Volumen 142 · Frogmación Podcast

Las administraciones públicas viven en el pleistoceno medio

Por Juan Gabriel Gomila • • 16 min de audio

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Episodio 142: Las administraciones públicas viven en el pleistoceno medio

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Momentos clave

Una formación para una empresa pública acaba en una mañana entera peleándose con el formato FACe. Programas oficiales que el ordenador toma por virus, una versión de Java de hace dos décadas, un error que solo dice «null» y un código BIC que no está en el formulario. Un episodio de enfado con argumentos técnicos detrás.

El encargo que parecía rutinario

Una empresa del Estado pide formación para sus empleados y encaja con Frogames para Empresas: altas masivas desde un extracto de correos y un panel para seguir cursos, atascos y certificados. Se compara con otras ofertas, gana Frogames y toca facturar.

Primera alerta: formato FACe

Al ser una empresa pública, la factura tiene que ir en formato FACe. Nunca había hecho una y lo dejó para primera hora pensando que sería cosa de minutos.

«lo dejo para la mañana fresquito que serán cinco minutos, cinco minutos no han sido»

Programas oficiales que parecen virus

Ni Facturae ni AutoFirma vienen firmados electrónicamente. El Mac propone mandarlos a la papelera y Windows obliga a pasar por cinco o seis pantallas de confirmación y veinte advertencias más al instalar.

«si es un programa oficial del estado, lo mínimo es firmarlo con un certificado de seguridad, para que no pasen estas cosas»

El agujero de seguridad que abre eso

Si el programa oficial se comporta igual que uno falso, nadie distingue. Bastaría con posicionar en Google una copia con nombre parecido para recoger los datos de quien crea estar usando la herramienta del Estado.

«señores que no cuesta tanto firmar digitalmente un producto electrónico, lo hacemos cada vez que creamos una aplicación para Android, una aplicación para iOS»

Java 1.6 y el Pleistoceno medio

El programa exige una versión de Java de hace casi dos décadas, pero el botón de descarga lleva a la versión moderna. En Windows no arranca ni reiniciando; en Mac la versión antigua se instala sin problema.

«necesitas Java 1.6.1 para funcionar»

El BIC que no está en el formulario

Los datos bancarios se piden con IBAN, pero el código BIC o SWIFT no aparece en ningún campo, pese a que la normativa europea lo exige. En el alta del sistema bancario de la Comunidad Valenciana, en cambio, sí se lo pidieron.

«en el formulario no aparece el BIC por ningún lado, todavía ahora lo estoy buscando»

Error de firma sin explicación

Al firmar, la aplicación responde que los datos no son correctos y remata con un null que no señala qué campo falla. Hora y media probando acentos, casillas y desplegables, y rehaciendo la factura desde cero.

«esto he estado hora y media probando, haciendo cambios, cambiando checkboxes, drop downs, nombres, apellidos, acentos y demás»

Un ticket del súper vale más

La factura acaba firmándose en Windows con la versión antigua de Java descargada a mano. La comparación final es con su propia plataforma, que factura sola, y con el ticket del supermercado.

«Es increíble que yo me vaya al mercadona, me hagan un ticket y que ese ticket directamente me valga casi casi como factura»

El episodio, en profundidad

Hay episodios de Frogmación que nacen de una entrevista y otros que nacen de un cabreo. El 142 es de los segundos, y Juan Gabriel Gomila lo dice desde la primera frase: normalmente no hace episodios quejándose de la actualidad ni de la insuficiencia tecnológica de las administraciones del Estado, pero ese día «me han tocado tanto las narices que no me queda otro remedio». Lo graba con el móvil apoyado en la mesa y la pantalla de Windows encendida detrás, que ya es una pista de por dónde van los tiros. Son las nueve y veinticuatro de la mañana y lleva desde las seis intentando emitir una factura.

Una formación normal y una factura que no lo era

El origen es corriente. Una empresa de la península, del Estado, contacta con Frogames Formación porque necesita formación para sus empleados. Encaja con Frogames para Empresas, el programa que ofrece el catálogo adaptado a compañías: si necesitan dar de alta a veinte o cincuenta personas, en lugar de hacerlo una a una pasan un extracto con los correos, Frogames los da de alta y la empresa tiene un panel para ver qué cursos hacen, dónde se atascan y qué certificados sacan. Se pasa presupuesto, la empresa compara dos o tres ofertas como es habitual, elige la de Frogames y toca facturar. Primera alerta: al ser una empresa del Estado, la factura tiene que ir en formato FACe.

Nunca había hecho una. Y su resumen de lo que vino después es contundente: de haber sabido de antemano todo lo que había que hacer, «igual les digo oye meteros la formación por donde os quepa». Lo había dejado para la mañana pensando que sería rápido: «lo dejo para la mañana fresquito que serán cinco minutos, cinco minutos no han sido».

Un programa del Estado que el ordenador toma por virus

El primer muro son las descargas. Para emitir la factura hacen falta dos programas oficiales: Facturae, para crear el documento, y AutoFirma, para firmarlo. Ninguno viene firmado con un certificado electrónico, así que en el Mac el sistema los marca como potencialmente dañinos y sugiere mandarlos a la papelera. En Windows es peor: el equipo ni siquiera deja bajar el ejecutable sin pasar por cinco o seis pantallas de confirmación, y luego llegan otras veinte advertencias durante la instalación.

Ahí es donde el episodio deja de ser una anécdota y se convierte en un argumento de seguridad. Si un programa oficial se comporta igual que uno fraudulento, el usuario aprende a ignorar los avisos. Y él lo plantea desde el otro lado: bastaría con registrar un dominio parecido, posicionarlo en Google o pagar publicidad, y recoger los datos de todo el que se descargue la copia falsa creyendo que es la del Estado. «señores que no cuesta tanto firmar digitalmente un producto electrónico, lo hacemos cada vez que creamos una aplicación para Android, una aplicación para iOS». Su petición es tan básica como suena: «si es un programa oficial del estado, lo mínimo es firmarlo con un certificado de seguridad, para que no pasen estas cosas».

Java 1.6, o el Pleistoceno medio

Superada la instalación, aparece el segundo muro. Al abrirse, el programa avisa: «necesitas Java 1.6.1 para funcionar». El botón grande que ofrece la propia aplicación lleva a la página de descargas de Java, pero a la versión actual, no a la que pide. Se instala la moderna y el programa sigue sin arrancar. Reinicia Windows, y el mensaje vuelve. En el Mac, en cambio, la versión antigua de Java se instala sin protestar y el programa se abre. Media hora perdida y el primer Rubicón cruzado.

El BIC que no aparece por ningún lado

Con el programa funcionando, rellena la factura: los datos de las dos empresas, los números concretos que la administración usa para asociar la factura a una identidad o a un consorcio, y el concepto, formación para empresas para un número determinado de empleados. Aquí aparece un detalle fiscal que interesa a cualquiera que venda formación: el curso online lleva IVA, porque lo único exento es la formación en directo, la presencial o la que se imparte en vivo sin quedar convertida en producto.

Y luego están los datos bancarios. En pleno siglo XXI, una transferencia se identifica con el IBAN y con el código SWIFT o BIC. En el formulario, el BIC no está: «en el formulario no aparece el BIC por ningún lado, todavía ahora lo estoy buscando». O sobra, o falta, o se le escapa algo, pero la normativa europea lo pide. La guinda llega al final: para darse de alta en el sistema bancario de la Comunidad Valenciana sí tuvo que aportar el SWIFT.

«los datos no son correctos, nul»

El momento cumbre es la firma. Al firmar salta un mensaje: «error durante la generación de factura, los datos no son correctos», seguido de dos puntos y un null que no dice qué dato falla. ¿El nombre? ¿El concepto? ¿El impuesto? Prueba a quitar acentos, cambia el nombre de la suscripción y el de la ruta, rehace la factura entera desde cero. Nada. «esto he estado hora y media probando, haciendo cambios, cambiando checkboxes, drop downs, nombres, apellidos, acentos y demás». Escribe al cliente, pero son las ocho y pico y no hay respuesta.

La solución, tras tres cafés, es volver a Windows y hacer a mano lo que el instalador no hizo: buscar en Google la versión antigua de Java, entrar en el archivo de versiones anteriores, instalarla, reiniciar. Después, «he exportado la factura desde el Mac, la he importado en el factura del Windows, la he podido firmar». Factura enviada, con la promesa de cobrar en sesenta días.

La factura que su propio sistema emite sola

El cierre es una comparación que duele. Su plataforma factura sola: en cuanto alguien compra un curso o una suscripción, el documento sale por correo y él recibe el aviso, sin tocar nada. Y el ejemplo doméstico remata la idea: «Es increíble que yo me vaya al Mercadona, me hagan un ticket y que ese ticket directamente me valga casi casi como factura».

De ahí sale la reflexión de fondo, la que da título al episodio. Un Estado donde conviven el castellano, el catalán, el gallego y el euskera debería poder convivir también digitalmente: «es de esperar que podamos convivir digitalmente en un mundo donde convivan Windows, Linux, Mac, Android, iOS». Él usa Mac desde 2008 y hay quien trabaja en Linux. Su conclusión, dirigida a los funcionarios y programadores del Estado, no se anda con rodeos: «Si me creas un sistema que solamente se puede utilizar en Windows y con todos los problemas que os he dicho, que puñetera credibilidad me estáis dando».

El coste real, dicho sin filtro: «tres horas y veinte minutos perdidas, porque han sido perdidas, creando una puta factura». Tanto, que se plantea en voz alta dos salidas para la próxima empresa pública que llame: rechazar el encargo, o «en lugar de que una formación anual coste 300 euros por empleado, pues decirles que costará, no sé, 3.000, solo por los dolores de cabeza». Y deja el recado para quien corresponda: «si yo he tenido que hacer este episodio es por culpa vuestra, es por cómo está la administración montada».

Lo que te llevas

  • Facturar a una administración pública española exige el formato FACe y dos programas oficiales, Facturae para generar la factura y AutoFirma para firmarla.
  • Ninguno de los dos viene firmado con certificado electrónico: Mac los marca como potencialmente dañinos y Windows encadena avisos de seguridad, lo que enseña al usuario a ignorar precisamente las alertas que deberían protegerle.
  • El programa depende de una versión de Java de la rama 1.6 y su propio botón de descarga lleva a la versión actual, que no le sirve; hay que buscar el archivo de versiones anteriores a mano.
  • La formación online lleva IVA; lo único exento es la formación en directo o presencial, la que no llega a convertirse en producto.
  • El formulario pide IBAN pero no ofrece dónde meter el BIC o SWIFT, aunque después el alta bancaria de la administración sí lo reclame.
  • Un error de validación que solo dice que los datos no son correctos, sin indicar el campo, convierte una tarea de cinco minutos en una mañana entera: los mensajes de error genéricos son un coste real para quien está al otro lado.
  • Una administración que solo funciona bien en Windows deja fuera a quien trabaja en Mac o en Linux, y ese coste acaba repercutido en el precio o en la decisión de no trabajar con ella.

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