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Momentos clave
Una vez al mes, Frogmación resume un libro. Este le toca a El principio 80/20 de Richard Koch, y el episodio no se queda en el eslogan: baja la regla de Pareto a los clientes, al equipo de ventas, a la agenda del día y a la lista de amigos. Sales con dos ejercicios concretos y con una idea incómoda sobre a quién estás pagando.
El móvil y la media hora que desaparece
Abre con la procrastinación que se disparó desde el COVID y con el teléfono como principal responsable. De ahí presenta el libro del mes y su promesa: no trabajar más, sino saber qué parte del trabajo cuenta.
«Cada vez que abrimos redes sociales por dos minutos y nos damos cuenta y han pasado media hora»
Quién fue Pareto y qué encontró
Vilfredo Pareto estudiaba cómo se distribuían los recursos entre las personas y dio con un patrón que se repetía. No llegó a entenderlo del todo; otros investigadores posteriores completaron el principio que hoy usamos.
«descubrió que la riqueza de cada nación estaba controlada por unas pocas minorías»
Los porcentajes no son sagrados
El 80 y el 20 son una forma de hablar, no una ley exacta. Lo que se sostiene es que un puñado de acciones desencadena los grandes cambios, y eso es lo que permite priorizar.
«unos pocos pasos son siempre fundamentales para una gran evolución o un gran cambio en el proyecto y en el proceso»
Productos, clientes y cuota de mercado
El análisis que propone el libro pasa por medir líneas de producto, ventas, beneficios y qué clientes sostienen de verdad el negocio. Dirigir el marketing a ese 20% rinde más, pero sin perder de vista quién te está pagando hoy.
«no pierdas de vista que tu mercado actual es lo que te da de comer»
La conclusión lapidaria sobre el equipo
Identifica a los comerciales que más rinden, mantenlos contentos y enseña al resto lo que ellos hacen. Y si aun así no rinden, la recomendación del libro es directa y él la repite tal cual.
«No tengas miedo de despedir a los trabajadores que rinden menos, al final es tu empresa»
Encontrar tus horas realmente productivas
El ejercicio consiste en repasar tus días más productivos, buscar el patrón (hora, descanso, distracciones) y repetirlo. Él trabaja a las seis de la mañana, cuando todavía no entran correos.
«yo con una jornada laboral de 3-4 horas al día tengo más que suficiente para producir material de alta calidad»
Islas de la felicidad y de los logros
Dos hojas en blanco, una para lo que te hizo feliz y otra para lo que consideras un logro. Es agotador de hacer, pero la condición innegociable es no echar la culpa a los demás.
«la culpa no la tienen los otros, piensa que culpar a la gente no te ayuda nunca a progresar»
Un plan de escape antes de dimitir
No dejes el trabajo de un día para otro: construye la alternativa en paralelo hasta que se sostenga sola. Cuenta su propio salto desde la empresa de videojuegos con un primer curso que le dio 100 euros.
«no te quedes estancado en una profesión que no te gusta sin un plan de escape»
El episodio, en profundidad
Juan Gabriel arranca con una palabra que se puso de moda desde el COVID, procrastinación, y con el culpable en la mano, el móvil. «Cada vez que abrimos redes sociales por dos minutos y nos damos cuenta y han pasado media hora» haciendo swipe reel tras reel. De ahí salta al libro del mes, El principio 80/20 de Richard Koch, subtitulado el secreto de lograr más con menos: resumir un tocho para que lo leas sabiendo qué hay dentro.
Pareto, 1906 y por qué los porcentajes dan igual
La regla se conoce como principio de Pareto porque fue Vilfredo Pareto quien la describió primero, en 1906. Era economista, estudiaba cómo se distribuían los recursos entre las personas y «descubrió que la riqueza de cada nación estaba controlada por unas pocas minorías». Él no llegó a entenderlo del todo: fueron investigadores posteriores, muchos sin consultar sus materiales, los que acabaron de formular el principio.
Para traerlo al presente elige el ejemplo de la riqueza, «unos pocos controlan la mayor parte de la riqueza mundial», y da por hecho que a quien lo escucha se le viene alguien concreto a la cabeza. No da el nombre: lo deja en una pulla sobre el color, «seguro que se te viene a algún presidente de un país cuyo color es algo así anaranjado a la cabeza», en alusión a Donald Trump. Es un comentario suyo, de pasada y sin desarrollar.
El matiz que lo separa del cliché llega enseguida: «Los porcentajes de hecho no siempre son constantes ni fijos.» Lo que se sostiene es que «unos pocos pasos son siempre fundamentales para una gran evolución o un gran cambio en el proyecto y en el proceso». Su ejemplo favorito es el análisis de datos: el 80% del tiempo se va limpiando datos y el 20% restante produce el informe con peso.
Productos, clientes y cuota de mercado
Para llevarlo a la empresa, el libro propone estudiar tres componentes: los productos, los clientes y la posición en el mercado. Cuántas líneas sacas al año, qué beneficios da cada una, y qué clientes te apoyan. Casi siempre aparece el desequilibrio: un porcentaje pequeño de clientes sostiene el grueso del beneficio. En la jerga, las ballenas.
Lo ilustra con su canal de YouTube: «solo una muy pequeña parte de vosotros valora la gran cantidad de contenido que hacemos». La receta no es abandonar al resto, sino atender mejor a ese 20%, reducir las pérdidas del 80% restante y preguntarse por qué no compran: si es un problema de costes o hay algo más. También mirar a la competencia, que quizá venda lo mismo pero esté mejor valorada en Trustpilot. Y avisa: «no pierdas de vista que tu mercado actual es lo que te da de comer».
De ahí sale la frase que repite dos veces porque, dice, es casi un mantra del libro.
Las cosas que más importan nunca deben depender de las que menos importan.
Ventas, y la parte incómoda
Marketing y ventas son «dos caras de la misma moneda», y la regla también se aplica al equipo comercial: hay quien vende mucho mejor que el resto. Identifica esa minoría y mantenla contenta con los bonus. Después averigua qué tienen en común. «Quizás tengan habilidades blandas como por ejemplo la comunicación, la persuasión o el carisma», y esas sí se pueden enseñar al resto: con un experto en formación de ventas o con grabaciones de las llamadas que cerraron bien.
Y luego llega la conclusión que él mismo llama lapidaria, atribuida al autor: «No tengas miedo de despedir a los trabajadores que rinden menos, al final es tu empresa». «Los negocios al final son los negocios», y si hace falta tocará «buscar carne fresca, sangre nueva dentro del seno empresarial».
Tus horas buenas ya han pasado: búscalas
El pensamiento 80/20 aplicado al tiempo es intransferible: nadie conoce tu vida como tú. El ejercicio del libro es sencillo. Que «pienses en la última vez que te sentiste realmente productivo» y repases varios de esos días, para que salga un patrón y no un outlier. Luego busca el porqué y el cuándo: ¿mañana o noche?, ¿qué pasó el día anterior?, ¿cómo manejaste las distracciones? Apunta lo recurrente y úsalo como plantilla.
Pone su propio caso: a las seis de la mañana, cuando no llegan correos, saca de un tirón tres horas de vídeo. «Yo con una jornada laboral de 3-4 horas al día tengo más que suficiente para producir material de alta calidad», y el resto del día es para su equilibrio personal, yoga incluido.
Islas de la felicidad y de los logros
El otro ejercicio son dos hojas en blanco: una para lo que te hizo feliz y otra para lo que consideras logros. Avisa de que es agotador, pero que ahí salen las joyas en bruto, con una condición: no culpar a los demás de tu improductividad. «La culpa no la tienen los otros, piensa que culpar a la gente no te ayuda nunca a progresar».
Relaciones: pocas, elegidas y de calidad
Aquí recuerda la conversación con Albert XL sobre infidelidades para introducir la calidad frente a la cantidad. Tenemos espacio limitado para las relaciones cercanas: «puede ser amigo de tanta gente como te de la gana, pero solamente puede ser amigo íntimo de muy pocas personas». Ese puñado es el 20% de tus relaciones y aporta el 80% del valor. Consecuencia práctica: no llenes los huecos a toda prisa, «tómate el tiempo para conocer a otras personas antes de llenar ese hueco». Koch recomienda seis o siete relaciones profesionales entre mentores, compañeros de confianza y aprendices, y cinco atributos que deciden si funcionan: compañía, respeto, experiencia compartida, reciprocidad y confianza. Elegir bien importa porque «eres la media de las cinco o siete personas de las que te rodeas».
El plan de escape
Vamos a trabajar treinta, cuarenta o cincuenta años, y trabajar no es malo: «lo malo es encajar clavijas cuadradas en agujeros que son redondos». Si tu trabajo paga las facturas, no lo dejes mañana; monta el plan B en paralelo. Su ejemplo: «puedes seguir trabajando en la empresa de contabilidad mientras construyes tu carrera de escritor de forma paralela». «No te quedes estancado en una profesión que no te gusta sin un plan de escape».
Habla con conocimiento de causa: tres años en una empresa de videojuegos, el primer curso preparado durante el último y «dejé la empresa porque me generó 100 euros», frente a los 3000 o 4000 que cobraba.
Tu 80% es el 20% de otro
El cierre lo matiza todo. Centrarse en el 20% superior no es tirar el 80% a la basura, porque «el principio del 80-20 es la forma que tiene la naturaleza de equilibrarse»: «Lo que tú descuidas como el 80% inferior es el 20% superior para otras personas». Los que no se suscriben a su canal están viendo a El Rubius o a Ibai.
El libro es de 1997 y tiene ya cerca de treinta años, con ejemplos tecnológicos desfasados pero, según él, vigente en trabajo, familia y salud. Termina con la frase de Koch: «los que saben aprovechar el día se hacen muy, muy, muy ricos», y remite al catálogo de Frogames Formación.
Lo que te llevas
- El 80/20 no es una proporción exacta: lo aprovechable es que unas pocas causas producen la mayoría de los efectos, y eso sirve para priorizar.
- En una empresa, el análisis empieza por tres cosas medibles: productos, clientes y posición en el mercado. El desequilibrio aparece solo.
- Atender mejor al 20% de clientes que sostiene el beneficio rinde más que perseguir al 80% que no compra, pero conviene entender por qué no compra.
- Para el tiempo: repasa tus días más productivos, apunta qué hiciste distinto y convierte lo recurrente en tu plantilla de productividad.
- Las relaciones cercanas tienen cupo. Pocas aportan casi todo el valor, así que elegirlas despacio importa más que llenar huecos rápido.
- Si no te gusta tu trabajo, construye la alternativa en paralelo y déjalo cuando se sostenga; el salto sin plan de escape no es la recomendación.