Momentos clave
Recién llegado de un mes dando clase en Omán, Juan Gabriel cuenta el experimento que hizo con la IA de Unity delante de sus estudiantes: pedirle lo más básico y ver qué pasaba. Con ese resultado en la mano responde a la pregunta que todo el mundo se hace, y explica dónde sí le ahorra trabajo la IA cada día.
Vuelta de Omán con maleta perdida
Tres horas tirado en Estambul por una tormenta eléctrica sobre Barcelona, vuelo perdido, otro billete y tres horas más de retraso. La maleta llegó a facturación pero no al avión.
«hay un montón de ropa maloliente en algún lugar del aeropuerto»
Qué es Unity AI y de dónde viene
Unity juntó bajo un solo nombre lo que antes eran Unity Muse y Unity Sentis. Muse ayudaba a crear videojuegos; Sentis servía para ejecutar cálculos de IA dentro del juego ya publicado.
«Sentis permitía ejecutar, realizar cálculos de IA en tiempo real dentro del videojuego una vez publicado»
El cubo, el material y el salto
La prueba más básica que hace cualquiera al abrir Unity. El cubo salió a la tercera; el material rojo no llegó a crearse y la IA respondió con código para hacerlo a mano.
«Me dio un montón de código para poder crear el material por código, cosa que por cierto, yo no he hecho en mi vida»
Dos cosas a la vez, no
Moverse, sí. Saltar por separado, también. Pero pedir las dos cosas juntas rompía el resultado, aunque cada una funcionara bien por su cuenta.
«Pero cuando se lo pedí junto, parece que hacer dos cosas a la vez no funciona»
El patio andaluz que salió verde
El ejemplo es de las propias guías de Unity: un teselado de mosaico andaluz. Devolvió un cuadrado verde liso. Un ninja en 2D acabó siendo un cuadrado negro.
«Pues me hizo, literalmente, una imagen cuadrada de color verde»
Donde la IA sí le ahorra trabajo
Responder dudas técnicas de alumnos, sobre todo código de cursos grabados en Python 3.8 que hoy se ve con versiones muy posteriores. Le da la primera tirada y él pone las comas.
«es una herramienta que me ahorra trabajo»
Traducciones y voiceover: un 7 de 10
Probó a traducir vídeos cortos al árabe y al turco clonando su voz. La idea se captura, pero los matices de programación y la calidad de una explicación propia se pierden.
«tradúcemelo a un idioma u otro o hazme un voiceover, el resultado es un 7 de 10»
Como internet o como los ordenadores
Su marco no es el reemplazo, sino la adaptación: quien se adaptó a llevar la contabilidad con un PC o a trabajar por internet salió ganando. Con la IA calcula entre cinco y diez años de margen.
«para mí este cambio es como cuando se introdujo internet o como cuando se introdujeron los ordenadores»
El episodio, en profundidad
Juan Gabriel graba este episodio recién llegado a casa después de varias semanas dando clase en Omán, y el viaje merece una nota: tres horas tirado en el aeropuerto de Estambul por una tormenta eléctrica sobre Barcelona, el vuelo perdido, otro billete a toda prisa y una maleta que, pese a llegar a facturación con tiempo de sobra, no se subió al avión. En algún rincón de El Prat hay, dice, «un montón de ropa maloliente». Con ese humor arranca la pregunta del día: ¿de verdad la inteligencia artificial va a quitarnos el trabajo? La respuesta no sale de una opinión de sobremesa, sino de una prueba concreta delante de sus alumnos.
El experimento: un cubo, un material y un salto
Como instructor de Unity, quería enseñar a sus estudiantes una herramienta que les aliviara la carga: cuatro semanas de teoría condensada son duras y para la última ya no te acuerdas de la primera. Así que instaló Unity AI —el resultado del rebranding con el que Unity fusionó Unity Muse, la parte que ayudaba a crear videojuegos, y Unity Sentis, la que permitía «ejecutar, realizar cálculos de IA en tiempo real dentro del videojuego una vez publicado»— y le pidió lo más elemental que hace cualquiera al abrir el programa por primera vez: crear un cubo, ponerle un material, moverlo.
El cubo salió: «El cubo lo creó a la tercera, tengo que decir, pero lo creó.» El material, no: la IA le devolvió código: «Me dio un montón de código para poder crear el material por código, cosa que por cierto, yo no he hecho en mi vida», porque en Unity eso es botón derecho, crear material, y ya está. Tres pasos. Y no era ninguna filigrana: pidió un material rojo, nada transparente ni animado.
Con el movimiento sí acertó. El problema llegó al encadenar: mover y saltar. Por separado, bien; juntas, se lía. «Pero cuando se lo pedí junto, parece que hacer dos cosas a la vez no funciona.» El chiste se cuenta solo, y él lo hace: la IA es claramente un hombre, porque los tíos no podemos hacer dos cosas a la vez.
El patio andaluz que salió verde
La parte artística fue peor, y con el agravante de que el ejemplo es el que la propia Unity publica en sus guías: un teselado estilo patio andaluz, esos mosaicos de dibujos que se repiten. «Pues me hizo, literalmente, una imagen cuadrada de color verde.» Sin dibujos. Después probó con una imagen 2D de un ninja y obtuvo un cuadrado negro; quizá, bromea, se lo hizo de un píxel.
El veredicto es directo: la herramienta se presentó en Barcelona hace un año y sigue en beta. «No sabe hacer ni lo más básico.» El argumento de fondo no es un alegato contra la IA, sino la distancia entre la promesa y la realidad. En la Unite del año pasado esto era el oro y el moro: alguien sin idea de arte —él se pone de ejemplo— podría crear el arte de su videojuego sin contratar a un artista, y un modelador sin idea de programación tendría su código de gameplay hecho. Incluso animaciones automáticas, de lo más tedioso que hay, porque las articulaciones del modelo 3D se mueven una por una.
Si unos estudiantes que están aprendiendo y solo quieren hacer el ABC no pueden usar la herramienta para eso, argumenta, los profesionales no van a hacer con ella el abecedario entero. Imagínate pedirle un orco del Señor de los Anillos. Contaba con Unity AI como prototipador rápido para la Game Jam que hará con sus alumnos el mes que viene, y ni para eso: «es que ni los pasos iniciales».
Dónde sí le ahorra trabajo
Donde sí la usa a diario es respondiendo dudas de alumnos en Udemy y en Frogames. Muchas son técnicas y tienen que ver con el paso del tiempo: un curso de Python grabado con la 3.8 se ve hoy con la 3.14 y el código que funcionaba ya no funciona. Le pasa el problema a ChatGPT y le devuelve la versión corregida, y encima mejor escrita que la suya: él se define como muy seco, «si tú me preguntas a, yo te respondo a», sin decorar. Por eso el soporte lo lleva María, que tiene más carisma. Cuando se queda atrapado en un aeropuerto sin conexión se le acumulan setenta u ochenta preguntas: esa primera capa de barniz le ahorra trabajo de verdad.
El techo aparece cuando le pide más. Pasarle sus cursos y pedirle traducción o voiceover da un 7 de 10: captura la idea, pero falla en los matices. Un bucle for en inglés no es un bucle «para» en castellano; hay términos de programación que no se traducen en la vida. Hizo la prueba con vídeos cortos al árabe y al turco, y aunque la IA le clona la voz y de repente el Juan Gabriel de la grabación habla otro idioma, la calidad de una explicación suya se pierde.
Una década para adaptarse
De ahí sale la tesis del título. «La IA no te va a quitar el trabajo. Por lo menos, no te lo va a quitar en los próximos 10 años.» Su marco no es la ciencia ficción, sino dos cambios que ya vivimos: «para mí este cambio es como cuando se introdujo internet o como cuando se introdujeron los ordenadores». Llevar la contabilidad hoy estresa; hacerlo en papel, guardando tickets sin cámara en el bolsillo para fotografiarlos, era otra cosa. Internet permitió la videollamada, o grabar un podcast en casa y que se escuche en todo el mundo. «Tenemos igual cinco o diez años para entender y colaborar con la inteligencia artificial y ser capaces de trabajar codo a codo.»
Eso incluye asumir que sus alumnos, cuando entren en un estudio, usarán la IA dentro de sus juegos, para modelos y para código. Lo que no va a pasar por ahora es lo otro: «no le voy a decir a la IA, créame un videojuego entero, clic y eso va a funcionar».
Lo que no va a hacer
Cierra con la parte que no es técnica. «Hay cosas que las IAs nunca van a poder llegar a hacer, por ejemplo, entender sentimientos o empatizar de la forma en la que lo hacemos los humanos.» O tocar, algo que ha echado mucho de menos: en Omán, como en los países árabes en general, «tocar es casi delito», y volver a casa y que alguien te dé un abrazo se agradece: «en cuatro semanas no me han dado un abrazo, es que lo he echado de menos». Menciona el capítulo de Black Mirror que a veces recomienda, el de la pareja en la que uno muere y lo sustituye un robot idéntico que no duerme ni tiene necesidades humanas: como ciencia ficción está bien, pero difícilmente llegará, y si llega, «nosotros ni lo veremos».
El plan inmediato es descanso, Mallorca, la Unite de Barcelona con la presentación de Unity 6.3 —donde intentará grabar para redes y, si puede, un episodio en inglés con algún compañero— y yoga. Porque el yoga, ese, la IA no se lo va a quitar en la vida.
Lo que te llevas
- Unity AI, un año después de presentarse en Barcelona, sigue en beta y falla en lo más básico: crear un material rojo o un mosaico con dibujos.
- La IA generativa aplicada a videojuegos encadena mal las instrucciones: mover y saltar por separado sí, juntos no.
- El hueco entre la demo de una herramienta y lo que hace en tu proyecto se mide probándola tú mismo con la tarea más tonta posible.
- Donde sí rinde hoy es como primera capa: responder dudas técnicas, actualizar código de una versión de Python a otra, dar un borrador que tú retocas.
- En traducción y voiceover da un 7 de 10: capta la idea pero pierde los matices, y hay términos de programación que no se traducen nunca.
- El paralelismo útil no es la sustitución sino la llegada de los ordenadores e internet: cinco o diez años para aprender a trabajar codo a codo con ella.
- Entender sentimientos, empatizar o tocar siguen fuera de su alcance, y eso no es un detalle menor en un trabajo con personas.