Volumen 201 · Frogmación Podcast

Viajar no te abre la mente (puede hacerte peor persona)

Por Juan Gabriel Gomila • • 84 min de audio

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Episodio 201: Viajar no te abre la mente (puede hacerte peor persona)

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Momentos clave

Germán Gutiérrez Ruiz dejó la radio a los 30 años con una fecha límite escrita y se fue a recorrer el mundo con una cámara. Hoy vive en Vietnam, organiza viajes fotográficos y sostiene algo incómodo: viajar no te abre la mente, igual que apuntarte al gimnasio no te pone más fuerte. Por el camino cuenta cómo se cuentan historias con una cámara, qué es la teoría de las banderas y por qué el mito de que el buen trabajo se vende solo arruina a los creativos.

06:44La fotografía llegó por descarte

Dejó informática tras dos años y estuvo un año en los peores trabajos. Quiso volver por el módulo de informática y no había plaza; un amigo le habló de un grado de cine y fotografía. Fue la primera vez que algo de lo que estudiaba le gustó.

«por primera vez en mi vida he empezado a gustarme algo de lo que estaba estudiando»

13:03Un programa de viajes sin haber viajado

En el instituto montó con un amigo un programa de radio sobre viajes usando revistas de National Geographic y la biblioteca del pueblo. Entrevistar a viajeros le enseñó que aquella vida era posible, igual que Stephen Curry demostró que se podían meter triples desde muy lejos.

«hablábamos de día sin haber salido nunca del pueblo»

20:13Ponerle fecha a dejarlo todo

Aplicó a su vida la técnica que usaban en el trabajo con los proyectos: si no le pones fecha, no se hace. Dejó la radio en 2009, en plena crisis, con la fecha marcada en su treinta cumpleaños.

«antes del 15 de octubre, de cuando cumpla 30 años, tengo que dejar mi trabajo»

28:21Las buenas fotos cuentan historias

Descubrió enseñando fotos a sus amigos que las que gustaban eran las que narraban algo. A diferencia de la literatura o la pintura, en fotografía no puedes inventarte nada, así que primero hay que vivir la historia.

«al final estamos preparados, fabricados biológicamente para contar y escuchar historias»

34:09Viajar no te abre la mente

Su tesis central: viajar es una herramienta magnífica, pero no produce resultados automáticos. Todo el mundo conoce a alguien que ha viajado muchísimo y se ha vuelto un pedante.

«el hecho de apuntarte a un gimnasio no te hace más fuerte el hecho de viajar no te hace mejor persona ni más abierto de mente»

38:25La teoría de las banderas

Es español, vive en Vietnam, tributa en Georgia y va al dentista a la India. Cada área de la vida se planta donde mejor te traten. Del 50% de impuestos en España pasó a un 1%, y dona el 1% de sus beneficios directamente a orfanatos y hospitales de los países que visita.

«puedes plantar diferentes banderas en diferentes partes del mundo»

45:59El mito de que el trabajo se vende solo

Para él esa idea destroza a los creativos. Los artistas que no murieron pobres, además de buenos, eran buenos vendedores. Sus dos errores fueron creer que el trabajo hablaba por él y poner precios demasiado bajos.

«tienes que saber hacer las cosas pero aparte de saber hacerlas tienes que saber venderlas porque si no va a acabar pobre»

66:29El agente naranja en Vietnam

Fue a documentar una historia y encontró otra: un ala de hospital en Saigón con niños abandonados, nacidos con deformaciones más de cuarenta años después de la guerra. Al volver descubrió que nadie de su entorno sabía que aquello existía.

«el agente naranja es considerado el producto químico más dañino jamás creado por el ser humano»

El episodio, en profundidad

Germán Gutiérrez Ruiz no llegó a la fotografía por vocación, sino por descarte. Dejó informática a los dos años y pasó otro en los peores trabajos posibles hasta que le volvieron las ganas de estudiar. Quiso volver por el módulo de informática y no había plaza; un amigo le dijo que sí quedaban en un grado de cine y fotografía. Su reacción fue literalmente tío, qué pinto ahí. Y allí, por primera vez en su vida, empezó a gustarle algo de lo que estudiaba.

Antes de eso ya estaba la radio. En el instituto montó con un amigo un programa semanal de viajes en una emisora local. No habían salido del pueblo: cogían las revistas de National Geographic del amigo y describían las fotos en antena. Hablaban de la India sin haber pisado la India. Lo determinante fueron las entrevistas: escuchando a gente que había vendido todo para dar la vuelta al mundo en bici o en velero, descubrió que aquello era posible.

La fecha límite que lo cambió todo

El problema llegó con los años: un mes de vacaciones dejó de bastarle. No quería visitar sitios, quería saber cómo es vivir en ellos. Y quería ser fotógrafo sin saber cómo se llega a serlo. Su queja sigue vigente: si quieres ser médico o arquitecto los pasos están escritos; en fotografía no hay ruta. Los encargos estaban malísimamente pagados, y sabía por qué: quien necesita una foto del Taj Mahal la compra en un banco de imágenes a un indio que la hace mejor y más barata.

La solución fue una técnica de su trabajo: ponerle fecha a los proyectos, porque si no, no se hacen nunca. Se puso la suya: "antes del 15 de octubre, de cuando cumpla 30 años, tengo que dejar mi trabajo". Era 2009, con la crisis recién estrenada y todo el mundo agarrado a su empleo. Quienes le apoyaron fueron los mayores —sus padres y los de sus amigos—, mientras la gente de su edad le decía que a los treinta tocaba hipoteca e hijos. Su primer encargo fue una asociación que llevaba una biblioteca dentro de un camión por los campamentos saharauis.

Las fotos buenas no son técnicas, son narrativas

La clave se la dio una obsesión común a cualquiera que haya madrugado para un amanecer: la foto nunca captura lo que sentiste allí. Enseñándolas a amigos y familia vio que las que gustaban de verdad eran las que contaban algo. De ahí su tesis: "al final estamos preparados, fabricados biológicamente para contar y escuchar historias". Y de ahí la trampa del medio: en literatura o en pintura te lo inventas; en fotografía tienes que plasmar lo que hay. Si quieres contar historias, primero hay que vivirlas.

Su método es poco técnico. La cámara es un pretexto para entrar donde no te dejarían: "a mí la cámara muchas veces me sirve como excusa para conocer gente". Preguntas qué está pasando, te haces un poco el tonto, te invitan a la ceremonia y ya dentro haces la foto. Su consejo para quien empieza es casi una provocación: la técnica "se puede aprender en un día", así que en cuanto sepas hacer una foto decente, deja los cursos y los vídeos de YouTube y ponte a viajar y a meterte en historias.

Viajar no abre la mente

Aquí está el titular incómodo del episodio, con una analogía difícil de rebatir: apuntarse al gimnasio no te pone más fuerte si no vas. Viajar es una herramienta magnífica, no un resultado automático. Su prueba: todos conocemos a alguien que ha viajado muchísimo y es un pedante insufrible. Lo que cambia es qué haces allí. En Camboya puedes leer sobre los jemeres rojos en internet o preguntarle en directo a gente que perdió familiares; son, dice, enciclopedias andantes. Ir, ver templos y quedarte en el hotel es legítimo, pero no te hace mejor persona. Su lectura de la desigualdad tampoco es complaciente: haber nacido en Camboya lo hace muchísimo más difícil y quien te lo dice tiene razón, pero pone al lado a su guía camboyano, que ha peleado y vive bien.

La teoría de las banderas

Su vida está literalmente repartida: es español, vive en Vietnam, tiene la residencia fiscal en Georgia y cuando le toca dentista se va a la India porque sale más barato. Eso es la teoría de las banderas: "no es obligatorio tener toda tu vida en un sitio sino que puedes plantar diferentes banderas en diferentes partes del mundo" —la de dónde vives, la de tus finanzas, la de la salud, la de la educación— e irte a donde mejor te traten. En España pagaba más del 50% de impuestos; ahora paga un 1%. La contrapartida que se impone es entregar el dinero a mano: en cada país donde organiza viajes visita un orfanato o un hospital y dona allí un 1% de sus beneficios, sin gobiernos por medio.

El mito que arruina a los creativos

La frase "un buen trabajo se vende solo" le parece "un cáncer para todos los artistas". El razonamiento es simple: la mayoría de los artistas murieron pobres, y los que no —cita a Dalí y a Picasso— además de buenísimos eran muy buenos vendedores. Vender algo que de verdad ayuda a la gente no es sucio, es casi una obligación moral. Confiesa sus dos errores por orden: creer que el trabajo habla por ti y poner precios de miseria. Empezó vendiendo viajes por mil euros, ganando cincuenta o cien por persona, y le llegaban emails regateando. Subió precios y aquella gente desapareció. Hoy su viaje de diez días por el Delta del Mekong cuesta 2.850 euros con todo incluido menos el avión. Del síndrome del impostor tiene una opinión rara y buena: le parece sano, porque impide convertirse en un imbécil. Y la técnica que dice que le cambió la vida cabe en una línea: escribir un email al día a tu lista, cortito, contando algo medianamente interesante. El día 1 el lector piensa que no va a ninguna parte contigo; el día 60 desea tener dinero para irse contigo.

El agente naranja

La parte más dura llegó por error. Aterrizó en Vietnam hacia 2010 con un amigo escritor para documentar un aumento de niños nacidos con síndrome de Down. Se plantaron en un hospital de Saigón y encontraron otra cosa: un ala llena de niños abandonados por sus padres, nacidos con deformaciones causadas por el agente naranja, el defoliante que Estados Unidos fumigó sobre la selva y que, dice, "es considerado el producto químico más dañino jamás creado por el ser humano". Más de cuarenta años después del final de la guerra siguen naciendo niños afectados, porque el compuesto entró en el agua, la tierra y los vegetales y altera el ADN. Lo cuenta con la duda encima: cada vez que apretaba el obturador se preguntaba qué derecho tenía a fotografiar a esa gente. Al volver descubrió lo que le empujó a insistir: nadie de su entorno sabía que aquello existía. Y aun así, dice, Vietnam vive ahora el único momento de su historia sin guerra tras siglos de conflictos, y allí ser extranjero es una maravilla.

Lo que te llevas

  • Viajar no abre la mente por sí solo: es una herramienta, no un resultado. Lo que la activa es hablar con la gente del sitio, no acumular sellos en el pasaporte.
  • En fotografía la técnica se aprende en un día; lo difícil y lo que diferencia es tener una historia que contar, y para contarla hay que haberla vivido.
  • La cámara funciona mejor como excusa para entrar en situaciones y conocer gente que como instrumento técnico. Primero entras, luego disparas.
  • Ponerle fecha a una decisión es lo que la convierte en real: él se puso su treinta cumpleaños como límite para dejar la radio y lo cumplió.
  • Creer que un buen trabajo se vende solo es lo que arruina a los creativos. Si lo que haces es bueno para alguien, venderlo no es sucio.
  • Un email corto al día a tu lista, contando algo medianamente interesante, es la técnica de venta más simple y la que a él le cambió la vida.

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