Volumen 133 · Frogmación Podcast

Entrevista a Jair Lozano, Del mundo de los negocios al lado oscuro

Por Juan Gabriel Gomila • • 57 min de audio

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Episodio 133: Entrevista a Jair Lozano, Del mundo de los negocios al lado oscuro

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Momentos clave

Jair Lozano vendió formación en programación durante dos años antes de escribir su primera línea de código. En este episodio cuenta cómo fue el salto: el bootcamp de seis meses, el primer trabajo con un lenguaje que no había estudiado y el hueco laboral que todavía no existe para quien mezcla negocio y desarrollo.

Del hotel al marketing y a los bootcamps

Empezó en dirección hotelera en Galicia y un accidente de tráfico la obligó a dejarlo. Se fue a Madrid a estudiar marketing y dirección comercial en ESIC, pasó por París y acabó vendiendo y dirigiendo bootcamps de programación en Málaga.

La librería de libros que nunca abrió

Dos años rodeada de programadores le dieron el vocabulario, pero no el oficio. Cuando por fin se sentó a programar, todo lo que sabía de oídas cobró sentido de golpe.

«yo tengo una librería con todos los nombres de los libros, yo me sé todos los nombres pero nunca he abierto ninguno»

Seis meses de bootcamp a 18 horas

Describe el bootcamp como una experiencia extrema y muy efectiva, pero sin margen: no puedes descolgarte ni un día. Comía sano y hacía algo de yoga para aguantar.

«de lunes a lunes estudiaba 18 horas al día y el resto dormía»

Antes del bootcamp, los fundamentos

Su consejo más claro es no entrar en frío: una formación online previa de fundamentos y bases de los lenguajes. El bootcamp te enseña a hacer la mesa, pero antes conviene saber qué son las maderas y las herramientas.

«primero aprende lo que son las maderas»

Aprender JavaScript y trabajar en Java

Salió del bootcamp antes de acabarlo para un puesto full stack con Java y Angular, cuando ella venía de JavaScript, React y Node.js. Se montó un segundo bootcamp con cursos online para llegar a tiempo.

«es como estoy aprendiendo castellano y voy a empezar a trabajar hablando catalán y gallego»

Junior en código, senior en negocio

Se llama a sí misma transformer: tres años programando y diez de recorrido en negocio. El problema no es la capacidad, sino que las empresas todavía no tienen un puesto para ese perfil, así que hay que inventárselo.

«todavía no existe muy bien dónde colocarnos»

Ochenta programadores, menos de diez mujeres

Cuenta el desequilibrio de su equipo y el prejuicio añadido de que la tomaran por encargada de tienda por vestir bien. Lo atribuye al condicionamiento con el que creció su generación y cree que se irá igualando.

«a las niñas nos daban la barbie y a los niños les daban la videoconsola»

Deporte, agua y protector solar

Su bloque de consejos de salud para quien programa: una hora al día de formación, otra de deporte, menos café, mesa de pie o pelota de pilates, vacaciones de verdad y protegerse la piel de las pantallas.

«el último consejo que doy es utilizar protector solar cuando trabajáis con varias pantallas»

El episodio, en profundidad

El episodio 133 de Frogmación se graba en Galicia, en casa de la invitada. Jair Lozano empezó en la dirección hotelera, siguió en marketing y ventas y hace unos tres años dio el salto que da título a la conversación: pasarse al lado oscuro, es decir, a programar. Ella y Juan Gabriel Gomila se conocieron en Málaga en 2017, cuando los bootcamps empezaban a explotar en España.

Del hotel al marketing y de ahí a vender formación tecnológica

Su primera carrera fue la dirección hotelera, en una escuela de Galicia. Un accidente de tráfico la obligó a dejarla, y ese corte fue un cambio de rumbo: se marchó a Madrid a estudiar marketing y dirección comercial en ESIC, saltó a París y pasó unos años entre las dos ciudades como responsable de ventas para España. Después llegó la formación tecnológica: entró en el mundo de los bootcamps cuando el modelo aterrizaba desde Estados Unidos, en uno de los equipos pioneros del sur de España, con base en Málaga. Su papel era dirección académica, apoyo al alumno y parte comercial. Es decir, vendió programación dos años sin haber programado nunca.

La librería llena de libros que nunca había abierto

La imagen con la que resume esos dos años es la mejor del episodio: «yo tengo una librería con todos los nombres de los libros, yo me sé todos los nombres pero nunca he abierto ninguno». Se sabía los temarios, los lenguajes y las preguntas de los alumnos, pero no había escrito código. Cuando por fin se sentó a hacerlo, «te explota la cabeza»: «mi vida cambió y mi cerebro cambió». Recuerda la explicación que le dieron años antes de qué es un algoritmo: una receta de cocina, los pasos para freír un huevo. Lo que cambia al programar no es el vocabulario, es la forma de estructurar el pensamiento.

Seis meses de bootcamp a 18 horas al día

Su formación fue un bootcamp full stack, y no lo endulza: «de lunes a lunes estudiaba 18 horas al día y el resto dormía». Comer sano, algo de yoga para mover el cuerpo y poco más. El formato le parece muy efectivo porque te mete un volumen enorme de conocimiento en un tiempo extremo, pero avisa de dos cosas. La primera, que el reloj no perdona: no puedes descolgarte ni ponerte enferma un día porque no hay horas materiales para recuperar. La segunda, y es su consejo más claro, que no se entra en frío: «que se haga una formación previa de fundamentos». Su metáfora es que el bootcamp te enseña a hacer una mesa, pero «primero aprende lo que son las maderas» y las herramientas. Para eso sirve un curso de bases desde cero como el Curso completo de Python de la A a la Z.

Ahí aparece la diferencia con quien viene de una ingeniería o de una formación profesional: cuando llegas de otra rama «no sabes pensar como un programador». Se puede, pero cuesta.

Aprendes JavaScript y te contratan para Java

En el bootcamp trabajó con JavaScript, React, Node.js y bases de datos. La oportunidad laboral llegó antes de terminarlo, y el puesto también era full stack, pero con Java y Angular: «es como estoy aprendiendo castellano y voy a empezar a trabajar hablando catalán y gallego». Se montó un segundo bootcamp por su cuenta a base de cursos online encabalgados para llegar a tiempo. Entró muy junior y lo reconoce: «hay que hacer las cosas en orden». La salvó tener al lado gente senior que confió en ella y le enseñó dónde y cómo buscar.

Junior en código, senior en negocio: el perfil transformer

De ahí sale el tema más interesante de la entrevista. Con tres años programando se considera junior, pero con diez de recorrido en negocio no lo es en absoluto: sabe estar delante de un cliente, en una reunión y en un equipo. A ese perfil lo llama transformer, y el problema que señala es de encaje, no de capacidad: «todavía no existe muy bien dónde colocarnos». Su consejo es inventarse el puesto, porque cada vez hay más gente así y las empresas todavía no saben dónde ponerla.

El síndrome del impostor lo descubrió al programar; en marketing nunca lo tuvo. Y lo relativiza mirando alrededor: «tengo compañeros senior con 10 años de experiencia que todavía no se creen senior».

Ochenta programadores y menos de diez mujeres

En su equipo eran unos ochenta programadores y no llegaban a diez las mujeres. Añade la barrera del cliché: como le gusta vestir bien, en las comidas de empresa le preguntaban de qué tienda era encargada, y al decir que era programadora la miraban de arriba abajo. El desequilibrio de fondo no lo achaca al machismo, sino al condicionamiento social con el que creció su generación: «a las niñas nos daban la barbie y a los niños les daban la videoconsola». Cree que se irá igualando, porque hoy la tecnología está en manos de todos por igual.

Tres consejos para marketing y tres para programar

Para marketing: observar el mundo y las tendencias para detectar necesidades, meter los pies en una empresa cuanto antes aunque sea en prácticas —la realidad no es lo que viene en los libros— y hacer contactos. Para programación: paciencia con los seniors, porque no siempre te va a tocar alguien que te lleve de la mano; no dejar de aprender nunca, con una hora al día después del trabajo en cursos cortos, podcasts o vídeos; y cuidarse el cuerpo y la cabeza. Deporte a diario, mucha agua, menos café, mesa de pie o una pelota de pilates, y vacaciones de verdad: cuando volvió de las suyas tras casi tres años sin cogerlas, los conocimientos se le reordenaron solos. Y un consejo que no suele oírse: «el último consejo que doy es utilizar protector solar cuando trabajáis con varias pantallas», porque a ella la luz le dejó marcas en la piel.

Adónde quiere llegar

Su plan es llegar a senior y montar su propia empresa o liderar un equipo, con las dos patas: crear el producto y venderlo. Del liderazgo tiene clara su parte: «no utilices el poder utiliza el liderazgo remangate tú y ya verás cómo se remanga». De la motivación, que no se espera, se fabrica: «hacer lo que hay que hacer aunque no tengas ganas se hace y punto». Y del camino, la frase de su madre: «cuando no sepas a dónde ir sigue caminando». El ejemplo lo tiene en casa: «mis padres trabajan más que duermen que son panaderos pero les encanta».

Matiza además que el famoso clic no es un día concreto: «no es un día que lo entiendes todo sino es que de repente empiezas a entender». Y sobre volver a Galicia: «los gallegos al final emigramos pero siempre volvemos». Termina con sus recomendaciones: una comedia de Netflix sobre dos mujeres que rehacen su vida tras separarse —lo único que se permitía ver durante el bootcamp—, la docuserie Dark Tourist y el libro El Alquimista, del que rescata que «muchas veces no paras de viajar por el mundo para encontrar el tesoro» y el tesoro estaba en casa.

Lo que te llevas

  • Reconvertirse a programar desde otra rama es posible a cualquier edad, pero pide ganas y constancia: como dice ella, lo que no se puede es vender humo.
  • Antes de un bootcamp intensivo conviene hacer una formación online de fundamentos; entrar en frío multiplica la frustración.
  • El bootcamp da práctica en tiempo récord, pero deja fuera lo estructural (patrones de diseño, arquitectura) por falta de horas.
  • El primer trabajo puede llegar con un stack distinto al que has estudiado; tener seniors que te guíen acelera la autonomía más que cualquier curso.
  • Quien mezcla negocio y desarrollo es junior en código y senior en trato con cliente y equipo: hoy ese puesto hay que inventárselo.
  • Programar es una profesión sedentaria y muy exigente mentalmente: deporte diario, pausas de pie, vacaciones reales y cuidar la vista y la piel.

Enlaces del episodio

¿Quieres aprender esto en serio?

El curso del que se habla en este episodio: Curso completo de Python de la A a la Z.