Volumen 156 · Frogmación Podcast

Entrevista a Oliver Rodríguez-Pearson – Y tú, ¿qué haces para trabajar tu desarrollo personal? 🌍📚

Por Juan Gabriel Gomila • • 88 min de audio

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Episodio 156: Entrevista a Oliver Rodríguez-Pearson – Y tú, ¿qué haces para trabajar tu desarrollo personal? 🌍📚

Momentos clave

Oliver Rodríguez-Pearson lleva más de quince años mandando estudiantes al extranjero y empieza la entrevista desactivando el motivo por el que casi todas las familias le llaman. Aquí hay edades, destinos, precios reales y una crítica sin anestesia a la universidad española, a la sobreprotección de los padres y a los planes de estudio que tardan diez años en cambiar.

Llegó a la educación de rebote

Quiso hacer publicidad, tanteó ingeniería forestal y acabó en derecho y ciencias políticas antes de encontrar su sitio en gestión comercial y marketing. Entró en la educación internacional casi por casualidad, cubriendo una semana en una oficina que se convirtió en un mes.

«empecé a trabajar realmente a los 14 años oficialmente»

Depende: la universidad no es universal

Oliver rechaza el sí o no rotundo. La universidad nació para pensar y debatir, y en España se ha quedado en estudiar lo que entra en el examen. Su recomendación es empezar por el objetivo y que sea el objetivo el que marque la decisión.

«La universidad no es para todo el mundo»

El título ya no avala nada

Juan Gabriel tira del ejemplo de fundadores que no acabaron la carrera y de empresas que ya no piden papel. Lo que se evalúa en una entrevista son habilidades que la facultad no entrena.

«hemos crecido en una cultura donde si no tienes un título universitario no eres nadie y eso es totalmente falso»

Los planes de estudio van tarde

Nadie enseña a construir un modelo de lenguaje para una empresa porque cambiar un temario lleva años. Cuando llegue al aula, la tecnología puede haber quedado atrás.

«para cambiar un plan de estudios y llevar esto sobre la mesa, pues se necesitan cinco, diez años»

Si es solo por el inglés, que no vaya

Cuando una familia solo busca idioma, Oliver les dice que no manden al hijo. El desembolso económico, y sobre todo el emocional, no se sostiene por un idioma que se puede trabajar desde casa.

«la inversión emocional y la inversión económica que tienes que hacer»

Padres que amortiguan todos los golpes

Hacerles la maleta, hacer de taxi, resolverles todo. Si el chaval no practica la autonomía, no la aprende, y el golpe llegará más tarde y sin cimientos debajo.

«ese miedo que tenemos con padres de que no queremos que nuestros hijos se metan una leche brutal»

El programa J-1 y la mente abierta

Nacido después de una guerra mundial por iniciativa de unas enfermeras americanas destinadas en Alemania, coloca al estudiante en una familia y un instituto público sin poder elegir dónde. Es más asequible y exige adaptarse a lo que toque.

«Necesitamos construir puentes entre culturas para que se entienda a la gente»

Cuánto cuesta y qué se lleva uno

A partir de 15.000 euros el año escolar, con una media de 25.000 a 30.000 si se quiere elegir. Frente a eso, la invitación a sumar lo que cuesta el hijo en casa y a mirar la experiencia como inversión de largo plazo.

«si tú mismo no luchas por tus ideales, pues alguien te pagará»

El episodio, en profundidad

Oliver Rodríguez-Pearson, cofundador de The Lemon Tree Education y con más de quince años en la educación internacional, viene a hablar de mandar a los hijos a estudiar fuera. Y lo primero que dice es que, si lo único que buscas es que aprenda inglés, mejor que no vaya.

Al sector de la educación, de rebote

Oliver nunca se vio en educación. Quiso hacer publicidad, pero la nota de corte le quedaba lejos. Acabó en derecho y ciencias políticas, «lo que pasa que no iba muy derecho yo ahí», y se pasó a gestión comercial y marketing, pagándoselo él: «empecé a trabajar realmente a los 14 años oficialmente». Con 18 o 19 mandó el currículum a una empresa que llevaba grupos de estudiantes españoles a Chicago, lo cogieron de monitor y, cuando pidieron voluntarios para una semana en la oficina, levantó la mano. Esa semana se convirtió en un mes y no ha salido del sector. Por el camino se le cayó un puesto muy bien pagado en una tabacalera, y lo cuenta como una señal: lo que hagas tiene que tener un impacto positivo.

«La universidad no es para todo el mundo»

El melón lo abre Juan Gabriel: licenciado en matemáticas, siete años dando clase en la pública y la sensación de que nadie le ha pedido nunca el papel. Oliver responde con un depende. La universidad nació como espacio «de pensamiento, de reflexión, de debate» y el sistema español la ha reducido a apuntar lo que entra en el examen. Defiende la privada, «unos espacios bastante más dinámicos, bastante más realistas, bastante más personalizados», con profesores que vienen de la empresa. Señala dos desconexiones: la universidad con el mercado laboral y el colegio con la universidad, donde se trabajan pensamiento crítico y habilidades y al llegar a la facultad «es un frenazo». También reivindica la FP, tan mal vista aquí.

Juan Gabriel lo lleva más lejos: «hemos crecido en una cultura donde si no tienes un título universitario no eres nadie y eso es totalmente falso». Cita a Steve Jobs y a Bill Gates, apunta que Google no exige título y recuerda lo que se evalúa de verdad en una entrevista: «hay gente que no puede trabajar en equipo, que son orcos de cueva y que los pones a trabajar en una oficina y a los tres días están fuera». Oliver lo remata: son «habilidades blandas, lo que se necesita enormemente, y esas no se aprenden en la universidad».

Lo que tarda diez años en llegar al temario

El ejemplo más claro de la conversación: no hay universidad que enseñe a construir un modelo de lenguaje para tu empresa. Sale como excepción el máster de inteligencia artificial de la Universidad Católica de Murcia, pero el problema es estructural: «para cambiar un plan de estudios y llevar esto sobre la mesa, pues se necesitan cinco, diez años», y para entonces esa tecnología puede haber pasado a la historia. Juan Gabriel lo confirma con su catálogo: «mi curso más vendido del año 2024 es el LLM, con diferencia».

Si es solo por el inglés, que no se vaya

Cuando una familia le dice que quiere que su hijo aprenda inglés, él pregunta qué más. Si la respuesta es solo el inglés, su consejo es que se quede: no compensa «la inversión emocional y la inversión económica que tienes que hacer» por un idioma que se puede trabajar desde casa. Irse fuera es cultura distinta, comida distinta, amigos nuevos y un clima al que no estás hecho: cuenta el caso de alguien a quien mandaron a Boston y al que, en abril, le está nevando.

Lo que sí se lleva es autonomía. Y ahí es duro con los padres: hacerles la maleta, ocuparse de todo, hacer de Uber a cualquier hora. Si el chaval no lo practica, no lo aprende, y el golpe llega igual pero más tarde: «si no les damos herramientas para que ellos tengan esos cimientos sólidos, va a llegar el momento en el que venga la leche y se va a destruir todo». Por eso insiste en que la experiencia vaya dentro de un programa con red de apoyo: el funambulista cruza el cañón por el cable, pero debajo hay una red.

Edades, destinos y el programa J-1

¿Cuándo? Cuanto antes mejor, con matices. Un verano con 8, 9 o 10 años; un trimestre escolar con 9, 10 u 11; y el año más habitual en España, cuarto de la ESO, porque cierra ciclo y el bachillerato no se toca. Oliver defiende también primero de bachillerato, el curso donde más se aprieta y donde ve depresiones y abandonos: bajo esa presión no se puede pensar, que es justo lo que toca en esa etapa.

El caso que más le marcó: una madre le llamó porque su hija iba a empezar primero de bachillerato: venía de un colegio de currículo británico, acababa de cerrar etapa con los GCSE y le daba igual el año y le daba igual la convalidación, solo quería que viviera la experiencia. A Oliver le desarmó esa apertura —«me encantó tanto esa apertura mental de esta madre»— y fue él quien puso el freno: «esto no son extremos, o sea hay un equilibrio». La chica se fue a Canadá a hacer primero, se planteó quedarse el segundo año y no lo vio: pudo lo emocional, echaba mucho de menos a su equipo de fútbol. De vuelta, el bachillerato internacional exige los dos años en el mismo centro, así que le tocó repetir primero. «Pero no era un drama»: había ido a crecer y volvió con otra cabeza.

Los destinos más pedidos son Estados Unidos, Canadá, Reino Unido e Irlanda. Y hay un programa concreto, el J-1 del gobierno estadounidense, nacido tras una guerra mundial de la mano de unas enfermeras americanas destinadas en Alemania: «Necesitamos construir puentes entre culturas para que se entienda a la gente». Es familia de acogida e instituto público, más asequible, pero no eliges destino. España es el país que más estudiantes aporta, por delante de Alemania e Italia. Ahí hace falta mente abierta, incluso para acabar en una familia ideológicamente opuesta a la tuya, que para Oliver «es una oportunidad brutal para aprender para ver otro punto de vista».

Cuánto cuesta

Sin rodeos: a partir de 15.000 euros un año escolar, y una media de entre 25.000 y 30.000 para una familia que quiera elegir. Oliver propone la cuenta contraria: sumar lo que cuesta ese hijo en casa (colegio, extraescolares, ropa, luz, comida, médico) y comparar. Él terminó la carrera en el Reino Unido con un préstamo que se buscó solo: cinco bancos «con mi cara de pipiolo» hasta que uno dijo que sí.

El cierre, las preguntas de siempre. Libro: el de Tony Robbins sobre el dinero, ochocientas páginas, porque nos falta educación financiera. Serie: una miniserie de Netflix con De Niro sobre un expresidente al que reclutan para resolver un ataque informático. Y un aviso final: «si tú mismo no luchas por tus ideales, pues alguien te pagará» para que luches por los suyos. O como lo despide él: «las oportunidades están ahí, y el no ya lo tenéis, así que a por todas».

Lo que te llevas

  • El idioma no justifica por sí solo una estancia larga en el extranjero: si el único objetivo es el inglés, sale más a cuenta trabajarlo desde casa.
  • La decisión de ir o no a la universidad debería salir del objetivo personal, no del relato heredado de que sin título no eres nadie.
  • Las habilidades blandas (comunicación, gestión de conflictos, trabajo en equipo, resolución) son lo que buscan las empresas y no se entrenan en un temario.
  • Los planes de estudio tardan entre cinco y diez años en incorporar una tecnología nueva, así que la formación puntera vive fuera de la universidad.
  • Cuanto antes mejor, siempre con red de apoyo: verano con 8-10 años, trimestre con 9-11, y cuarto de la ESO o primero de bachillerato como cursos más habituales.
  • Un año escolar fuera parte de 15.000 euros y se mueve de media entre 25.000 y 30.000; conviene compararlo con lo que ya cuesta el hijo en casa.

Enlaces del episodio

¿Quieres aprender esto en serio?

El curso del que se habla en este episodio: Habilidades Blandas, cinco elementos para comenzar.