ciegos le interesan, pero un sesgo inconsciente no se gestiona sin trabajo de consciencia. Juan Gabriel lo lleva a la inteligencia artificial, que se entrena con datos filtrados por humanos, hereda sus sesgos y al estimar un sueldo penaliza por género, edad o raza. La conclusión: «el cuchillo no es bueno o malo, sirve para pelar una manzana».

Tres superpoderes y una palabra reivindicada

En su top 3 de habilidades blandas entran resiliencia, gestión emocional y comunicación: «Serían tres para mí, tres superpoderes». Antes suma dos previas, humildad y curiosidad: «Curiosidad para aprender, curiosidad por conocer, curiosidad por comprender». La resiliencia la explica con la palmera en un huracán, que se dobla entera sin mover la raíz: «Porque se adapta al tiempo cambiante, aguanta, y a la vez es firme en sus principios». Y reivindica la palabra blanda, que todo el mundo quiere sustituir: «las mejores cosas del mundo son blandas».

Es el argumento del artículo que escribió para un periódico: se contrata por lo técnico del currículum y se despide por lo que no se midió. Con un cliente lo resolvió publicando en las ofertas los pilares de conducta del equipo. El mismo terreno, cuando entra la IA en la ecuación, da todavía más juego.

Por dónde empezar mañana

Su receta para quien nunca se ha ocupado de esto: listar las emociones, ver para qué sirve y para qué no cada una (todas son cara y cruz) y completar la frase de me siento tal porque necesito tal, con una lista de necesidades universales: respeto, confianza, cariño, perdón. Recomienda dos libros de Daniel Goleman, Inteligencia emocional y, si hay que elegir, Inteligencia social. Y la docuserie 100 Humans de Netflix y No es lo mismo, de la Escuela Europea de Coaching.

El cierre lo ponen los tres fracasos que Juan Gabriel contó en una charla TEDx de 2019, en un bloque llamado resiliencia: no llegó a médico, rechazó una beca para un máster en París por amor y dejó la dirección de producto de una empresa de videojuegos. De cerca son derrotas; con perspectiva, «fracasos locales que me han permitido llegar a un éxito global».

Lo que te llevas

  • El autoliderazgo es la base: quien no tiene herramientas para gestionarse acaba liderando desde el control.
  • Los dos retos que ve en las empresas son la gestión emocional y la comunicación, latentes ya antes del COVID.
  • Gestionar una emoción es nombrarla y encontrar la necesidad que hay debajo para poder pedir algo concreto.
  • Los valores no sirven colgados en la pared: hay que traducirlos a conductas pactadas y revisarlas al crecer.
  • Hablar desde el hecho observado en lugar del juicio permite que la otra persona se responsabilice en vez de justificarse.
  • Su top 3 de habilidades blandas es resiliencia, gestión emocional y comunicación, con humildad y curiosidad como base.
  • Las etiquetas condicionan el rendimiento, y los sesgos humanos se trasladan intactos a las herramientas de IA.

Enlaces del episodio

¿Quieres aprender esto en serio?

El curso del que se habla en este episodio: Habilidades Blandas, cinco elementos para comenzar.