Volumen 204 · Frogmación Podcast

Tenía éxito... pero su vida se estaba rompiendo

Por Juan Gabriel Gomila • • 70 min de audio

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Episodio 204: Tenía éxito... pero su vida se estaba rompiendo

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Momentos clave

Pablo Coves Marín entró por recepción en un centro médico y hoy dirige sus servicios, pero durante años su vida personal iba en dirección contraria a su carrera. En este episodio cuenta cómo un retiro de diez días en silencio le destapó un bloqueo de amor propio, y qué hace ahora con la meditación, la escritura libre y una rutina cerrada la víspera.

El niño que no atendía en clase

Se sentaba en primera fila y no se enteraba de nada, no porque no pudiera sino porque lo que quería era vivir experiencias. Hubo reuniones con sus padres y nadie entendía qué pasaba, y él acabó creyendo que el estropeado era él.

«yo prefería ver a los pajaritos, a las mariposas y para mí eso era la experiencia de mi vida»

Primero la familia, después los estudios

Fue padre a los 23, trabajó de electricista, de albañil y de bombero en una central nuclear tras unas oposiciones. Solo a los 30 empezó a formarse: pruebas de acceso, grados superiores, psicología y varios másteres de dirección.

«fui padre muy joven a los 23 años»

Conocer a su padre a los 19

Creció sin padre y lo conoció a los 19 años; era médico. Le costó perdonarlo y soltar el rencor. Años después, cuando Pablo se separó, ese padre le abrió la puerta del centro médico donde hoy dirige la mayoría de los servicios.

«se puede decir que soy el enchufado, vamos a decirlo así, el hijo de papá»

El octavo día del retiro Vipassana

Su primer retiro de diez días llegó dos semanas después de dejar una relación de dos años. Sin hablar, sin leer, sin escribir, con casi veinte horas de ayuno y diez de meditación diaria. El octavo día se desbloqueó una zona que no sentía y rompió a llorar.

«el bloqueo del amor propio que tenía y no me quería, que lo que necesitaba era el amor de los demás porque yo mismo no sabía dármelo»

Volver del retiro sin volarse

Después del silencio rechazó lo material y se pasó de frenada hasta no saber aterrizar en la vida normal. La corrección llegó con la escritura y con entender que el dinero, con una intención detrás, tampoco es el enemigo.

«la riqueza material es como el agua de mar»

Meditar no es mirar la pared

A quien dice que no sabe meditar le responde con la imagen de cavar hoyos de un metro y cambiar de sitio. Meditar es observar qué pasa con tus pensamientos y de dónde vienen las emociones, y sostenerlo en el día a día, no en el subidón del retiro.

«no se trata de mirar una pared en blanco con los ojos abiertos»

Escribir para conocerte

Defiende la escritura libre como herramienta de introspección: veinte minutos escribiendo sin racionalizar. Hablando somos correctos; escribiendo aparece lo que hay debajo. El copywriting, dice, funciona como una autoterapia.

«a la hora de hablar somos muy correctos, pero a la hora de escribir te conoces, es el verdadero yo»

Los abuelos como espejo

Lleva tres años yendo cada jueves de voluntario a una residencia. Los primeros meses quería salir corriendo por miedo a hacerlo mal, hasta que entendió que lo que le incomodaba era verse a sí mismo en esa vulnerabilidad.

«era un espejo de ti, el vulnerable, el que tenía miedo, que tenía límites, eras tú»

El episodio, en profundidad

Pablo Coves Marín lleva doce años dirigiendo servicios en un centro médico grande. Entró por recepción a los 34 y fue subiendo. Desde fuera, la historia ordenada de siempre. Desde dentro, durante mucho tiempo fue otra cosa. El episodio va de eso que aquí se llama el hombre funcional: el que cumple con éxito sus roles sociales y laborales mientras vive desconectado de su gente y de su propia paz.

El niño que miraba a las mariposas

De pequeño se sentaba en primera fila y no se enteraba de nada: «yo prefería ver a los pajaritos, a las mariposas y para mí eso era la experiencia de mi vida». Le decían que atendiera a la pizarra y no le nacía atender; había reuniones con sus padres y nadie entendía qué pasaba. Él lo cuenta sin dramatismo —era un niño que quería vivir experiencias— pero reconoce que sufrió, porque el que parecía averiado era él: «el disfuncional soy yo, que no entiendo qué está pasando».

La vida al revés

Fue padre a los 23. Había trabajado de electricista y de albañil, y después sacó unas oposiciones y entró de bombero en una central nuclear. Estudiar llegó a los 30: pruebas de acceso, grados superiores, psicología, varios másteres de dirección. Como se lo resume Juan Gabriel, vivió la vida al revés: primero formó la familia y luego se formó.

Creció sin padre y lo conoció a los 19; era médico. Lo culpó y guardó rencor años, hasta que fueron forjando un vínculo. Cuando Pablo se separó, ese padre le dijo que el centro médico estaba abierto para él. Lo cuenta sin adornarlo: «se puede decir que soy el enchufado, vamos a decirlo así, el hijo de papá».

Diez días en silencio

Hace seis años llegó al budismo por preguntas existenciales y por una tanda de libros que devoró. Primero hizo retiros de silencio pactado; después entró en el silencio de verdad, en retiros Vipassana. El primero fue hace cuatro años, dos semanas después de dejar una relación de dos años: «10 días en silencio sin escribir sin poder hablar con nadie sin poder leer», casi veinte horas de ayuno y diez horas diarias sentado.

El octavo día se le desbloqueó una zona del cuerpo en la que no sentía nada y rompió a llorar, él, que dice que no llora nunca. Detrás estaba «el bloqueo del amor propio que tenía y no me quería, que lo que necesitaba era el amor de los demás porque yo mismo no sabía dármelo». Cuenta también lo que casi nadie cuenta de esos retiros: por su cabeza pasaron todas sus ex parejas y las relaciones sexuales que había tenido con ellas. Se lo dijo al maestro y la respuesta fue que, cuando venga un pensamiento así, lo dejes y no te regocijes en él.

El agua de mar y el peligro del ermitaño

La vuelta tuvo su trampa. Venía de un apego brutal a lo material y saltó al extremo contrario: «me convirtió en un hermitaño», tan volado que no sabía aterrizar. La imagen que se aplicó es buena: «la riqueza material es como el agua de mar», cuanto más bebes más sed tienes. La corrección vino con la escritura: «el dinero es bueno si sabes hacerlo servir». Del aislamiento avisa igual, porque rechazar a todo el mundo tiene su parte peligrosa.

Cavar un hoyo de un metro

A quien dice que no sabe meditar le responde con una analogía de excavación: hacemos un hoyo de un metro, nos cansamos y empezamos otro al lado. «en un metro no vas a encontrar nunca agua». Meditar tampoco es lo que la gente imagina: «no se trata de mirar una pared en blanco con los ojos abiertos», sino mirar qué ocurre con tus pensamientos y de dónde salen las emociones. Y tiene un reproche para la moda de los retiros: gente que se hace la foto en la puerta, documenta el proceso y luego no practica.

Escribir hasta que aparece el verdadero tú

La otra herramienta que enseña es la escritura: «a la hora de hablar somos muy correctos, pero a la hora de escribir te conoces, es el verdadero yo». Su ejercicio es la escritura libre, veinte minutos, sin racionalizar: «si quieres conocerte, no pienses en ese momento, escribe lo que sea». Del copywriting dice que «es como una terapia, es una autoterapia, es algo sagrado», porque escribir para vender obliga a empatizar con quien lee y a desmontar otra vez el personaje.

Los jueves con los abuelos

Hace tres años pasaba por delante de una residencia y leía siempre el mismo cartel: «quizás cuando tú llegues a ese estado te gustaría que también te viniera a visitar». Desde entonces va cada jueves de voluntario. Los primeros meses quería salir corriendo, por miedo a ser bruto con gente vulnerable, hasta que entendió qué estaba mirando: «era un espejo de ti, el vulnerable, el que tenía miedo, que tenía límites, eras tú».

Adaptarse es traicionarse

Juan Gabriel lo formula durante la charla: «adaptarse al sistema y conformarse con la realidad que tenemos es un poco traicionarse». Pablo no matiza: «es traicionarte a ti mismo, es mentirte». Y avisa de lo que viene después, porque cuando te das cuenta y lo cuentas en casa, el loco eres tú. Contra eso solo ve dos maneras, el amor y el ejemplo: «cómo le puedes decir a un chaval, mira, oye, no toques el teléfono, cuando tú estás constantemente mirando Instagram».

La rutina, la comida y las estatinas

Su día está cerrado la víspera: cinco y media, flexiones, suplementación, una hora de meditación, media de rezo, lectura, diez kilómetros corriendo y después la jornada en el centro. «si tú dejas todo esto al azar y no hay una intención detrás de todo esto, seguramente te perderás en el proceso». Juan Gabriel enlaza con el 1% diario de Hábitos Atómicos, de James Clear, y Pablo añade el paso que se olvida: «es muy importante que lo pongas en un papel porque serás esa persona, llegarás ahí».

La alimentación es la otra pata: enfermó hace cuatro años comiendo lo que creía que era comer bien, se formó y ahora ayuna veinticuatro horas cinco días por semana. Ahí llega el pasaje más áspero. Cuenta que atendió el correo de un deportista de 40 años al que habían recetado estatinas, con cefaleas, cansancio y una rotura muscular, y que lo llamó para darle cuatro pautas. Marca su límite —«yo no soy médico, pero mi padre es médico, trabajo con médicos, me he formado en alimentación»— y a la vez suelta la frase que sabe que le va a costar: «no todos los médicos tienen buenas intenciones», rematada con «un médico que está gordo, cómo te va a decir que te alimentes bien». Lo que recomienda no es un tratamiento sino una actitud: «saca tus propias conclusiones, potencia el pensamiento crítico».

Una semana en su casa de la playa

Lo que ofrece hoy es una convivencia de siete días en su casa junto al mar, con una sesión previa de 45 minutos y tres más para desmontar patrones e integrar hábitos antes de ir. Dentro hay meditación, escritura, cocina eficiente y deporte, y una advertencia sobre el papel que ocupa: «yo simplemente me acompaño, no soy ningún terapeuta ni coaching ni nada de eso». Cierra recomendando una película de 2024 cuyo título el audio no deja claro y El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, y poniéndole a la entrevista un título que parafrasea a Platón: no hay hombre tan cobarde que el amor no haga valiente y convierta en héroe. Escribe cada día en su newsletter, Antimétodo.

Lo que te llevas

  • El éxito profesional no arregla la vida personal: se puede dirigir un centro médico con buenos resultados y estar roto por dentro. Eso es lo que él llama el hombre funcional.
  • El silencio prolongado saca lo que la terapia y la formación no habían sacado: en su caso, que buscaba en los demás un amor que no sabía darse a sí mismo.
  • Meditar no es aislarse ni poner la mente en blanco, y un retiro sin práctica diaria posterior es solo un subidón que se apaga al mes.
  • La escritura libre, sin corregir ni racionalizar, funciona como herramienta de autoconocimiento: hablando somos correctos, escribiendo no.
  • Con la familia y los amigos no funciona convencer: solo tocar los puntos de dolor, dar ejemplo y aceptar que la lucha de cada uno no es la tuya.
  • Planificar el día la víspera y escribir dónde quieres estar dentro de seis meses, un año y tres años es lo que convierte la intención en disciplina.

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