Volumen 209 · Frogmación Podcast

Tu hijo es un zombie social (y tú no lo sabes)

Por Juan Gabriel Gomila • • 75 min de audio

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Episodio 209: Tu hijo es un zombie social (y tú no lo sabes)

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Momentos clave

Agustín Mier y Terán pasó más de veinte años escalando empresas antes de dedicarse a adolescentes que avanzan dormidos hacia decisiones irreversibles. En este episodio explica por qué la decisión importante de los 17 años no es la carrera, sino la identidad, y por qué la mayoría de esa programación viene de casa. Es una conversación cruda sobre paternidad, pornografía, pantallas y criterio.

La identidad como traje prestado

Agustín sostiene que de niño te visten con un traje hecho de creencias y contextos ajenos, y que la adolescencia es el momento de cambiarlo por uno propio. Para él la decisión importante de esos años no es la carrera, sino la identidad.

«en la adolescencia se te propone quitarte el traje y probarte uno que huele a ti, que tenga tu tamaño, que tenga tus decoraciones»

Trauma, parálisis y resignificación

Cuenta un infarto y un paro cardíaco a los quince, la marcha de su padre y una parálisis sin diagnóstico. Una terapia reciente le llevó al núcleo de un trauma cerrado durante más de cuarenta y cinco años. Su herramienta es separar el hecho de lo que ese hecho significa.

«el tamaño del reto es directamente proporcional a tu verdadero tamaño»

Congresos para conocer a los hacedores

A los diecinueve descubre que en la universidad no va a encontrar a quienes hacen las cosas. Su solución fue producir más de cuarenta congresos con el contenido ajustado a su agenda personal para conocer a la gente que le interesaba.

«yo me di cuenta que en la escuela no iba a conocer a los hacedores, sino que la gran mayoría eran intento de traductores de lo que otros hicieron»

Elegir carrera en plena tormenta hormonal

Describe la adolescencia como una etapa en la que las decisiones no son inteligentes sino emocionantes, y en la que se exige la elección más compleja a alguien a quien nunca se dejó decidir nada.

«tú no tomas decisiones inteligentes, tomas decisiones emocionantes»

La universidad no enseña a fracasar

El modelo universitario enseña a abrir empresa, buscar inversión y contratar, pero nunca la otra mitad. Para Agustín, que el fracaso no sea materia deja a los chicos sin la parte del mapa que más van a necesitar.

«nadie te enseña cómo cerrar una empresa, cómo correr a tu amigo con el que fundaste la empresa»

La casa como centro de trauma

Su afirmación más dura del episodio carga la responsabilidad sobre los padres, estén o no estén presentes. Propone además una prueba sencilla: mirar el calendario de la semana y comprobar si las prioridades declaradas aparecen ahí.

«todo lo que le pasa a tus hijos antes de los 22 años, en el 90 por ciento de los casos tú eres el responsable, porque la programación viene de tu casa»

Pornografía, apuestas e IA sin criterio

Sitúa la pornografía temprana como puerta de otras adicciones, con la ludopatía detrás. Y avisa del último eslabón: dar inteligencia artificial a mentes que no se prepararon antes, con adolescentes montándose un terapeuta de madrugada.

«ahora darles la inteligencia artificial, que es tan peligrosa que hasta el más imbécil se puede sentir inteligente, es un peligro brutal»

El punto ciego: intención y atención

Compara al chico que entra en Medicina buscando la cura del cáncer con el que entra para hacerse rico: misma aula, atención distinta. Cuando la presión sube, el segundo la descarga en lo que tenga a mano.

«el punto ciego tiene que ver con la intención y con la atención»

El episodio, en profundidad

Agustín Mier y Terán habla desde México en el penúltimo programa de la temporada. No es coach, ni terapeuta, ni orientador vocacional: durante más de veinte años creó y escaló empresas donde, como lo presenta Juan Gabriel, las decisiones no se discutían, se pagaban. Fuera de las oficinas vio el mismo patrón en chavales que avanzan en automático hacia carreras que no entienden. De ahí el mote de Zombie Healer y su etiqueta: pathfinder, el que abre camino donde no lo hay.

La identidad es un traje prestado

Su punto de partida es conócete a ti mismo, una frase gastada que él sitúa antes de la universidad: «Si yo no sé qué soy, ¿a qué le cuelgo mis decisiones?». Si uno no lo sabe, alguien ya lo decidió: el entorno reparte etiquetas y «lo peor que te puede pasar es que termines identificándote con esas etiquetas y al final te conviertas en eso que te han dicho».

Su imagen es la de un traje: de niño te prestan uno tejido con creencias ajenas mientras te haces el tuyo. «en la adolescencia se te propone quitarte el traje y probarte uno que huele a ti, que tenga tu tamaño, que tenga tus decoraciones». Esa, y no la carrera, es la decisión importante de esos años.

Trauma, yoga y resignificación

Habla de sí mismo sin coartadas. A los quince, un infarto, un paro cardíaco, dos colapsos gástricos y un padre que se va; después, una parálisis sin diagnóstico de la que se recuperó sin entender por qué. Hace dos semanas, en una terapia profunda, entró en el núcleo de ese trauma, cerrado más de cuarenta y cinco años, y apareció un abuso enterrado en el inconsciente. No se coloca de víctima: la víspera había ido a ver He-Man y los Amos del Universo, y la frase que lo acompañó al entrar fue «yo tengo el poder».

De ahí su palabra clave: resignificación. Una cosa son los hechos y otra lo que significan para ti. El yoga, que había desechado veinticinco años antes, le volvió en plena crisis y acabó haciendo dieciocho horas semanales en la línea de B.K.S. Iyengar: «Los estados superiores de conciencia tienen una característica muy interesante, no se pueden enseñar, tan solo puedes compartir».

Del rock a los consejos de administración

«yo tenía muy claro lo que quería. Yo quería ser rockero». Escuchaba la suite Shine On de Pink Floyd tumbado en el suelo, de las tres de la tarde a las tres de la mañana. No hubo apoyo: empezó actuación, comunicación audiovisual, administración y marketing, investigación cualitativa y comunicación publicitaria, y no terminó ninguna. Descubrió que la vía autodidacta también era un recurso. Tarde supo que es neurodivergente, con TDAH severo y discalculia.

A los diecinueve se coló en un curso donde daban clase secretarios de Estado y grandes empresarios, y sacó una conclusión: «yo me di cuenta que en la escuela no iba a conocer a los hacedores, sino que la gran mayoría eran intento de traductores de lo que otros hicieron». Así que produjo más de cuarenta congresos con el contenido ajustado a su agenda personal: invitaba al ponente que quería conocer y en un mes lo tenía en casa hablando con cuarenta chavales. Sin filtro: «yo quería conocer a los chingones». Después fundó empresas, perdió una con la crisis del H1N1 y montó otra para escalar compañías de hasta mil millones de dólares. En los fondos de inversión lo llamaban el curandero, porque medía el riesgo por la línea emocional.

El giro llega al ver que «parecería que un requisito para estar en una estructura de poder es tener una psicopatología». Se preguntó «dónde quieres estar, con los que ya se rompieron o evitar que se rompan», cerró la cortina y se fue a la adolescencia.

Por qué los 17 años son el peor momento para elegir

El sistema pide la decisión más compleja en el peor momento biológico. En plena efervescencia hormonal, «tú no tomas decisiones inteligentes, tomas decisiones emocionantes»; «tus amigos no son lo que más te conviene, son lo que más te divierte». Y el modelo educativo enseña solo la mitad: «nadie te enseña cómo cerrar una empresa, cómo correr a tu amigo con el que fundaste la empresa». El fracaso no es asignatura.

La casa como principal centro de trauma

Aquí el episodio se pone incómodo. Para Agustín la paternidad suele empezar mal: «nosotros nos relacionamos por calientes, no por conscientes». Sin desarrollo consciente propio, dice, no se puede generar en otro. Del hogar afirma que «hoy día te puedo decir que es el principal centro de trauma y a veces con mucho amor».

Su prueba para un padre es fría y útil: dices que tu prioridad es la familia, y entonces «me puedes enseñar tu calendario de esta semana para ver el lugar que ocupan tus dos prioridades, y no aparece». Añade que «el trabajo se vuelve un refugio, el trabajo se vuelve un escape», y que entre la gente de éxito con la que ha trabajado «el origen de lo que van logrando es una profunda huella de abandono». De ahí la afirmación más dura del episodio: «todo lo que le pasa a tus hijos antes de los 22 años, en el 90 por ciento de los casos tú eres el responsable, porque la programación viene de tu casa».

Pornografía, apuestas y terapeutas de inteligencia artificial

Habla de chicos de diez o doce años cuya educación sexual fue la pornografía, y la sitúa como una droga silenciosa: «la pornografía es la puerta para muchas otras adicciones», con la ludopatía detrás y el alcohol y las drogas después. Recibe cada vez más jóvenes con adicciones que el padre le trae para que se los arregle. Y le preocupa el último eslabón: en México se ha puesto de moda tener terapeuta de inteligencia artificial, con chavales abriendo ChatGPT de madrugada sin que nadie cierre luego lo que se abrió. «ahora darles la inteligencia artificial, que es tan peligrosa que hasta el más imbécil se puede sentir inteligente, es un peligro brutal».

El punto ciego: intención y atención

«el punto ciego tiene que ver con la intención y con la atención». Quien entra en Medicina buscando la cura del cáncer y quien entra porque le dijeron que los médicos se hacen ricos rápido pisan la misma aula con dos atenciones distintas, y cuando la presión sube el segundo la descarga donde puede. Su tesis, la que da sentido al título, es que se puede funcionar de maravilla por fuera y estar roto por dentro.

Qué hace y qué recomienda

Usa la elección o el cambio de carrera como puerta de entrada, porque nadie llama pidiendo desarrollo consciente: revisa la narrativa del chico y la contrasta con un método de Estados Unidos que mira el registro inconsciente. Y deja dos libros, Transiciones y el «experimento rendición» de Michael Singer, y tres series: Billions, Succession y The Chosen. Dice: «por un lado vas a ver la fórmula para perderte y por un lado vas a ver la fórmula para tenerte». Cierra la temporada con algo que le pesa más que el talento: «lo más importante, lo más difícil de formar no es la inteligencia, sino es la voluntad».

Lo que te llevas

  • La decisión de la adolescencia no es la carrera, es la identidad: quitarse el traje que te prestaron y probarse uno propio.
  • Sin una intención trabajada no hay atención real; dos personas en la misma carrera rinden distinto según por qué entraron.
  • El modelo universitario enseña a triunfar y no a fracasar: no hay asignatura de cerrar, despedir o quebrar.
  • Para Agustín la programación viene de casa, y no estar también programa: sitúa ahí el origen de la mayor parte del problema.
  • Prueba rápida para un padre: comparar las prioridades que dice tener con lo que ocupa su calendario de esta semana.
  • Pornografía temprana, apuestas y ahora terapeutas de IA llegan a mentes sin preparar; para él es el mismo error que dar un móvil sin criterio.
  • La vía autodidacta le dio más que cuatro carreras empezadas, y reconocerse neurodivergente le sirvió para buscar el regalo, no la factura.

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